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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA
| Año | 1er Trimestre | 2º Trimestre | 3er Trimestre | 4º Trimestre |
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| 2026 | Colosenses – Filipenses | Cómo estar en una Relación con Dios | 1 y 2 Corintios | El Don de Profecía |
| 2027 | Mayordomía | Vida y Enseñansas de Jesús | Profecías Apocalípticas | Hermenéuticas |
| 2028 | ||||
| 2029 |
Lección 11: Para el 15 de marzo de 2025
¿QUÉ MÁS PUDE HACER?
Sábado 8 de marzo______________________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 18: 37; Romanos 3: 23–26; 5: 8; Isaías 5: 1-4; Mateo 21: 33-39; Isaías 53: 4; Romanos 3: 1-4.
PARA MEMORIZAR:
“Le dijo entonces Pilato: “Luego, ¿eres tú rey?”. Respondió Jesús: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18: 37).
Hace algunos años fue publicado en la revista Guide un cuento infantil muy perspicaz. La historia se centra en un niño huérfano llamado Denis, quien fue adoptado por una familia en la época medieval. Denis odia apasionadamente al rey de su tierra porque cuando sus padres se enfermaron los soldados del rey se los llevaron y nunca volvió a verlos. Mucho después supo que el rey los separó para evitar que las personas sanas padecieran los horrores de la peste negra. La verdad acerca del rey liberó a Denis del odio que había albergado casi toda su vida. El rey había actuado siempre y en todos los casos por amor a su pueblo.
Hoy, muchas personas ven a Dios como Denis veía al rey. El mal que han presenciado o experimentado los lleva a odiar a Dios o a negar su existencia. ¿Dónde está Dios cuando hay sufrimiento? Si Dios es bueno, ¿por qué existe tanto mal? El Conflicto Cósmico arroja luz sobre esta cuestión crucial, pero quedan muchos interrogantes. Sin embargo, cuando todos nuestros intentos de respuesta no nos satisfacen, podemos mirar a Jesús en la Cruz y ver en él que es posible confiar en Dios a pesar de todas las preguntas que siguen sin respuesta.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Jesús quería contrastar su forma de obrar con la de sus acusadores. Este apresamiento a medianoche mediante una turba, esta cruel burla y ultraje aun antes de que fuera acusado o condenado, era el modo de proceder de ellos y no de él. La obra de Cristo era manifiesta a todos. No había nada en sus doctrinas que él ocultara. Así reprochó el proceder de ellos, y reveló la hipocresía de los saduceos.
La verdad nunca languidecía en sus labios, nunca sufría en sus manos por falta de perfecta obediencia a sus requerimientos. «Para esto he nacido —declara Cristo—, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad». Y los grandiosos principios de la verdad salían de sus labios con la lozanía de una nueva revelación. La verdad fue hablada por él con un fervor proporcionado a su infinita importancia y a los resultados trascendentales que dependían de su éxito (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1122).
Sobre Cristo como substituto y garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico (El Deseado de todas las gentes, p. 701).
Estamos seguros solo al seguir por donde Cristo nos dirige. El sendero llegará a ser más claro, más y más brillante, hasta que el día sea perfecto.
La tarea del hombre es trabajar en cooperación con Dios. Solo, sus pies se deslizarán por el camino que aparentemente es el más seguro. No podemos andar seguramente un paso en la mera sabiduría humana. Si queremos andar sin temor, debemos saber que la mano de Jesucristo sostiene firmemente la nuestra. Y podemos saber esto únicamente escudriñando la Palabra del Dios viviente…
Dios desea que los hombres sientan su dependencia de él, y se confíen a esa mano que puede salvar hasta lo sumo, a ese corazón que palpita en respuesta al llamado de la sufriente humanidad. No debemos confiar en el hombre ni hacer de la carne nuestro brazo. Nuestra confianza debe estar puesta en una Mano cálida, viva, y en un Corazón que palpita de amor por los indefensos (In Heavenly Places, p. 258; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 260).
