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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


Lección 1 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


Por favor visite esta página mas tarde para encontrar el enlace, o visite escuela sabática maestros Tony Garcia en YouTube.

Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2025 El Amor de Dios y su Justicia Alusiones, Imágenes y Símbolos: Cómo Estudiar la Profecía Bíblica Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Cómo estar en una Relación con Dios 1 y 2 Corintios El Don de Profecía
2027 Mayordomía Vida y Enseñansas de Jesús Profecías Apocalípticas Hermenéuticas
2028
2029

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Lección 1: Para el 5 de abril de 2025

ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA

Sábado 29 de marzo________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jeremías 9:23, 24; Salmos 139:1–6; Daniel 12:4; Apocalipsis 22:10; 2 Timoteo 3:15–17; Hebreos 4:12.

PARA MEMORIZAR:

“ ‘Sino alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor, que actúo con bondad, justicia y rectitud; porque eso me complace’, dice el Señor” (Jer. 9:24).

Como acerca de casi todo en las Escrituras, los cristianos discrepan respecto de la interpretación de las profecías bíblicas, lo que inclina a muchos a pensar que no vale las pena intentar entenderlas. Después de todo, si los cristianos luchan entre sí acerca de cada jota y tilde de las profecías, ¿qué validez puede haber en ellas? Por desgracia, incluso muchos creyentes consideran que algunos libros de la Biblia, como el Apocalipsis, son incomprensibles y los evitan, pensando que estudiar la profecía provoca más problemas que los que resuelve.

No siempre fue así. Durante los primeros 18 siglos de la historia cristiana, la mayoría de los cristianos se sentían muy cómodos con la profecía bíblica y había un sorprendente nivel de acuerdo acerca de cuáles eran sus mensajes clave. Así es como Dios quería que fuera: “Les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer” (1 Cor. 1:10). Esta semana exploraremos algunos principios que permiten una comprensión coherente y fiable de la profecía.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los que aceptaron la doctrina del advenimiento vieron la necesidad de arrepentirse y humillarse ante Dios. Muchos habían estado vacilando mucho tiempo entre Cristo y el mundo; entonces comprendieron que era tiempo de decidirse… El Espíritu de Dios descansaba sobre ellos, y daba fuerza a los llamamientos ardientes que dirigían tanto a sus hermanos como a los pecadores a fin de que se preparasen para el día de Dios…

¿Por qué existe, pues, esta ignorancia general acerca de tan importante porción de las Escrituras? ¿Por qué es tan universal la falta de voluntad para investigar sus enseñanzas? Es resultado de un esfuerzo del príncipe de las tinieblas para ocultar a los hombres lo que revela sus engaños. Por esto Cristo, el Revelador, previendo la guerra que se haría al estudio del Apocalipsis, pronunció una bendición sobre cuantos leyesen, oyesen y guardasen las palabras de la profecía (El conflicto de los siglos, pp. 339, 341).

En lo pasado algunos maestros declararon que Daniel y Apocalipsis son libros sellados, y el pueblo se ha apartado de ellos. La propia mano de Dios ha descorrido el velo de estas porciones de su Palabra, cuyo aparente misterio ha impedido que muchos lo levantaran. El mismo nombre Apocalipsis contradice la declaración de que es un libro sellado. «Revelación» significa que algo de importancia es revelado. Las verdades de este libro se dirigen a los que viven en estos últimos días. Nos encontramos en el Lugar Santo de las cosas sagradas, con el velo quitado. No hemos de estar afuera. Hemos de entrar, no en forma descuidada, con pensamientos irreverentes, no con pasos impetuosos, sino con reverencia y piadoso temor. Nos acercamos al tiempo en que las profecías del libro del Apocalipsis han de cumplirse (Testimonios para los ministros, p. 113).

Dios ha hablado, y su palabra es confiable, y debemos apoyar nuestra fe en un «Así dice el Señor». Dios quiere que estudiemos los acontecimientos que están ocurriendo a nuestro alrededor, y que los comparemos con las predicciones de su palabra, para que comprendamos que estamos viviendo en los últimos días. Queremos nuestras Biblias, y queremos saber lo que está escrito en ellas. El estudiante diligente de la profecía será recompensado con claras revelaciones de la verdad, porque Jesús dijo: ‘Tu palabra es verdad» (Signs of the Times, 1 0 de octubre, 1894, «What Manner of Persons Ought Ye to Be?» párr. 8).


