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Escuela Sabática Maestros

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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado* Josué El Espíritu de Profecía
2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


Lección 12: Para el 21 de septiembre de 2024

JUZGADO Y CRUCIFICADO

Sábado 14 de septiembre_________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 15; Lucas 13:1; Salmos 22:18; Juan 20:24-29; Juan 1:1-3; Daniel 9:24-27.

PARA MEMORIZAR:

“Y a la hora novena Jesús exclamó a gran voz: ‘Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?’, que quiere decir: ‘¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?’ ” (Mar. 15:34).

Marcos 15 es el corazón del relato de la Pasión. Allí se presenta el juicio de Jesús, su condena, la burla de los soldados, su crucifixión, su muerte y su traslado al sepulcro. En este capítulo, los eventos son presentados con todo detalle y nitidez, probablemente porque el autor pretende que los hechos hablen por sí mismos.

La ironía juega un papel importante a lo largo de este capítulo, razón por la cual es útil definirla claramente.

Una ironía contiene generalmente tres componentes: 1) Dos niveles de significado; 2) los dos niveles están en conflicto o contrastan uno con otro; 3) alguien no percibe la ironía, no reconoce lo que está sucediendo y no sabe que él o ella es quien sufrirá las consecuencias.

Esta semana, desde la pregunta de Pilato: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, pasando por la burla de los soldados, por el texto escrito encima de la cruz, por la burla de los líderes religiosos: “A otros salvó. A sí mismo no puede salvarse” y llegando hasta la inesperada aparición de José de Arimatea, el capítulo está lleno de dolorosas ironías que, sin embargo, revelan poderosas verdades acerca de la muerte de Jesús y de lo que ella significa.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Tan pronto como fue de día, el Sanedrín se volvió a reunir, y Jesús fue traído de nuevo a la sala del concilio. Se había declarado Hijo de Dios, y habían torcido sus palabras de modo que constituyeran una acusación contra él. Pero no podían condenarle por esto, porque muchos de ellos no habían estado presentes en la sesión nocturna, y no habían oído sus palabras. Y sabían que el tribunal romano no hallaría en ellas cosa digna de muerte. Pero, si todos podían oírle repetir con sus propios labios estas mismas palabras, podrían obtener su objeto. Su aserto de ser el Mesías podía ser torcido hasta hacerlo aparecer como una tentativa de sedición política.

«¿Eres tú el Cristo? —dijeron— Dínoslo». Pero Cristo permaneció callado. Continuaron acosándole con preguntas. Al fin, con acento de la más profunda tristeza, respondió: «Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis». Pero a fin de que quedasen sin excusa, añadió la solemne advertencia: «Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra de la potencia de Dios» (El Deseado de todas las gentes, p. 661 ).

Los sacerdotes y gobernantes se olvidaron de la dignidad de su oficio, y ultrajaron al Hijo de Dios con epítetos obscenos. Le escarnecieron acerca de su parentesco, y declararon que su aserto de proclamarse el Mesías le hacía merecedor de la muerte más ignominiosa. Los hombres más disolutos sometieron al Salvador a ultrajes infames. Se le echó un viejo manto sobre la cabeza, y sus perseguidores le herían en el rostro, diciendo: «Profetízanos tú, Cristo, quién es el que te ha herido». Cuando se le quitó el manto, un pobre miserable le escupió en el rostro.

Los ángeles de Dios registraron fielmente toda mirada, palabra y acto insultantes de los cuales fue objeto su amado General. Un día, los hombres viles que escarnecieron y escupieron el rostro sereno y pálido de Cristo, mirarán aquel rostro en su gloria, más resplandeciente que el sol (El Deseado de todas las gentes, p. 662).

En su condición de sustituto y seguridad del hombre, la iniquidad de este fue depositada sobre Cristo; se lo contó entre los transgresores para que pudiera redimirlos de la maldición de la ley. La culpa de cada descendiente de Adán de todas las épocas oprimía su corazón; y la ira de Dios y la terrible manifestación de su disgusto frente a la iniquidad llenaron de consternación el alma de su Hijo. El apartamiento del rostro divino de junto al Salvador en esa hora de suprema angustia atravesó su corazón con un pesar que jamás podrá comprender plenamente el hombre (La historia de la redención, p. 233).


Domingo 15 de septiembre________________________________________________

“¿ERES TÚ EL REY DE LOS JUDÍOS?”

