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Escuela Sabática Para Maestros

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026

Lección 2 – LA ZARZA ARDIENTE – Para el 12 de julio de 2025

Usualmente el video es subido a internet, el sábado por la noche o el domingo.

Lecciones Futuras de Escuela Sabática

Año
1er Trimestre
2do Trimestre
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2025

El Amor de Dios y su Justicia

Alusiones, Imágenes y Símbolos

El Éxodo

Justicia

2026

Colosenses – Filipenses

Relación con Dios

1 y 2 Corintios

El Don de Profecía

2027

Mayordomía

Vida de Jesús

Profecías Apocalípticas

Hermenéutica

Acordeón Trimestres
1er TrimestreEl Amor de Dios y su Justicia
2do TrimestreAlusiones, Imágenes y Símbolos
3er TrimestreEl Éxodo
4to TrimestreJusticia
1er TrimestreColosenses – Filipenses
2do TrimestreRelación con Dios
3er Trimestre1 y 2 Corintios
4to TrimestreEl Don de Profecía
1er TrimestreMayordomía
2do TrimestreVida de Jesús
3er TrimestreProfecías Apocalípticas
4to TrimestreHermenéutica

Si usted se encuentra en el área de Washington DC y desea visitar una iglesia Adventista de habla hispana, le invitamos a asistir a nuestra iglesia, este es el enlace:

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Lección 2: Para el 12 de julio de 2025

LA ZARZA ARDIENTE

Sábado 5 de julio______________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 18:3, 4; Éxodo 3:1-22; Génesis 22:11, 15-18; Éxodo 6:3; Joel 2:32; Éxodo 4:1-31; Génesis 17:10, 11.

PARA MEMORIZAR:

“El Señor le dijo: ‘He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, he oído el clamor que les arrancan sus opresores, pues conozco sus angustias. Y he descendido a librarlos de mano de los egipcios, y a sacarlos de este país para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel’ ” (Éxo. 3:7, 8).

El llamado que Dios nos hace cambia el rumbo de nuestra vida. Si seguimos ese llamado, descubriremos que el camino de Dios es siempre la mejor opción para nosotros. Sin embargo, a veces no es fácil aceptar en un primer momento el llamado de Dios.

Tal fue el caso de Moisés y el llamado que Dios le hizo a partir del encuentro en la zarza ardiente. Aunque Moisés pudo haber conocido o no las leyes de la combustión, sabía que lo que estaba viendo era un milagro, y ciertamente esto llamó su atención. El Señor lo estaba llamando sin duda a una tarea específica. La cuestión era si respondería al llamado a pesar del cambio radical que este supondría en su vida. Moisés no se mostró muy receptivo al principio.

Tal vez recuerdes ocasiones en las que tenías objetivos concretos, pero Dios redirigió tus planes. Es cierto que podemos ser útiles a Dios de muchas maneras, pero aceptar el llamado de Dios y hacer lo que él nos indica es sin duda el camino hacia la existencia más satisfactoria. Puede que no siempre sea fácil, y no lo fue para Moisés, pero cuán insensato es seguir nuestro propio camino cuando Dios nos llama en otra dirección.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El mandato divino [de liberar a Israel] halló a Moisés sin confianza en sí mismo, tardo para hablar y tímido. Estaba abrumado con el sentimiento de su incapacidad para ser el portavoz de Dios ante Israel. Pero una vez aceptada la tarea, la emprendió de todo corazón, poniendo toda su confianza en el Señor. La grandeza de su misión exigía que ejercitara las mejores facultades de su mente. Dios bendijo su pronta obediencia, y llegó a ser elocuente, confiado, sereno y apto para la mayor obra jamás dada a hombre alguno. Este es un ejemplo de lo que hace Dios para fortalecer el carácter de los que confían plenamente en él, y sin reserva alguna cumplen sus mandatos (Historia de los patriarcas y profetas, p. 260).

Considerad lo que ocurrió a Moisés. La educación que había recibido en Egipto como nieto del rey y presunto heredero del trono, fue muy completa. Nada fue descuidado de lo que se pensaba que podía hacerle sabio, según entendían los egipcios la sabiduría. Recibió un adiestramiento civil y militar de orden superior. Se sintió completamente preparado para la obra de libertar a Israel de la esclavitud. Pero Dios no lo vio así. Su providencia señaló a Moisés un período de cuarenta años de preparación en el desierto como pastor de ovejas.