Domingo 30 de marzo______________________________________________________

“EL QUE LEE, ENTIENDA”

Entra en cualquier librería cristiana y observa los títulos de la sección de profecía bíblica. Rápidamente descubrirás que hay una variedad alucinante de opiniones e interpretaciones, lo que tienta a pensar que nadie puede entender documentos como el Apocalipsis. Por ejemplo, un autor dice que el anticristo no es más que una metáfora; otro opina que aparecerá en el futuro; y aun otro, que era una referencia a algo o alguien que existió en los días del Imperio Romano. Como dijo cierto predicador: “La Biblia se parece a un instrumento musical con el que cada cual interpreta la melodía que se le antoja”.

Sin embargo, la Biblia no sugiere eso, sino que nos invita a leerla dando por sentado que Dios no habla en vano y que podemos comprender lo que dice en su Palabra.

Lee Mateo 24:15; Apocalipsis 1:3; Mateo 11:25; y Jeremías 9:23 y 24. ¿Qué sugieren estos textos acerca de la intención de Dios de resultar comprensible?

Mateo 24:15

15 Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),

Apocalipsis 1:3

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

Mateo 11:25

25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Jeremías 9:23-24

23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. 24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

Muchas universidades ofrecen cursos acerca de “la Biblia como literatura”. Puede resultar asombroso para un creyente asistir a conferencias en las que los disertantes abordan la Biblia como lo harían con la mitología pagana. La idea de ese enfoque es que puede haber un núcleo de “verdad moral” en las historias bíblicas, pero no algo a lo que uno deba ajustar su conducta. Para esos disertantes, la idea de que la Escritura haya sido inspirada por Dios es ridícula.

En consecuencia, leen la Biblia, pero no oyen la voz de Dios que habla en sus páginas. Otros llegan a conclusiones claramente contrarias al mensaje de las Escrituras. Sin estar rendidos al Señor, y sin un corazón dispuesto a aprender la verdad, quienes leen la Biblia probablemente no solo serán incapaces de percibir su mensaje, sino también malinterpretarán el carácter amoroso y santo del Dios revelado en sus páginas. Leer la Biblia sin las herramientas adecuadas o, más importante aún, sin la actitud correcta bajo la conducción del Espíritu Santo puede resultar perjudicial.

Alguien que no era conocido por su religiosidad estaba en cierta ocasión leyendo la Biblia. Cuando le preguntaron con sorpresa qué hacía, respondió: “Busco errores”. ¿Por qué es esa una actitud equivocada al leer la Palabra de Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La Palabra de Dios, como el carácter de su Autor, presenta misterios que nunca podrán ser enteramente comprendidos por los seres finitos. Pero Dios ha dado en las Escrituras suficiente evidencia de su autoridad divina. Su propia existencia, su carácter, la veracidad de su Palabra, lo corrobora un testimonio que toca a nuestra razón, y ese testimonio es abundante. Es cierto, él no ha eliminado la posibilidad de dudar; la fe debe apoyarse en la evidencia, no en la demostración; los que desean dudar tienen oportunidad de hacerlo, pero los que desean conocer la verdad tienen suficiente terreno para ejercer la fe…

La Biblia revela la verdad con tal sencillez y tal adaptación a las necesidades y los anhelos del corazón humano, que ha asombrado y encantado a los espíritus más cultivados, y al mismo tiempo ha explicado el camino de la vida al humilde e ignorante. «El que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará». Isaías 35:8. Ningún niño tiene por qué equivocar el camino. Ningún buscador tembloroso necesita dejar de andar en la luz pura y santa… Cuanto más escudriñamos la Biblia, tanto más profunda es nuestra convicción de que es la Palabra del Dios viviente, y la razón humana se inclina ante la majestad de la revelación divina (La educación, pp. 169, 170).

