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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


Lección 11 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


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Lección 11: Para el 14 de diciembre de 2024

EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU

Sábado 7 de diciembre_______________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 14:10, 24; Génesis 3:7-9; Juan 16:27, 28; 16:7-11; 17:1-26.

PARA MEMORIZAR:

“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho” (Juan 14:26).

El Evangelio de Juan es un mosaico de temas. Juan recurre a las señales (milagros) para demostrar que Jesús es el Mesías prometido por los profetas. Juan utiliza una serie de testigos para proclamar a Jesús como el Cristo. También utiliza las afirmaciones “YO SOY” para señalar su divinidad.

Los tres miembros de la Deidad son mencionados en Juan 1 (vers. 1-4, 14, 18, 32-34). Durante siglos, los seres humanos han intentado comprender plenamente la naturaleza de la Deidad, pero como eso no es posible, muchos niegan su existencia. Sin embargo, no es inteligente rechazar algo solo porque no podemos comprenderlo plenamente o porque no encaja en los estrechos límites del razonamiento humano.

Juan dice que, si quieres entender a Dios, debes mirar a Jesús y lo que ha sido revelado en la Palabra. Este enfoque nos abre todo un mundo nuevo de relaciones entre los tres miembros de la Deidad, entre ellos y los seres humanos, y entre los propios seres humanos. La lección de esta semana examina cómo el Evangelio de Juan presenta al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pero ahora en el contexto del discurso de despedida de Jesús (Juan 13-17).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.

El oficio del Espíritu Santo se especifica claramente en las palabras de Cristo: «Cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio». Juan 16:8. Es el Espíritu Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.

Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. «Tomará de lo mío, y os lo hará saber», dijo Cristo. «El os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho». Juan 16: 14; 14:26 (Los hechos de los apóstoles, pp. 42, 43).

La Palabra de Dios —la verdad— es el medio por el cual Dios manifiesta su Espíritu y su poder. La obediencia a ella produce fruto de la calidad requerida; «amor no fingido de los hermanos» (V.M.). Este amor es de origen celestial y conduce a móviles elevados y acciones abnegadas.

Cuando la verdad llega a ser un principio permanente en nuestra vida, el alma renace, «no de simiente corruptible, sino de por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre». Este nuevo nacimiento es el resultado de haber recibido a Cristo como la Palabra de Dios. Cuando las verdades divinas son impresas sobre el corazón por el Espíritu Santo, se despiertan nuevos sentimientos, y las energías hasta entonces latentes son despertadas para cooperar con Dios (Los hechos de los apóstoles, pp. 414, 415).

Fui trasladada al tiempo en que Jesús había de asumir la naturaleza del hombre, humillarse a sí mismo como hombre, y sufrir las tentaciones de Satanás.

Su nacimiento no revistió pompa humana. Nació en un establo y tuvo por cuna un pesebre; sin embargo, su nacimiento recibió muchísimo más honor que el de cualquiera de los hijos de los hombres. Ángeles del cielo anunciaron a los pastores el advenimiento de Jesús, y la luz y la gloria de Dios acompañaron su testimonio. La hueste celestial tañó sus arpas y glorificó a Dios. Triunfalmente pregonó el advenimiento del Hijo de Dios a un mundo caído para cumplir la obra de redención, y por su muerte dar paz, felicidad y vida eterna al hombre. Dios honró el advenimiento de su Hijo. Los ángeles le adoraron.

Ángeles de Dios se cernieron sobre la escena de su bautismo; el Espíritu Santo descendió en forma de paloma y se posó sobre él; y cuando la gente, grandemente asombrada, fijó en él sus ojos, se oyó la voz del Padre que, bajando del cielo, decía: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia» (Primeros escritos, p. 153).


Domingo 8 de diciembre_____________________________________________

EL PADRE CELESTIAL

El Evangelio de Juan está escrito desde el punto de vista de la narración bíblica global, empezando por nuestros orígenes. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1:1); lo que equivale a decir que, en el principio, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo crearon los Cielos y la Tierra. Ellos son la Fuente de todo lo que existe. Ellos crearon el universo, incluidos los seres que lo habitan. En nuestro planeta hubo una creación especial de diversas formas de vida, y lo más especial de esa creación fue la humanidad. El propósito de Dios al crear a la humanidad era que viviéramos en amorosa armonía con él y entre nosotros.

