Lección 5: Para el 2 de agosto de 2025
LA PASCUA
Sábado 26 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 11:1-10; Miqueas 6:8; Éxodo 12:1-30; 1 Corintios 5:7; Éxodo 13:14-16; Hebreos 11:28.
PARA MEMORIZAR:
“Y cuando sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significa este rito?’, responderán: ‘Es la víctima de la Pascua en honor del Señor, que pasó por alto las casas de los israelitas en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas’ ” (Éxo. 12:26, 27).
La décima y última plaga está a punto de caer. Se da el último aviso. Es necesario tomar la decisión final. Se trata de una cuestión de vida o muerte.
No solo está en juego la vida de un individuo, sino la prosperidad de las familias y de toda la nación. El faraón y sus funcionarios serán responsables del destino de muchas personas, ya sea para vida o para muerte. Su actitud respecto del Dios vivo de Israel determinará no solo su futuro, sino también el de su nación.
¿Cómo nos sentimos y qué hacemos cuando la gravedad de las circunstancias se cierne sobre nosotros y tenemos que tomar una decisión que puede tener un gran impacto en la vida de muchos otros además de la nuestra?
Dios está más que dispuesto a concedernos sabiduría, entendimiento y poder para hacer lo correcto (1 Cor. 1:30; Fil. 2:13).
El problema, sin embargo, es que nuestro obstinado corazón no siempre está dispuesto a hacer lo correcto. Sabemos en qué consiste esto, pero nos negamos a hacerlo. En el relato acerca del éxodo, la negativa de un hombre a someterse a Dios, incluso ante la abrumadora evidencia, resultó, como siempre ocurre, en una tragedia para él y para muchos otros.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La observancia de la Pascua empezó con el nacimiento de la nación hebrea. La última noche de servidumbre en Egipto, cuando aún no se veían indicios de liberación, Dios le ordenó que se preparase para una liberación inmediata. Él había advertido al faraón del juicio final de los egipcios, e indicó a los hebreos que reuniesen a sus familias en sus moradas. Habiendo asperjado los dinteles de sus puertas con la sangre del cordero inmolado, habían de comer el cordero asado, con pan sin levadura y hierbas amargas. «Así habéis de comerlo —dijo—, ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová». Éxodo 12:11. A la medianoche, todos los primogénitos de los egipcios perecieron. Entonces el rey envió a Israel el mensaje: «Salid de en medio de mi pueblo… e id, servid a Jehová, como habéis dicho». Éxodo 12:31. Los hebreos salieron de Egipto como una nación independiente. El Señor había ordenado que la Pascua fuese observada anualmente. «Y —dijo él, cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios» Y así, de generación en generación, había de repetirse la historia de esa liberación maravillosa (El Deseado de todas las gentes, p. 57).
Entonces el Señor dio a Moisés instrucciones especiales, para que las diera a los hijos de Israel, con respecto a lo que debían hacer para preservarse a sí mismos y a sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre Egipto. Moisés también debía darles instrucciones con respecto a su salida de Egipto. Les relató la orden de Dios de inmolar un cordero sin defecto, y de tomar la sangre del cordero y pegarla en los postes de las puertas, y también en el dintel superior de las puertas de sus casas. Mientras esta señal estuviera fuera como signo, y comieran el cordero, asado entero, con hierbas amargas, adentro, el ángel de Dios pasaría por la tierra de Egipto haciendo su terrible obra, matando a los primogénitos de los hombres y a los primogénitos de los animales. «Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis» (Spiritual Gifts, t. 3, p. 222).
Domingo 27 de julio
UNA PLAGA MÁS
El profeta Amós declara que “nada hace Dios […] sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). En armonía con ello, el Señor reveló al faraón lo que se avecinaba por medio del profeta Moisés. El gobernante de Egipto recibió la más solemne advertencia del juicio justo de Dios contra el orgullo, la explotación, la violencia y la idolatría responsables de las calamidades que se abatirían sobre su tierra.
Lee Éxodo 11:1 al 10. ¿Qué advertencia dio Dios antes de ejecutar su juicio sobre Egipto?
Éxodo 11:1-10
1 Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo. 2 Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro. 3 Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios. También Moisés era tenido por gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo. 4 Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, 5 y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. 6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. 7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. 8 Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón. 9 Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto. 10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel fuera de su país.
Dios dio tiempo a Egipto, tres días de oscuridad (Éxo. 10: 22, 23), para pensar en los acontecimientos recientes y en lo que significaban. También les dio la última advertencia explícita, la última oportunidad de hacer lo correcto.
Pero Éxodo 11:8 dice que Moisés “salió muy enojado de hablar con Faraón”. ¿Por qué se marcharía Moisés enojado? Muy probablemente porque sabía que la tragedia, la décima plaga, afectaría a mucha gente inocente, todo a causa de la dureza de corazón del faraón.
Además, el número diez es significativo en el simbolismo bíblico, ya que representa la plenitud, o lo completo. (Piensa en los Diez Mandamientos como una revelación completa de la ley moral divina). Las diez plagas en Egipto señalan la plena expresión de la justicia y el castigo divinos.
Dios es el Juez, y está en contra del orgullo, la injusticia, la discriminación, la arrogancia, la explotación, la crueldad y el egoísmo. Está del lado de quienes sufren; de los abusados, maltratados y perseguidos. Dios ejecutará la justicia, que es en verdad otra expresión de su amor. (Ver Sal. 2:12; 33:5; 85:11; 89:14; 101:1; Isa. 16:5; Jer. 9:24).
Nosotros también deberíamos intentar ser tan amorosos y justos como sea posible. Sin embargo, podemos caer fácilmente en los extremos, ya sea en hacer, “por amor”, la vista gorda ante lo malo, ante lo que debe ser corregido, o en ejecutar fríamente la justicia. Ninguno de los dos extremos es correcto. En cambio, he aquí el ideal: “Hombre, el Señor te ha declarado qué es lo bueno y qué pide de ti: solo practica la justicia, ama la bondad y anda humildemente con tu Dios” (Miq. 6:8).
Si no podemos conseguir el equilibrio perfecto (ciertamente, no podemos), ¿por qué es mejor inclinarnos más hacia la misericordia que hacia la justicia? ¿O no es eso lo mejor?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
A pesar de que a Moisés se le había prohibido volver a la presencia de Faraón, pues lo habían amenazado de muerte si volvía ante él; sin embargo, Moisés tenía un nuevo mensaje de Dios para el rey rebelde. De modo que caminó decididamente hasta llegar a su presencia, y sin temor se paró delante de él para declararle el mensaje del Señor.
«Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón».
Cuando Moisés habló al rey de la plaga que vendría sobre ellos, más terrible que cualquiera de las que ya habían castigado a Egipto, que haría que todos los grandes consejeros del monarca se prosternaran delante de él y le rogaran que dejara salir a los israelitas, este quedó muy airado. Estaba furioso porque no pudo intimidar a Moisés ni hacerlo temblar delante de su autoridad real. Pero Moisés se apoyó en procura de sostén en un brazo más poderoso que el de cualquier monarca terrenal (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 221, 222; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1115).
Antes de ejecutar esta sentencia, el Señor por medio de Moisés instruyó a los hijos de Israel acerca de su salida de Egipto, sobre todo para preservarlos de la plaga inminente. Cada familia, sola o reunida con otra, había de matar un cordero o un cabrito, «sin defecto», y con un hisopo había de tomar de la sangre y ponerla «en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer», para que el ángel destructor que pasaría a medianoche, no entrase a aquella morada. Habían de comer la carne asada, con hierbas amargas y pan sin levadura, de noche, y como Moisés dijo: «Ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová» (Historia de los patriarcas y profetas, p. 280).