Lee Marcos 15:1 al 15. ¿Qué clase de circunstancias irónicas ocurren aquí?

Marcos 15:1-15

 1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? 10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. 11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. 12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! 14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más: ¡Crucifícale! 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

Poncio Pilato fue gobernador de Judea entre los años 26 y 36 d.C. No era un líder amable, y varias de sus acciones causaron consternación entre los habitantes del país (compara con Luc. 13:1). El juicio de Jesús resultó en una sentencia de muerte por blasfemia. Sin embargo, bajo el Gobierno romano, los judíos no podían ejecutar personas en la mayoría de los casos, así que trajeron a Jesús ante Pilato para que lo condenara.

El cargo contra Jesús ante Pilato no es mencionado, pero es posible deducirlo a partir de la breve pregunta que le dirige al Señor: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” (Mar. 15:2). En los tiempos del Antiguo Testamento, Israel ungía a sus reyes, así que no es difícil ver cómo el término Messiah (“ungido”) podía ser convertido en un presunto reclamo de homenaje propio de un rey, en competencia con el emperador. Por lo tanto, la acusación presentada ante el Sanedrín contra Jesús fue de blasfemia, mientras que la esgrimida contra él ante el gobernador fue de sedición, lo que podía conducir a la muerte.

La ironía radica en el hecho de que Jesús es tanto el Mesías como el Rey de los judíos. Sus condenas por blasfemia y sedición estaban equivocadas. Debió haber recibido, en cambio, homenaje y adoración. Pero Jesús aún actúa como un rey. Su respuesta a Pilato: “Tú lo dices” (Mar. 15:2, RVR 1960) es evasiva. Él no rechaza el título ni lo confirma. Esta respuesta puede sugerir que es un rey, pero de una clase diferente (compara con Juan 18:33-38).

Marcos 15:6 introduce en la narración la costumbre de liberar a un prisionero durante la Pascua. En Marcos 15:9, Pilato pregunta si quieren que suelte al “Rey de los judíos”, y aunque usó tal vez el título de manera irónica, la ironía está en realidad jugando en su contra.

Marcos 15:9 y 10 es un estudio de percepción y de falta de ella. Pilato se da cuenta de que los líderes religiosos entregaron a Jesús por envidia, pero no percibe que, al formular la pregunta a la multitud, está haciendo el juego a los dirigentes religiosos. Estos incitan a la multitud y piden la crucifixión de Jesús. Pilato retrocede. La crucifixión era una manera demasiado terrible de morir, sobre todo para alguien a quien él consideraba inocente. Cuán dolorosamente irónico es que el gobernador romano quisiera liberar al Mesías, mientras que los dirigentes religiosos lo querían crucificado.

¿Qué puede preservarte de seguir a la multitud cuando la presión para hacerlo es fuerte?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús tenía muchos simpatizantes en el grupo que lo rodeaba, y el hecho de que no respondiera a las numerosas preguntas que se le hacían asombraba a la multitud. Frente al escarnio y la violencia de la turba, ni un gesto, ni una expresión de molestia se dibujaba en sus rasgos. Tenía una actitud digna y compuesta. Los espectadores lo contemplaban maravillados. Comparaban su perfecta forma y su comportamiento firme y digno con la apariencia de los que se habían sentado en juicio contra él, y se decían mutuamente que tenía mucho más la apariencia de un rey que cualquiera de los dirigentes. No tenía señales de ser criminal. Su mirada era bondadosa, luminosa y libre de temor; su frente amplia y elevada. Cada rasgo suyo estaba definidamente señalado por la benevolencia y la nobleza. Su paciencia y su tolerancia eran tan poco humanas que muchos temblaron. Aun Herodes y Pilato se sintieron sumamente perturbados frente a su porte noble y divino (La historia de la redención, p. 224).

Desde el mismo principio Pilato se convenció de que Jesús no era un hombre ordinario. Creía que era una persona excelente y totalmente inocente de lo que se lo acusaba. Los ángeles que contemplaban la escena notaron la convicción del gobernador romano, y para salvarlo de comprometerse en el terrible acto de entregar a Jesús para ser crucificado un ángel fue enviado a la esposa de Pilato y le dio información por medio de un sueño de que el juicio en que su esposo estaba participando era el del Hijo de Dios, y que era inocente. Inmediatamente ella le envió un mensaje para declarar que había sufrido mucho en sueños con respecto a Jesús, y para advertirle que no tuviera nada que ver con ese santo. El mensajero, abriéndose paso apresuradamente entre la multitud, puso la carta en manos de Pilato. Al leerla, este tembló y se puso pálido, y decidió inmediatamente no tener nada que ver con enviar a Cristo a la muerte. Si los judíos querían la sangre de Jesús, él no prestaría su influencia para que lo lograran; al contrario, trataría de librarlo (La historia de la redención, pp. 224, 225).