Desafortunadamente, Lucifer trajo el pecado a este mundo. El pecado es, entre otras cosas, una interrupción de nuestra relación con Dios. Representa de forma distorsionada quién es Dios. Por eso, Dios el Hijo asumió nuestra naturaleza humana en la persona de Jesús para restaurar el conocimiento de Dios y traer la salvación a la humanidad.

Mientras estuvo aquí, Jesús sometió su vida al Padre y vivió en armonía con su orientación. Dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30). “El Padre está en mí y yo en el Padre” (Juan 10:38). “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean” (Juan 10:37).

¿Qué funciones del Padre describen los siguientes pasajes?

Juan 3:16, 17; 6:57

Juan 3:16-17

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Juan 6:57

57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Juan 5:22, 30

Juan 5:22, 30

22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,

30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.

Juan 6:32; 14:10, 24

Juan 6:32

32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

Juan 14:10, 24

10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

Juan 6:45

Juan 6:45

45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.

Juan 15:16; 16:23

Juan 15:16

16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

Juan 16:23

23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

Estos versículos presentan al Padre en estrecha relación con Jesucristo, su Hijo. El Padre tiene un contacto íntimo con nuestro mundo y una profunda participación en nuestra salvación. ¿Qué nos enseña esta verdad acerca del amor de Dios hacia nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Padre no puede describirse mediante las cosas de la tierra. El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.

El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es «la imagen misma de su sustancia». Hebreos 1 «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Juan 3: 16. Aquí se muestra la personalidad del Padre.

El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del Cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo (El evangelismo, p. 446).

Esfuércese nuestra alma y elévese para que Dios nos permita respirar la atmósfera celestial. Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol.

Presentad a Dios vuestras necesidades, tristezas, gozos, cuidados y temores. No podéis agobiarle ni cansarle. El que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos. «Porque el Señor es muy misericordioso y compasivo». Santiago 5:11. Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aun por nuestra presentación de ellas. Llevadle todo lo que confunda vuestra mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que él no la pueda soportar, pues sostiene los mundos y rige todos los asuntos del universo. Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que él no la note. No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que él no lo pueda leer, ni perplejidad tan grande que no la pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escaparse de los labios, sin que el Padre celestial lo note, sin que tome en ello un interés inmediato. Él «sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas». Salmo 147:3. Las relaciones entre Dios y cada una de las almas son tan claras y plenas como si no hubiese otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado.

El Señor Jesús decía: «Pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; porque el Padre mismo os ama». «Yo os elegí a vosotros… para que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé». Juan 16:26, 27; 15:16 (El camino a Cristo, p. 99, 100).


Lunes 9 de diciembre________________________________________________

JESÚS Y EL PADRE

Fuimos creados por Dios para tener una relación personal con él (Gén. 1:26, 27). Sin embargo, a causa del pecado, esa relación fue radicalmente interrumpida. Podemos ver el impacto inmediato de esta ruptura en la historia del Jardín del Edén.

Lee Génesis 3:7 al 9. ¿Cómo revela esto la ruptura que causó el pecado? ¿Qué significa el hecho de que fue Dios quien buscó a la humanidad y no a la inversa?

Génesis 3:7-9

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

La intención de la Deidad era ofrecer sanación a toda la humanidad poniendo fin a la brecha causada por el pecado, aunque toda la humanidad no aceptara lo que él ofrecía.

Para restaurar esta relación, un miembro de la Deidad se hizo humano. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, manifestando la gloria de Dios (Juan 1:14-18). Como resultado, la humanidad ha recibido la plenitud y la gracia divinas. Esto es lo que Jesús vino a compartir. Vino a declarar la gloria de Dios para que la relación rota por el pecado pudiera ser restaurada, al menos para quienes estuvieran dispuestos a aceptar por fe lo que se les ha ofrecido en Cristo Jesús.