Domingo 9 de marzo_____________________________________________________
CRISTO, EL VENCEDOR
Aunque hay un enemigo en acción al que el propio Cristo se refiere como el usurpador “príncipe de este mundo”, el verdadero Rey del universo es Jesucristo. Jesús vence por nosotros, y en él podemos obtener la victoria incluso en medio de las dificultades y el sufrimiento. De hecho, la obra de Cristo contrarresta al Enemigo en todo momento.
Hemos visto que las Escrituras describen al Diablo como:
- El engañador del mundo entero desde el principio (Apoc. 12: 9; Mat. 4: 3; Juan 8: 44; 2 Cor. 11: 3; 1 Juan 3: 8).
- El calumniador y acusador de Dios y de su pueblo en el Cielo (Apoc. 12: 10; 13: 6; Job 1-2; Zac. 3: 1, 2; Jud. 9).
- El gobernante usurpador de este mundo (Juan 12: 31; 14: 30; 16: 11; Hech. 26: 18; 2 Cor. 4: 4; Efe. 2: 2; 1 Juan 5: 19).
Lee Juan 18: 37. ¿Qué nos dice este texto acerca de la obra de Cristo para contrarrestar los engaños del Enemigo? ¿Qué significa el hecho de que Jesús es Rey?
Juan 18: 37
37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
Aunque las Escrituras enseñan que Satanás es el archiengañador, calumniador, acusador y usurpador gobernante de este mundo, también enseñan que Jesús venció a Satanás en todos los sentidos.
- Jesús vino al mundo “para dar testimonio de la verdad” (Juan 18: 37).
- Por medio de la Cruz, Jesús demostró de manera suprema la justicia y el amor perfectos de Dios (Rom. 3: 25, 26; 5: 8), refutando así las calumnias del Diablo (Apoc. 12: 10, 11).
- Jesús finalmente destruirá el reino del Diablo, quien sabe que le queda poco tiempo (Apoc. 12: 12; compara con Rom. 16: 20), y “reinará por los siglos de los siglos” (Apoc. 11: 15).
En última instancia e independientemente de lo que haga, Satanás ya es un enemigo derrotado. En vista de ello, la clave para nosotros consiste en reclamar cada día, momento a momento, la victoria lograda por Cristo en nuestro favor y las promesas que la Cruz nos ha ofrecido.
Sabemos qué bando resultará victorioso en el Gran Conflicto. ¿Cómo determinan nuestras decisiones cotidianas el bando en que estamos? ¿Cómo podemos asegurarnos de estar del lado vencedor incluso ahora?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
[Satanás] tienta a los hombres a desconfiar del amor de Dios y a dudar de su sabiduría. Constantemente pugna por despertar en los seres humanos un espíritu de curiosidad irreverente, un inquieto e inquisitivo deseo de penetrar en los inescrutables secretos del poder y la sabiduría de Dios. En sus esfuerzos por escudriñar aquello que Dios tuvo a bien ocultarnos, muchos pasan por alto las verdades eternas que nos ha revelado y que son esenciales para nuestra salvación. Satanás induce a los hombres a la desobediencia llevándoles a creer que entran en un admirable campo de conocimiento. Pero todo esto es un engaño. Ensoberbecidos por sus ideas de progreso, pisotean los requerimientos de Dios, caminando por la ruta que los lleva a la degradación y a la muerte (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 37, 38).
[Cristo] amó tanto a los pobres pecadores que tomó sobre sí la forma de un siervo para sufrir y morir en favor de los hombres. Jesús pudo haber permanecido a la diestra de su Padre, con la corona real en la sien y vistiendo las ropas reales. Sin embargo, escogió cambiar las riquezas, el honor y la gloria del cielo por la pobreza de la humanidad y su posición de alto mando por los horrores del Getsemaní y la humillación de la agonía del Calvario. Se hizo varón de dolores y experimentado en quebrantos para, mediante el bautismo de sufrimiento y muerte, purificar y redimir un mundo culpable…
Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén, porque el Calvario estaba fuera de los muros de la ciudad. Esto mostraba que Jesús no murió únicamente por los judíos, sino por toda la humanidad. Proclama al mundo caído que vino para ser su Redentor y lo exhorta a aceptar la salvación que ofrece… «Teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura». Hebreos 10:21, 22 (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 122, 123).