La educación que Moisés recibiera en Egipto le ayudó en muchos aspectos; pero la preparación más provechosa para su misión fue la que recibió mientras apacentaba el ganado. Moisés era de carácter impetuoso. En Egipto, en su calidad de afortunado caudillo militar y favorito del rey y de la nación, se había acostumbrado a recibir alabanza y adulación. Se había granjeado la simpatía del pueblo. Esperaba llevar a cabo con sus propias fuerzas la obra de libertar a Israel. Muy diferentes fueron las lecciones que hubo de aprender como representante de Dios. Al conducir sus ganados por los montes desiertos y por los verdes pastos de los valles, aprendió a tener fe, mansedumbre, paciencia, humildad y a olvidarse de sí mismo. Aprendió a cuidar a seres débiles y enfermos, a salir en busca de los descarriados, a ser paciente con los revoltosos, a proteger los corderos y a nutrir los miembros del rebaño ya viejos y enclenques.

En esta labor Moisés se fue acercando al supremo Pastor. Llegó a unirse estrechamente con el Santo de Israel. Ya no se proponía hacer una gran obra. Procuraba hacer fielmente y como para Dios la tarea que le estaba encomendada. Reconocía la presencia de Dios en todo cuanto le rodeaba. La naturaleza entera le hablaba del Invisible. Conocía a Dios como Dios personal, y al meditar en su carácter se compenetraba cada vez más del sentido de su presencia. Hallaba refugio en los brazos del Eterno (El ministerio de curación, pp. 376, 377).


Domingo 6 de julio____________________________________________________

LA ZARZA ARDIENTE

Moisés tuvo una vida relativamente tranquila después de huir a Madián, donde se casó, tuvo dos hijos, Gersón y Eliezer (Éxo. 18:3, 4), y formó parte de la extensa familia de Jetro, su suegro y sacerdote de ese lugar. Pasó cuarenta relajados años trabajando como pastor y disfrutando de la presencia de Dios tal como se revela en la naturaleza.

Sin embargo, este tiempo no tuvo el propósito de que Moisés simplemente disfrutara de la naturaleza. Estos años de comunión con el Señor lo transformaron y lo prepararon para el liderazgo. Dios también utilizó a Moisés en el tranquilo desierto para escribir, bajo inspiración divina, dos de los libros bíblicos más antiguos: Job y Génesis (ver Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 256; Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1994], t. 3, p. 1.158). Moisés también recibió de Dios vislumbres cruciales acerca del Gran Conflicto, la Creación, la Caída, el Diluvio, la historia de los patriarcas y, lo más importante, el plan de salvación. Por lo tanto, Moisés desempeñó un papel decisivo para comunicar a toda la humanidad el verdadero conocimiento del Dios vivo, nuestro Creador y Sustentador, y de lo que está haciendo en vista del pecado que ha causado estragos en este planeta. La historia bíblica y de la salvación tienen poco sentido sin el fundamento crucial que Moisés nos dejó bajo inspiración, especialmente en el libro de Génesis.

Lee Éxodo 3:1 al 6. ¿Qué significa el hecho de que el Señor se presentó a Moisés como “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”?

Éxodo 3:1-6

1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Al ver que la zarza ardiente no era consumida por el fuego, Moisés supo que estaba ante un milagro y que algo dramático e importante estaba ocurriendo. Al acercarse, el Señor le dijo que se quitara el calzado en señal de profundo respeto, ya que la presencia de Dios hacía sagrado aquel lugar.

El Señor se presentó a Moisés como “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob” (Éxo. 3:6). Dios había prometido a estos patriarcas que sus descendientes heredarían Canaán, una promesa que Moisés seguramente conocía. De esa manera, incluso antes de decirlo, el Señor ya estaba preparando el camino para que Moisés supiera lo que se avecinaba y el papel crucial que este habría de desempeñar.

