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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA
| Año | 1er Trimestre | 2º Trimestre | 3er Trimestre | 4º Trimestre |
| 2024 | Salmos | El Gran Conflicto | Marcos | Juan |
| 2025 | Amor y Justicia en la Biblia | Como Estudiar la Profecía y la Inspiración | Éxodo | Josué |
| 2026 | Colosenses – Filipenses | Religión en el Mercado* | Josué | El Espíritu de Profecía |
| 2027 | 1 & 2 de Corintios | Mayordomía | Eclesiología | Ezequiel |
| 2028 |
* Religion in the Market Place
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Lección 9: Para el 30 de noviembre de 2024
LA FUENTE DE LA VIDA
Sábado 23 de noviembre_____________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 1:4; 10:10; 1:12, 13; 6:61-68; Números 13:23-33; Mateo 4:1-4.
PARA MEMORIZAR:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
En el Evangelio de Juan, cuando preguntaron a Jesús quién era, respondió: “YO SOY”, una referencia inequívoca a la Deidad, al Señor mismo, quien se había identificado así al presentarse ante Moisés en la zarza ardiente: “Yo soy el que soy” (Éxo. 3:14). Y este mismo Dios, el “YO SOY”, “se hizo carne, y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad. Y vimos su gloria, gloria que, como Hijo único, recibió del Padre” (Juan 1:14).
El título “YO SOY” está presente en todo el Evangelio de Juan. El versículo para memorizar de esta semana refleja ese tema: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). El “YO SOY” es la Luz del mundo, el Pan de vida, la Puerta de las ovejas, el Buen Pastor y la Vid verdadera.
Esta semana continuaremos estudiando la revelación de Dios que nos ofrece Juan. También exploraremos más a fondo el rechazo de Jesús por parte de algunos a pesar de las poderosas evidencias de que era el Mesías. Estudiaremos este fenómeno por dos razones: para evitar el mismo error y para considerar cómo podemos alcanzar a quienes corren actualmente el peligro de cometer ese error.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Los maestros de Israel no estaban sembrando la simiente de la Palabra de Dios. La obra de Cristo como Maestro de la verdad se hallaba en marcado contraste con la de los rabinos de su tiempo. Ellos se espaciaban en las tradiciones, en las teorías y especulaciones humanas. A menudo colocaban lo que el hombre había enseñado o escrito acerca de la Palabra en lugar de la Palabra misma. Su enseñanza no tenía poder para vivificar el alma. El tema de la enseñanza y la predicación de Cristo era la Palabra de Dios. Él hacía frente a los inquiridores con un sencillo: «Escrito está». «¿Qué dice la Escritura?» «¿Cómo lees?» En toda oportunidad, cuando se despertaba algún interés, fuera por obra de un amigo o un enemigo, él sembraba la simiente de la palabra. Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida, siendo él mismo la Palabra viviente, señala las Escrituras, diciendo: «Ellas son las que dan testimonio de mí». «Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían». Juan 5:39; Lucas 24:27 (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 38, 39).
Cada sentencia que pronunciaba era, para los oyentes, la vida de Dios…
«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quién yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo». Juan 1:14, 15. Sí, existió antes que Juan. Oculto en la columna de nube de día y en la columna de fuego en la noche, guio a los hijos de Israel a través del desierto. «Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia». Juan 1:16 (Alza tus ojos, p. 234).
Dios desea que el hombre haga uso de su facultad de razonar, y el estudio de la Sagrada Escritura fortalece y eleva la mente como ningún otro estudio puede hacerlo. Con todo, debemos cuidarnos de no deificar la razón, que está sujeta a las debilidades y flaquezas de la humanidad. Si no queremos que las Sagradas Escrituras estén veladas para nuestro entendimiento de modo que no podamos comprender ni las verdades más simples, debemos tener la sencillez y la fe de un niño, estar dispuestos a aprender e implorar la ayuda del Espíritu Santo. El conocimiento del poder y la sabiduría de Dios y la conciencia de nuestra incapacidad para comprender su grandeza, deben inspirarnos humildad, y hemos de abrir su Palabra con santo temor, como si compareciéramos ante él. Cuando nos acercamos a la Escritura nuestra razón debe reconocer una autoridad superior a ella misma, y el corazón y la inteligencia deben postrarse ante el gran YO SOY.