El gobierno de Dios no se funda en una sumisión ciega ni en una reglamentación irracional, como Satanás quiere hacerlo aparecer. Al contrario, apela al entendimiento y a la conciencia. «¡Venid, pues, y arguyamos juntos!» (Isaías 1:18) es la invitación del Creador a los seres que formó. Dios no fuerza la voluntad de sus criaturas. No puede aceptar un homenaje que no le sea otorgado voluntaria e inteligentemente. Una mera sumisión forzada impediría todo desarrollo real del entendimiento y del carácter: haría del hombre un simple autómata. Tal no es el designio del Creador. Él desea que el hombre, que es la obra maestra de su poder creador, alcance el más alto desarrollo posible. Nos presenta la gloriosa altura a la cual quiere elevarnos mediante su gracia. Nos invita a entregarnos a él para que pueda cumplir su voluntad en nosotros. A nosotros nos toca decidir si queremos ser libres de la esclavitud del pecado para compartir la libertad gloriosa de los hijos de Dios (El camino a Cristo, pp. 43, 44).
Lunes 10 de marzo_______________________________________________________
EL QUE ES JUSTO Y JUSTIFICA
La obra de Cristo deshace en todo momento la del Diablo. Según 1 Juan 3: 8, Jesús “vino para destruir las obras del diablo” (1 Juan 3: 8, NTV) y “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2: 14). Sin embargo, la derrota total del dominio del Enemigo ocurre en dos etapas. Primero, Cristo refuta las calumnias de Satanás mediante la obra de la Cruz. Luego, Satanás y su reino serán destruidos.
Lee Romanos 3: 23 al 26 y 5: 8. ¿Qué revelan estos pasajes acerca de la forma en que Cristo demuestra la falsedad de las acusaciones del Diablo?
Romanos 3: 23-26
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
Romanos 5: 8
8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Como hemos visto, el Enemigo afirma que Dios no es plenamente justo y amoroso. Sin embargo, Dios proveyó en la persona de Cristo la máxima manifestación de la justicia y el amor divinos, y lo hizo por medio de la Cruz.
Después de la muerte de Jesús, “Satanás vio que su disfraz le había sido arrancado. Su administración quedaba desenmascarada delante de los ángeles que no habían caído y delante del universo celestial. Se había revelado como homicida. Al derramar la sangre del Hijo de Dios, había perdido la consideración de los seres celestiales” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 722).
Lee Apocalipsis 12: 10 al 12 a la luz de Génesis 3: 15. ¿Cómo arroja luz este pasaje sobre el significado cósmico de la victoria de Cristo en la Cruz?
Apocalipsis 12: 10-12
10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.
Génesis 3: 15
15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
La historia de la Redención provee abundantes evidencias de que podemos confiar en que Dios siempre obra para que lo bueno finalmente ocurra en favor de todos los implicados. El Dios de las Escrituras siempre hace lo bueno y preferible con los medios de que dispone en medio del Gran Conflicto (Gén. 18: 25; Deut. 32: 4; 1 Sam. 3: 18; Sal. 145: 17; Dan. 4: 37; Hab. 1: 13; Apoc. 15: 3).
¿Por qué es tan importante que en el Conflicto Cósmico se demuestre que Dios se caracteriza por la justicia y el amor? Cuando reflexionas acerca de la Cruz y de todas las obras de Dios en el Plan de Redención, ¿cómo te ayudan las obras de Dios a confiar en su amor, incluso en medio de las dificultades y el sufrimiento?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La expiación de Cristo no es simplemente una forma capaz de hacer que sean perdonados nuestros pecados: es un remedio divino para la curación de las transgresiones y la restauración de la salud espiritual; es el medio ordenado por el cielo por el cual la justicia de Cristo puede estar no solo sobre nosotros, sino en nuestros corazones y caracteres…
Cristo vino a este mundo para mostrarnos lo que Dios puede hacer y lo que nosotros podemos hacer en cooperación con Dios. Fue al desierto en la carne humana para ser tentado por el enemigo. Sabe lo que es tener hambre y sed. Conoce las debilidades y flaquezas de la carne. Fue tentado en todo como nosotros somos tentados.