Moisés necesitó ochenta años antes de que Dios lo considerara preparado para su tarea. ¿Qué nos puede enseñar esto acerca de la paciencia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En el incidente de la zarza ardiente, cuando Moisés, no reconociendo la presencia de Dios, se volvía para contemplar tan maravilloso espectáculo, le fue ordenado:

«No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es… Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios». Éxodo 3:5, 6…

El hombre no puede encontrar a Dios mediante la investigación. Nadie intente con mano presuntuosa alzar el velo que oculta su gloria. «¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» Romanos 11:33. Prueba de su misericordia es el hecho de que su poder quede oculto, pues alzar el velo que esconde la divina presencia acarrea la muerte. Ninguna inteligencia mortal puede penetrar el secreto en que el Todopoderoso reside y obra. No podemos comprender de él sino lo que él mismo cree conveniente revelarnos. La razón debe reconocer una autoridad superior a ella misma. El corazón y la inteligencia deben inclinarse ante el gran YO SOY (El ministerio de curación, pp. 343, 345).

Dios tiene el propósito de dar a conocer los principios de su reino a través de su pueblo. Para que ellos revelen dichos principios en su vida y en su carácter, desea que se aparten de las costumbres y las prácticas del mundo. Procura atraerlos más a sí mismo a fin de revelarles mejor su voluntad.

Este era su propósito cuando libró a Israel de Egipto. Moisés, frente a la zarza que ardía, recibió de Dios este mensaje para el rey de Egipto: «Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto». Éxodo 7:16. Dios sacó a la hueste hebrea de la tierra de servidumbre con mano poderosa y brazo extendido. La liberación que obró a favor de ellos fue maravillosa, al castigar con la destrucción total a sus enemigos que se negaban a escuchar su Palabra.

Dios deseaba apartar a su pueblo del mundo y prepararlo para recibir su Palabra. De Egipto lo condujo al monte Sinaí, donde le reveló su gloria. Allí no había nada que atrajera sus sentidos ni distrajera sus mentes de Dios. Mientras la vasta multitud contemplaba las altas montañas que la dominaban, podía darse cuenta de su propia insignificancia a la vista de Dios. Junto a aquellas rocas, inconmovibles excepto por el poder de la voluntad divina, Dios se comunicó con los hombres. Y para que su Palabra permaneciera siempre clara y visible en sus mentes, proclamó con terrible majestad en medio de rayos y truenos, la ley que había dado en el Edén y que era el trasunto de su carácter. Luego las palabras divinas fueron escritas por el propio dedo de Dios sobre tablas de piedra. Así la voluntad del Dios infinito se reveló al pueblo que él había llamado para dar a conocer a toda nación, tribu y lengua los principios de su gobierno en el cielo y en la tierra (Testimonios para la Iglesia, t. 6, pp. 18, 19).


Lunes 7 de julio_______________________________________________________

EL ÁNGEL DEL SEÑOR

“El ángel del Señor” apareció a Moisés “entre las llamas de una zarza ardiente” (Éxo. 3:2, NVI). Fue Jesús mismo quien habló a Moisés “desde la zarza” (Éxo. 3:4).

No siempre que en la Biblia se usa el título “el ángel del Señor” se hace una referencia a Jesucristo. El término “ángel” significa simplemente “mensajero” (mal’aj en hebreo) y es el contexto el que determina si se refiere a un ser humano, a un ángel o a Jesús. En muchos casos, “el ángel del Señor” se refiere en la Biblia a una persona divina (analiza, por ejemplo, Gén. 22:11, 15-18; 31:3, 11, 13; Juec. 2:1, 2; 6:11-22; Zac. 3:1, 2). Cuando es así, el ángel del Señor no solo habla en nombre de este, sino que es el Señor mismo. Jesús es el mensajero de Dios para comunicarnos la Palabra del Padre.

Lee Éxodo 3:7 al 12. ¿Cómo explicó Dios a Moisés por qué quería intervenir en favor de los hebreos esclavizados en Egipto?

Éxodo 3:7-12

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

El sufrimiento del pueblo de Dios en Egipto es descrito dramáticamente como un gemido y un desesperado pedido de auxilio. Dios escuchó el clamor de ellos y se preocupó por su situación (Éxo. 2:23-25). Los llamó “mi pueblo” (Éxo. 3:7). Es decir, incluso antes del Sinaí y de la ratificación del pacto, ellos eran su pueblo, y él los haría habitar y prosperar (si obedecían) en la tierra de Canaán, como prometió a sus ancestros.