Jesús no vivió para agradarse a sí mismo. Se entregó como un sacrificio vivo y consumidor en favor de los demás… Los que reciben a Cristo abandonarán todo rasgo descortés y áspero, y manifestarán la amabilidad y la bondad que hay en Jesús, porque Cristo mora en el corazón por la fe. Cristo era la Luz que brillaba en la oscuridad, y sus seguidores también deben ser la luz del mundo…

Cristo es nuestro modelo, pero a menos que lo contemplemos, que nos espaciemos en su carácter, no lo reflejaremos en nuestra vida práctica. Fue manso y humilde de corazón. Nunca cometió una acción ruda, nunca pronunció una palabra descortés. El Señor no se complace con nuestra conducta ruda y carente de simpatía manifestada hacia los demás… Debemos estar en el mundo pero no debemos ser del mundo. Debemos ser una representación de Jesucristo. Tal como el Señor de vida y gloria vino a nuestro mundo a fin de representar al Padre, así hemos de ir al mundo para representar a Jesús (That I May Know Him, p. 306; parcialmente en A fin de conocerle, p. 305).


Lunes 16 de septiembre__________________________________________________

¡SALVE, REY DE LOS JUDÍOS!

Lee Marcos 15:15 al 20. ¿Qué hicieron los soldados a Jesús, y cuál es la relevancia de ello?

Marcos 15:15-20

15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. 16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, 18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. 20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.

Los romanos utilizaban una severa forma de flagelación como preparación de los prisioneros para la ejecución. La víctima era despojada de su ropa, atada a un poste y azotada con un látigo de tiras de cuero en cuyos extremos adherían trozos de hueso, vidrio, piedras y clavos.

Después de que Jesús fue azotado, los soldados encargados de su ejecución continuaron humillándolo, vistiéndolo con un manto de color púrpura, poniendo una corona de espinas sobre su cabeza y burlándose de él como rey de los judíos. Al grupo de soldados se lo llamaba batallón, que pudo estar compuesto, en este caso, por entre doscientos y seiscientos hombres.

La ironía de la escena es evidente para el lector, pues Jesús es en verdad el Rey y las burlas de los soldados así lo proclaman. La acción de ellos era una parodia del saludo que daban al emperador romano con las palabras: “¡Salve, César, Emperador!” Por lo tanto, se trata de una implícita comparación con el emperador.

Las acciones de los soldados como parte de su burla a Jesús incluyen golpear su cabeza con una caña, escupirlo y postrarse ante él simulando homenaje. Estas tres acciones son expresadas en griego usando el tiempo imperfecto. En este contexto, este tiempo verbal conlleva la idea de acción repetitiva, prolongada. Es decir que siguieron golpeándolo, escupiéndolo y postrándose ante él como una parodia de homenaje. Jesús soporta todo esto en silencio, sin responder en absoluto.

El procedimiento típico de una ejecución romana consistía en hacer que el condenado cargara desnudo con su cruz hasta el lugar de la ejecución. Este patrón, nuevamente, tenía el propósito de humillar y avergonzar completamente a la persona delante de la comunidad.

Los judíos aborrecían la desnudez en público. Marcos 15:20 destaca que le quitaron el manto púrpura y volvieron a vestirlo con su propia ropa. Esto parece ser una concesión hecha por los romanos a los judíos en ese tiempo y lugar.

Piensa en cuánta ironía hay aquí, en el hecho de que se postraran ante Jesús y le rindieran homenaje como a un rey sin percibir que era en verdad el Rey, no solo de los judíos sino también de ellos.