Nuestro rescate ha sido pagado por nuestro Salvador. Nadie necesita estar esclavizado por Satanás: Cristo está ante nosotros como nuestro ejemplo divino, nuestro ayudador todo poderoso. Hemos sido comprados por un precio que es imposible de calcular. ¿Quién puede medir la bondad y misericordia del amor redentor? (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1073, 1074).
La evidencia más amplia concedida por Dios de que desea la salvación de todos, será la condenación de los que rechacen el don del Cielo. En el último gran día cuando todos sean recompensados o castigados de acuerdo con su obediencia o desobediencia, la cruz del Calvario aparecerá claramente ante los que se hallen frente al Juez de toda la tierra para recibir la sentencia eterna…
Con gran afán el Cielo observa el conflicto entre el bien y el mal. Nadie sino el obediente puede entrar por las puertas de la ciudad de Dios. Sobre los que prefieren continuar en la transgresión se pronunciará al fin la sentencia de muerte. La tierra será purificada de sus malas obras, de su oposición obstinada a Dios. . .
Las reglas de vida que el Señor ha dado harán a los hombres puros, felices y santos. Solamente aquellos que obedecen estas reglas podrán escuchar de los labios del Cristo las palabras: «Subid más alto» (In Heavenly Places, p. 361; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 363).
Toda manifestación del poder de Dios en favor de su pueblo despierta la enemistad de Satanás. Cada vez que Dios obra en su favor, Satanás y sus ángeles obran con renovado vigor para lograr su ruina… Se esfuerza por espantar sus almas con el pensamiento de que su caso no tiene esperanza, que la mancha de su contaminación no podrá nunca lavarse. Espera destruir así su fe, a fin de que cedan plenamente a sus tentaciones, y abandonen su fidelidad a Dios.
Los hijos del Señor no pueden contestar las acusaciones de Satanás. Al mirarse a sí mismos, están listos a desesperar, pero apelan al divino Abogado. Presentan los méritos del Redentor. Dios puede ser «Justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús». Con confianza los hijos del Señor le suplican que acalle las acusaciones de Satanás, y anule sus lazos… y con el poderoso argumento de la cruz, Cristo impone silencio al atrevido acusador (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 132, 133).
Martes 11 de marzo______________________________________________________
EL CÁNTICO DE MI AMADO
Dios ha manifestado asombrosamente su amor y su justicia en medio del Conflicto Cósmico. Sin embargo, algunos podrían preguntarse: ¿Debería Dios haber hecho más de lo que hizo para prevenir y/o eliminar el mal? Como hemos visto, el trasfondo del Conflicto Cósmico muestra el respeto de Dios por el libre albedrío necesario para que pudiera existir una relación de amor perfecta entre él y la humanidad. Además, Dios se ciñó a ciertas limitaciones morales o reglas de enfrentamiento en el contexto de una disputa cósmica acerca de su carácter, algo que solo puede resolverse mediante la demostración de su amor.
Lee Isaías 5: 1 al 4. ¿Quién habla en estos versículos? ¿De quién habla Isaías? ¿A quiénes representan la viña y el viñador? ¿Qué significan las acciones del viñador en favor de la viña? ¿Cuál es el resultado?
Isaías 5: 1-4
1 Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. 2 La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. 3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. 4 ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?
En estos versículos, Isaías canta una canción acerca de su amada, caracterizada como una viña. El dueño de la viña es Dios mismo, y la viña representa al pueblo de Dios (ver, por ejemplo, Isa. 1: 8; Jer. 2: 21). Pero las implicaciones pueden aquí ampliarse e incluir la obra de Dios en el mundo. Según estos versículos, el dueño de la viña (Dios) hizo todo lo que razonablemente cabía esperar para asegurar el florecimiento de su viña. Esta debería haber producido buenas uvas, pero solo produjo “uvas silvestres”, que otras traducciones denominan “sin valor”. De hecho, la expresión hebrea así traducida significa literalmente “fruto apestoso”. En otras palabras, la viña de Dios produjo uvas podridas.