Dios dijo a Moisés que lo enviaba al faraón con una misión específica: “Así que ahora, ve. Te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los israelitas” (Éxo. 3:10, NVI). Dios llama a los hebreos nuevamente “mi pueblo”.

¡Menuda tarea requería Dios de su siervo! En vista de ello, Moisés respondió con una pregunta: “¿Quién soy yo?” Al comprender el significado de lo que sucedería y cuál sería su papel en todo esto, Moisés preguntó por qué había sido elegido por Dios. Aquí tenemos desde el mismo principio una indicación de su carácter, su humildad y su convicción de que no es digno de realizar lo que se le pide.

¿Por qué es tan importante la humildad y el sentido de la propia “indignidad” para quien pretenda seguir al Señor y hacer algo por él?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Mientras que Moisés vivía en el exilio el Señor envió a sus ángeles para que lo instruyeran especialmente con respecto al futuro. Allí aprendió más plenamente las grandes lecciones del dominio propio y la humildad. Pastoreó las manadas de Jetro, y mientras llevaba a cabo sus humildes deberes como pastor, el Señor lo estaba preparando para que se convirtiera en el pastor espiritual de sus ovejas, es a saber, el pueblo de Israel. Había sido plenamente preparado como general, para estar a la cabeza de los ejércitos, y ahora el Señor quería que aprendiera los deberes y desempeñara los oficios de un fiel pastor de su pueblo, para cuidar tiernamente de sus ovejas errantes y descarriadas. Mientras Moisés conducía su manada por el desierto y se aproximaba al monte de Dios, es decir, a Horeb, «se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza. Y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: «Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema». Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: «¡Moisés, Moisés!» Y él respondió: «Heme aquí». Y dijo: «No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es». Y dijo: «Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob». Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios Dijo luego Jehová: «Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, que fluye leche y miel; a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel» (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 187, 188).

Antes de partir, Moisés recibió su alta comisión para su gran obra de una manera que le infundió temor y le hizo reconocer profundamente su propia debilidad e indignidad. Mientras estaba dedicado a sus deberes, Moisés vio una zarza cuyo tronco, ramas y follaje ardían pero no se consumían. Se acercó para ver esa maravilla y una voz se dirigió a él desde las llamas. Era la voz de Dios. Era Aquél que en tiempos pasados se había revelado a los padres como el Ángel del pacto. Moisés se estremeció de terror al escuchar al Señor mencionar su nombre. Con labios trémulos respondió: «Heme aquí». Se le amonestó entonces a no acercarse a su Creador con una familiaridad indebida: «Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es» (From the Heart, 18 de julio, p. 211; parcialmente en La verdad acerca de los ángeles, p. 95).


Martes 8 de julio______________________________________________________

EL NOMBRE DEL SEÑOR

Lee Éxodo 3:13 al 22. ¿Por qué quería Moisés conocer el nombre de Dios y qué significa su pedido?

Éxodo 3:13-22

13 Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová,[a] el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. 16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto; 17 y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. 18 Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios. 19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. 20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. 21 Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; 22 sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.

Dios se presenta a Moisés como eheyeh asher ‘eheyeh, que significa literalmente: “Yo seré quien seré” o “Yo soy quien soy”. En Éxodo 3:12, Dios utiliza el mismo verbo (‘eheyeh) que en el versículo 14, cuando dice a Moisés: “Estaré (‘eheyeh) contigo”. Esto significa que Dios es eterno. Es el Dios trascendente y a la vez cercano que habita con los “contritos y humildes de espíritu” (Isa. 57:15).

“Yahvé”, el nombre propio de Dios (traducido en las versiones bíblicas normalmente como “el Señor”), era conocido por el pueblo de Dios desde el principio, aunque no percibieran su significado más profundo. Moisés también conocía el nombre “Yahvé”, pero, al igual que los demás, desconocía su verdadero significado. Su pregunta “¿Cuál es tu nombre?” es una indagación acerca de ese significado más profundo.

