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Lección 4 – EL COSTO DEL DESCANSO – Para el 24 de julio de 2021


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Lección 4: Para el 24 de julio de 2021

EL COSTO DEL DESCANSO

Sábado 17 de julio_______________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Samuel 11:1–27; 12:1–23; Génesis 3:1–8; 1 Juan 1:9.

PARA MEMORIZAR:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10).

Muchos se desesperan por encontrar un poco de paz y tranquilidad. También están dispuestos a pagar por ello. En muchas grandes ciudades hay habitaciones sin Internet, que se pueden alquilar por hora. Las reglas son estrictas: nada de ruidos, nada de visitas. La gente está dispuesta a pagar para poder sentarse tranquila y simplemente pensar, o dormirse una siesta. Hay cápsulas para dormir que se pueden alquilar en los aeropuertos, y los auriculares con reducción de ruido son artículos habituales. Incluso hay capuchas de tela o protectores de privacidad plegables que se pueden comprar para colocarse sobre la cabeza y el torso, para un descanso rápido en el lugar de trabajo.

El verdadero descanso también tiene un costo. Si bien a los especialistas en trucos de autoayuda les gustaría hacernos creer que podemos determinar nuestro destino y que el descanso es solo una cuestión de decisión y planificación, no obstante, cuando lo consideramos honestamente, nos damos cuenta de nuestra incapacidad de darle verdadero descanso a nuestro corazón. Agustín de Hipona (siglos IV-V d.C.), uno de los llamados “padres de la iglesia”, lo expresó de manera sucinta en sus famosas Confesiones (Libro 1), al considerar la gracia de Dios: “Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Es imposible estimar en demasía la obra que el Señor quiere llevar a cabo mediante los que se consideran vasos o instrumentos suyos, para poner en acción sus pensamientos y propósitos…

El Espíritu Santo nunca se manifiesta… mediante ese ruido desconcertante. El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma, mediante ese ruido desconcertante… El ruido desconcertante aturde los sentidos y desnaturaliza aquello que, si se condujera en la forma debida, constituiría una bendición (Mensajes selectos, t. 2, p. 41).

Los que aceptan la palabra de Cristo al pie de la letra, y entregan su alma a su custodia, y su vida para que él la ordene, hallarán paz y quietud. Ninguna cosa del mundo puede entristecerlos cuando Jesús los alegra con su presencia. En la perfecta aquiescencia hay descanso perfecto. El Señor dice: “Tú le guardarás en completa paz en ti persevera; porque en ti se ha confiado”. Isaías 26:3. Nuestra vida puede parecer enredada, pero al confiarnos al sabio Artífice Maestro, él desentrañará el modelo de vida y carácter que sea para su propia gloria. Y ese carácter que expresa la gloria –o carácter- de Cristo, será recibido en el Paraíso de Dios. Los miembros de una raza renovada andarán con él en vestiduras blancas porque son dignos (El Deseado de todas las gentes, p. 298).

[C]uando está fatigado o perplejo… el enemigo obre para inducirlo a quejarse y a murmurar, mire a Jesús, confíe en su Salvador. Esta es la única cura… Si permite que su mente se explaye en estas cosas, el enemigo verá que se preocupa por ellas. Pondrá su vidrio de aumento ante sus ojos, y las pequeñas colinas de dificultades aparecerán como montañas…

Ud. necesita comprender cómo reposar en Dios. Es su privilegio tener un corazón sabio, modelado por el Espíritu Santo; y este es el fundamento de toda… felicidad…

Dios desearía que confiara en su amor, y que protegiera constantemente su alma cerrando las puertas de sus pensamientos, para que no se tornen ingobernables; porque cuando Ud. permite que la mente albergue esos sentimientos de compasión propia, el enemigo entra para sugerirle los pensamientos más desprovistos de bondad y poco razonables…

Escuche a Jesús, siga su consejo y no se extraviará del… Único que le puede traer paz, felicidad y plenitud de gozo… Cualquier cosa que los demás puedan pensar de nosotros, o puedan hacemos, no necesita interrumpir esta unidad con Cristo, esta comunión del Espíritu. Ud. sabe que no podemos encontrar reposo en ningún lugar fuera de Cristo (Hijos e hijas de Dios, p. 300).