En Isaías 5: 3, Dios mismo invita a las personas a “juzgar” entre él y su viña. Y en Isaías 5: 4, él plantea la pregunta más importante: “¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diera uvas buenas, ha dado uvas silvestres?”. ¿Qué más pudo hacer? ¡Cuán asombroso es que incluso pida a otros que evalúen lo que hizo!
Cuando contemplamos la Cruz, donde Dios se ofreció a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados, ¿cómo adquieren sus palabras (“¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?”) un significado asombroso?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Dios en su Hijo había estado buscando fruto y no lo había encontrado. Israel era un estorbo en la tierra. Su misma existencia era una maldición; pues ocupaba en la viña el lugar que podía haber servido para un árbol fructífero. Despojaba al mundo de las bendiciones que Dios se proponía darle. Los israelitas habían representado mal a Dios entre las naciones. No eran meramente inútiles, sino un obstáculo decidido. En gran medida su religión descarriaba a la gente, y obraba la ruina en vez de la salvación.
En la parábola, el viñero no pone objeción a la afirmación de que si el árbol permanecía infructífero debía ser cortado; pero conoce y comparte los intereses del dueño en cuanto a aquel árbol estéril. Nada podía darle mayor placer que verlo crecer y fructificar. Responde al deseo del dueño diciendo: «Déjala aún este año, hasta que la excave y estercole. Y si hiciere fruto, bien».
El viñero no rehúsa trabajar por una planta tan poco promisoria. Está listo a prodigarle más cuidado aún. Hará más favorable su ambiente y le prodigará la máxima atención (Palabras de vida del gran Maestro, p. 170).
En las colinas de Palestina, nuestro Padre celestial había plantado su buena Vid, y él mismo era el que la cultivaba. Muchos eran atraídos por la hermosura de esta Vid, y declaraban su origen celestial. Pero para los dirigentes de Israel parecía como una raíz en tierra seca.
Tomaron la planta, la maltrataron y pisotearon bajo sus profanos pies. Querían destruirla para siempre. Pero el celestial Viñador no la perdió nunca de vista. Después que los hombres pensaron que la habían matado, la tomó y la volvió a plantar al otro lado de la muralla. Ya no se vería el tronco. Quedaría oculto de los rudos asaltos de los hombres. Pero los sarmientos de la Vid colgaban por encima de la muralla. Habían de representarla. Por su medio, se podrían unir todavía injertos a la Vid. De ella se ha ido obteniendo fruto. Ha habido una cosecha que los transeúntes han arrancado (El Deseado de todas las gentes, p. 629).
¿Podría Dios habernos dado prueba mayor de su amor que al dar así a su Hijo para que pasase por estas escenas de sufrimiento? Y como el don de Dios al hombre fue el don gratuito de su amor infinito, así sus derechos a nuestra confianza, nuestra obediencia, todo nuestro corazón y la riqueza de nuestros afectos, son correspondientemente infinitos. Requiere todo lo que el hombre puede dar. La sumisión de nuestra parte debe ser proporcional al don de Dios. Debe ser completa, sin ninguna reserva. Todos somos deudores de Dios. El tiene sobre nosotros derechos que no podemos satisfacer sin entregarnos en sacrificio pleno y de buen grado. Exige nuestra obediencia pronta y voluntaria, y no aceptará nada que no llegue a esto (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 407, 408).
Miércoles 12 de marzo____________________________________________________
LA PARÁBOLA DE CRISTO ACERCA DE LA VIÑA
En la parábola de Mateo 21 acerca del dueño de la viña, Jesús retoma el relato donde lo dejó Isaías 5 y arroja luz adicional sobre el carácter y las acciones del viñador en favor de su viña.
Lee Mateo 21: 33–39 teniendo en mente la pregunta de Isaías 5: 4. ¿Qué más se podría haber hecho por la viña que no se haya hecho antes?
Mateo 21: 33–39
33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.
Isaías 5: 4
4 ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?