Una pista útil acerca de esto se encuentra en Éxodo 6:3, donde Dios declaró: “Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero por mi nombre el Señor no me di a conocer plenamente a ellos” (Éxo. 6:3, NVI). Esto no significa que Adán, Noé, Abraham y los patriarcas no conocieran el nombre “Yahvé” (ver Gén. 2:4, 9; 4:1, 26; 7:5; 15:6-8; etc.). Significa, en cambio, que no conocían su significado más profundo.

Su nombre, “Yahvé”, indica que es el Dios personal, el Dios de su pueblo, el Dios del pacto. Es un Dios cercano, íntimo, que interviene en los asuntos humanos. El Dios todopoderoso (Gén. 17:1) interviene milagrosamente con su poder. Pero el nombre divino “Yahvé” destaca su poder moral mediante el amor y el cuidado. Es el mismo Dios que Elohim (“Dios poderoso, fuerte, trascendente”, el “Dios de todos los pueblos”, “el Gobernante del universo”, “el Creador de todo”), pero el nombre mismo “Yahvé” revela diferentes aspectos de su relación con la humanidad.

Conocer el nombre de Dios o invocarlo no es algo mágico. Se trata de una proclamación acerca de quién es y de lo que significa enseñar a los demás la verdad relativa a él y a la salvación que ofrece a quienes acuden a él con fe. Como dice Joel: “Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Joel 2:32).

¿Cómo has experimentado en tu propia vida la cercanía a Yahvé y la intimidad que desea tener con quienes se entregan a él?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Había llegado el momento cuando Dios trocaría el báculo del pastor por la vara de Dios, a la cual haría poderosa para el cumplimiento de señales y maravillas, para librar a su pueblo de la opresión y para preservarlos cuando fuesen perseguidos por sus enemigos. «Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos» (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 188, 189).

En la creación del hombre resulta manifiesta la intervención de un Dios personal. Cuando Dios hubo hecho al hombre a su imagen, el cuerpo humano quedó perfecto en su forma y organización, pero estaba aún sin vida. Después, el Dios personal y existente de por sí infundió en aquella forma el soplo de vida, y el hombre vino a ser criatura viva e inteligente. Todas las partes del organismo humano fueron puestas en acción. El corazón, las arterias, las venas, la lengua, las manos, los pies, los sentidos, las facultades del espíritu, todo ello empezó a funcionar, y todo quedó sometido a una ley. El hombre fue hecho alma viviente. Por medio de Cristo el Verbo, el Dios personal creó al hombre, y lo dotó de inteligencia y de facultades.

Nuestra sustancia no le era oculta cuando fuimos hechos en el misterio; sus ojos vieron nuestra sustancia por imperfecta que fuera, y en su libro todos nuestros miembros estaban anotados, aun cuando ninguno de ellos existiera todavía (El ministerio de curación, pp. 322, 323).

Si Dios hubiera deseado que se le representara como morando personalmente en las cosas de la naturaleza, en la flor, el árbol, la brizna de hierba, ¿no habría hablado Cristo de esto a sus discípulos cuando estaba en la tierra? Pero nunca se habló así de Dios en las enseñanzas de Cristo. Cristo y los apóstoles enseñaron claramente la verdad de que existe un Dios personal.

Cristo reveló todo lo que de Dios podían soportar los seres humanos pecaminosos sin ser destruidos. El es el Maestro divino, el Iluminador. Si Dios hubiera considerado que necesitábamos otras revelaciones que las hechas por Cristo y las que hay en la Palabra escrita, las habría dado (Testimonios para la Iglesia, t. 8, p. 278).


Miércoles 9 de julio____________________________________________________

CUATRO EXCUSAS

Lee Éxodo 4:1 al 17. ¿Qué señales permitió Dios que Moisés realizara para reforzar así la posición de este como su mensajero?

Éxodo 4:1-17

1 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra. 10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. 11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? 12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. 13 Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. 14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. 15 Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. 16 Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios. 17 Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.

Moisés trató nuevamente de rehuir la tarea que Dios le encomendaba (ver Éxo. 3:11). No quería ir a Egipto y enfrentarse al faraón. Después de todo, ya había fracasado antes cuando intentó por su cuenta ayudar a los hebreos. Además, su propio pueblo no creía en él ni lo aceptaba como su líder. Por eso formuló una tercera objeción: “¿Y si no me creen ni me escuchan?” (Éxo. 4:1, NVI). No era una pregunta motivada por el deseo de aprender algo nuevo, sino una manera de rehuir la responsabilidad que Dios le pedía que asumiera.