El Espíritu Santo nos ha sido dado como una ayuda en el estudio de la Biblia. Jesús prometió: «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». Juan 14:26. Los que están bujo el adiestramiento del Espíritu Santo serán capaces de enseñar la Palabra con inteligencia. Y cuando se la hace el libro de texto, con fervientes súplicas por la conducción del Espíritu y con una completa entrega del corazón para ser santificado por la verdad, realizará todo lo que Cristo prometió. El resultado de tal estudio de la Biblia será mentes bien equilibradas; porque se desarrollarán armoniosamente las facultades físicas, mentales y morales. No habrá parálisis en el conocimiento espiritual. Se aguzará la comprensión, se despertará la sensibilidad, se sensibilizará la conciencia, se purificarán las simpatías y los sentimientos, se creará una atmósfera moral mejor, y se impartirá un nuevo poder para resistir la tentación. Y todos, tanto maestros como alumnos, se tornarán activos y fervientes en la obra de Dios (Special Testimonies on Education, p. 26; parcialmente en Mente, carácter y personalidad, t. l, p. 98).

El Espíritu Santo y la Palabra están en perfecta armonía. El Espíritu Santo inspiró las Escrituras y siempre conduce hacia ellas…

La mente que es guiada por el Espíritu Santo, al investigar las Escrituras, contempla a su Autor y mediante esa contemplación brilla constantemente mientras él investiga la Palabra. Así es como el intelecto que aspira a alcanzar la norma de perfección es elevado para comprenderla (A fin de conocerle, p. 195).


Lunes 31 de marzo_________________________________________________________

DIOS ES COMPRENSIBLE

Nada es tan frustrante como tener que comunicarse urgentemente en el extranjero, quizás en un centro asistencial o en una farmacia, sin dominar el idioma local. Sabes qué tienes que decir, pero careces del vocabulario adecuado para decirlo.

El problema de Dios para comunicarse con nosotros es otro. “Como es más alto el cielo que la tierra, así son mis caminos más altos que sus caminos, y mis pensamientos más que sus pensamientos” (Isa. 55:9). El problema no es que Dios carezca del vocabulario necesario para comunicarse con nosotros, sino que nosotros carecemos del vocabulario y la capacidad intelectual necesarios para comprenderlo plenamente.

¿Qué sugieren los siguientes pasajes acerca del entendimiento o inteligencia de Dios en comparación con los nuestros?

Salmos 139:1–6

1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender.

Salmos 147:5

Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito.

Romanos 11:33

33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

1 Juan 3:20

20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.

Nunca entenderemos plenamente la mente de Dios, pues él es infinito y omnisciente. En verdad, ni siquiera podemos entender todo acerca de la Creación. ¿Cómo podríamos entonces entender completamente al Creador?

Aunque nunca entenderemos todo, podemos comprender lo necesario para nuestra salvación (ver 2 Tim. 3:14, 15). Cuando los apóstoles explicaban el evangelio a sus audiencias, se referían con frecuencia a la profecía cumplida, de lo que podemos deducir que uno de los propósitos clave de la profecía es ilustrar el Plan de Salvación. De hecho, y en última instancia, la profecía bíblica debe conducirnos, de un modo u otro, a Jesús y a la promesa de salvación que él ofrece a toda la humanidad.

El Señor, por quien fueron creadas todas las cosas (ver Col. 1:16; Juan 1:1-3), descendió a esta Tierra y se ofreció como sacrificio en la Cruz por los pecados de todos los seres humanos. Dios nos ama a todos por igual y desea que conozcamos lo que nos ofrece en Jesús. La profecía puede hacer precisamente eso: dar a conocer su amoroso Plan de Salvación en favor de la humanidad.

Aunque hay mucho que no sabemos, ¿por qué es crucial enfocarnos en lo que sí conocemos y actuar en consecuencia en lugar de obsesionarnos por entender lo que no comprendemos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Para los valdenses, las Sagradas Escrituras no contenían tan solo los anales del trato que Dios tuvo con los hombres en lo pasado y una revelación de las responsabilidades y deberes de lo presente, sino una manifestación de los peligros y glorias de lo porvenir. Creían que no distaba mucho el fin de todas las cosas, y al estudiar la Biblia con oración y lágrimas, tanto más los impresionaban sus preciosas enseñanzas y la obligación que tenían de dar a conocer a otros sus verdades. Veían claramente revelado en las páginas sagradas el plan de la salvación, y hallaban consuelo, esperanza y paz, creyendo en Jesús. A medida que la luz iluminaba su entendimiento y alegraba sus corazones, deseaban con ansia ver derramarse sus rayos sobre aquellos que se hallaban en la oscuridad del error papal (El conflicto de los siglos, p. 69).

Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aun queda su infinidad. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente.

Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento (Testimonios para la Iglesia, t. 5, pp. 691, 692).

Durante estos días que Cristo pasó con sus discípulos, obtuvieron ellos una nueva experiencia. Mientras oían a su amado Señor explicando las Escrituras a la luz de todo lo que había sucedido, su fe en él se estableció plenamente. Llegaron al punto de poder decir: «Yo sé a quién he creído». 2 Timoteo 1:12. Comenzaron a comprender la naturaleza y extensión de su obra, a ver que habían de proclamar al mundo las verdades que se les habían encomendado. Los sucesos de la vida de Cristo, su muerte y resurrección, las profecías que señalaban estos sucesos, los misterios del plan de la salvación, el poder de Jesús para perdonar los pecados —de todas estas cosas habían sido testigos, y debían hacerlas conocer al mundo. Debían proclamar el evangelio de paz y salvación mediante el arrepentimiento y el poder del Salvador (Los hechos de los apóstoles, p. 22).


Martes 1 de abril__________________________________________________________

“DANIEL, CIERRA LAS PALABRAS”

Lee Daniel 12:4. ¿Qué orden dio el Señor a Daniel? (Comparar con Apoc. 22:10).

Daniel 12:4

Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.

Apocalipsis 22:10

10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.

No es raro oír a predicadores citar Daniel 12:4 como predicción del auge del conocimiento tecnológico y científico justo antes del advenimiento de Cristo. Otros también lo utilizan para describir los avances en los viajes durante el último siglo. Muchos de los libros de nuestra confesión religiosa han adoptado este enfoque. Aunque pueden parecer interpretaciones razonables, el texto en cuestión apunta a otro significado.

Lee nuevamente el pasaje. La instrucción del ángel a Daniel comienza con la orden: “cierra las palabras y sella el libro”. El tema al que se refiere el texto es el propio libro de Daniel. ¿Podría, entonces, ese conocimiento que aumentaría repentinamente al final del tiempo referirse a la comprensión del libro de Daniel?

 Esto distingue el libro de Daniel del Apocalipsis, en el sentido de que Juan recibió la orden de no sellar su libro (Apoc. 22:10). El Apocalipsis debía entenderse desde el principio, porque el tiempo estaba cerca. En cambio, Daniel se entendería más claramente en un futuro lejano.

A lo largo de los siglos, muchos estudiosos cristianos intentaron explicar el libro de Daniel, y algunos lograron grandes avances. Sin embargo, la comprensión de Daniel aumentó rápidamente tras el cumplimiento de la profecía de los 1,260 años, en 1798, cuando múltiples expositores de todo el mundo comenzaron a llegar a la conclusión de que algo espectacular sucedería alrededor de 1843. El más notable de ellos, sin embargo, fue William Miller, cuya predicación dio inicio al gran movimiento adventista del siglo XIX e inició una cadena de acontecimientos que darían origen a la iglesia remanente y a una clara comprensión de los mensajes de los tres ángeles.

En otras palabras, el nacimiento de nuestro movimiento mundial es un cumplimiento de la predicción de Daniel de que “el conocimiento aumentaría” en “el tiempo del fin”.

En contraste, y sin juzgar la salvación de las personas, piensa en la oscuridad en que se encuentra gran parte de la cristiandad en cuanto a su comprensión de la Biblia. Algo tan básico como el séptimo día (sábado) establecido en el Edén es ignorado, incluso descartado, en favor del domingo, un día originado en el paganismo romano. O pensemos en la absoluta ignorancia acerca de lo que la Biblia en verdad enseña acerca de la muerte, ya que la mayoría de los cristianos cree en la idea pagana de que existe un alma que abandona el cuerpo en ocasión de la muerte y que pasa inmediatamente a otra esfera de existencia, lo que para algunos significa también el tormento eterno en un infierno ardiente.