Domingo 18 de julio_____________________________________________________

AGOTADO Y CANSADO

En una cálida tarde primaveral, el inquieto rey David paseaba por la terraza de su palacio. Debía haber estado con su ejército al otro lado del Jordán. Debía haber estado guiando al pueblo de Dios para derrotar a los amonitas y finalmente llevar paz al reino.

El hecho de no estar donde debía haber estado abrió la puerta a la tentación para David. Lee la historia en 2 Samuel 11:1 al 5. ¿Qué sucedió y qué gran pecado cometió David?

2 Samuel 11:1-5

1 Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta.

David vio a una “mujer muy hermosa” que se estaba bañando en el techo de su casa. Sus impulsos pecaminosos se apoderaron de él esa tarde, y durmió con Betsabé, la esposa de un oficial de confianza del ejército. Como todos los reyes de la antigüedad, David tenía un poder absoluto. Como rey, no tenía que seguir las reglas que gobernaban a todos los demás. Y, sin embargo, la dolorosa historia de la familia de David después de este momento que cambió la historia nos recuerda el hecho de que, incluso como rey, él no estaba por encima de la Ley de Dios.

De hecho, la Ley existe como una protección, una salvaguarda, y cuando incluso el rey se desvió de ella, enfrentó terribles consecuencias. Tan pronto como David transgredió los límites de la Ley de Dios, comenzó a sentir sus efectos en todos los aspectos de su vida. David pensó que su apasionada aventura había pasado desapercibida; sin embargo, Betsabé ahora estaba embarazada… y su esposo estaba lejos.

Lee 2 Samuel 11:6 al 27. ¿Cómo trató David de encubrir su pecado?

2 Samuel 11:6-27

Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David. Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra. Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real. Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. 10 E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? 11 Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa. 12 Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. 13 Y David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa. 14 Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías. 15 Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera. 16 Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. 17 Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo. 18 Entonces envió Joab e hizo saber a David todos los asuntos de la guerra. 19 Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra, 20 si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis demasiado a la ciudad para combatir? ¿No sabíais lo que suelen arrojar desde el muro? 21 ¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis tanto al muro? Entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto. 22 Fue el mensajero, y llegando, contó a David todo aquello a que Joab le había enviado. 23 Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres que salieron contra nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta; 24 pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo. 25 Y David dijo al mensajero: Así dirás a Joab: No tengas pesar por esto, porque la espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale. 26 Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido. 27 Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.

Incluso los planes más intrincados de David de hacer volver a Urías a casa con su esposa, Betsabé, fracasaron. Urías era un hombre de reputación estelar, que responde a las sutiles insinuaciones de David: “El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer?” (2 Sam. 11:11). Finalmente, un David desesperado recurre al asesinato por “control remoto” para encubrir su pecado.

Es difícil creer que David, a quien Dios le había dado tanto, pudiera haberse rebajado tanto. Sin importar quiénes seamos, ¿qué advertencia deberíamos extraer todos de esta historia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[E]s peligroso alabar o ensalzar a los hombres; pues si uno llega a perder de vista su total dependencia de Dios, y a confiar en su propia fortaleza, caerá seguramente. El hombre lucha con enemigos que son más fuertes que él… Es imposible que nosotros, con nuestra propia fortaleza, sostengamos el conflicto; y todo lo que aleje a nuestra mente de Dios, todo lo que induzca al ensalzamiento o a la dependencia de sí, prepara seguramente nuestra caída…

El espíritu de confianza y ensalzamiento de sí fue el que preparó la caída de David.  La adulación y las sutiles seducciones del poder y del lujo, no dejaron de tener su efecto sobre él… Todo esto tendía a aminorar en David el sentido de la perversidad excesiva del pecado. Y en vez de confiar humilde en el poder de Dios, comenzó a confiar en su propia fuerza y sabiduría.

Tan pronto como Satanás pueda separar el alma de Dios, la única fuente de fortaleza, procurará despertar los deseos impíos de la naturaleza camal del hombre. La obra del enemigo no es abrupta; al principio no es repentina ni sorpresiva; consiste en minar secretamente las fortalezas de los principios. Comienza en cosas aparentemente pequeñas: la negligencia en cuanto a ser fiel a Dios y a depender de él por completo, la tendencia a seguir las costumbres y prácticas del mundo (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 775, 776).