Se ordena entonces a Moisés realizar dos señales milagrosas ante los ancianos de Israel y, más tarde, ante el faraón: su vara se convierte en serpiente y luego vuelve a ser un bastón. Luego, su mano se vuelve leprosa, pero es curada al instante. Ambos milagros debían convencer a los ancianos de que Dios había elegido a Moisés como su instrumento. Se añadió un tercer milagro por si aquello no resultaba suficiente: convertir el agua en sangre (Éxo. 4:8, 9).

Aunque Dios habilitó a Moisés para realizar estos poderosos prodigios, este aún expresa una cuarta excusa: no es buen orador.

Lee Éxodo 4:10 al 18. ¿Cómo responde el Señor a Moisés y qué lecciones podemos extraer de ello para nosotros en el caso de cualquier misión a la que creamos que Dios nos llama?

Éxodo 4:10-18

10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. 11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? 12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. 13 Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. 14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. 15 Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. 16 Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios. 17 Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales. 18 Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.

Este conjunto de cuatro excusas muestra la renuencia de Moisés a aceptar el llamado de Dios. Enmascaró con objeciones “razonables” su renuencia a ir. Las tres primeras excusas tienen forma de preguntas: ¿quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Y si no me creen? La cuarta objeción es una afirmación: “No soy elocuente”. Dios reaccionó ante todas ellas y aportó en cada caso una poderosa solución. En respuesta a estas excusas, Dios presenta muchas promesas edificantes.

Moisés presenta entonces su quinta y última súplica, y pide directamente: “Señor mío, por favor, envía a otro” (Éxo. 4:13). En respuesta, Dios le dice que ya está enviando a su hermano Aarón a su encuentro como apoyo. Finalmente, Moisés acepta en silencio el llamado y pide a Jetro su bendición antes de partir hacia Egipto.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Moisés rogó al Señor y dijo: «He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová». El Señor le aseguró entonces, mediante el milagro de la vara convertida en serpiente y de la mano que se volvió leprosa, que con tales señales y prodigios haría temer a los egipcios y al faraón, para que no se atrevieran a hacerle daño. Con estas señales aseguró a Moisés que convencería al rey y a su pueblo de que un Ser mayor que él manifestaba su poder ante ellos. Sin embargo, después de realizar muchos milagros ante el faraón a la vista del pueblo, este no dejaría salir a Israel. Moisés deseaba ser eximido de la laboriosa tarea. Alegó como excusa ser torpe de palabra. Es decir, había estado tanto tiempo lejos de los egipcios, que no tenía un conocimiento tan claro y un uso tan fluido de su lengua como cuando estaba entre ellos.

El Señor reprendió a Moisés por su temerosidad, como si el Dios que lo eligió para realizar su gran obra fuera incapaz de capacitarlo para ello, o como si Dios se hubiera equivocado al elegirlo. «Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?» ¡Qué apelación! ¡Qué reprimenda a los desconfiados!

«Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar». Suplicó al Señor que eligiera a una persona más adecuada. La renuencia de Moisés procedía al principio de la humildad, de una modesta desconfianza. Pero después de que Dios prometiera eliminar sus dificultades, y estar con su boca, y enseñarle lo que debía decir, y darle finalmente éxito en su misión, el que siguiera manifestando reticencia desagradaba a Dios. Su renuencia a ejecutar la misión para la que Dios le había conservado la vida, y le había capacitado para realizar, después de que Dios le asegurara su presencia constante, demostraba incredulidad y un desánimo criminal, así como desconfianza en Dios mismo. El Señor lo reprendió por esta desconfianza. La liberación de Israel de Egipto, en la forma en que Dios se proponía realizar la obra, le parecía a Moisés imposible (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 192, 193).


Jueves 10 de julio_____________________________________________________

LA CIRCUNCISIÓN

Lee Éxodo 4:18 al 31. ¿Cómo entendemos esta extraña historia y qué lección podemos extraer de ella?