En contraste con ello, los adventistas deberíamos estar muy agradecidos, y ser humildes, por el conocimiento que tenemos acerca de la verdad.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

A medida que nos acercamos al término de la historia de este mundo, las profecías registradas por Daniel exigen nuestra atención especial, puesto que se relacionan con el tiempo mismo en que estamos viviendo. Con ellas deben vincularse las enseñanzas del último libro del Nuevo Testamento. Satanás ha inducido a muchos a creer que las porciones proféticas de los escritos de Daniel y de Juan el revelador no pueden comprenderse. Pero se ha prometido claramente que una bendición especial acompañará el estudio de esas profecías. «Entenderán los entendidos» (Daniel 12:10), fue dicho acerca de las visiones de Daniel cuyo sello iba a ser quitado en los últimos días; y acerca de la revelación que Cristo dio a su siervo Juan para guiar al pueblo de Dios a través de los siglos, se prometió: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas». Apocalipsis 1:3…

Un estudio cuidadoso de cómo se cumple el propósito de Dios en la historia de las naciones y en la revelación de las cosas venideras, nos ayudará a estimar en su verdadero valor las cosas que se ven y las que no se ven, y a comprender cuál es el verdadero objeto de la vida. Considerando así las cosas de este tiempo a la luz de la eternidad, podremos, como Daniel y sus compañeros, vivir por lo que es verdadero, noble y perdurable. Y al aprender en esta vida a reconocer los principios del reino de nuestro Señor y Salvador, el reino bienaventurado que ha de durar para siempre, podemos ser preparados para entrar con él a poseerlo cuando venga (Profetas y reyes, pp. 402, 403).

El estudio del Apocalipsis nos lleva a las profecías de Daniel, y ambos libros contienen enseñanzas de suma importancia, dadas por Dios a los hombres, acerca de los acontecimientos que han de desarrollarse al fin de la historia de este mundo (El conflicto de los siglos, p. 340).

Mientras los hombres le honraban confiándole las responsabilidades del estado y los secretos de reinos que ejercían dominio universal, Daniel fue honrado por Dios como su embajador, y le fueron dadas muchas revelaciones de los misterios referentes a los siglos venideros. Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete a doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que «hasta el tiempo del fin» —en el plazo final de la historia de este mundo— se le permitiría ocupar otra vez su lugar. No le fue dado comprender todo lo que Dios había revelado acerca del propósito divino, sino que se le ordenó acerca de sus escritos proféticos: «Tú empero, Daniel, cierra las palabras y sella el libro», pues esos escritos debían quedar sellados «hasta el tiempo del fin»… «Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días». Daniel 12:4, 9, 13.

A medida que nos acercamos al término de la historia de este mundo, las profecías registradas por Daniel exigen nuestra atención especial, puesto que se relacionan con el tiempo mismo en que estamos viviendo. Con ellas deben vincularse las enseñanzas del último libro del Nuevo Testamento. Satanás ha inducido a muchos a creer que las porciones proféticas de los escritos de Daniel y de Juan el revelador no pueden comprenderse. Pero se ha prometido claramente que una bendición especial acompañará el estudio de esas profecías. «Entenderán los entendidos» (Daniel 12:10), fue dicho acerca de las visiones de Daniel cuyo sello iba a ser quitado en los últimos días; y acerca de la revelación que Cristo dio a su siervo Juan para guiar al pueblo de Dios a través de los siglos, se prometió: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas». Apocalipsis 1 (Profetas y reyes, pp. 401, 402).


Miércoles 2 de abril________________________________________________________

EL ESTUDIO DE LA PALABRA

Los adventistas del séptimo día debemos mucho a William Miller por su comprensión de la profecía bíblica. Aunque dicha comprensión de pasajes clave, como Daniel 8:14, no era perfecta, su metodología fue importante pues allanó el camino para el nacimiento de nuestro movimiento remanente de los últimos días.

Lee Mateo 5:18; 2 Timoteo 3:15 al 17; y Lucas 24:27. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de cómo debemos abordar la profecía bíblica?

Mateo 5:18

18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

2 Timoteo 3:15-17

15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Lucas 24:27

27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

En cierto modo, estudiar la Biblia es como armar un gran rompecabezas. Si unimos solo dos o tres piezas, es casi imposible discernir la imagen completa. Tal vez esas pocas piezas tengan que ver con la imagen de un caballo, lo que podría conducir a la conclusión errónea de que el cuadro tiene que ver con esos animales. Pero, unas cuantas piezas más contienen imágenes de una gallina y una vaca. Tras ensamblar cientos de piezas, se cae finalmente en la cuenta de que se ha estado trabajando en la imagen de un paisaje, que incluye una ciudad, una granja y una cadena de montañas en la distancia.