¿Qué maravillosa esperanza se vislumbra para nosotros en estos textos? Juan 1:1, 2; 5:16-18; 6:69; 10:10, 30; 20:28.

Juan 1:1-2

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.

Juan 5:16-18

16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18 Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Juan 6:69

69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Juan 10:10, 30

10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

30 Yo y el Padre uno somos.

Juan 20:28

28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!

“En Cristo hay vida original, no prestada ni derivada de otra” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 489). Sin embargo, como Hijo encarnado que “se despojó a sí mismo” (Fil. 2:7) del ejercicio de sus prerrogativas, Cristo, hablando de su existencia en la Tierra como hombre entre los hombres, podía referirse a su posesión de la vida como un don de Dios. “La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna” (El Deseado de todas las gentes, p. 489).

Dios no fue reconocido por la humanidad (Juan 17:25). Por lo tanto, envió a su único Hijo (Juan 9:4; 16:5) para que el Padre pudiera ser conocido.

En el contexto del cosmos, un ateo escribió: “En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay ningún indicio de que venga ayuda de otra parte para salvarnos de nosotros mismos”. ¿Qué enseñanza bíblica demuestra lo erróneo de esa aseveración?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Génesis 1:26.

La vida de Cristo se debe revelar en la humanidad. El ser humano constituyó la corona de la obra creadora de Dios, hecho a la misma imagen divina y diseñado para ser un complemento de Dios; pero Satanás se ha esforzado por borrar la imagen de Dios en el hombre y por imprimirle la suya propia. El ser humano es muy querido para Dios, porque fue formado a su propia imagen. Este hecho debería impresionar sobre nosotros la importancia de enseñar por precepto y ejemplo lo que significa el pecado de la degradación del cuerpo que fue formado para representar a Dios ante el mundo (Exaltad a Jesús, p. 42).

[E]n vez de destruir al mundo, Dios envió a su Hijo para salvarlo. Aunque en todo rincón de la provincia enajenada se notaba corrupción y desafío, se proveyó un modo de rescatarla. En el mismo momento de la crisis, cuando Satanás parecía estar a punto de triunfar, el Hijo de Dios vino como embajador de la gracia divina. En toda época y en todo momento, el amor de Dios se había manifestado en favor de la especie caída. A pesar de la perversidad de los hombres, hubo siempre indicios de misericordia. Y llegada la plenitud del tiempo, la Divinidad se glorificó derramando sobre el mundo tal efusión de gracia sanadora, que no se interrumpiría hasta que se cumpliese el plan de salvación.

Satanás se estaba regocijando de que había logrado degradar la imagen de Dios en la humanidad. Entonces vino Jesús a restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor. Nadie, excepto Cristo, puede amoldar de nuevo el carácter que ha sido arruinado por el pecado. El vino para expulsar a los demonios que habían dominado la voluntad. Vino para levantarnos del polvo, para rehacer según el modelo divino el carácter que había sido mancillado, para hermosearlo con su propia gloria (El Deseado de todas las gentes, p. 28).

El paralítico halló en Cristo curación, tanto para el alma como para el cuerpo. La curación espiritual fue seguida por la restauración física, Esta lección no debe ser pasada por alto. Hay hoy día miles que están sufriendo de enfermedad física y que, como el paralítico, están anhelando el mensaje: «Tus pecados te son perdonados». La carga de pecado, con su intranquilidad y deseos no satisfechos es el fundamento de sus enfermedades. No pueden hallar alivio hasta que vengan al Médico del alma. La paz que él solo puede dar, impartiría vigor a la mente y salud al cuerpo.

Jesús vino para «deshacer las obras del diablo». «En él estaba la vida», y él dice: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Él es un «espíritu vivificante». 1 Juan 3:8; Juan 1:4; 10:10; 1 Corintios 15:45. Y tiene todavía el mismo poder vivificante que, mientras estaba en la tierra, sanaba a los enfermos y perdonaba al pecador. Él «perdona todas tus iniquidades», él «sana todas tus dolencias». Salmo 103:3 (El Deseado de todas las gentes, p. 270).