Lunes 28 de julio
LA PASCUA
Lee Éxodo 12:1 al 20. ¿Qué instrucciones específicas dio Dios a Moisés y a Aarón antes de que Israel abandonara Egipto?
Éxodo 12:1-20
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. 4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. 5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. 9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. 11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. 12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. 13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. 16 El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.
Uno esperaría que Dios instruyera a Moisés y a Aarón acerca de cómo organizar la salida de Egipto; es decir, cómo hacer provisión para ello especialmente en favor de los ancianos, las madres con niños pequeños, los animales, etcétera. En cambio, la instrucción de Dios es sorprendente: les dice cómo celebrar la Pascua. En otras palabras, la atención se centra en adorar al Señor, quien iba a redimirlos. Todo lo demás vendría a su debido tiempo.
Cada familia debía cocinar un cordero sin desperdiciar nada. Cada uno debía comer su porción, y si la familia no podía consumir todo el animal, debía compartir la cena con otra familia.
Lee Éxodo 12:13 y 14. ¿Qué haría el Señor por ellos cuando llegara la última plaga? ¿Qué simboliza eso?
Éxodo 12:13-14
13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.
El éxodo debía celebrarse regularmente cada año, no solo en conmemoración de lo que Dios había hecho por sus antepasados, sino también como la actualización de la acción liberadora de Dios para la generación presente. Sería una experiencia nueva para cada grupo.
Los versículos 12 y 13 explican el significado de la Pascua: el juicio divino de destrucción “pasará por encima” de los israelitas. Por eso debían conmemorar la “Pascua”. La palabra hebrea traducida como “Pascua” es pésaj, que es una combinación de otras dos que significan “pasar” y “sobre” o “encima”, ya que la destrucción “pasó por alto” los hogares israelitas cuyos dinteles habían sido marcados con la sangre del cordero, el signo de la vida y la salvación.
La celebración de la Pascua debía recordar a cada israelita los poderosos y bondadosos actos de Dios en favor de su pueblo. Esta celebración les ayudaba a salvaguardar su identidad nacional y a dar testimonio de sus convicciones religiosas.
¿Por qué es tan importante que recuerdes siempre la bondad de Dios para contigo en el pasado y confíes en que también será bondadoso contigo en el futuro?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
He aquí una obra requerida de los hijos de Israel, que debían realizar de su parte, a fin de probarlos y demostrar su fe mediante sus obras en la gran liberación que Dios había estado efectuando para ellos. Para escapar del gran juicio de Dios que iba a traer sobre los egipcios, la señal de la sangre debía verse sobre sus casas. Se les ordenó que se separaran de los egipcios, junto con sus hijos, y que se reunieran en sus propias casas, porque si alguno de los israelitas fuese encontrado en las casas de los egipcios, caería bajo la mano del ángel destructor. También se les ordenó que celebraran la fiesta de la Pascua como una ordenanza, para que cuando sus hijos preguntaran qué significaba tal servicio, les relataran su maravillosa preservación en Egipto, cuando el ángel destructor salió por la noche para matar a los primogénitos de los hombres y a los primogénitos de los animales, pasó por encima de sus casas y no murió ni uno solo de los hebreos que tuviera la señal de la sangre en los postes de sus puertas. Y el pueblo inclinó la cabeza y adoró, agradecido por este memorial especial dado para preservar en sus hijos el recuerdo del cuidado de Dios por su pueblo. Por las manifestaciones de las señales y maravillas mostradas en Egipto, hubo un buen número de egipcios que fueron inducidos a reconocer que el Dios de los hebreos era el único Dios verdadero. Suplicaron que se les permitiera ir con sus familias a las casas de los israelitas, esa terrible noche cuando el ángel de Dios iba a matar a los primogénitos de los egipcios. Estaban convencidos que sus dioses, a los que habían rendido culto, no tenían conocimiento ni poder para salvar o destruir. Y prometieron que de allí en adelante el Dios de Israel sería su Dios. Decidieron salir de Egipto e ir con los hijos de Israel para adorar a su Dios. Los israelitas dieron la bienvenida a los egipcios creyentes en sus hogares (Spiritual Gifts, t. 3, p. 223, 224; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1115).
Cuando los hijos de Israel eran esclavos en Egipto, el Señor les envió un libertador. Le pidió que fuera ante el faraón, rey de Egipto, y dijera:
«Entonces dirás al faraón: ‘Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva; pero si te niegas a dejarlo ir, yo mataré a tu hijo, a tu primogénito»‘ Éxodo 4:22, 23.
Moisés le llevó este mensaje al rey. Pero la respuesta del Faraón fue: «¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel». Éxodo 5:2.
Entonces el Señor envió plagas terribles sobre los egipcios. La última de ellas consistía en la muerte del primogénito de cada familia, desde la del rey hasta la del más humilde habitante del país.
El Señor le dijo a Moisés que cada familia israelita debía matar un cordero y poner un poco de la sangre sobre los postes y el dintel de las puertas de sus moradas.
Esta era una señal para que el ángel de la muerte pasara por alto las casas de los israelitas, y destruyera solamente a los orgullosos y crueles egipcios.
Esta sangre de la «Pascua» representaba para los judíos la sangre de Cristo. A su debido tiempo, Dios mandaría a su querido Hijo para ser sacrificado como cordero, con el fin de que todos los que creyeran en él pudieran ser salvos de la muerte eterna. Cristo se denomina nuestra Pascua. 1 Corintios 5:7. Por su sangre, por medio de la fe, somos redimidos. Efesios 1:7 (La única esperanza, p. 16).
Martes 29 de julio
PÉSAJ
Lee Éxodo 12:17 al 23. ¿Qué papel desempeña la sangre en la celebración de esta nueva festividad religiosa?
Éxodo 12:17-23
17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. 22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.
La sangre del cordero sacrificado era un elemento clave en esta celebración. Quienes participaban de esta, mojaban con ella los marcos de las puertas de sus casas. De este modo, demostraban su fe en que Dios los libraría de lo que tendrían que afrontar quienes no estuvieran protegidos por la sangre.
¡Qué poderosa representación de lo que significa el evangelio!
El cordero pascual tenía que ser sin defecto pues señalaba a Jesucristo, “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” La sangre del animal cumplía una función crucial: simbolizaba protección y era una señal de vida en un momento de muerte. “La sangre será la señal de las casas donde ustedes estén. Al ver la sangre, pasaré de largo, y no habrá entre ustedes mortandad cuando yo hiera la tierra de Egipto” (Éxo. 12:13).
Todo el evangelio estaba asociado con la celebración de la Pascua porque esta no solo apuntaba a la liberación de la esclavitud y la partida hacia la Tierra Prometida, sino también al sacrificio de Jesucristo por nuestros pecados y a sus méritos aplicados a todos los que están cubiertos por su sangre.
Siglos más tarde, Pablo escribió lo siguiente al recordar esta celebración: “Límpiense de la vieja levadura, para que sean nueva masa sin levadura como son. Porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7).
La levadura, o fermento, era utilizada para preparar masas de diversos tipos. Se la menciona por primera vez en la Biblia en relación con la preparación del pan ácimo (sin levadura) en la víspera de la salida de los israelitas de Egipto. También era necesario eliminar la levadura de sus casas (Éxo. 12:8, 15-20; 13:3-7). En este contexto concreto, la levadura era un símbolo de pecado (1 Cor. 5:6-8). Por lo tanto, no debía ser utilizada en el contexto de la fiesta de la Pascua durante una semana.
El pan sin levadura es un símbolo del Mesías sin pecado, quien venció todas las tentaciones y dio su vida por nosotros (Juan 1:29; 1 Cor. 5:7; Heb. 4:15). El “manojo de hisopo” empapado en sangre simbolizaba la gracia purificadora de Dios (Sal. 51:7). En resumen, la obra redentora de Jesús era revelada a lo largo de la Pascua.