Una de las principales formas erróneas de estudiar la Biblia consiste en acercarse a ella como si se tratara de una colección dispersa de refranes o proverbios que pueden ser utilizados para abordar cualquier situación. Algunos recurren a la sencilla guía de estudio que aparece al principio de las Biblias que ciertos grupos cristianos dejan en las habitaciones de los hoteles y en las que aparecen versículos útiles acerca de una serie de temas. Dan así por sentado que esos versículos representan la totalidad de la enseñanza bíblica acerca de un tema determinado.

Desgraciadamente, adoptan el mismo enfoque con la profecía, al separar un texto de su contexto y compararlo con los acontecimientos actuales en lugar de hacerlo con el resto de la Biblia. Esto explica en parte el surgimiento constante de libros sobre profecía que tienen que ser actualizados con frecuencia pues sus predicciones acerca de qué ocurriría y cuándo no se cumplen.

Por eso es tan importante no limitarse a seleccionar algunos textos específicos acerca de un tema, sino estudiar cuidadosamente todo lo que la Biblia dice al respecto y tener en cuenta el contexto de cada pasaje. Es muy fácil sacar un pasaje de su contexto y hacerle decir lo que uno desea.

¿Cuál ha sido tu experiencia al tratar con quienes utilizan solo ciertos textos para defender su punto de vista acerca del estado de los muertos o del sábado? ¿Cuál es la mejor manera de responder ante esa forma errónea de usar la Biblia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Procurando poner a un lado toda opinión preconcebida y prescindiendo de todo comentario, [Guillermo Miller] comparó pasaje con pasaje con la ayuda de las referencias marginales y de la concordancia. Prosiguió su estudio de un modo regular y metódico… A medida que estudiaba y oraba fervorosamente para que Dios le alumbrara, lo que antes le había parecido oscuro se le aclaraba…

Con profundo interés estudió los libros de Daniel y el Apocalipsis, siguiendo los mismos principios de interpretación que en los demás libros de la Biblia, y con gran gozo comprobó que los símbolos proféticos podían ser comprendidos. Vio que, en la medida en que se habían cumplido, las profecías lo habían hecho literalmente; que todas las diferentes figuras, metáforas, parábolas, similitudes, etc., o estaban explicadas en su contexto inmediato, o los términos en que estaban expresadas eran definidos en otros pasajes; y que cuando eran así explicados debían ser entendidos literalmente (El conflicto de los siglos, p. 320).

Jesús, el más grande maestro que el mundo haya visto, reconoció el valor de las Sagradas Escrituras, y las expuso a sus discípulos. Después de su resurrección, se acercó a dos de ellos cuando iban de camino a Emaús, hablando, mientras iban, de las esperanzas defraudadas ocasionadas por la muerte de su amado Maestro… Jesús les dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?» Lucas 24:25, 26. Y comenzando por Moisés y los profetas, «les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían». Lucas 24:25-27.

Jesús reprendió a los discípulos por no conocer las Escrituras que daban testimonio del Mesías. Si hubieran estado familiarizados con las Escrituras, su fe habría sido sostenida en la hora de la prueba, y su esperanza habría permanecido inquebrantable; porque el trato que Cristo recibiría de manos de aquellos a quienes vino a salvar estaba claramente declarado en las profecías (The Signs of the Times, 10 de junio, 1886, «Value of Bible Study», párr. 9, 10).

Los que se dedican a proclamar el mensaje del tercer ángel escudriñan las Escrituras siguiendo el mismo plan que adoptó el hermano Miller. En el pequeño libro titulado «Views of the Prophecies and Prophetic Chronology» [Vislumbres de las profecías y de la cronología profética], el hermano Miller da las siguientes reglas sencillas pero inteligentes e importantes para el estudio y la interpretación de la Biblia:

«1. Cada palabra debe tener su relación apropiada con el tema presentado en la Biblia; 2. Toda la Escritura es necesaria, y puede entenderse mediante la aplicación y el estudio diligentes; 3. Nada de lo revelado en la Escritura puede ocultarse ni se ocultará a los que piden con fe, sin vacilar; 4. A fin de comprender la doctrina, reúna todas las Escrituras sobre el tema que desea conocer, luego deje que cada palabra tenga su influencia apropiada; y si puede formar su teoría sin una contradicción, no puede estar en el error; 5. La Escritura debe ser su propio expositor, ya que es una regla en sí misma. Si dependo de un maestro para que me exponga, y él adivina su significado, o desea que sea así debido a su credo sectario, o a fin de ser considerado sabio, entonces su adivinación, deseo, credo o sabiduría es mi regla, y no la Biblia» (The Review and Herald, 25 de noviembre, 1884, «Notes of Travel», párr. 23, 24).