La primera parte de la parábola de Cristo cita directamente el canto de Isaías 5 acerca del viñador y su viña. Jesús añade luego que el dueño de la viña la “arrendó a unos labradores y se fue lejos” (Mat. 21: 33). Pero, cuando el dueño de la viña envió dos veces a sus siervos (los profetas) a recoger el producto, quienes arrendaban su viña golpearon y mataron a sus siervos (Mat. 21: 34-36). Finalmente, envió a su Hijo (Jesús) pensando: “Tendrán respeto a mi hijo” (Mat. 21: 37). Pero también asesinaron a su Hijo después de decir: «“Este es el heredero. Vamos a matarlo, y así nos quedaremos con su herencia”. Entonces, lo sacaron de la viña y lo mataron” (Mat. 21: 38, 39, RVC).
¿Qué más podía Dios hacer? El Padre nos amó tanto que dio a su Hijo amado (Juan 3: 16). Si el Conflicto Cósmico es del tipo sugerido aquí, no podría resolverse prematuramente mediante el ejercicio del poder divino, sino que requeriría primero una demostración pública del carácter de Dios. Esta demostración ha sido expuesta en última instancia en la obra de Cristo (Rom. 3: 25, 26; 5: 8). ¿Qué más podemos pedir después de que Dios se entregó a sí mismo en Cristo para morir por nosotros para poder así justificarnos sin comprometer en modo alguno su justicia y su amor perfectos?
La Cruz demuestra que Dios hizo todo lo posible para mitigar y eliminar el mal, pero sin destruir el contexto necesario para el florecimiento del amor genuino. Si Dios hubiese dispuesto de una alternativa preferible, ¿no la habría elegido? Aunque las personas sufren mucho a causa del Conflicto Cósmico, Dios es quien más sufre. Cuando miramos a la Cruz, podemos, en efecto, ver el sufrimiento y el dolor que el pecado ha producido a Dios mismo. Sin embargo, tan sagrada era la libertad inherente al amor que Cristo estuvo dispuesto a soportarlo todo para nuestro bien.
Lee Isaías 53: 4. ¿De quiénes eran las “enfermedades” y los “dolores” que Cristo cargó en la Cruz? ¿Qué nos dice esto acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros y de lo que le ha costado nuestra salvación?
Isaías 53: 4
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Esta parábola [de la viña] tiene gran importancia para todos aquellos a quienes se les confían responsabilidades en el servicio del Señor. Dios apartó a un pueblo para que fuese educado por Cristo. Lo llevó al desierto para prepararlo para su obra, y allí le dio el código más elevado de moral; su santa ley. A él le fue encomendado el libro de instrucción de Dios, las Escrituras del Antiguo Testamento. Oculto en la columna de nube, Cristo lo guio en su vagar por el desierto. Por su propio poder trasplantó la vid silvestre de Egipto a su viña. Bien podía Dios preguntar: »¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?» Isaías 5:4…
La historia de los hijos de Israel fue escrita para nuestra admonición e instrucción, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Aquellos que estén firmes en la fe en estos últimos días, y finalmente sean admitidos en la Canaán celestial, deben escuchar las palabras de advertencia pronunciadas por Jesucristo a los israelitas. Estas lecciones fueron otorgadas a la iglesia en el desierto para que el pueblo de Dios las estudiara y les prestara atención a través de sus generaciones, para siempre. La experiencia del pueblo de Dios en aquel desolado paraje será la de su pueblo en estos tiempos. La verdad es una salvaguarda en todas las edades para los que se mantienen firmes en la fe que fue dada una vez a los santos (Alza tus ojos, p. 230).
El pueblo judío podría haberse arrepentido si así lo hubiera querido, pero sus integrantes estaban vestidos con la ropa de su justicia propia. Sostenían ser los descendientes de Abraham y consideraban como propia toda promesa hecha a Israel. Pero el Israel de Dios está formado por aquellos que se convierten, no por los que son descendientes de Abraham (Alza tus ojos, p. 78).