Éxodo 4:18-31

18 Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz. 19 Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte. 20 Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano. 21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. 22 Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito. 24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. 26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión. 27 Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó. 28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado. 29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. 30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo. 31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

Los estudiantes de la Biblia se escandalizan cuando leen que, después de que Moisés obedeció al Señor y emprendió el viaje de regreso a Egipto, el Señor “estuvo a punto de matarlo” (Éxo. 4:24, NVI). Por el contexto del relato, es evidente que se trataba de la circuncisión. Su hijo menor no estaba circuncidado, como exigía el pacto abrahámico (Gén. 17:10, 11).

Como líder del pueblo de Dios, Moisés debía mostrar su perfecta sumisión y obediencia al Señor a fin de estar capacitado con el propósito de guiar a otras personas para que fueran obedientes. Tenía que ser un modelo de esa entrega total a Dios. Su esposa, Séfora, era una mujer de acción, y circuncidó a su hijo para salvar la vida de su marido. Ella tocó a Moisés con el “prepucio ensangrentado”, y esta sangre representó la expiación, la vida y el sellamiento del pacto. El hecho de que aquello se hiciera tan prontamente añadió dramatismo a la situación.

Es posible extraer una importante lección de este episodio; a saber, nunca debemos dejar de hacer lo que sabemos que es correcto.

“Mientras se alejaba de Madián, Moisés tuvo una terrible y sorprendente manifestación del desagrado del Señor. Se le apareció un ángel en forma amenazadora, como si fuera a destruirlo inmediatamente. No le dio ninguna explicación; pero Moisés recordó que había desdeñado uno de los requerimientos de Dios y, cediendo a la persuasión de su esposa, había dejado de cumplir el rito de la circuncisión en su hijo menor. Falló en cumplir con la condición que podía dar a su hijo el derecho de recibir las bendiciones del pacto de Dios con Israel; y tal descuido de parte del jefe elegido no podía menos que menoscabar ante el pueblo la fuerza de los preceptos divinos. Séfora, temiendo que su esposo fuese muerto, realizó ella misma el rito, y entonces el ángel permitió a Moisés continuar la marcha. En su misión ante Faraón, Moisés iba a exponerse a un gran peligro; su vida podía preservarse solo mediante la protección de los santos ángeles. Pero no estaría seguro mientras tuviera un deber conocido sin cumplir, pues los ángeles de Dios no podrían escudarlo” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 261).

¿Qué te dice esta historia si eres culpable de descuidar lo que sabes que deberías hacer? ¿Qué cambios necesitas hacer, incluso ahora mismo?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Moisés se dirigía a Egipto, el ángel del Señor salió a su encuentro y adoptó una postura amenazadora, como si fuera a matarlo. Temía por su vida. Había cedido a la negativa de su esposa de circuncidar a su hijo y, en cumplimiento de sus deseos, había dejado de obedecer a Dios. Su esposa, temerosa de que su marido fuera asesinado, se sobrepuso a sus sentimientos de afecto indebido por su hijo y realizó el acto ella misma. Después de esto, el ángel dejó marcharse a Moisés. En su misión ante el Faraón iba a ser colocado en una posición peligrosa, en la que su vida quedaría expuesta a la voluntad del rey, si Dios no lo salvaguardaba con su poder, mediante la presencia de sus ángeles. Mientras Moisés viviera en la negligencia de uno de los claros mandatos de Dios, su vida no estaría segura, pues los ángeles de Dios no podrían protegerlo mientras estuviera en la desobediencia. Por eso, el ángel le salió al encuentro en el camino y le amenazó de muerte. No explicó a Moisés por qué asumía ese aspecto amenazador. Moisés sabía que había un motivo. Iba a Egipto en obediencia al mandato de Dios, por lo que el viaje era correcto. Inmediatamente recordó que no había obedecido a Dios al cumplir con el rito de la circuncisión de su hijo menor, y que había cedido a las súplicas de su esposa para que pospusiera la ceremonia. Después de haber obedecido el mandato de Dios, era libre de presentarse ante el Faraón, y no había nada en el camino que impidiera la ministración de los ángeles en relación con su obra.

En el tiempo de angustia, justo antes de la venida de Cristo, las vidas de los justos serán preservadas mediante la ministración de los santos ángeles. Aquellos que lleguen a ese tiempo de prueba, negligentes en la obediencia a los mandamientos de Dios, no tendrán seguridad.