¿Qué nos dice acerca de la gravedad del pecado el hecho de que fuera necesaria la sangre de Jesús, Dios mismo, para expiarlo?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Para conmemorar esta gran liberación, el pueblo de Israel había de celebrar una fiesta anual a través de las generaciones futuras…
El hisopo usado para rociar la sangre era un símbolo de la purificación. Era empleado para la limpieza del leproso y de quienes estaban inmundos por su contacto con los muertos. Se ve su significado también en la oración del salmista: «Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve». Salmo 51: 7.
El cordero había de prepararse entero, sin quebrar ninguno de sus huesos. De igual manera, ni un solo hueso había de quebrarse del Cordero de Dios, que iba a morir por nosotros. Éxodo 12:46; Juan 19:36. En esa forma también se representaba la plenitud del sacrificio de Cristo.
La carne debía comerse. Para alcanzar el perdón de nuestro pecado, no basta que creamos en Cristo; por medio de su Palabra debemos recibir por fe constantemente su fuerza y su alimento espiritual. Cristo dijo: «Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna». Y para explicar lo que quería decir, agregó: «Las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida». Juan 6:53, 54, 63.
Jesús aceptó la ley de su Padre, cuyos principios puso en práctica en su vida, manifestó su espíritu, y demostró su poder benéfico en el corazón del hombre. Dice Juan: «Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad». Juan 1:14…
El cordero había de comerse con hierbas amargas, como un recordatorio de la amarga servidumbre sufrida en Egipto. Asimismo, cuando nos alimentamos de Cristo, debemos hacerlo con corazón contrito por causa de nuestros pecados.
El uso del pan sin levadura también era significativo. Lo ordenaba expresamente la ley de la pascua, y tan estrictamente la observaban los judíos en su práctica, que no debía haber ninguna levadura en sus casas mientras durara esa fiesta. Asimismo deben apartar de sí la levadura del pecado todos los que reciben la vida y el alimento de Cristo. Pablo escribe a la iglesia de Corinto: «Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa… porque nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros. Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en ázimos de sinceridad y de verdad». 1 Corintios 5:7, 8 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 280-283).
Miércoles 30 de julio
PASAR LA ANTORCHA
El salmista declara cómo pueden nuestros hijos conocer a Dios y su amoroso cuidado: “Una generación exaltará tus obras ante la otra y anunciará tus portentos” (Sal. 145:4). Una familia debe hablar a otra familia acerca de Dios, de sus maravillosas obras y de sus enseñanzas, todo ello con el fin de transmitir el conocimiento bíblico a otra generación.
Lee Éxodo 12:24 al 28. ¿Qué punto importante se planteó aquí?
Éxodo 12:24-28
24 Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25 Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. 26 Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27 vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28 Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón.
Los padres eran los primeros maestros en Israel y debían contar la historia del éxodo a sus hijos. No debían hacerlo como si se tratara de un mero acontecimiento histórico pasado, sino que debía presentárseles como su propia experiencia, aunque hubiera ocurrido mucho tiempo antes. Debían identificarse con sus antepasados al celebrar esta fiesta, y la historia debía ser revivida y actualizada. El padre decía: “Estuve en Egipto, vi la derrota de los dioses egipcios y las plagas sobre Egipto, y fui liberado”. El libro de Éxodo subraya dos veces cómo debían los padres responder las preguntas de sus hijos acerca de la Pascua (ver Éxo. 13:14-16; Deut. 26:5-9).
Es digno de notar que los israelitas estaban aún en Egipto cuando se les dijo que celebraran su liberación. Toda la celebración fue, pues, un acto de fe. Tras recibir las instrucciones, “el pueblo se inclinó y adoró” (Éxo. 12:27) a su Redentor, y luego siguieron las indicaciones acerca de la Pascua.
En el libro del Deuteronomio se recuerda a los israelitas que debían contar su historia de tal manera que pudieran internalizarla como si se hubiera tratado de su propio viaje. Nótese el tono colectivo de este relato, así como el énfasis en la experiencia presente: “Entonces dirás ante el Señor tu Dios: ‘Un arameo a punto de perecer fue mi padre. Descendió a Egipto con pocos hombres; habitó allí, y llegó a ser un pueblo grande y numeroso. Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos sometieron a dura servidumbre; clamamos al Señor Dios de nuestros padres, y él oyó nuestra voz, vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión, y nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con grandes portentos, señales y milagros, y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra que mana leche y miel’ ” (Deut. 26:5-9).
Además, cada vez que refirieran la historia de la Pascua (o cualquier acontecimiento de la historia sagrada) a sus hijos, los padres mismos recordarían lo que Dios había hecho por ellos y por el pueblo. Rememorar la Pascua era, pues, una bendición tanto para quien lo hacía a viva voz como para los oyentes.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El Señor dio a Moisés instrucciones especiales para los hijos de Israel con respecto a lo que debían hacer para preservarse a sí mismos y a sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre los egipcios. Moisés también debía dar instrucciones a su pueblo con respecto a su salida de Egipto. En aquella noche, tan terrible para los egipcios y tan gloriosa para el pueblo de Dios, se instituyó el solemne rito de la Pascua. Por mandato divino, cada familia, sola o junta con otras, debía degollar un cordero o un macho cabrío «sin defecto», y con un manojo de hisopo «untar el dintel y los dos postes» de sus casas con la sangre, como señal de que el ángel destructor, que llegaría a medianoche, no entrara en esa vivienda. Debían comer la carne asada, con hierbas amargas, por la noche, como dijo Moisés, «ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová». Este nombre fue dado en memoria del paso del ángel por sus moradas; y tal fiesta debía ser observada como un memorial por el pueblo de Israel en todas las generaciones futuras (From the Heart, 29 de julio, p. 222).
Todos los actos de la vida de Jesús fueron importantes. Cada acontecimiento de su vida era para el beneficio de sus seguidores del futuro. Esta circunstancia de la demora de Cristo en Jerusalén enseña una lección importante a los que habían de creer en él. Muchos habían recorrido grandes distancias para celebrar la Pascua, instituida para que los hebreos recordaran su maravillosa liberación de Egipto. Esta ordenanza tenía por objeto apartar sus mentes de sus intereses mundanos, y de sus preocupaciones y ansiedades en relación con los asuntos temporales, y repasar las obras de Dios. Debían recordar sus milagros, sus misericordias y su amorosa bondad para con ellos, a fin de que su amor y reverencia por él aumentaran y los llevaran a acudir siempre a él y a confiar en él en todas sus pruebas, y a no volverse hacia otros dioses.
La observancia de la Pascua poseía un interés solemne para el Hijo de Dios. Veía en el cordero degollado un símbolo de su propia muerte. Al pueblo que celebraba esta ordenanza se le instruía para que asociara el sacrificio del cordero con la muerte futura del Hijo de Dios. La sangre, que marcaba los postes de las puertas de sus casas, era el símbolo de la sangre de Cristo, que había de ser eficaz para el pecador creyente, limpiándolo del pecado y protegiéndolo de la ira de Dios que había de caer sobre el mundo impenitente e incrédulo, tal como la ira de Dios cayó sobre los egipcios. Pero nadie podía beneficiarse de esta provisión especial que Dios había hecho para la salvación del hombre, a menos que realizara la obra que el Señor le había encomendado. Ellos mismos tenían una parte que desempeñar: por sus actos debían manifestar su fe en la provisión hecha para su salvación (The Review and Herald, 31 de diciembre, 1872, párr. 11, 12).
Jueves 31 de julio
EL JUICIO DIVINO
Lee Éxodo 12:29 y 30 acerca de cómo hirió Dios a los primogénitos en Egipto. ¿Por qué se centró Dios en los primogénitos? (Ver también Heb. 11:28).