Estos hombres no tenían idea de lo que estaban haciendo. ¿Por qué, sin embargo, su ignorancia no los excusará el Día del Juicio?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Satanás y sus ángeles tentaban a Pilato y procuraban arrastrarle a la ruina. Le sugirieron la idea de que si no condenaba a Jesús, otros le condenarían. La multitud estaba sedienta de su sangre, y si no lo entregaba para ser crucificado, perdería su poder y honores mundanos y se le acusaría de creer en el impostor. Temeroso de perder su poder y autoridad, consintió Pilato en la muerte de Jesús. No obstante, puso su sangre sobre los acusadores, y la multitud la aceptó exclamando a voz en cuello: «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos». Sin embargo, Pilato no fue inocente, y resultó culpable de la sangre de Cristo. Por interés egoísta, por el deseo de ser honrado por los grandes de la tierra, entregó a la muerte a un inocente. Si Pilato hubiese obedecido a sus convicciones, nada hubiese tenido que ver con la condena de Jesús (Primeros escritos, p. 174).

Jesús fue tomado, extenuado de cansancio y cubierto de heridas, y fue azotado a la vista de la muchedumbre. «Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es a saber, al pretorio; y convocan toda la cohorte. Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los Judíos!… Y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas». De vez en cuando, alguna mano perversa le arrebataba la caña que había sido puesta en su mano, y con ella hería la corona que estaba sobre su frente, haciendo penetrar las espinas en sus sienes y chorrear la sangre por su rostro y barba…

Satanás indujo a la turba cruel a ultrajar al Salvador. Era su propósito provocarle a que usase de represalias, si era posible, o impulsarle a realizar un milagro para librarse y así destruir el plan de la salvación (El Deseado de todas las gentes, pp. 682, 683).

[Al momento de la segunda venida,] Los que pusieron en ridículo su aserto de ser el Hijo de Dios enmudecen ahora. Allí está el altivo Herodes que se burló de su título real y mandó a los soldados escarnecedores que le coronaran. Allí están los hombres mismos que con manos impías pusieron sobre su cuerpo el manto de grana, sobre sus sagradas sienes la corona de espinas y en su dócil mano un cetro burlesco, y se inclinaron ante él con burlas de blasfemia. Los hombres que golpearon y escupieron al Príncipe de la vida, tratan de evitar ahora su mirada penetrante y de huir de la gloria abrumadora de su presencia. Los que atravesaron con clavos sus manos y sus pies, los soldados que le abrieron el costado, consideran esas señales con terror y remordimiento…

Y entonces se levanta un grito de agonía mortal. Más fuerte que los gritos de «¡Sea crucificado! ¡Sea crucificado!» que resonaron por las calles de Jerusalén, estalla el clamor terrible y desesperado: «¡Es el Hijo de Dios! ¡Es el verdadero Mesías!» Tratan de huir de la presencia del Rey de reyes. En vano tratan de esconderse en las hondas cuevas de la tierra desgarrada por la conmoción de los elementos (El conflicto de los siglos, p. 626).


Martes 17 de septiembre_________________________________________________

LA CRUCIFIXIÓN

Lee Marcos 15:21 al 38. ¿Qué terrible y dolorosa ironía aparece aquí?

Marcos 15:21-38

21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. 23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. 25 Era la hora tercera cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. 29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. 33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

En este punto del relato de la Pasión, Jesús es una víctima silenciosa, controlada por gente empeñada en su muerte. A lo largo del Evangelio, y hasta su arresto, él estuvo a cargo de la acción. Ahora, en cambio, es objeto de la actividad de otros. Aunque era un robusto predicador itinerante, la flagelación que había recibido, sumada a la falta de alimento y sueño, lo agotaron al punto de que un extraño tuvo que cargar su cruz.

En la cruz, su ropa le fue quitada y llegó a ser propiedad de los soldados, quienes echaron suertes sobre ella para ver de quién sería (compara con Sal. 22:18). La crucifixión era un método de ejecución que no significaba un derramamiento importante de sangre. Los clavos utilizados para fijar a una persona a la cruz (compara con Juan 20:24-29) atravesaban probablemente las muñecas, debajo de las palmas, donde no hay vasos sanguíneos importantes. Tanto en hebreo como en griego, la palabra traducida como “mano” puede designar tanto a esta como al antebrazo. La palma de la mano carece de las estructuras necesarias como para soportar el peso del cuerpo en una crucifixión. El nervio medio o mediano se encuentra ubicado a lo largo del antebrazo y habría sido aplastado por los clavos, provocando así un dolor insoportable en los brazos. La respiración era dificultosa. Para conseguir una buena bocanada de aire, los crucificados tenían que empujar su cuerpo hacia arriba usando como apoyo los pies clavados y flexionando sus brazos, lo cual nuevamente provocaba un dolor atroz. La asfixia por agotamiento era una de las causas de muerte.