Con asombro, los ángeles contemplaron el amor infinito de Jesús, quien, sufriendo la más intensa agonía mental y corporal, pensó solamente en los demás y animó al alma penitente a creer. En su humillación, se había dirigido como profeta a las hijas de Jerusalén; como sacerdote y abogado, había intercedido con el Padre para que perdonase a sus homicidas; como Salvador amante, había perdonado los pecados del ladrón arrepentido…
El Señor de gloria estaba muriendo en rescate por la familia humana. Al entregar su preciosa vida, Cristo no fue sostenido por un gozo triunfante. Todo era lobreguez opresiva. No era el temor de la muerte lo que le agobiaba. No era el dolor ni la ignominia de la cruz lo que le causaba agonía inefable. Cristo era el príncipe de los dolientes. Pero su sufrimiento provenía del sentimiento de la malignidad del pecado, del conocimiento de que por la familiaridad con el mal, el hombre se había vuelto ciego a su enormidad. Cristo vio cuán terrible es el dominio del pecado sobre el corazón humano, y cuán pocos estarían dispuestos a desligarse de su poder. Sabía que sin la ayuda de Dios la humanidad tendría que perecer, y vio a las multitudes perecer teniendo a su alcance ayuda abundante (El Deseado de todas las gentes, pp. 669-701).
Jueves 13 de marzo______________________________________________________
LA VINDICACIÓN DEL NOMBRE DE DIOS
En última instancia, el nombre de Dios resulta plenamente vindicado. Mediante la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el Plan de Redención, la justicia y el amor perfectos de Dios se manifiestan más allá de toda duda razonable (ver Rom. 3: 25, 26; 5: 8).
Lee Romanos 3: 1 al 4 a la luz de Isaías 5: 3 y 4. ¿Qué enseña esto acerca de la vindicación de Dios en el Conflicto Cósmico?
Romanos 3: 1-4
1 ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? 2 Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. 3 ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? 4 De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, Y venzas cuando fueres juzgado.
Isaías 5: 3-4
3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. 4 ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?
En Romanos 3 e Isaías 5, vemos que Dios invita, en un sentido limitado, a sus criaturas a juzgar su carácter, aunque no tengamos derecho ni estemos en posición de hacerlo. Al final, cuando todos los “libros” sean abiertos, veremos la evidencia de que Dios es perfectamente justo y recto. Él quedará vindicado ante toda la Creación inteligente.
Lee Apocalipsis 15: 3 y 19: 1 al 6. ¿Qué enseñan estos pasajes sobre la vindicación final del nombre de Dios?
Apocalipsis 15: 3
3 Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.
Apocalipsis 19: 1-6
1 Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; 2 porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. 3 Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos. 4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! 5 Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. 6 Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!
A lo largo de las Escrituras, Dios muestra preocupación por su nombre. ¿Por qué? No puedes tener una relación de amor profundo con alguien cuyo carácter detestas o en quien no confías. Si alguien dijera a tu cónyuge o a tu futuro cónyuge horribles mentiras acerca de tu carácter, harías lo que fuera necesario para contrarrestar tales afirmaciones, pues si son creídas pondrán fin a tu relación de amor.
En última instancia, Dios resulta vindicado en la Cruz y a través de todo el Plan de Redención. En el juicio previo al Advenimiento, Dios es vindicado ante el universo.
Luego, en el juicio posterior al Advenimiento, durante el cual los redimidos incluso juzgarán a los ángeles (1 Cor. 6: 2, 3), Dios también será vindicado, ya que los redimidos habrán tenido la oportunidad de revisar los registros y ver por sí mismos por qué Dios actuó como lo hizo, y que todas las decisiones de Dios fueron siempre perfectamente justas y amorosas. Todos tenemos muchas preguntas que necesitan respuestas. Antes de que todo termine, esas preguntas serán contestadas (ver 1 Cor. 4: 5).
Finalmente, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor (Fil. 2: 10, 11). Todo esto es parte de la vindicación del carácter de Dios.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Debido a su culpa, el hombre caído ya no podía ir directamente delante de Dios con sus súplicas, pues su transgresión de la ley divina había colocado una barrera infranqueable entre el Dios santo y el transgresor. Pero se ideó un plan para que la sentencia de muerte recayera sobre un sustituto. Debía haber efusión de sangre en el plan de redención, pues debía intervenir la muerte como consecuencia del pecado del hombre. Habían de prefigurar a Cristo los animales de los sacrificios. Mientras tanto, en la víctima inmolada el hombre debía ver el cumplimiento de las palabras de Dios: «Ciertamente morirás». Y el derramamiento de la sangre de la víctima significaba también una expiación. No había ninguna virtud en la sangre de los animales; pero el derramamiento de la sangre de los animales apuntaba a un Redentor que un día vendría al mundo y moriría por los pecados de los hombres. Y así Cristo vindicaría plenamente la ley de su Padre (Confrontation, p. 21; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1100).