Jueves 3 de abril__________________________________________________________

¿FIGURADO O LITERAL?

Una de las cuestiones clave que deben abordar los estudiosos de la profecía es cómo determinar si el lenguaje de la Biblia debe ser interpretado de manera literal o figurada. ¿Cómo decidir si el autor utilizó un lenguaje simbólico y qué representa el símbolo en cuestión? La forma crucial de hacerlo es ver cómo se ha utilizado esa figura o símbolo en toda la Biblia, no cómo se los utiliza actualmente. Por ejemplo, algunos consideran que el oso de Daniel 7 simboliza a Rusia, pues ese animal es utilizado hoy a menudo como representación de esa nación. Esa no es una manera sólida ni segura de interpretar el simbolismo profético.

Busca los siguientes textos y permite que la Biblia sea su propio expositor o intérprete; es decir, que defina sus propios términos. ¿Cuál es el símbolo profético común a cada grupo de textos y qué representa según la Biblia?

Daniel 7:7; 7:24; 8:3

Daniel 7:7, 24

Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos.

24 Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará.

Daniel 8:3

Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después.

Apocalipsis 1:16; Efesios 6:17; Hebreos 4:12

Apocalipsis 1:16

16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

Efesios 6:17

17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

Hebreos 4:12

12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Apocalipsis 12:1; 21:2; Efesios 5:31, 32; Jeremías 6:2

Apocalipsis 12:1

1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Apocalipsis 21:2

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Efesios 5:31-32

31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Jeremías 6:2

Destruiré a la bella y delicada hija de Sion.

La incertidumbre acerca del simbolismo profético desaparece cuando se permite que la Biblia defina sus propios términos. Por ejemplo, un cuerno puede simbolizar un poder político o una nación, mientras una espada puede representar la Palabra de Dios y una mujer puede ser símbolo de la iglesia. Esto demuestra claramente que la Biblia se explica a sí misma.

Lo que queda por responder, sin embargo, es por qué Dios se comunicó mediante símbolos en lugar de hacerlo de manera directa, explícita. ¿Por qué, por ejemplo, Pedro se refiere crípticamente a la ciudad de Roma como Babilonia en 1 Pedro 5:13?

Puede haber muchas razones por las que Dios eligiera comunicarse simbólicamente en la profecía. Por ejemplo, si el Apocalipsis hubiera nombrado claramente a Roma como la autora de tantos males, la persecución de la iglesia, de por sí intensa, podría haber sido aún peor. Sean cuales fueren las razones, podemos confiar en que Dios quiere que entendamos el significado de los símbolos bíblicos.

Aunque algunos símbolos y profecías sigan resultando un misterio o un desafío, ¿cómo puede fortalecer nuestra fe el hecho de enfocarnos en lo que sí entendemos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En los comienzos de su ministerio, Cristo había dicho: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». En el lenguaje figurado de la profecía, había predicho así su propia muerte y resurrección. «Mas él hablaba del templo de su cuerpo». Juan 2:19, 21. Los judíos habían comprendido estas palabras en un sentido literal, como si se refiriesen al templo de Jerusalén. A excepción de esto, en todo lo que Jesús había dicho, nada podían hallar los sacerdotes que fuese posible emplear contra él. Repitiendo estas palabras, pero falseándolas, esperaban obtener una ventaja. Los romanos se habían dedicado a reconstruir y embellecer el templo, y se enorgullecían mucho de ello; cualquier desprecio manifestado hacia él habría de excitar seguramente su indignación. En este terreno, podían concordar los romanos y los judíos, los fariseos y los saduceos; porque todos tenían gran veneración por el templo. Acerca de este punto, se encontraron dos testigos cuyo testimonio no era tan contradictorio como el de los demás. Uno de ellos, que había sido comprado para acusar a Jesús, declaró: «Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo». Así fueron torcidas las palabras de Cristo. Si hubiesen sido repetidas exactamente como él las dijo, no habrían servido para obtener su condena ni siquiera de parte del Sanedrín. Si Jesús hubiese sido un hombre como los demás, según aseveraban los judíos, su declaración habría indicado tan solo un espíritu irracional y jactancioso, pero no podría haberse declarado blasfemia. Aun en la forma en que las repetían los falsos testigos, nada contenían sus palabras que los romanos pudiesen considerar como crimen digno de muerte (El Deseado de todas las gentes, pp. 652, 653).