[David] cedió a las tentaciones de Satanás, y atrajo sobre su alma la mancha de la culpabilidad. El hombre designado por el Cielo como caudillo de la nación, el escogido por Dios para ejecutar su ley, violó sus preceptos…

[A]hora, culpable y sin arrepentimiento, no pidió ayuda ni dirección al Cielo, sino que buscó la manera de desenredarse de los peligros en que el pecado le había envuelto. Betsabé, cuya hermosura fatal había resultado ser una trampa para el rey, era la esposa de U rías el heteo, uno de los oficiales más valientes y más fieles de David. Nadie podía prever cuál sería el resultado si se llegase a descubrir el crimen. La ley de Dios declaraba al adúltero culpable de la pena de muerte, y el soldado de espíritu orgulloso, tan vergonzosamente agraviado, podría vengarse quitándole la vida al rey, o incitando a la nación a la revuelta.

Todo esfuerzo de David para ocultar su culpabilidad resultó fútil. Se había entregado al poder de Satanás; el peligro le rodeaba; la deshonra, que es más amarga que la muerte, le esperaba. No había sino una manera de escapar, y en su desesperación se apresuró a agregar un asesinato a su adulterio. El que había logrado la destrucción de Saúl, trataba ahora de llevar a David también a la ruina. Aunque las tentaciones eran distintas, ambas se asemejaban en cuanto a conducir a la transgresión de la ley de Dios. David pensó que si Urías era muerto por la mano de los enemigos en el campo de batalla, la culpa de su muerte no podría atribuirse a las maquinaciones del rey; Betsabé quedaría libre para ser la esposa de David; las sospechas se eludirían y se mantendría el honor real (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 776, 777).


Lunes 19 de julio_________________________________________________________

LLAMADO DE ATENCIÓN

En medio de uno de los momentos más oscuros de la vida de David, hay buenas noticias: Dios envía a su profeta. Natán y David se conocían bien. Anteriormente, Natán había aconsejado a David sobre sus planes para construir un templo (2 Sam. 7). Sin embargo, ahora el profeta viene con una tarea diferente que realizar para su rey.

¿Por qué crees que Natán decide contar una historia, en vez de mencionar a David y avergonzarlo inmediatamente? Lee 2 Samuel 12:1 al 14.

2 Samuel 12:1-14

1 Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. 10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. 12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. 13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. 14 Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.

Natán contó una historia con la que David, el expastor, podía identificarse. Sabía que David tenía un sentido de justicia e integridad sumamente desarrollado. Por ende, en cierta forma, se podría decir que Natán le tendió una trampa y que David cayó directo en ella.

Cuando David, sin saberlo, pronuncia su sentencia de muerte, Natán le dice: “Tú eres aquel hombre” (2 Sam. 12:7). Hay diferentes formas de decir “tú eres aquel hombre”: gritando, acusando a la otra persona y apuntándola con el dedo directamente a la cara, o expresando preocupación y cuidado. Las palabras de Natán debieron de haber estado mezcladas con gracia. En ese momento, David habrá sentido el dolor que Dios siente cuando uno de sus hijos conscientemente se aparta de su voluntad. Algo hizo clic en la mente de David. Algo le partió el corazón.

¿Por qué David responde con “pequé contra Jehová”, en lugar de “pequé contra Betsabé” o “soy un homicida” (2 Sam. 12:13; ver también Sal. 51:4)?

2 Samuel 12:13

13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.

Salmos 51:4

Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.

David reconoció que el pecado, que inquieta nuestro corazón, es principalmente una afrenta contra Dios, el Creador y Redentor. Nos hacemos daño a nosotros mismos; afectamos a los demás. Acarreamos deshonra a nuestras familias o iglesias. Sin embargo, en última instancia, hacemos daño a Dios y clavamos otro clavo en el áspero madero que apunta hacia el cielo en el Gólgota.