Éxodo 12:29-30
29 Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. 30 Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.
Hebreos 11:28
28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.
La última plaga en Egipto cayó sobre los primogénitos. Fue un juicio divino sobre todos los dioses de Egipto y sobre todas las familias que adoraban a estos dioses falsos, ídolos sin valor que reflejaban las propias pasiones, deseos y temores de la gente.
Como habían demostrado las plagas anteriores, estos ídolos eran incapaces de salvar al pueblo. Su inutilidad era aún más evidente ahora, durante la décima plaga, la que produjo las mayores consecuencias para los egipcios.
“A través del vasto reino de Egipto, el orgullo de toda casa había sido humillado. Los gritos y los gemidos de los dolientes llenaban los aires. El rey y los cortesanos, con rostros pálidos y miembros trémulos, estaban aterrados por el horror prevaleciente” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 285).
El faraón representaba el poder supremo y el dios de Egipto, y su hijo primogénito era considerado hijo de un dios. Isis era una diosa protectora de los niños; Heket era una diosa que asistía a las mujeres durante el parto, y Min era un dios de la reproducción. Además de estos, había varios dioses egipcios de la fertilidad. Todas estas deidades eran impotentes en comparación con el Señor vivo. Moisés dice: “¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas?” (Éxo. 15:11). Jetro dio luego el siguiente testimonio: “Ahora reconozco que el Señor es grande más que todos los dioses, porque prevaleció contra los que se ensoberbecieron contra ellos” (Éxo. 18:11).
Según Éxodo 1, los egipcios habían matado a los hijos recién nacidos de Israel por orden del faraón para debilitar a los israelitas, someterlos y humillarlos. Ahora, el castigo de Dios golpea a los primogénitos de Egipto. Lo que se siembra, se cosecha.
Nuestras decisiones y acciones equivocadas tienen consecuencias que no solo nosotros padecemos, sino que también afectan a otros, a veces muchos e inocentes. Tal es la naturaleza del pecado.
¿En qué formas has sufrido a causa de los pecados ajenos? ¿De qué maneras otros han sufrido a causa de tus faltas? ¿Cuál es nuestra única esperanza?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El Señor dio a los hebreos instrucciones especiales para que cada familia sacrificara un cordero y asperjara su sangre sobre los postes de la puerta, de modo que cuando el ángel destructor pasara por allí en su misión de muerte, la sangre sobre los postes de la puerta constituyera una señal que identificara a los moradores de la casa como adoradores del verdadero Dios. El ángel de la muerte pasaba por alto las casas designadas de esa manera. Los hebreos recibieron la orden de estar preparados para comenzar su viaje aquella noche memorable. El Señor les instruyó en cuanto a comer el cordero pascual. “Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová”.
El Señor no envió ninguna plaga sobre Egipto antes de darles una advertencia oportuna. Moisés y Aarón, bajo la dirección de Dios, se presentaron ante el rey con su mensaje: «Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas». El Faraón no quiso ceder su obstinada voluntad a los imperativos de Dios. Endureció su corazón contra los hebreos y les negó la libertad.
Cerca de medianoche, en cada casa egipcia sus moradores fueron despertados de su sueño por el clamor y el dolor. Temieron que todos habrían de morir. Recordaron el clamor y el lamento proveniente de las casas de los hebreos, resultado del decreto inhumano de un cruel rey que había mandado matar a todos los niños varones tan pronto como nacieran. Los egipcios no podían ver al ángel vengador que entraba en cada casa con su carga de muerte, pero sabían que era el Dios de los hebreos quien provocaba el mismo sufrimiento que ellos había producido entre los israelitas (Youths Instructor; 10 de mayo, 1873, párr. 4-6; parcialmente en La verdad acerca de los ángeles, p. 99).
Las grandes huestes de Israel salieron resueltamente, con alegre triunfo, de Egipto, el lugar de su larga y cruel servidumbre. Los egipcios no consintieron liberarlos hasta que fueron advertidos rotundamente por los juicios de Dios. El ángel vengador había visitado cada casa de los egipcios, y había herido de muerte al primogénito de cada familia. Ninguno había escapado, desde el heredero de Faraón hasta el primogénito del cautivo en la mazmorra. También habían muerto los primogénitos del ganado de acuerdo al mandato del Señor. Pero el ángel de la muerte pasó por alto los hogares de los hijos de Israel y no entró en ellos.
Faraón, horrorizado por las plagas que habían caído sobre su pueblo, llamó a Moisés y a Aarón por la noche y les ordenó que partieran de Egipto. Ansiaba que se fueran sin demora, porque él y su pueblo temían que a menos que la maldición de Dios se apartara de ellos, la tierra quedaría transformada en un vasto cementerio (Testimonios para la Iglesia, t. 4, p. 25).
Viernes 1 de agosto
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo titulado “La Pascua” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 279-285.
“La Pascua debía ser tanto conmemorativa como típica; no solo recordaría la liberación de Israel de Egipto, sino que también señalaría a la liberación más grande que Cristo realizaría para libertar a su pueblo de la servidumbre del pecado. El cordero del sacrificio representa al ‘Cordero de Dios’, en quien reside nuestra única esperanza de salvación. Dice el apóstol: ‘Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros’ (1 Cor. 5:7). No bastaba que el cordero pascual fuese muerto; había que rociar con su sangre los postes de las puertas; así habrían de aplicarse los méritos de Cristo sobre el alma. Debemos creer, no solo que él murió por el mundo, sino que murió por cada uno individualmente. Debemos apropiarnos la virtud del sacrificio expiatorio” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 281).
Las familias judías observantes de todo el mundo celebran hasta hoy la Pascua judía, o Pésaj. Durante la primera noche de la celebración realizan una ceremonia llamada “Séder de Pascua” (séder significa “orden”) durante la cual rememoran el éxodo y disfrutan luego de una comida especial en familia. Es asombroso que esto haya sido celebrado desde la época del éxodo. Solo el reposo sabático durante el séptimo día de la semana, que los judíos observantes también respetan, se remonta incluso más atrás en el tiempo, hasta el Edén.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Cómo es posible entender la “justicia” del Señor al dar muerte a los primogénitos, muchos de los cuales eran seguramente “inocentes”? ¿Cómo armoniza esto con la poderosa realidad del amor de Dios? Pensemos también en el Diluvio. ¿Cómo entenderlo?
- ¿Qué significan las expresiones metafóricas según las cuales los creyentes están “cubiertos” por la sangre de Jesús y su sangre los “limpia” de todas sus iniquidades?
- Medita en lo siguiente: “Los seguidores de Cristo deben participar de su experiencia. Deben recibir y asimilar la Palabra de Dios para que se convierta en el poder que motive su vida y acción. Mediante el poder de Cristo, deben ser transformados a su imagen y reflejar los atributos divinos… El espíritu y la obra de Cristo deben convertirse en el espíritu y la obra de sus discípulos” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 282). ¿Cómo permitimos que Cristo haga en nosotros lo allí descrito?
Lección 5 – LA PASCUA – Para el 2 de agosto de 2025
Usualmente el video es subido a internet, el sábado por la noche o el domingo.