Que el corazón sea enternecido y subyugado por el espíritu de oración antes de comenzar la lectura de la Biblia. La verdad triunfará cuando el Espíritu de verdad colabore con el humilde estudiante de la Biblia. ¡Cuán precioso es el pensamiento de que el Autor de la verdad todavía vive y reina! Pedidle que impresione vuestras mentes con la verdad. Entonces será provechosa vuestra investigación de las Escrituras. Cristo es el gran Maestro de sus seguidores, y no permitirá que andéis en tinieblas.

La Biblia es su propio intérprete. Con hermosa sencillez, una parte se relaciona con la verdad de otra parte, hasta que toda la Biblia constituye un todo armonioso. La luz procede de un texto para iluminar alguna porción de la Palabra que parecía más oscura (Nuestra elevada vocación, p. 209).

Cuando escudriñas las Escrituras con el deseo ferviente de conocer la verdad, Dios te infundirá su Espíritu en el corazón e imprimirá en tu mente la luz de su Palabra. La Biblia es su propio intérprete, un pasaje explica otro. Comparando los textos que se refieren al mismo tema, verás una armonía y una belleza con las que nunca habías soñado. No hay otro libro cuya lectura fortalezca y amplíe, eleve y ennoblezca la mente como lo hace la lectura de este Libro de libros (The Youth ‘s Instructor, 30 de junio, 1898, «God’s Word Our Study-Book», párr. 4).


Viernes 4 de abril__________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee el capítulo titulado “Una profecía significativa” en las páginas 317 a 341 del libro El conflicto de los siglos, de Elena de White.

“Los ministros y la gente declararon que las profecías de Daniel y el Apocalipsis eran misterios incomprensibles. Pero Cristo había llamado la atención de sus discípulos a las palabras del profeta Daniel acerca de los eventos que debían desarrollarse en tiempo de ellos, y les había dicho: ‘El que lee, entienda’. Y la aseveración de que el Apocalipsis es un misterio que no se puede entender es rebatida por el título mismo del libro: ‘Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. […] Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca’. […]

“Ante semejante testimonio de la Inspiración, ¿cómo se atreven los hombres a enseñar que el Apocalipsis es un misterio fuera del alcance del entendimiento humano? Es un misterio revelado, un libro abierto. El estudio del Apocalipsis dirige la mente a las profecías de Daniel, y ambos libros presentan instrucciones de suma importancia, dadas por Dios a los hombres, concernientes a los eventos que han de desarrollarse al fin de la historia de este mundo.

“A Juan le fueron reveladas escenas de profundo y conmovedor interés acerca de la experiencia de la iglesia. Vio la situación, los peligros, los conflictos y la liberación final del pueblo de Dios. Registra los mensajes finales que han de hacer madurar la mies de la Tierra, ya sea en gavillas para el granero celestial o en manojos para los fuegos de destrucción. Le fueron revelados asuntos de suma importancia, especialmente para la última iglesia, para que los que se volviesen del error a la verdad pudiesen ser instruidos con respecto a los peligros y los conflictos que les esperaban. Nadie necesita estar a oscuras en lo que concierne a lo que ha de acontecer en la Tierra” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 389, 390).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Cómo puede el estudio de las profecías aumentar tu fe? ¿Qué profecías – algunas escritas hace miles de años acerca de acontecimientos que ocurrirían siglos o milenios después– han contribuido a aumentar tu confianza en la Biblia y, más importante aún, en el Dios que la inspiró? Por ejemplo, ¿cómo ofrece Daniel 2 razones poderosas y lógicas para confiar en que Dios existe y conoce el futuro?
  2. ¿Cuáles son las mejores maneras de protegernos de los numerosos intentos descabellados y especulativos de interpretar las profecías, a veces incluso por parte de personas que están dentro de nuestra iglesia?
  3. ¿Por qué debemos poner en práctica el consejo de Pablo: “Sometan todo a prueba y retengan lo bueno” (1 Tes. 5:21)?