Martes 10 de diciembre______________________________________________

CONOCER AL HIJO ES CONOCER AL PADRE

A lo largo del Evangelio de Juan, el apóstol describe cómo Jesús, el Hijo, realiza actividades que señalan al Padre. Jesús explica quién es el Padre y muestra cuál es su relación con nuestro mundo. Todo esto está en consonancia con Juan 1:18, que dice que él da a conocer (griego exēgeomai: explicar, interpretar, exponer) al Padre. Jesús hace esto vez tras vez. La palabra Padre (griego patēr) aparece 136 veces en Juan y 18 veces en sus tres epístolas, más de un tercio del total de veces que el término es usado en el Nuevo Testamento. El discurso de despedida de Jesús es uno de los lugares principales del Evangelio donde el Maestro da a conocer al Padre.

Jesús era el representante del Padre en la Tierra, y vino a cumplir en carne humana su voluntad. De hecho, Jesús dijo que en todo procuraba hacer la voluntad del Padre y no la suya (Juan 5:30). A primera vista, esta afirmación puede parecer sorprendente, pero muestra que Jesús estaba totalmente consagrado al Padre.

Jesús dijo también que había sido enviado por el Padre para terminar su obra, la salvación de la humanidad, y que el Padre mismo daba testimonio de su obra (Juan 5:36-38).

Jesús proclamó que el Padre lo había enviado para servir como el único a través del cual la humanidad puede llegar al Padre (Juan 6:40, 44). El Padre quiere que las personas tengan la vida eterna que se encuentra en Jesús, quien promete resucitarlas en ocasión de su segunda venida.

¿Qué nos enseñan los siguientes textos acerca de la relación existente entre Jesús y el Padre? Juan 7:16; 8:38; 14:10, 23; 15:1, 9, 10; 16:27, 28; 17:3.

Juan 7:16

16 Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

Juan 8:38

38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.Juan 14:10, 23

Juan 15:1, 9-10

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Juan 16:27-28

27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. 28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

Juan 17:3

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Las afirmaciones de Jesús acerca de su relación con el Padre son sorprendentes. Declara que todas sus enseñanzas son las del Padre; que todo lo que dice lo ha oído personalmente del Padre; que creer en él es lo mismo que creer en el Padre; que tanto sus palabras como sus obras son todas del Padre; y que él y el Padre están unidos en el amor y la obra por la salvación de la humanidad. ¡Qué poderoso testimonio de la relación estrecha de Jesús con su Padre celestial!

¿Cómo cambiaría tu vida si tus pensamientos y tus acciones fueran plenamente la expresión de la voluntad de Dios para tu vida? Es decir, ¿cómo podemos vivir mejor lo que sabemos mediante Jesús que es la voluntad de Dios para nuestra vida?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios manda que llenemos la mente con pensamientos grandes y puros. Desea que meditemos en su amor y misericordia, que estudiemos su obra maravillosa en el gran plan de la redención. Entonces podremos comprender la verdad con claridad cada vez mayor, nuestro deseo de pureza de corazón y claridad de pensamiento será más elevado y más santo. El alma que mora en la atmósfera pura de los pensamientos santos, será transformada por la comunión con Dios por medio del estudio de las Escrituras.

«Y llevan fruto». Los que habiendo recibido la palabra la guardan, darán frutos de obediencia. La palabra de Dios, recibida en el alma, se manifestará en buenas obras. Sus resultados se verán en una vida y un carácter semejantes a los de Cristo. Jesús dijo de sí mismo: «El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; y tu ley está en medio de mis entrañas». «No busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre». Y la Escritura dice: «El que dice que está en él, debe andar como él anduvo». 1 Juan 2:6 (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 39, 40).