“El reproche del profeta conmovió el corazón de David; se despertó su conciencia; y su culpa le apareció en toda su enormidad. Su alma se postró en penitencia ante Dios. Con labios temblorosos, exclamó: ‘Pequé contra Jehová’. Todo daño o agravio que se haga a otros se extiende del injuriado hacia Dios. David había cometido un grave pecado contra Urías y Betsabé, y se daba perfecta cuenta de su gran transgresión. Pero mucho más grave era su pecado contra Dios” (PP 781).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El profeta Natán recibió órdenes de llevar un mensaje de reprensión a David. Era un mensaje terrible en su severidad. A pocos soberanos se les podría haber dirigido una reprensión sin que el mensajero perdiese la vida.  Natán transmitió la sentencia divina sin vacilación, aunque con tal sabiduría celestial que despertó la simpatía y la conciencia del rey y le indujo a que con sus labios emitiera su propia sentencia de muerte. Apelando a David como al guardián divinamente designado para proteger los derechos de su pueblo, el profeta le relató una historia de agravio y opresión que exigía justicia y castigo…

El reproche del profeta conmovió el corazón de David; se despertó su conciencia; y su culpa le apareció en toda su enormidad.  Su alma se postró en penitencia ante Dios. Con labios temblorosos exclamó: “Pequé contra Jehová”. Todo daño o agravio que se haga a otros se extiende del perjudicado a Dios. David había cometido un grave pecado contra Urías y Betsabé, y se daba cuenta perfecta de su gran transgresión. Pero mucho más grave era su pecado contra Dios (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 779-781).

Los israelitas fueron inducidos al pecado, precisamente cuando se hallaban en una condición de ocio y seguridad aparente. Se olvidaron de Dios, descuidaron la oración, y fomentaron un espíritu de seguridad y confianza en sí mismos. El ocio y la complacencia propia dejaron la ciudadela del alma sin resguardo alguno, y entraron pensamientos viles y degradados.  Los traidores que moraban dentro de los muros fueron quienes destruyeron las fortalezas de los sanos principios y entregaron a Israel en manos de Satanás. Así precisamente es cómo Satanás procura aún la ruina del alma. Antes que el cristiano peque abiertamente, se verifica en su corazón un largo proceso de preparación que el mundo ignora. La mente no desciende inmediatamente de la pureza y la santidad a la depravación, la corrupción y el delito. Se necesita tiempo para que los que fueron formados en semejanza de Dios se degraden hasta llegar a lo brutal o satánico. Por la contemplación nos transformamos. Al nutrir pensamientos impuros en su mente, el hombre puede educarla de tal manera que el pecado que antes odiaba se le vuelva agradable (Historia de los patriarcas y profetas, p. 490).

Deberían almacenar en la mente conocimientos útiles, memorizando pasajes enteros de las Escrituras, identificando el cumplimiento de las profecías y aprendiendo las lecciones que Cristo dio a sus discípulos… De esta manera se cerrará una puerta a miles de tentaciones. Si el rey David hubiese estado ocupado en algún empleo útil no habría sido culpable del asesinato de Urías. Satanás siempre está al acecho para emplear a aquél que no se emplea a sí mismo. La mente que continuamente lucha por alcanzar la altura de la grandeza intelectual no tendrá tiempo para perder en pensamientos fútiles, padres de las malas acciones (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 405).


Martes 20 de julio_______________________________________________________

¿PERDONADO Y OLVIDADO?

Después de que David, inadvertidamente, pronunció juicio sobre sí mismo (2 Sam. 12:5, 6), Natán lo confrontó con la enormidad de su pecado. El corazón de David estaba destrozado, y confesó su pecado. Inmediatamente Natán le aseguró que “Jehová ha remitido tu pecado” (2 Sam. 12:13) y que lo perdonó.

No hay un período de espera para el perdón de Dios. David no tiene que demostrar que es realmente sincero antes de que se le extienda el perdón. Sin embargo, Natán, quien ya predijo las consecuencias del pecado de David en 2 Samuel 12:10 al 12, a continuación declara que el niño por nacer morirá.

¿Qué significa que Dios haya quitado el pecado de David? ¿Acaba de hacer borrón y cuenta nueva? ¿Todos nos olvidamos de eso? Lee 2 Samuel 12:10 al 23 mientras consideras estas preguntas.

2 Samuel 12:10-23

10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. 12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. 13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. 14 Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá. 15 Y Natán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente. 16 Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. 17 Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. 18 Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? 19 Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. 20 Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. 21 Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. 22 Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 23 Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

David también debió haberse hecho estas preguntas al ver que su mundo se desmoronaba: la muerte del bebé, su familia sumida en el caos (las historias de Amnón y Absalón son dos buenos ejemplos de problemas familiares de la vida de la realeza), su futuro incierto. Y, sin embargo, a pesar de las consecuencias de su pecado, que afectó a personas inocentes como Urías y el bebé recién nacido, David también comienza a comprender que la gracia de Dios cubrirá esto y que algún día se acabarán todas las consecuencias del pecado también. Mientras tanto, puede hallar descanso para su conciencia atribulada en la gracia de Dios.