Lecciones Futuras de Escuela Sabática
Año
1er Trimestre
2do Trimestre
3er Trimestre
4to Trimestre
2025
El Amor de Dios y su Justicia
Alusiones, Imágenes y Símbolos
El Éxodo
Justicia
2026
Colosenses – Filipenses
Relación con Dios
1 y 2 Corintios
El Don de Profecía
2027
Mayordomía
Vida de Jesús
Profecías Apocalípticas
Hermenéutica
| 1er Trimestre | El Amor de Dios y su Justicia |
| 2do Trimestre | Alusiones, Imágenes y Símbolos |
| 3er Trimestre | El Éxodo |
| 4to Trimestre | Justicia |
| 1er Trimestre | Colosenses – Filipenses |
| 2do Trimestre | Relación con Dios |
| 3er Trimestre | 1 y 2 Corintios |
| 4to Trimestre | El Don de Profecía |
| 1er Trimestre | Mayordomía |
| 2do Trimestre | Vida de Jesús |
| 3er Trimestre | Profecías Apocalípticas |
| 4to Trimestre | Hermenéutica |
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Lección 5: Para el 2 de agosto de 2025
LA PASCUA
Sábado 26 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 11:1-10; Miqueas 6:8; Éxodo 12:1-30; 1 Corintios 5:7; Éxodo 13:14-16; Hebreos 11:28.
PARA MEMORIZAR:
“Y cuando sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significa este rito?’, responderán: ‘Es la víctima de la Pascua en honor del Señor, que pasó por alto las casas de los israelitas en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas’ ” (Éxo. 12:26, 27).
La décima y última plaga está a punto de caer. Se da el último aviso. Es necesario tomar la decisión final. Se trata de una cuestión de vida o muerte.
No solo está en juego la vida de un individuo, sino la prosperidad de las familias y de toda la nación. El faraón y sus funcionarios serán responsables del destino de muchas personas, ya sea para vida o para muerte. Su actitud respecto del Dios vivo de Israel determinará no solo su futuro, sino también el de su nación.
¿Cómo nos sentimos y qué hacemos cuando la gravedad de las circunstancias se cierne sobre nosotros y tenemos que tomar una decisión que puede tener un gran impacto en la vida de muchos otros además de la nuestra?
Dios está más que dispuesto a concedernos sabiduría, entendimiento y poder para hacer lo correcto (1 Cor. 1:30; Fil. 2:13).
El problema, sin embargo, es que nuestro obstinado corazón no siempre está dispuesto a hacer lo correcto. Sabemos en qué consiste esto, pero nos negamos a hacerlo. En el relato acerca del éxodo, la negativa de un hombre a someterse a Dios, incluso ante la abrumadora evidencia, resultó, como siempre ocurre, en una tragedia para él y para muchos otros.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La observancia de la Pascua empezó con el nacimiento de la nación hebrea. La última noche de servidumbre en Egipto, cuando aún no se veían indicios de liberación, Dios le ordenó que se preparase para una liberación inmediata. Él había advertido al faraón del juicio final de los egipcios, e indicó a los hebreos que reuniesen a sus familias en sus moradas. Habiendo asperjado los dinteles de sus puertas con la sangre del cordero inmolado, habían de comer el cordero asado, con pan sin levadura y hierbas amargas. «Así habéis de comerlo —dijo—, ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová». Éxodo 12:11. A la medianoche, todos los primogénitos de los egipcios perecieron. Entonces el rey envió a Israel el mensaje: «Salid de en medio de mi pueblo… e id, servid a Jehová, como habéis dicho». Éxodo 12:31. Los hebreos salieron de Egipto como una nación independiente. El Señor había ordenado que la Pascua fuese observada anualmente. «Y —dijo él, cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios» Y así, de generación en generación, había de repetirse la historia de esa liberación maravillosa (El Deseado de todas las gentes, p. 57).
Entonces el Señor dio a Moisés instrucciones especiales, para que las diera a los hijos de Israel, con respecto a lo que debían hacer para preservarse a sí mismos y a sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre Egipto. Moisés también debía darles instrucciones con respecto a su salida de Egipto. Les relató la orden de Dios de inmolar un cordero sin defecto, y de tomar la sangre del cordero y pegarla en los postes de las puertas, y también en el dintel superior de las puertas de sus casas. Mientras esta señal estuviera fuera como signo, y comieran el cordero, asado entero, con hierbas amargas, adentro, el ángel de Dios pasaría por la tierra de Egipto haciendo su terrible obra, matando a los primogénitos de los hombres y a los primogénitos de los animales. «Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis» (Spiritual Gifts, t. 3, p. 222).
Domingo 27 de julio
UNA PLAGA MÁS
El profeta Amós declara que “nada hace Dios […] sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). En armonía con ello, el Señor reveló al faraón lo que se avecinaba por medio del profeta Moisés. El gobernante de Egipto recibió la más solemne advertencia del juicio justo de Dios contra el orgullo, la explotación, la violencia y la idolatría responsables de las calamidades que se abatirían sobre su tierra.
Lee Éxodo 11:1 al 10. ¿Qué advertencia dio Dios antes de ejecutar su juicio sobre Egipto?
Éxodo 11:1-10
1 Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo. 2 Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro. 3 Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios. También Moisés era tenido por gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo. 4 Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, 5 y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. 6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. 7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. 8 Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón. 9 Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto. 10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel fuera de su país.
Dios dio tiempo a Egipto, tres días de oscuridad (Éxo. 10: 22, 23), para pensar en los acontecimientos recientes y en lo que significaban. También les dio la última advertencia explícita, la última oportunidad de hacer lo correcto.
Pero Éxodo 11:8 dice que Moisés “salió muy enojado de hablar con Faraón”. ¿Por qué se marcharía Moisés enojado? Muy probablemente porque sabía que la tragedia, la décima plaga, afectaría a mucha gente inocente, todo a causa de la dureza de corazón del faraón.
Además, el número diez es significativo en el simbolismo bíblico, ya que representa la plenitud, o lo completo. (Piensa en los Diez Mandamientos como una revelación completa de la ley moral divina). Las diez plagas en Egipto señalan la plena expresión de la justicia y el castigo divinos.
Dios es el Juez, y está en contra del orgullo, la injusticia, la discriminación, la arrogancia, la explotación, la crueldad y el egoísmo. Está del lado de quienes sufren; de los abusados, maltratados y perseguidos. Dios ejecutará la justicia, que es en verdad otra expresión de su amor. (Ver Sal. 2:12; 33:5; 85:11; 89:14; 101:1; Isa. 16:5; Jer. 9:24).
Nosotros también deberíamos intentar ser tan amorosos y justos como sea posible. Sin embargo, podemos caer fácilmente en los extremos, ya sea en hacer, “por amor”, la vista gorda ante lo malo, ante lo que debe ser corregido, o en ejecutar fríamente la justicia. Ninguno de los dos extremos es correcto. En cambio, he aquí el ideal: “Hombre, el Señor te ha declarado qué es lo bueno y qué pide de ti: solo practica la justicia, ama la bondad y anda humildemente con tu Dios” (Miq. 6:8).
Si no podemos conseguir el equilibrio perfecto (ciertamente, no podemos), ¿por qué es mejor inclinarnos más hacia la misericordia que hacia la justicia? ¿O no es eso lo mejor?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
A pesar de que a Moisés se le había prohibido volver a la presencia de Faraón, pues lo habían amenazado de muerte si volvía ante él; sin embargo, Moisés tenía un nuevo mensaje de Dios para el rey rebelde. De modo que caminó decididamente hasta llegar a su presencia, y sin temor se paró delante de él para declararle el mensaje del Señor.
«Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón».
Cuando Moisés habló al rey de la plaga que vendría sobre ellos, más terrible que cualquiera de las que ya habían castigado a Egipto, que haría que todos los grandes consejeros del monarca se prosternaran delante de él y le rogaran que dejara salir a los israelitas, este quedó muy airado. Estaba furioso porque no pudo intimidar a Moisés ni hacerlo temblar delante de su autoridad real. Pero Moisés se apoyó en procura de sostén en un brazo más poderoso que el de cualquier monarca terrenal (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 221, 222; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1115).