La aceptación de Cristo da valor al ser humano. Su sacrificio imparte vida y luz a todos los que aceptan a Cristo como a su Salvador personal. El amor de Dios mediante Jesucristo se infunde ampliamente en el corazón de cada miembro del cuerpo de Cristo, llevando consigo la vitalidad de la ley de Dios el Padre…

Dios ama a los que son redimidos mediante Cristo así como ama a su Hijo. ¡Qué pensamiento! ¿Puede amar Dios al pecador como ama a su propio Hijo? Sí, Cristo ha dicho esto y él se propone hacer exactamente lo que dice. Él honrará todos nuestros proyectos, si nos aferramos de sus promesas mediante una fe viviente y ponemos nuestra confianza en él. Mirad a él, y vivid. Todos los que obedecen a Dios están comprendidos en la oración que Cristo ofreció a su Padre: «Les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos». Juan 17:26. ¡Maravillosa verdad, demasiado difícil para que la comprenda la humanidad! (Mensajes selectos, t. 1, p. 352).

Cristo se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, para redimir al hombre. La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la áurea cadena eslabonada que une nuestras almas con Cristo, y mediante Cristo con Dios. Este debe ser nuestro estudio. Cristo era un verdadero hombre, y demostró su humildad convirtiéndose en hombre. Era Dios en la carne…

La posición de Cristo con su Padre es de igualdad. Eso le permitió convertirse en ofrenda por el pecado de los transgresores. Era plenamente suficiente para magnificar la ley y engrandecerla (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, pp. 916, 917).


Miércoles 11 de diciembre____________________________________________

EL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo no es tan prominente en el Evangelio de Juan como el Padre y el Hijo. Sin embargo, su papel es crucial para el éxito de la misión de Jesús.

Lee Juan 1:10 al 13. ¿Qué nos enseña este texto acerca de la importancia del Espíritu Santo para la conversión?

Juan 1:10-13

10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

En el primer capítulo de Juan podemos ver cuán central es el papel del Espíritu Santo. Juan nos dice que todos los que recibieron la Palabra, es decir, quienes creyeron en él, se convirtieron en hijos de Dios, quienes “no nacieron en forma natural, por voluntad humana, ni por el deseo de un hombre, sino que nacieron de Dios” (Juan 1:13). Esto solo es posible gracias a la obra del Espíritu Santo.

¿Qué dicen los siguientes pasajes acerca de las actividades del Espíritu Santo? Juan 3:5-8; 6:63; 14:26; 15:26; 16:7-11.

Juan 3:5-8

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Juan 6:63

63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Juan 14:26

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Juan 15:26

26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Juan 16:7-11

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

“Al describir a sus discípulos la obra interior del Espíritu Santo, Jesús trató de inspirarlos con el gozo y la esperanza que alentaba su propio corazón. Se regocijaba por la ayuda abundante que había provisto para su iglesia. El Espíritu Santo era el más elevado de todos los dones que podía solicitar de su Padre para la exaltación de su pueblo. El Espíritu iba a ser dado como agente regenerador, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El poder del mal se había estado fortaleciendo durante siglos, y la sumisión de los hombres a este cautiverio satánico era asombrosa. El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera Persona de la Deidad, quien iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 625).

Qué bendición es, entonces, recibir al Espíritu Santo, quien corrobora que Dios es verdadero (Juan 3:33). El Espíritu es quien convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8-11). Por lo tanto, la clave para saber qué es correcto, verdadero y bueno es la sumisión de nuestra razón y de las experiencias de nuestra vida a la Palabra de Dios, mediante el poder del Espíritu Santo para persuadir y convencer de pecado.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras.

Después de convencer de pecado, y de presentar ante la mente la norma de justicia, el Espíritu Santo quita los afectos de las cosas de esta tierra, y llena el alma con un deseo de santidad. «Él os guiará a toda verdad» (Juan 16: 13), declaró el Salvador. Si los hombres están dispuestos a ser amoldados, se efectuará la santificación de todo el ser. El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en el alma. Mediante su poder, el camino de la vida será hecho tan claro que nadie necesite errar (Los hechos de los apóstoles, p. 43).

El Espíritu Santo nos reconoce y nos guía a toda la verdad. Dios ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea no perezca, sino que tenga vida eterna. Cristo es el Salvador del pecador. La muerte de Cristo ha redimido al pecador. Esta es nuestra única esperanza. Si nos entregamos completamente, y practicamos las virtudes de Cristo, ganaremos el premio de la vida eterna.