¿Qué cree David que necesita realmente? Lee Salmo 51:1 al 6.

Salmos 51:1-6

1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. 3 Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. 4 Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. 5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. 6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Con el Salmo 51, David reconoce todo esto públicamente al abrir el corazón y confesar sus pecados. El clamor de misericordia de David apela al amor inagotable de Dios y a su gran compasión. Anhela la renovación.

Cuando consideramos el costo del descanso en Jesús, primero debemos reconocer que necesitamos ayuda externa. Somos pecadores, y necesitamos un Salvador; reconocemos nuestros pecados y clamamos al único que puede lavarnos, limpiarnos y renovarnos. Cuando hacemos esto, podemos cobrar valor: aquí hay un adúltero, un manipulador, un asesino y alguien que transgredió al menos cinco de los Diez Mandamientos, que pide ayuda y reclama la promesa del perdón de Dios.

Si Dios perdonó a David por lo que hizo, ¿qué esperanza hay entonces para ti?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Esta experiencia fue muy penosa para David, pero también muy benéfica. De no haber sido por el espejo que Natán sostuvo delante de él, en el cual reconoció tan claramente su propia semejanza, no hubiera llegado a la convicción de su pecado atroz, y la ruina lo habría alcanzado.  La convicción de su culpa fue la salvación de su alma. Se vio bajo otra luz, como el Señor lo veía, y a lo largo del resto de su vida se arrepintió de su pecado…

Aunque David se arrepintió de su pecado, y fue perdonado y aceptado por el Señor, cosechó la funesta mies de la siembra que él mismo había sembrado… En su propia casa se debilitó su autoridad y su derecho a que sus hijos le respetasen y obedeciesen. Cierto sentido de su culpabilidad le hacía guardar silencio cuando debiera haber condenado el pecado; y debilitaba su brazo para ejecutar justicia en su casa…

Los que señalando el ejemplo de David, tratan de aminorar la culpa de sus propios pecados, debieran aprender de las lecciones del relato bíblico que el camino de la transgresión es duro. Aunque, como David, se volvieran de sus caminos impíos, los resultados del pecado, aun en esta vida, serán amargos y difíciles de soportar (Conflicto y valor, pp. 179,  180).

Debemos recordar que todos cometen equivocaciones. Aun hombres y mujeres que han tenido años de experiencia a veces yerran. Pero Dios no los abandona a causa de sus errores: a cada descarriado hijo o hija de Adán, les da el privilegio de otra oportunidad.

“Jesús se complace en que vayamos a él como somos, pecaminosos, impotentes, necesitados. Podemos ir con toda nuestra debilidad, insensatez y maldad y caer arrepentidos a sus pies. Es su gloria estrechamos en los brazos de su amor, vendar nuestras heridas y limpiarnos de toda impureza.

Alejad la sospecha de que las promesas de Dios no son para vosotros. Son para todo pecador arrepentido. Cristo ha provisto fuerza y gracia para que los ángeles ministradores las lleven a toda alma creyente. Ninguno hay tan malvado que no encuentre fuerza, pureza y justicia en Jesús, que murió por los pecadores. Él está esperándolos para cambiarles los vestidos sucios y corrompidos del pecado por las vestiduras blancas de la justicia; les da vida y no perecerán (The Faith I Live By, p. 134; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 136).

La verdadera confesión es siempre de carácter específico y reconoce pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que deben ser presentados solamente ante Dios, pueden ser ofensas que se deben confesar a individuos que han sido dañados por causa de ellos, o pueden ser de tipo general que deben ser presentados ante el pueblo. Pero toda confesión debe ser definida y al punto, reconociendo los pecados mismos de que sois culpables…

La confesión no será aceptable ante Dios sin un arrepentimiento y reforma sinceros. Han de haber cambios decididos en la vida; todo lo que ofende a Dios ha de ser puesto a un lado. Este será el resultado de una tristeza genuina por el pecado (Testimonios para  la iglesia, t. 5, pp. 601, 602).