¿Qué sostuvo al Hijo de Dios en su vida de pruebas y sacrificios?
Vio los resultados del trabajo de su alma y fue saciado. Mirando hacia la eternidad, contempló la felicidad de los que por su humillación obtuvieron el perdón y la vida eterna. Su oído captó la aclamación de los redimidos. Oyó a los rescatados cantar el himno de Moisés y del Cordero.
Podemos tener una visión del futuro, de la bienaventuranza en el cielo. En la Biblia se revelan visiones de la gloria futura, escenas bosquejadas por la mano de Dios, las cuales son muy estimadas por su iglesia. Por la fe podemos estar en el umbral de la ciudad eterna, y oír la bondadosa bienvenida dada a los que en esta vida cooperaron con Cristo, considerándose honrados al sufrir por su causa. Cuando se expresen las palabras: «Venid, benditos de mi Padre», pondrán sus coronas a los pies del Redentor, exclamando: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza… Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás». Mateo 25:34; Apocalipsis 5:12, 13 (Los hechos de los apóstoles, pp. 480, 481).
Cristo tenía siempre presente el resultado de su misión. Su vida terrenal, tan recargada de penas y sacrificios, era alegrada por el pensamiento de que su trabajo no sería inútil. Dando su vida por la vida de los hombres, iba a restaurar en la humanidad la imagen de Dios. Iba a levantarnos del polvo, a reformar nuestro carácter conforme al suyo, y embellecerlo con su gloria…
Aunque había de recibir primero el bautismo de sangre, aunque los pecados del mundo iban a pesar sobre su alma inocente y la sombra de indecible dolor se cernía sobre él, por el gozo que le fue propuesto, escogió sufrir la cruz y menospreció la vergüenza (El ministerio de curación, p. 404).
Viernes 14 de marzo______________________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee la sección titulada “La recompensa del esfuerzo ferviente” en las páginas 227 a 229 del libro Testimonios para la iglesia, tomo 9, de Elena G. de White.
“Todo lo que nos dejó perplejos en las providencias de Dios quedará aclarado en el mundo venidero. Las cosas difíciles de entender hallarán entonces su explicación. Los misterios de la gracia nos serán revelados. Donde nuestras mentes finitas discernían solamente confusión y promesas quebrantadas, veremos la más perfecta y hermosa armonía. Sabremos que el amor infinito ordenó los incidentes que nos parecieron más penosos. A medida que comprendamos el tierno cuidado de aquel que hace que todas las cosas obren conjuntamente para nuestro bien, nos regocijaremos con gozo inefable y rebosante de gloria” (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 227).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Te has sentido perplejo por las intervenciones providenciales de Dios? ¿Te consuela saber que resultarán claras finalmente?
- Reflexiona acerca de lo que Cristo debió abandonar para hacerse hombre y morir por este mundo. ¿Qué dice eso acerca del amor de Dios y de si es digno de confianza? ¿Acaso pudo hacer algo más?
- ¿Qué tiene de importante el “nombre” de Dios? ¿Qué implica esto para quienes nos identificamos como cristianos? ¿De qué manera los cristianos han desacreditado a veces el nombre de Cristo? ¿Qué podemos hacer donde vivimos para demostrar a las personas lo que significa seguir a Cristo?
- Incluso nuestras mejores “respuestas” al problema del mal son incompletas por ahora. ¿Qué podemos hacer en la práctica para acercarnos a quienes sufren y aliviar el dolor que existe en el mundo mientras esperamos la solución final y escatológica que solo Dios puede dar al problema del mal?
- Reflexiona acerca del hecho de que Cristo llevó nuestras “enfermedades” y “dolores” según Isaías 53: 4. ¿Qué ocurrió corporalmente en la Cruz que nos ayude a comprender el Plan de Salvación y lo que nuestra salvación costó a Dios?