Antes de ejecutar esta sentencia, el Señor por medio de Moisés instruyó a los hijos de Israel acerca de su salida de Egipto, sobre todo para preservarlos de la plaga inminente. Cada familia, sola o reunida con otra, había de matar un cordero o un cabrito, «sin defecto», y con un hisopo había de tomar de la sangre y ponerla «en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer», para que el ángel destructor que pasaría a medianoche, no entrase a aquella morada. Habían de comer la carne asada, con hierbas amargas y pan sin levadura, de noche, y como Moisés dijo: «Ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová» (Historia de los patriarcas y profetas, p. 280).
Lunes 28 de julio
LA PASCUA
Lee Éxodo 12:1 al 20. ¿Qué instrucciones específicas dio Dios a Moisés y a Aarón antes de que Israel abandonara Egipto?
Éxodo 12:1-20
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. 4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. 5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. 9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. 11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. 12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. 13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. 15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. 16 El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.
Uno esperaría que Dios instruyera a Moisés y a Aarón acerca de cómo organizar la salida de Egipto; es decir, cómo hacer provisión para ello especialmente en favor de los ancianos, las madres con niños pequeños, los animales, etcétera. En cambio, la instrucción de Dios es sorprendente: les dice cómo celebrar la Pascua. En otras palabras, la atención se centra en adorar al Señor, quien iba a redimirlos. Todo lo demás vendría a su debido tiempo.
Cada familia debía cocinar un cordero sin desperdiciar nada. Cada uno debía comer su porción, y si la familia no podía consumir todo el animal, debía compartir la cena con otra familia.
Lee Éxodo 12:13 y 14. ¿Qué haría el Señor por ellos cuando llegara la última plaga? ¿Qué simboliza eso?
Éxodo 12:13-14
13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.
El éxodo debía celebrarse regularmente cada año, no solo en conmemoración de lo que Dios había hecho por sus antepasados, sino también como la actualización de la acción liberadora de Dios para la generación presente. Sería una experiencia nueva para cada grupo.
Los versículos 12 y 13 explican el significado de la Pascua: el juicio divino de destrucción “pasará por encima” de los israelitas. Por eso debían conmemorar la “Pascua”. La palabra hebrea traducida como “Pascua” es pésaj, que es una combinación de otras dos que significan “pasar” y “sobre” o “encima”, ya que la destrucción “pasó por alto” los hogares israelitas cuyos dinteles habían sido marcados con la sangre del cordero, el signo de la vida y la salvación.
La celebración de la Pascua debía recordar a cada israelita los poderosos y bondadosos actos de Dios en favor de su pueblo. Esta celebración les ayudaba a salvaguardar su identidad nacional y a dar testimonio de sus convicciones religiosas.
¿Por qué es tan importante que recuerdes siempre la bondad de Dios para contigo en el pasado y confíes en que también será bondadoso contigo en el futuro?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
He aquí una obra requerida de los hijos de Israel, que debían realizar de su parte, a fin de probarlos y demostrar su fe mediante sus obras en la gran liberación que Dios había estado efectuando para ellos. Para escapar del gran juicio de Dios que iba a traer sobre los egipcios, la señal de la sangre debía verse sobre sus casas. Se les ordenó que se separaran de los egipcios, junto con sus hijos, y que se reunieran en sus propias casas, porque si alguno de los israelitas fuese encontrado en las casas de los egipcios, caería bajo la mano del ángel destructor. También se les ordenó que celebraran la fiesta de la Pascua como una ordenanza, para que cuando sus hijos preguntaran qué significaba tal servicio, les relataran su maravillosa preservación en Egipto, cuando el ángel destructor salió por la noche para matar a los primogénitos de los hombres y a los primogénitos de los animales, pasó por encima de sus casas y no murió ni uno solo de los hebreos que tuviera la señal de la sangre en los postes de sus puertas. Y el pueblo inclinó la cabeza y adoró, agradecido por este memorial especial dado para preservar en sus hijos el recuerdo del cuidado de Dios por su pueblo. Por las manifestaciones de las señales y maravillas mostradas en Egipto, hubo un buen número de egipcios que fueron inducidos a reconocer que el Dios de los hebreos era el único Dios verdadero. Suplicaron que se les permitiera ir con sus familias a las casas de los israelitas, esa terrible noche cuando el ángel de Dios iba a matar a los primogénitos de los egipcios. Estaban convencidos que sus dioses, a los que habían rendido culto, no tenían conocimiento ni poder para salvar o destruir. Y prometieron que de allí en adelante el Dios de Israel sería su Dios. Decidieron salir de Egipto e ir con los hijos de Israel para adorar a su Dios. Los israelitas dieron la bienvenida a los egipcios creyentes en sus hogares (Spiritual Gifts, t. 3, p. 223, 224; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1115).
Cuando los hijos de Israel eran esclavos en Egipto, el Señor les envió un libertador. Le pidió que fuera ante el faraón, rey de Egipto, y dijera:
«Entonces dirás al faraón: ‘Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva; pero si te niegas a dejarlo ir, yo mataré a tu hijo, a tu primogénito»‘ Éxodo 4:22, 23.
Moisés le llevó este mensaje al rey. Pero la respuesta del Faraón fue: «¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel». Éxodo 5:2.
Entonces el Señor envió plagas terribles sobre los egipcios. La última de ellas consistía en la muerte del primogénito de cada familia, desde la del rey hasta la del más humilde habitante del país.
El Señor le dijo a Moisés que cada familia israelita debía matar un cordero y poner un poco de la sangre sobre los postes y el dintel de las puertas de sus moradas.
Esta era una señal para que el ángel de la muerte pasara por alto las casas de los israelitas, y destruyera solamente a los orgullosos y crueles egipcios.
Esta sangre de la «Pascua» representaba para los judíos la sangre de Cristo. A su debido tiempo, Dios mandaría a su querido Hijo para ser sacrificado como cordero, con el fin de que todos los que creyeran en él pudieran ser salvos de la muerte eterna. Cristo se denomina nuestra Pascua. 1 Corintios 5:7. Por su sangre, por medio de la fe, somos redimidos. Efesios 1:7 (La única esperanza, p. 16).
Martes 29 de julio
PÉSAJ
Lee Éxodo 12:17 al 23. ¿Qué papel desempeña la sangre en la celebración de esta nueva festividad religiosa?
Éxodo 12:17-23
17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. 21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. 22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.
La sangre del cordero sacrificado era un elemento clave en esta celebración. Quienes participaban de esta, mojaban con ella los marcos de las puertas de sus casas. De este modo, demostraban su fe en que Dios los libraría de lo que tendrían que afrontar quienes no estuvieran protegidos por la sangre.
¡Qué poderosa representación de lo que significa el evangelio!
El cordero pascual tenía que ser sin defecto pues señalaba a Jesucristo, “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” La sangre del animal cumplía una función crucial: simbolizaba protección y era una señal de vida en un momento de muerte. “La sangre será la señal de las casas donde ustedes estén. Al ver la sangre, pasaré de largo, y no habrá entre ustedes mortandad cuando yo hiera la tierra de Egipto” (Éxo. 12:13).
Todo el evangelio estaba asociado con la celebración de la Pascua porque esta no solo apuntaba a la liberación de la esclavitud y la partida hacia la Tierra Prometida, sino también al sacrificio de Jesucristo por nuestros pecados y a sus méritos aplicados a todos los que están cubiertos por su sangre.
Siglos más tarde, Pablo escribió lo siguiente al recordar esta celebración: “Límpiense de la vieja levadura, para que sean nueva masa sin levadura como son. Porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7).