Miércoles 21 de julio_____________________________________________________

ALGO NUEVO

Después de que David confesó su pecado sin tratar de excusarlo ni pasarlo por alto, a continuación rogó a Dios. ¿Qué le pidió? Lee Salmo 51:7 al 12.

Salmos 51:7-12

7Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. 8Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. 9Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. 10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. 12Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.

La referencia de David a la purificación con hisopo utiliza terminología conocida por todos los israelitas que alguna vez visitaron el Santuario. Al referirse a los actos rituales de purificación descritos en la Ley de Moisés (Lev. 14:4), reconoció el poder de un sacrificio, el Sacrificio, que vendría en el futuro para quitar los pecados del mundo.

David también pidió “gozo” y “alegría”. Frente a la enormidad de su pecado, ¿no es esto un poco audaz?

Quizá sea útil escuchar esta paráfrasis: “Dime que me perdonas para que pueda entrar de nuevo al Santuario, donde puedo escuchar el gozo y la alegría de quienes te adoran”.

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron de la presencia de Dios (Gén. 3:8). ¿Por qué crees que la petición de David, incluso después de su pecado, es tan diferente? Lee Salmo 51:11 y 12.

Génesis 3:8

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Salmos 51:11-12

11No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. 12Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.

David no quiere perder el sentido de vivir en la presencia de Dios. Se da cuenta de que sin el Espíritu Santo no tiene poder. Sabe que podría volver a caer en el pecado tan fácilmente como cayó en el pecado con Betsabé. Su autoestima está hecha añicos.

David comprende que las victorias futuras no provendrán de él; vendrán solo de Dios mientras él dependa totalmente del Señor.

La vida cristiana victoriosa no depende solo de nosotros. Depende de Jesús. Anhelamos su presencia; ansiamos su Espíritu; queremos el gozo de su salvación. Reconocemos nuestra necesidad de renovación y restauración. Necesitamos su descanso: el acto divino de re-crear. El descanso de la Creación no está lejos del perdón. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10) utiliza terminología de la Creación. En el Antiguo Testamento, solo Dios puede “crear” (bara’), y una vez que somos re-creados, podemos descansar.

Si no has experimentado el gozo y la alegría de la liberación de una conciencia culpable, ¿qué te detiene? Si sientes culpa, ¿qué podrías aprender de esta historia que debería ayudarte?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La oración de David después de su caída ilustra la naturaleza del verdadero dolor por el pecado.  Su arrepentimiento fue sincero y profundo. No se esforzó él por atenuar su culpa y su oración no fue inspirada por el deseo de escapar al juicio que le amenazaba. David veía la enormidad de su transgresión y la contaminación de su alma; aborrecía su pecado.  No solo pidió perdón, sino también que su corazón fuese purificado. Anhelaba el gozo de la santidad y ser restituido a la armonía y comunión con Dios. Este era el lenguaje de su alma: “…¡Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve!… ¡Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí!” Salmo 51:7 (El camino a Cristo, p. 25).

El perdón de Dios no es solamente un acto judicial por el cual libra de la condenación. No es solo el perdón por el pecado. Es también una redención del pecado. Es la efusión del amor redentor que transforma el corazón. David tenía el verdadero concepto del perdón cuando oró…: “Cuanto está lejos el oriente del occidente tras rebeliones”. Salmo 103:12…

Dejad que more en vosotros Cristo, la Vida divina, y que por medio de vosotros revele el amor nacido en el cielo, el cual inspirará esperanza a los desesperados y traerá la paz de los cielos al corazón afligido por el pecado. Cuando vamos a Dios, la primera condición que se nos impone es que, al recibir de él misericordia, nos prestemos a revelar su gracia a otro (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 97, 98).