Jesús fue víctima de burlas y humillaciones tremendas durante su crucifixión. Como ya se ha visto, el Evangelio de Marcos se caracteriza por un motivo o tema teológico de revelación/secreto según el cual Jesús pide a las personas que guarden silencio acerca de quién es él. Consecuentemente, títulos cristológicos como “Señor”, “Hijo de Dios” y “Cristo” no aparecen con frecuencia en la narración.

Este elemento cambia en la cruz. Jesús no puede ser ocultado. Resulta irónico que sean los líderes religiosos quienes utilizan esos títulos para burlarse de Jesús. ¡Cómo se condenan a sí mismos estos hombres!

Una de sus declaraciones de burla se destaca. En Marcos 15:31, ellos dicen: “A otros salvó. A sí mismo no puede salvarse”. Para demostrar su punto acerca de la impotencia de Jesús en la cruz, aseveran que ayudó a otros (el verbo griego puede significar “salvar”, “sanar”, “rescatar”). Así, irónicamente, admiten que él es el Salvador. La ironía va más allá, pues la razón por la que no podía salvarse, o no quería hacerlo, era porque estaba salvando a otros.

Lee Juan 1:1 al 3 y piensa en lo que este pasaje nos dice acerca de Jesús, el mismo Jesús que está siendo crucificado aquí, en Marcos. ¿Cómo podemos abarcar con nuestra mente lo que la muerte de Cristo significa para nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al llegar al lugar de ejecución, los condenados fueron atados a los instrumentos de tortura. Mientras los dos ladrones se debatían en manos de los que los extendían sobre sus cruces, Jesús no ofreció resistencia. Su madre contempló la escena con agonizante suspenso, con la esperanza de que hiciera un milagro para salvarse. Vio sus manos extendidas sobre la cruz, esas manos queridas que siempre habían dispensado bendiciones, y que se habían alargado tantas veces para sanar a los que sufrían. Cuando trajeron martillos y clavos, y estos atravesaron la tierna carne de Jesús para asegurarlo a la cruz, los discípulos, con el corazón quebrantado, apartaron de la cruel escena el cuerpo desfalleciente de la madre de Cristo.

El Señor no formuló queja alguna; su rostro seguía pálido y sereno, pero grandes gotas de sudor perlaban su frente. No hubo mano piadosa que enjugara de su rostro el rocío de la muerte, ni palabras de simpatía e inmutable fidelidad que sostuvieran su corazón humano. Estaba pisando totalmente solo el lagar, y del pueblo nadie estuvo con él. Mientras los soldados llevaban a cabo su odiosa tarea, y él sufría la más aguda agonía, oró por sus enemigos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Lucas 23:34. Esta oración de Jesús por sus enemigos abarca al mundo, pues se refiere a cada pecador que habrá de vivir hasta el fin del tiempo (La historia de la redención, pp. 229, 230).

En los sufrimientos de Cristo en la cruz, se cumplía la profecía. Siglos antes de la crucifixión, el Salvador había predicho el trato que iba a recibir. Dijo: «Porque perros me han rodeado, me han cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, y me observan. Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes». Salmo 22: 16-18. La profecía concerniente a sus vestiduras fue cumplida sin consejo ni intervención de los amigos o los enemigos del Crucificado. Su ropa había sido dada a los soldados que le habían puesto en la cruz. Cristo oyó las disputas de los hombres mientras se repartían las ropas entre sí. Su túnica era tejida sin costura y dijeron: «No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será» (El Deseado de todas las gentes, p. 695).

Y cuando vino la plenitud de los tiempos… Aquel que fue designado en los consejos del cielo vino a la tierra como instructor. Era nada menos que el Creador del mundo, el Hijo del Dios Infinito. La rica benevolencia de Dios lo entregó a nuestro mundo; y para satisfacer las necesidades de la humanidad, tomó sobre sí la naturaleza humana. Ante el asombro de las huestes celestiales, caminó por esta tierra como el Verbo Eterno. Plenamente preparado, abandonó las cortes celestiales para venir a un mundo estropeado y contaminado por el pecado. Misteriosamente se vinculó a la naturaleza humana. «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». El exceso de la bondad, la benevolencia y el amor de Dios fue una sorpresa para el mundo, de la gracia que se podía captar, pero no contar (Fundamentals of Christian Education, p. 400).