«El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre». El que tiene fe constante en el Padre y en el Hijo, tiene también al Espíritu. El Espíritu Santo es suyo, y nunca se aparta de la verdad (Bible Training School, 10 de marzo, 1906).

Como testigo de Cristo, Juan no entró en controversias ni en fastidiosas disputas. Declaró lo que sabía, lo que había visto y oído. Estuvo asociado íntimamente con Cristo, oyó sus enseñanzas y fue testigo de sus poderosos milagros. Pocos pudieron ver las bellezas del carácter de Cristo como Juan las vio. Para él las tinieblas habían pasado; sobre él brillaba la luz verdadera. Su testimonio acerca de la vida y muerte del Señor era claro y eficaz. Hablaba con un corazón que rebosaba de amor hacia su Salvador; y ningún poder podía detener sus palabras.

«Lo que era desde el principio —declaró-—, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida… lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo»

Asimismo puede todo creyente estar capacitado, por medio de su propia experiencia, para afirmar «que Dios es verdadero». Juan 3:33. Puede testificar de lo que ha visto, oído y sentido del poder de Cristo (Los hechos de los apóstoles, pp. 443, 444).


Jueves 12 de diciembre______________________________________________

LA ORACIÓN DE JESÚS

Juan 17 es conocido como la oración sumosacerdotal de Jesús, con la que concluye su discurso de despedida. En última instancia, Jesús vino a esta Tierra para restaurar la relación personal originalmente existente entre Dios y la humanidad. Realizó fielmente las señales que Dios le encomendó. Comunicó a los humanos quién era Dios mediante palabras y acciones.

Jesús dejaría pronto esta Tierra. Deseaba compartir una vez más su amor con sus discípulos. Quería que comprendieran la estrecha relación que existía entre él, el Padre y el Espíritu Santo. Y quería que experimentaran la misma relación personal que él tenía con el Padre y con el Espíritu.

Lee Juan 17:1 al 26. ¿Qué palabras o frases de este capítulo expresan el deseo de Jesús de establecer una estrecha relación de amor entre él, el Padre y sus discípulos?

Juan 17:1-26

1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Muchos leen Juan 17 en el sentido de que lo único que importa es la unidad y el amor. Sin duda, el propósito de Dios es restaurarnos a una relación personal con él y con todas las personas. Pero una lectura más atenta sugiere una conexión mucho más vital entre el amor y la verdad.

“Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado” (Juan 17:3). “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste […] y guardaron tu palabra […]. Han conocido que realmente salí de ti” (Juan 17:6, 8). “Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad” (Juan 17:17).

Cristo vino a revelar al Padre. Esta revelación era importante debido a los muchos conceptos erróneos que existían acerca de Dios. El Evangelio de Juan muestra la seriedad con que Jesús llevó a cabo esta misión. Él representaba correctamente la Palabra y las acciones de Dios. Si la verdad no importara, ¿por qué llegar tan lejos?

Jesús vivió una vida de grandes dificultades y fue finalmente rechazado por las autoridades religiosas. Sufrió la indiferencia de la gente e incluso a veces de sus propios discípulos. Uno de ellos lo traicionó, otro lo negó tres veces. Pasó por una prueba sin tregua y murió en una cruz a manos de los mismos a los que vino a salvar.

¿Cómo puedes reflejar mejor en tu propia vida el amor de Dios, un amor como el que existe entre Jesús y el Padre?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Insto a nuestros hermanos a dejar de criticar y de hablar mal, y a acudir a Dios en ferviente oración, pidiéndole que ayude a los que se equivocan. Únanse unos con otros y con Cristo. Estudien el capítulo diecisiete de Juan, y aprendan cómo orar y cómo vivir la oración de Cristo. El es el Consolador. Él morará en sus corazones, haciendo que su gozo sea cumplido. Sus palabras serán para ellos como el Pan de Vida, y con la fuerza así obtenida serán capacitados para desarrollar caracteres que serán una honra para Dios. Un perfecto compañerismo cristiano existirá entre ellos…

Cuando como obreros individuales de la iglesia amamos a Dios por sobre todo y al prójimo como a uno mismo… habrá una unidad en Cristo… Los miembros de la iglesia apreciarán el amor y la unidad, y serán como una gran familia. Entonces portaremos ante el mundo las credenciales que darán testimonio de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo. Cristo dijo: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». Juan 13:35 (Reflejemos a Jesús, p. 192).