Descanse plenamente en los brazos de Jesús. Contemple su gran amor, y mientras medite en su abnegación, su sacrificio infinito hecho en nuestro favor para que creyésemos en él, su corazón se llenará de gozo santo, paz serena, y amor indescriptible. Mientras hablemos de Jesús y lo busquemos en oración, se fortalecerá nuestra confianza de que él es nuestro Salvador personal y amante, y su carácter aparecerá más y más hermoso… Esperemos con fe en el Señor. Él impulsa al alma a la oración, y nos imparte el sentimiento de su precioso amor. Nos sentimos cerca de él, y podemos mantener una dulce comunión a su lado. Obtenemos un panorama claro de su ternura y compasión, y nuestro corazón se abre y enternece al considerar el amor que se nos concede…

Nuestra paz es como un río, ola tras ola de gloria ruedan hacia el interior del corazón, y verdaderamente cenamos con Jesús y él con nosotros. Sentimos que comprendemos el amor de Dios, y descansamos en su amor. Ningún lenguaje puede describirlo; está más allá del entendimiento. Somos uno con Jesús; nuestra vida se esconde con Cristo en Dios. Tenemos la seguridad de que cuando él, que es nuestra vida, aparezca, entonces, también apareceremos con él en gloria. Con toda confianza podemos decir que Dios es nuestro Padre (La segunda venida y el cielo, pp. 167, 168).


Jueves 22 de julio_______________________________________________________

REFLECTORES DE LA LUZ DE DIOS

Probablemente, lo más natural que podamos hacer después de superar un fracaso vergonzoso y experimentar el perdón sea tratar de olvidar que el hecho haya ocurrido alguna vez. Estos recuerdos pueden ser dolorosos.

¿Qué quiere hacer David con su dolorosa experiencia? Lee Salmo 51:13 al 19.

Salmos 51:13-19

13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. 14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia. 15 Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza. 16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. 18 Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén. 19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, El holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Cuando un cuenco o un jarrón precioso cae y se rompe en pedazos, normalmente suspiramos y tiramos los pedazos rotos, pues ya no sirven. En Japón existe un arte tradicional llamado kintsugi, que se especializa en recrear cerámica rota. Se utiliza un metal precioso, como el oro líquido o la plata, para pegar las piezas rotas y convertirlas en algo de gran belleza y valor. Cada vez que Dios perdona nuestras transgresiones y nos vuelve a crear, algo cambia. El precioso perdón de Dios une nuestros pedazos rotos con preciosidad, y las roturas visibles pueden llamar la atención sobre su gracia.

Podemos convertirnos en los altavoces de Dios: “Cantará mi lengua tu justicia” (Sal. 51:14). No pretendemos repararnos a nosotros mismos ni mejorar por nuestra cuenta (ni siquiera gradualmente). El espíritu quebrantado, el corazón contrito, son suficientes alabanzas para Dios, y son rayos de luz que el mundo puede ver a nuestro alrededor. Nuestra experiencia de ser perdonados atrae a otros en busca de perdón.

¿Qué relación hay entre el Salmo 51 y 1 Juan 1:9?

1 Juan 1:9

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Primera de Juan 1:9 es un breve resumen del Salmo 51. Mientras David sabe que “al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:17), Juan nos asegura que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Podemos confiar en lo que Dios dice.

Nuevamente, David no pudo reparar el tremendo daño que había causado a su familia con su accionar y su ejemplo. Sufrió las consecuencias de sus decisiones y acciones. Y, no obstante, David sabía que había sido perdonado. Sabía que necesitaba confiar en que un día el verdadero Cordero de Dios vendría a ocupar su lugar.

¿Cómo puedes aprender ahora mismo a aplicar las promesas de 1 Juan 1:9 en tu vida? ¿Cómo deberías sentirte al saber que la promesa también es para ti?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Así en un himno sagrado [el Salmo 51] que había de cantarse en las asambleas públicas de su pueblo, en presencia de la corte, los sacerdotes y jueces, los príncipes y guerreros, y que iba a preservar hasta la última generación el conocimiento de su caída, el rey de Israel relató todo lo concerniente a su pecado, su arrepentimiento, y su esperanza de perdón por la misericordia de Dios. En vez de procurar ocultar la culpa, quiso que otros se instruyeran por el conocimiento de la triste historia de su caída (Historia de los patriarcas y profetas, p. 785)

Tenemos que ir a Dios con fe y derramar nuestras súplicas ante él, creyendo que obrará en nuestro favor y en el de otros a quienes tratamos de salvar. Hemos de dedicar más tiempo a la oración ferviente. Con la confiada fe de un niñito hemos de ir a nuestro Padre celestial para contarle todas nuestras necesidades.  Él siempre está listo para perdonar y ayudar. Es inagotable la provisión de sabiduría divina, y el Señor nos anima para que nos sirvamos abundantemente de ella. El anhelo que debiéramos tener de las bendiciones espirituales se describe en las palabras: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Necesitamos que nuestra alma sienta un hambre más profunda de los ricos dones que el cielo tiene para conferimos. Debemos sentir hambre y sed de justicia.