Miércoles 18 de septiembre_______________________________________________

ABANDONADO POR DIOS

Lee Marcos 15:33 al 41. ¿Cuáles son las únicas palabras de Jesús en la cruz que aparecen en Marcos? ¿Qué significa en última instancia la muerte de Cristo para todos nosotros?

Marcos 15:33-41

33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. 40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

Una oscuridad sobrenatural descendió sobre el Calvario desde aproximadamente el mediodía hasta las 3 de la tarde. “Cuando llegó la hora sexta (el mediodía), hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena (las 3 de la tarde)” (Mar. 15:33).

Las palabras de Cristo en la cruz, cuando clama a Dios preguntándole por qué lo ha abandonado, son llamadas “el grito de desamparo”. Él está citando Salmos 22:1. Otras referencias al mismo salmo aparecen en Marcos 15:24 y 29, indicando que las Escrituras se están cumpliendo en la muerte de Jesús. Aun en la malvada confabulación de los hombres, la voluntad de Dios está siendo cumplida.

Las palabras de Jesús desde la cruz son reportadas en arameo juntamente con su traducción. La expresión original traducida como “Dios mío, Dios mío” es Eloi, Eloi (transliteración del arameo ´elahi). Pudo haber parecido a los allí presentes que Jesús llamaba a Elías (´eliyyah en arameo, que significa “mi Dios es YHWH”). Ese fue precisamente el error que algunos de ellos cometieron.

Lo que resulta sorprendente acerca de este pasaje es su paralelismo con el bautismo de Jesús en Marcos 1:9 al 11.

El bautismo: Marcos 1:9-11 La cruz: Marcos 15:34-39
Juan bautiza a Jesús El bautismo de Jesús (comparar con Marcos 10:38)
Juan el Bautista como figura de Elías; ver Marcos 9:11-13. El presunto llamado a Elías
Los cielos se abren El velo es rasgado
El Espíritu (griego pneuma) Jesús expira (griego ekpneō)
La declaración audible de Dios

(“Hijo amado”)

El centurión dice “Hijo de Dios”

Lo que estos paralelos sugieren es que así como el bautismo de Jesús en Marcos 1 es el comienzo de su ministerio, como fue profetizado en Daniel 9:24 al 27, lo que ocurre en la cruz, según Marcos 15, es la culminación u objetivo de su ministerio, al morir como rescate en favor de muchos (Mar. 10:45). La muerte de Jesús en la cruz también cumple parte de la profecía de Daniel 9:24 al 27. La rasgadura del velo del Templo (Mar. 15:38) apunta al cumplimiento del sistema sacrificial, cuando el tipo, o símbolo, se encuentra con el antitipo, o realidad simbolizada, y una nueva fase de la historia de la salvación comienza.

A pesar de la malvada confabulación humana, los propósitos de Dios se cumplieron. ¿Por qué debería esto ayudarnos a comprender que, sin importar lo que ocurra a nuestro alrededor, podemos aún confiar en Dios y saber que su bondad prevalecerá finalmente?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cada espasmo soportado por el Hijo de Dios en la cruz, las gotas de sangre que fluyeron de su frente, sus manos y sus pies, las convulsiones de agonía que sacudieron su cuerpo y la ineludible angustia que llenó su alma cuando su Padre ocultó su rostro de él, hablan al hombre diciéndole: «Por amor a ti el Hijo de Dios consintió en permitir que estos terribles crímenes fueran depositados sobre él; por ti saqueó los dominios de la muerte y abrió las puertas del Paraíso y la vida inmortal». El que calmó las airadas olas por medio de su palabra y caminó por las ondas coronadas de espuma, que hizo temblar a los demonios y logró que huyera la enfermedad al toque de su mano, el que resucitó muertos y abrió los ojos de los ciegos, se ofreció en la cruz como el único sacrificio en lugar del hombre. Él, el portador del pecado, soportó el castigo legal que merecía la iniquidad, y se hizo pecado por el hombre (La historia de la redención, pp. 233, 234).

El desgarramiento del velo en el templo demostró que los sacrificios y los ritos judaicos no serían ya recibidos. El gran sacrificio había sido ofrecido y aceptado, y el Espíritu Santo que descendió en el día de Pentecostés dirigió la atención de los discípulos desde el Santuario terrenal al celestial, donde Jesús había entrado con su propia sangre, para derramar sobre sus discípulos los beneficios de su expiación. Pero los judíos fueron dejados en tinieblas totales. Perdieron toda la luz que pudieran haber tenido acerca del plan de salvación, y siguieron confiando en sus sacrificios y ofrendas inútiles. El Santuario celestial había reemplazado al terrenal, pero ellos no tenían noción del cambio. Por lo tanto no podían recibir beneficios de la mediación de Cristo en el Lugar Santo (Primeros escritos, pp. 259, 260).