La levadura, o fermento, era utilizada para preparar masas de diversos tipos. Se la menciona por primera vez en la Biblia en relación con la preparación del pan ácimo (sin levadura) en la víspera de la salida de los israelitas de Egipto. También era necesario eliminar la levadura de sus casas (Éxo. 12:8, 15-20; 13:3-7). En este contexto concreto, la levadura era un símbolo de pecado (1 Cor. 5:6-8). Por lo tanto, no debía ser utilizada en el contexto de la fiesta de la Pascua durante una semana.
El pan sin levadura es un símbolo del Mesías sin pecado, quien venció todas las tentaciones y dio su vida por nosotros (Juan 1:29; 1 Cor. 5:7; Heb. 4:15). El “manojo de hisopo” empapado en sangre simbolizaba la gracia purificadora de Dios (Sal. 51:7). En resumen, la obra redentora de Jesús era revelada a lo largo de la Pascua.
¿Qué nos dice acerca de la gravedad del pecado el hecho de que fuera necesaria la sangre de Jesús, Dios mismo, para expiarlo?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Para conmemorar esta gran liberación, el pueblo de Israel había de celebrar una fiesta anual a través de las generaciones futuras…
El hisopo usado para rociar la sangre era un símbolo de la purificación. Era empleado para la limpieza del leproso y de quienes estaban inmundos por su contacto con los muertos. Se ve su significado también en la oración del salmista: «Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve». Salmo 51: 7.
El cordero había de prepararse entero, sin quebrar ninguno de sus huesos. De igual manera, ni un solo hueso había de quebrarse del Cordero de Dios, que iba a morir por nosotros. Éxodo 12:46; Juan 19:36. En esa forma también se representaba la plenitud del sacrificio de Cristo.
La carne debía comerse. Para alcanzar el perdón de nuestro pecado, no basta que creamos en Cristo; por medio de su Palabra debemos recibir por fe constantemente su fuerza y su alimento espiritual. Cristo dijo: «Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna». Y para explicar lo que quería decir, agregó: «Las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida». Juan 6:53, 54, 63.
Jesús aceptó la ley de su Padre, cuyos principios puso en práctica en su vida, manifestó su espíritu, y demostró su poder benéfico en el corazón del hombre. Dice Juan: «Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad». Juan 1:14…
El cordero había de comerse con hierbas amargas, como un recordatorio de la amarga servidumbre sufrida en Egipto. Asimismo, cuando nos alimentamos de Cristo, debemos hacerlo con corazón contrito por causa de nuestros pecados.
El uso del pan sin levadura también era significativo. Lo ordenaba expresamente la ley de la pascua, y tan estrictamente la observaban los judíos en su práctica, que no debía haber ninguna levadura en sus casas mientras durara esa fiesta. Asimismo deben apartar de sí la levadura del pecado todos los que reciben la vida y el alimento de Cristo. Pablo escribe a la iglesia de Corinto: «Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa… porque nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros. Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en ázimos de sinceridad y de verdad». 1 Corintios 5:7, 8 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 280-283).
Miércoles 30 de julio
PASAR LA ANTORCHA
El salmista declara cómo pueden nuestros hijos conocer a Dios y su amoroso cuidado: “Una generación exaltará tus obras ante la otra y anunciará tus portentos” (Sal. 145:4). Una familia debe hablar a otra familia acerca de Dios, de sus maravillosas obras y de sus enseñanzas, todo ello con el fin de transmitir el conocimiento bíblico a otra generación.
Lee Éxodo 12:24 al 28. ¿Qué punto importante se planteó aquí?
Éxodo 12:24-28
24 Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25 Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. 26 Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27 vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28 Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón.
Los padres eran los primeros maestros en Israel y debían contar la historia del éxodo a sus hijos. No debían hacerlo como si se tratara de un mero acontecimiento histórico pasado, sino que debía presentárseles como su propia experiencia, aunque hubiera ocurrido mucho tiempo antes. Debían identificarse con sus antepasados al celebrar esta fiesta, y la historia debía ser revivida y actualizada. El padre decía: “Estuve en Egipto, vi la derrota de los dioses egipcios y las plagas sobre Egipto, y fui liberado”. El libro de Éxodo subraya dos veces cómo debían los padres responder las preguntas de sus hijos acerca de la Pascua (ver Éxo. 13:14-16; Deut. 26:5-9).
Es digno de notar que los israelitas estaban aún en Egipto cuando se les dijo que celebraran su liberación. Toda la celebración fue, pues, un acto de fe. Tras recibir las instrucciones, “el pueblo se inclinó y adoró” (Éxo. 12:27) a su Redentor, y luego siguieron las indicaciones acerca de la Pascua.
En el libro del Deuteronomio se recuerda a los israelitas que debían contar su historia de tal manera que pudieran internalizarla como si se hubiera tratado de su propio viaje. Nótese el tono colectivo de este relato, así como el énfasis en la experiencia presente: “Entonces dirás ante el Señor tu Dios: ‘Un arameo a punto de perecer fue mi padre. Descendió a Egipto con pocos hombres; habitó allí, y llegó a ser un pueblo grande y numeroso. Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos sometieron a dura servidumbre; clamamos al Señor Dios de nuestros padres, y él oyó nuestra voz, vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión, y nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con grandes portentos, señales y milagros, y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra que mana leche y miel’ ” (Deut. 26:5-9).
Además, cada vez que refirieran la historia de la Pascua (o cualquier acontecimiento de la historia sagrada) a sus hijos, los padres mismos recordarían lo que Dios había hecho por ellos y por el pueblo. Rememorar la Pascua era, pues, una bendición tanto para quien lo hacía a viva voz como para los oyentes.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El Señor dio a Moisés instrucciones especiales para los hijos de Israel con respecto a lo que debían hacer para preservarse a sí mismos y a sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre los egipcios. Moisés también debía dar instrucciones a su pueblo con respecto a su salida de Egipto. En aquella noche, tan terrible para los egipcios y tan gloriosa para el pueblo de Dios, se instituyó el solemne rito de la Pascua. Por mandato divino, cada familia, sola o junta con otras, debía degollar un cordero o un macho cabrío «sin defecto», y con un manojo de hisopo «untar el dintel y los dos postes» de sus casas con la sangre, como señal de que el ángel destructor, que llegaría a medianoche, no entrara en esa vivienda. Debían comer la carne asada, con hierbas amargas, por la noche, como dijo Moisés, «ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová». Este nombre fue dado en memoria del paso del ángel por sus moradas; y tal fiesta debía ser observada como un memorial por el pueblo de Israel en todas las generaciones futuras (From the Heart, 29 de julio, p. 222).
Todos los actos de la vida de Jesús fueron importantes. Cada acontecimiento de su vida era para el beneficio de sus seguidores del futuro. Esta circunstancia de la demora de Cristo en Jerusalén enseña una lección importante a los que habían de creer en él. Muchos habían recorrido grandes distancias para celebrar la Pascua, instituida para que los hebreos recordaran su maravillosa liberación de Egipto. Esta ordenanza tenía por objeto apartar sus mentes de sus intereses mundanos, y de sus preocupaciones y ansiedades en relación con los asuntos temporales, y repasar las obras de Dios. Debían recordar sus milagros, sus misericordias y su amorosa bondad para con ellos, a fin de que su amor y reverencia por él aumentaran y los llevaran a acudir siempre a él y a confiar en él en todas sus pruebas, y a no volverse hacia otros dioses.
La observancia de la Pascua poseía un interés solemne para el Hijo de Dios. Veía en el cordero degollado un símbolo de su propia muerte. Al pueblo que celebraba esta ordenanza se le instruía para que asociara el sacrificio del cordero con la muerte futura del Hijo de Dios. La sangre, que marcaba los postes de las puertas de sus casas, era el símbolo de la sangre de Cristo, que había de ser eficaz para el pecador creyente, limpiándolo del pecado y protegiéndolo de la ira de Dios que había de caer sobre el mundo impenitente e incrédulo, tal como la ira de Dios cayó sobre los egipcios. Pero nadie podía beneficiarse de esta provisión especial que Dios había hecho para la salvación del hombre, a menos que realizara la obra que el Señor le había encomendado. Ellos mismos tenían una parte que desempeñar: por sus actos debían manifestar su fe en la provisión hecha para su salvación (The Review and Herald, 31 de diciembre, 1872, párr. 11, 12).