[D]ebemos abrir nuestros corazones al poder y la influencia del Espíritu Santo… Necesitamos llegar a ser tan sensibles a las santas influencias, que el menor susurro de Jesús conmueva nuestras almas hasta que él esté en nosotros y nosotros en él, viviendo por la fe del Hijo de Dios…

Entonces nos deleitaremos en hacer la voluntad de Dios, y Cristo podrá presentarnos ante el Padre y ante los santos ángeles como aquellos que permanecen en él, y no se avergonzará de llamarnos sus hermanos.

Pero no nos jactemos de nuestra santidad. Al tener una visión más clara del inmaculado carácter de Cristo y de su infinita pureza, nos sentiremos como Daniel cuando contempló la gloria del Señor, y dijo: «Mi fuerza se cambió en desfallecimiento»…

Pero si constantemente tratamos de seguir a Jesús, tenemos la bendita esperanza de estar en pie delante del trono de Dios, sin mancha ni arruga ni cosa semejante; completos en Cristo, vestidos con el manto de su justicia y perfección (Mensajes selectos, t. 3, pp. 405, 406).

La iglesia debe proyectar luz en las tinieblas morales del mundo, así como las estrellas proyectan luz en las tinieblas de la noche. Los que tienen apariencia de piedad, pero niegan su poder, no reflejan luz en el mundo, y no tendrán poder para llegar a los corazones de los que no son salvos. [Pero] si Cristo mora en el interior, la esperanza de gloria, su gracia salvadora se manifestará en simpatía y amor hacia las almas que perecen.

Cada alma verdaderamente convertida a Dios será una luz en el mundo. Rayos brillantes y claros del Sol de Justicia iluminarán a través de los agentes humanos que usen su habilidad encomendada para hacer el bien; porque ellos colaborarán con las agencias celestiales, y trabajarán con Cristo para la conversión de las almas. Difundirán la luz que Cristo derrama sobre ellos. El Sol de Justicia que brilla en sus corazones resplandecerá, iluminando y bendiciendo a los demás (Signs of the Times, 11 de septiembre, 1893).


Viernes 13 de diciembre______________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, el capítulo “No se angustien” (pp. 617-635), y la “Nota adicional sobre el capítulo 1 [de Juan]”, en el Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, pp. 1.100-1.106.

Al evaluar quién era Jesús, sus oponentes juzgaron según criterios humanos, “según la carne” (Juan 8:15). Esto es probablemente peor que juzgar “según las apariencias” (Juan 7:24). Aquí recurrieron a los criterios de la carne, de la humanidad caída en un mundo caído, sin el control del Espíritu (ver Juan 3:3-7). Vieron su “carne”, por así decirlo, pero nunca contemplaron la posibilidad de que fuera el Verbo hecho carne (Juan 1:14). Considerar a Cristo según un conjunto de criterios tan limitados es sopesarlo desde un punto de vista mundano (2 Cor. 5:16).

“El Consolador es llamado el ‘Espíritu de verdad’. Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador. Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira. Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, deforma el carácter. El Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón a través de las Escrituras. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando a través de la Palabra de Dios, es como Cristo subyuga a sí mismo a su pueblo escogido” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 624, 625).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. La vida eterna consiste en conocer a Dios (Juan 17:3). ¿Qué significa conocer a Dios, a diferencia del mero conocimiento de ciertos hechos acerca de él; es decir, que es poderoso o amoroso o un Dios de justicia? Si alguien te preguntara si conoces a Dios, ¿qué responderías? ¿Qué lugar ocupa Jesús en tu respuesta?
  2. En términos prácticos y cotidianos, ¿qué implican las palabras de Jesús: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17)?
  3. Jesús oró: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno” (Juan 17:15). ¿Cómo influyen nuestras propias decisiones en la respuesta a esta oración de Jesús en nuestro favor?