Los ángeles no podrán protegerlos de la ira de sus enemigos mientras vivan en negligencia de cualquier deber conocido, o mandato expreso de Jehová (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 195, 196).

(Original): The Lord desires us to rest in Him without a question as to our measure of reward. When Christ abides in the soul, the thought of reward is not uppermost. This is not the motive that actuates our service. It is true that in a subordinate sense we should have respect to the recompense of reward. God desires us to appreciate His promised blessings. But He would not have us eager for rewards nor feel that for every duty we must receive compensation. We should not be so anxious to gain the reward as to do what is right, irrespective of all gain. Love to God and to our fellow men should be our motive (Palabras de Vida del gran Maestro, p. 398).

(Traducción de Escuela Sabática Maestros): El Señor desea que descansemos en Él sin cuestionar la medida de nuestra recompensa. Cuando Cristo mora en el alma, el pensamiento de la recompensa no es lo primordial. Este no es la motivación que impulsa nuestro servicio. Es cierto que en un sentido sumiso debemos tener respeto al premio de la recompensa. Dios desea que nosotros apreciemos Sus bendiciones prometidas. Pero Él no quiere que estemos ansiosos por las recompensas ni que sintamos que por cada deber debemos recibir una compensación. Independientemente de todas las ganancias, no deberíamos estar tan ansiosos por obtener una recompensa como por hacer lo que es correcto. El amor a Dios y al prójimo debería ser nuestra motivación. (Palabras de Vida del gran Maestro, p. 398).


Viernes 11 de julio_____________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee el capítulo titulado “Moisés” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 256-261.

El dramático llamado desde la zarza ardiente fue probablemente la experiencia más transformadora de la vida de Moisés. Todos los otros momentos importantes de su existencia dependieron de su respuesta positiva y obediente al requerimiento divino de sacar a los hebreos de Egipto y conducirlos a la Tierra Prometida.

Nosotros sabemos cómo terminó todo. Pero ponte en el lugar de Moisés cuando estuvo ante la zarza ardiente. Había huido de Egipto para salvar su vida. Una nueva generación de hebreos había llegado a la escena durante los últimos cuarenta años, muchos de los cuales probablemente sabían poco acerca de él o habían recibido información distorsionada acerca de su persona. Sin embargo, ¿ahora era llamado por Dios para guiar a este mismo pueblo lejos de una nación poderosa? No es de extrañar que al principio se mostrara reacio.

Sí, era una tarea extremadamente exigente, pero imagina lo que Moisés habría perdido si se hubiera negado definitivamente a aceptar el llamado de Dios. Tal vez habría desaparecido de las páginas de la historia en lugar de convertirse en una de las personas más grandes e influyentes, no solo del ámbito bíblico, sino del mundo mismo gracias al poder de Dios que obró en él.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En los tranquilos años que pasó en el desierto, Moisés hizo lo que Dios lo llamó a hacer: fue padre de familia, cuidó ovejas y escribió dos libros bíblicos bajo la inspiración de Dios antes de ser llamado a ser un gran líder del pueblo de Dios. ¿Qué nos enseña la experiencia de Moisés acerca de nuestros deberes en la vida?
  2. Se podría argumentar que, a primera vista, las excusas de Moisés eran en sí mismas bastante razonables. ¿Por qué debería creerme el pueblo? ¿Quién soy yo? No sé hablar bien. ¿Qué debería decirnos esta historia acerca de cómo aprender a confiar en que Dios puede capacitarnos para realizar lo que él nos llama a hacer?
  3. Profundiza en el punto tratado en el estudio del día domingo acerca de la autoría mosaica del libro de Génesis y en cuán importante es esa obra para comprender la historia sagrada y el plan de salvación. ¿Por qué debemos luchar contra los numerosos intentos de debilitar la autoridad del libro, especialmente negando la historicidad de los primeros once capítulos?

1 comentario en «Lección 2 – LA ZARZA ARDIENTE – Para el 12 de julio de 2025»

  1. jovan henry chavez delgado

    muchas gracias al grupo de trabajo para realizar este estudio,y gracias a Dios porque pone su amor por medio de su palabra.para que la escudriñemos.
    un abrazo

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