Jueves 31 de julio
EL JUICIO DIVINO
Lee Éxodo 12:29 y 30 acerca de cómo hirió Dios a los primogénitos en Egipto. ¿Por qué se centró Dios en los primogénitos? (Ver también Heb. 11:28).
Éxodo 12:29-30
29 Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. 30 Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.
Hebreos 11:28
28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.
La última plaga en Egipto cayó sobre los primogénitos. Fue un juicio divino sobre todos los dioses de Egipto y sobre todas las familias que adoraban a estos dioses falsos, ídolos sin valor que reflejaban las propias pasiones, deseos y temores de la gente.
Como habían demostrado las plagas anteriores, estos ídolos eran incapaces de salvar al pueblo. Su inutilidad era aún más evidente ahora, durante la décima plaga, la que produjo las mayores consecuencias para los egipcios.
“A través del vasto reino de Egipto, el orgullo de toda casa había sido humillado. Los gritos y los gemidos de los dolientes llenaban los aires. El rey y los cortesanos, con rostros pálidos y miembros trémulos, estaban aterrados por el horror prevaleciente” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 285).
El faraón representaba el poder supremo y el dios de Egipto, y su hijo primogénito era considerado hijo de un dios. Isis era una diosa protectora de los niños; Heket era una diosa que asistía a las mujeres durante el parto, y Min era un dios de la reproducción. Además de estos, había varios dioses egipcios de la fertilidad. Todas estas deidades eran impotentes en comparación con el Señor vivo. Moisés dice: “¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas?” (Éxo. 15:11). Jetro dio luego el siguiente testimonio: “Ahora reconozco que el Señor es grande más que todos los dioses, porque prevaleció contra los que se ensoberbecieron contra ellos” (Éxo. 18:11).
Según Éxodo 1, los egipcios habían matado a los hijos recién nacidos de Israel por orden del faraón para debilitar a los israelitas, someterlos y humillarlos. Ahora, el castigo de Dios golpea a los primogénitos de Egipto. Lo que se siembra, se cosecha.
Nuestras decisiones y acciones equivocadas tienen consecuencias que no solo nosotros padecemos, sino que también afectan a otros, a veces muchos e inocentes. Tal es la naturaleza del pecado.
¿En qué formas has sufrido a causa de los pecados ajenos? ¿De qué maneras otros han sufrido a causa de tus faltas? ¿Cuál es nuestra única esperanza?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El Señor dio a los hebreos instrucciones especiales para que cada familia sacrificara un cordero y asperjara su sangre sobre los postes de la puerta, de modo que cuando el ángel destructor pasara por allí en su misión de muerte, la sangre sobre los postes de la puerta constituyera una señal que identificara a los moradores de la casa como adoradores del verdadero Dios. El ángel de la muerte pasaba por alto las casas designadas de esa manera. Los hebreos recibieron la orden de estar preparados para comenzar su viaje aquella noche memorable. El Señor les instruyó en cuanto a comer el cordero pascual. “Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová”.
El Señor no envió ninguna plaga sobre Egipto antes de darles una advertencia oportuna. Moisés y Aarón, bajo la dirección de Dios, se presentaron ante el rey con su mensaje: «Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas». El Faraón no quiso ceder su obstinada voluntad a los imperativos de Dios. Endureció su corazón contra los hebreos y les negó la libertad.
Cerca de medianoche, en cada casa egipcia sus moradores fueron despertados de su sueño por el clamor y el dolor. Temieron que todos habrían de morir. Recordaron el clamor y el lamento proveniente de las casas de los hebreos, resultado del decreto inhumano de un cruel rey que había mandado matar a todos los niños varones tan pronto como nacieran. Los egipcios no podían ver al ángel vengador que entraba en cada casa con su carga de muerte, pero sabían que era el Dios de los hebreos quien provocaba el mismo sufrimiento que ellos había producido entre los israelitas (Youths Instructor; 10 de mayo, 1873, párr. 4-6; parcialmente en La verdad acerca de los ángeles, p. 99).
Las grandes huestes de Israel salieron resueltamente, con alegre triunfo, de Egipto, el lugar de su larga y cruel servidumbre. Los egipcios no consintieron liberarlos hasta que fueron advertidos rotundamente por los juicios de Dios. El ángel vengador había visitado cada casa de los egipcios, y había herido de muerte al primogénito de cada familia. Ninguno había escapado, desde el heredero de Faraón hasta el primogénito del cautivo en la mazmorra. También habían muerto los primogénitos del ganado de acuerdo al mandato del Señor. Pero el ángel de la muerte pasó por alto los hogares de los hijos de Israel y no entró en ellos.
Faraón, horrorizado por las plagas que habían caído sobre su pueblo, llamó a Moisés y a Aarón por la noche y les ordenó que partieran de Egipto. Ansiaba que se fueran sin demora, porque él y su pueblo temían que a menos que la maldición de Dios se apartara de ellos, la tierra quedaría transformada en un vasto cementerio (Testimonios para la Iglesia, t. 4, p. 25).
Viernes 1 de agosto
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo titulado “La Pascua” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 279-285.
“La Pascua debía ser tanto conmemorativa como típica; no solo recordaría la liberación de Israel de Egipto, sino que también señalaría a la liberación más grande que Cristo realizaría para libertar a su pueblo de la servidumbre del pecado. El cordero del sacrificio representa al ‘Cordero de Dios’, en quien reside nuestra única esperanza de salvación. Dice el apóstol: ‘Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros’ (1 Cor. 5:7). No bastaba que el cordero pascual fuese muerto; había que rociar con su sangre los postes de las puertas; así habrían de aplicarse los méritos de Cristo sobre el alma. Debemos creer, no solo que él murió por el mundo, sino que murió por cada uno individualmente. Debemos apropiarnos la virtud del sacrificio expiatorio” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 281).
Las familias judías observantes de todo el mundo celebran hasta hoy la Pascua judía, o Pésaj. Durante la primera noche de la celebración realizan una ceremonia llamada “Séder de Pascua” (séder significa “orden”) durante la cual rememoran el éxodo y disfrutan luego de una comida especial en familia. Es asombroso que esto haya sido celebrado desde la época del éxodo. Solo el reposo sabático durante el séptimo día de la semana, que los judíos observantes también respetan, se remonta incluso más atrás en el tiempo, hasta el Edén.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Cómo es posible entender la “justicia” del Señor al dar muerte a los primogénitos, muchos de los cuales eran seguramente “inocentes”? ¿Cómo armoniza esto con la poderosa realidad del amor de Dios? Pensemos también en el Diluvio. ¿Cómo entenderlo?
- ¿Qué significan las expresiones metafóricas según las cuales los creyentes están “cubiertos” por la sangre de Jesús y su sangre los “limpia” de todas sus iniquidades?
- Medita en lo siguiente: “Los seguidores de Cristo deben participar de su experiencia. Deben recibir y asimilar la Palabra de Dios para que se convierta en el poder que motive su vida y acción. Mediante el poder de Cristo, deben ser transformados a su imagen y reflejar los atributos divinos… El espíritu y la obra de Cristo deben convertirse en el espíritu y la obra de sus discípulos” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 282). ¿Cómo permitimos que Cristo haga en nosotros lo allí descrito?
Este material me es muy util para mi estudio sistematico de LES
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