[L]os instrumentos celestiales tienen que luchar con obstáculos antes de que a su tiempo se cumpla el propósito de Dios… Los ángeles buenos y malos tienen una parte en los planes de Dios para su reino terrenal. El propósito de Dios es llevar adelante su obra dentro de pautas correctas, mediante formas que redunden para su gloria. Pero Satanás siempre procura contrarrestar el propósito de Dios. Los siervos de Dios pueden hacer adelantar su obra sólo si se humillan delante del Señor. Nunca deben depender para el éxito de sus propios esfuerzos ni de una exhibición ostentosa…

Como pueblo no comprendemos como debiéramos el gran conflicto que se libra entre seres invisibles, la lucha entre ángeles leales y desleales. Nuestra única seguridad es la Palabra escrita. Debemos orar como lo hizo Daniel para que seamos guardados por los seres celestiales. Los ángeles, como espíritus ministradores, son enviados para servir a los que serán los herederos de la salvación. Orad, mis hermanos; orad como nunca habéis orado antes. No estamos preparados para la venida del Señor. Necesitamos hacer una obra consumada para la eternidad (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4, pp. 1 194, 1 195).


Jueves 19 de septiembre_________________________________________________

LLEVADO A DESCANSAR

Lee Marcos 15:42 al 47. ¿Cuál es la relevancia de la intervención de José de Arimatea, especialmente en vista de que los discípulos de Jesús habían desaparecido?

Marcos 15:42-47

42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.

En este pasaje, José de Arimatea aparece por única vez en el Evangelio de Marcos. Era un miembro respetado del Sanedrín y un integrante de los grupos sociales selectos. Como hombre rico y respetado, tenía prestigio ante el gobernador, lo que explica que se atreviera a presentarse ante él para solicitar el cuerpo de Jesús. Es conmovedor que un miembro del Concilio mostrara un interés tal en el sepelio de Jesús. Mientras tanto, ¿dónde estaban los confiables discípulos?

Un detalle histórico de extrema importancia aquí es la verificación de la muerte de Jesús. Marcos 15:43 menciona el pedido del cuerpo de Jesús por parte de José. Pero Pilato quedó sorprendido al escuchar que Jesús ya había muerto (Mar. 15:44), por lo que llamó al centurión encargado de la crucifixión y le preguntó si Jesús en verdad ya había muerto. El centurión confirmó que así era.

Esto es importante porque luego algunos pretendieron que Jesús no murió en la cruz sino que solo se desmayó. El testimonio dado por el centurión al gobernador romano refuta tal pretensión. Después de todo, los romanos sabían cómo ejecutar criminales.

José trajo un sudario de lino para envolver a Jesús y depositó su cuerpo en una tumba nueva, excavada en la roca. Esta tumba era lo suficientemente grande como para que se pudiera caminar en su interior (Mar. 16:5). Además de José, el escritor del Evangelio menciona que otras dos mujeres vieron el lugar, María Magdalena y María la madre de Jacobo. Estas dos, junto con Salomé, presenciaron la crucifixión a distancia. Las tres irán a la tumba el domingo de mañana para completar, ellas piensan, el procedimiento funerario de Jesús (Mar. 16:1).

¿Por qué la referencia a estas tres mujeres? Ellas verán con sus propios ojos la tumba vacía en Marcos 16 y, por lo tanto, serán importantes testigos de la resurrección de Jesús.

Cuán irónico es el hecho de que los seguidores de Jesús están “desaparecidos en acción” pero un miembro del Sanedrín, el organismo que condenó a Jesús, llega a ser el “héroe” aquí. ¿Cómo podemos asegurarnos de no desaparecer en acción en momentos cruciales?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Aun en la muerte, el cuerpo de Cristo era precioso para sus discípulos. Anhelaban darle una sepultura honrosa, pero no sabían cómo lograrlo…

En esta emergencia, José de Arimatea y Nicodemo vinieron en auxilio de los discípulos. Ambos hombres eran miembros del Sanedrín y conocían a Pilato. Ambos eran hombres de recursos e influencia. Estaban resueltos a que el cuerpo de Jesús recibiese sepultura honrosa.