Ojalá tuviéramos un deseo consumidor de comprender a Dios con un conocimiento experimental, de llegar a la cámara de audiencias del Altísimo con la mano de la fe levantada y dejando caer nuestra alma desvalida delante de Aquel que es poderoso para salvar. Su amante bondad es mejor que la vida (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1165).

Jesús, que mora en vosotros, quiere hablar a los corazones que no le conocen. Tal vez no leen la Biblia ni oyen la voz que les habla en sus páginas; no ven el amor de Dios en sus obras; pero si sois verdaderos representantes del Señor Jesús, es posible que por vosotros sean inducidos a conocer algo de su bondad y sean ganados para amarle y servirle.

Los cristianos son como portaluces en el camino al cielo. Tienen que reflejar sobre el mundo la luz de Cristo que brilla sobre ellos. Su vida y carácter deben ser tales que por ellos adquieran otros una idea justa de Cristo y de su servicio (El camino a Cristo, pp. 115,  116).

[N]ingún hombre puede impartir lo que él mismo no ha recibido. En la obra de Dios, la humanidad no puede generar nada. Ningún hombre puede por su propio esfuerzo convertirse en un portaluz de Dios… Es el amor de Dios continuamente transferido al hombre lo que lo capacita para impartir luz. En el corazón de todos los que están unidos a Dios por la fe, el áureo aceite del amor fluye libremente, para brillar en buenas obras, en un servicio real y sincero por Dios (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 344, 345).


Viernes 23 de julio_______________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“El arrepentimiento de David fue sincero y profundo. No hizo ningún esfuerzo por aminorar su crimen. Lo que inspiró su oración no fue el deseo de escapar de los castigos amenazantes. […] vio la depravación de su alma; aborreció su pecado. No solo oró pidiendo perdón, sino también pureza de corazón. […] Vio la evidencia de su perdón y aceptación en la promesa hecha por Dios a los pecadores arrepentidos. […] ‘Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios’ (vers. 16, 17).

“Aunque David había caído, el Señor lo levantó. […]

“David se humilló y confesó su pecado, en tanto que Saúl menospreció el reproche y endureció su corazón en la impenitencia.

“Este episodio en la historia de David […] es una de las ilustraciones más poderosas que se nos hayan dado de las luchas y las tentaciones de la humanidad, y de un arrepentimiento genuino […]. A través de todos los siglos […] miles de los hijos de Dios han sido los que, después de haber sido entregados traidoramente al pecado […] recordaron […] el arrepentimiento y la confesión sinceros de David […] y también cobraron ánimo para arrepentirse y procurar nuevamente andar en los caminos de los mandamientos de Dios. “Quienquiera que […] humille su alma con confesión y arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar seguro de que hay esperanza para él. […] Jamás rechazará el Señor a un alma verdaderamente arrepentida” (PP 785, 786).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Cómo podemos encontrar el equilibrio entre reconocer nuestra pecaminosidad inherente y nuestra necesidad de perdón y, al mismo tiempo, vivir como hijos e hijas perdonados del Rey del Universo?
  2. ¿Por qué todo pecado, en última instancia, es pecado contra Dios? ¿Qué significa pecar contra Dios?
  3. ¿Qué podemos decirle a alguien que no es creyente que lucha con el sufrimiento de personas inocentes, como Urías o el hijo recién nacido de David y Betsabé? ¿Cómo explicamos el amor y la justicia de Dios en esa situación? El enfoque del Gran Conflicto ¿en qué medida ofrece una perspectiva útil?
  4. ¿Por qué la Biblia dedicaría dos capítulos completos a la sórdida historia de David y Betsabé? ¿Para qué sirve contar esta historia?
  5. Reflexiona en la idea de que el pecado nos separa de Dios, como se expresa en Salmo 51:11 y 12. En tu experiencia, ¿cómo sucede esto? ¿Cómo te sientes? ¿Cómo le explicarías a alguien cómo es esta separación y por qué es tan incómoda? ¿Por qué la promesa de gracia es el único remedio?