José fue osadamente a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Por primera vez, supo Pilato que Jesús estaba realmente muerto. Informes contradictorios le habían llegado acerca de los acontecimientos que habían acompañado la crucifixión, pero el conocimiento de la muerte de Cristo le había sido ocultado a propósito. Pilato había sido advertido por los sacerdotes y príncipes contra el engaño de los discípulos de Cristo respecto de su cuerpo. Al oír la petición de José, mandó llamar al centurión que había estado encargado de la cruz, y supo con certeza la muerte de Jesús. También oyó de él un relato de las escenas del Calvario que confirmaba el testimonio de José (El Deseado de todas las gentes, p. 718).

Con suavidad y reverencia, bajaron con sus propias manos el cuerpo de Jesús. Sus lágrimas de simpatía caían en abundancia mientras miraban su cuerpo magullado y lacerado. José poseía una tumba nueva, tallada en una roca. Se la estaba reservando para sí mismo, pero estaba cerca del Calvario, y ahora la preparó para Jesús. El cuerpo, juntamente con las especias traídas por Nicodemo, fue envuelto cuidadosamente en un sudario, y el Redentor fue llevado a la tumba. Allí, los tres discípulos enderezaron los miembros heridos y cruzaron las manos magulladas sobre el pecho sin vida. Las mujeres galileas vinieron para ver si se había hecho todo lo que podía hacerse por el cuerpo muerto de su amado Maestro. Luego vieron cómo se hacía rodar la pesada piedra contra la entrada de la tumba, y el Salvador fue dejado en el descanso. Las mujeres fueron las últimas que quedaron al lado de la cruz, y las últimas que quedaron al lado de la tumba de Cristo. Mientras las sombras vespertinas iban cayendo, María Magdalena y las otras Marías permanecían al lado del lugar donde descansaba su Señor derramando lágrimas de pesar por la suerte de Aquel a quien amaban (El Deseado de todas las gentes, p. 719).

Dios no impide las conspiraciones de los hombres perversos, sino que hace que sus ardides obren para bien a los que en la prueba y el conflicto mantienen su fe y lealtad…

[Los ejemplos bíblicos] de constancia humana atestiguan la fidelidad de las promesas de Dios, su constante presencia y su gracia sostenedora. Testificaron del poder de la fe para resistir a las potestades del mundo. Es obra de la fe confiar en Dios en la hora más obscura, y sentir, a pesar de ser duramente probados y azotados por la tempestad, que nuestro Padre empuña el timón. Solo el ojo de la fe puede ver más allá de las cosas presentes para estimar correctamente el valor de las riquezas eternas (Los hechos de los apóstoles, pp. 459, 460).


Viernes 20 de septiembre________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee los capítulos titulados “En el tribunal de Pilato”, “Calvario” y “Consumado es” en el libro El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 671-713.

“Pilato anhelaba liberar a Jesús. Pero vio que no podría hacerlo y conservar su puesto y sus honores. Antes que perder su poder mundanal prefirió sacrificar una vida inocente. ¡Cuántos, para escapar de la pérdida o del sufrimiento, sacrifican igualmente los buenos principios! La conciencia y el deber señalan un camino, y el interés propio señala otro. La corriente arrastra fuertemente en la mala dirección, y el que transige con el mal es precipitado a las densas tinieblas de la culpabilidad” (DTG 687).

“Sobre Cristo como Sustituto y Garante de nosotros fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, para que pudiese redimirnos de la condenación de la Ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en esos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que carga sobre sí, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico” (DTG 701).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

Observa cuán central era la teología de la sustitución para Elena de White (y para la Biblia; ver, por ejemplo, Isa. 53). ¿Por qué es falsa cualquier teología que resta importancia al papel central de la sustitución y de la muerte de Cristo en nuestro lugar, pagando en sí mismo la penalidad por nuestros pecados?

  1. ¿Quién o qué es el “Barrabás” solicitado en lugar de Jesús en nuestro mundo hoy?
  2. ¿Qué debería enseñarnos la historia de José de Arimatea acerca de no juzgar las apariencias?
  3. Repasa Daniel 9:24 al 27. ¿Por qué deberías ser capaz de dar un estudio bíblico acerca de ese pasaje a cualquiera que lo requiriera? ¿Estás en condiciones de hacerlo?