Hay muchas cosas aparentemente difíciles u obscuras que Dios hará claras y sencillas para los que con esa humildad procuren entenderlas. Mas sin la dirección del Espíritu Santo estaremos continuamente expuestos a torcer las Sagradas Escrituras o a interpretarlas mal (El camino a Cristo, p. 110).
Domingo 24 de noviembre____________________________________________
EN ÉL ESTABA LA VIDA
En Juan 1:1, el apóstol afirma claramente que Jesús es Dios, el Hijo divino. Por consiguiente, en Juan 1:4 (“En él estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres”), la referencia a la vida aquí tiene que ser la vida divina, la autoexistencia eterna subyacente. Puesto que él tiene vida en sí mismo, puede entregar su vida y volver a tomarla (Juan 10:17); y por la misma razón, puede dar vida a quien él quiera (Juan 5:21; comparar con Juan 14:19).
El término vida (zoē, en griego) aparece 36 veces en el Evangelio de Juan, aproximadamente el 25 % del total en el Nuevo Testamento. En Juan 1:4 y 5, además de referirse a la Fuente de la vida en nuestro planeta, la palabra también está vinculada a la salvación. A lo largo del resto de Juan, esta idea de vida (zoē) se expresa con mayor frecuencia como vida eterna, la promesa de salvación (ver Juan 3:15, 16, 36; 4:14, 36; 6:27, 40, 47, 54, 68; 10:27, 28). Así, aquel que trajo la vida a la existencia en ocasión de la Creación es el mismo que trae la salvación, la vida eterna, a un mundo perdido.
¿Por qué vino Jesús a esta Tierra? Juan 1:29; 3:16; 6:40; 10:10; 12:27.
Juan 1:29
29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Juan 3:16
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 6:40
40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
Juan 10:10
10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Juan 12:27
27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.
“ ‘Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna’ ” (Juan 3:14, 15).
Así como la serpiente de bronce tomó el lugar de los israelitas que habían sido mordidos por serpientes, Jesús tomó nuestro lugar; es decir, el de quienes hemos sido golpeados por el pecado. Él asumió el castigo que nos correspondía a fin de que pudiéramos recibir la vida que le pertenece.
Cristo también desea que tengamos vida, y que la tengamos en abundancia (Juan 10:10). Así, pues, “a cuantos lo recibieron les dio el derecho de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no nacieron en forma natural, por voluntad humana, ni por el deseo de un hombre, sino que nacieron de Dios” (Juan 1:12, 13).
Cristo vino a revelarnos al Padre. Porque “a Dios nadie lo vio jamás. El Hijo único, que es Dios, que está en el seno del Padre, él lo dio a conocer” (Juan 1:18). Al contemplar el carácter de Jesús, contemplamos el del Padre.
¿Qué podemos aprender acerca del carácter del Padre por medio de la vida de Jesús? ¿Por qué es esta revelación una noticia tan buena?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El amor de Dios fue el tema de Cristo cuando hablaba de su misión y de su obra. «Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar». Juan 10:17. Mi Padre te ama a ti con un amor tan ilimitado, pero me ama a mí más porque he dado mi vida para redimirte. Te ama, y me ama a mí más porque te amo, y doy mi vida por ti… Bien entendieron los discípulos ese amor cuando vieron a su Salvador que sufría vergüenza, reproches, desconfianzas y traición; cuando vieron… su muerte en la cruz del Calvario. Este es un amor cuya profundidad nadie puede sondear. A medida que los discípulos lo comprendieron, a medida que su percepción se aferró de la compasión divina, comprendieron que hay un sentido en el cual los sufrimientos del Hijo fueron los sufrimientos del Padre (A fin de conocerle, p. 69).
Cuando la voz del poderoso ángel fue oída junto a la tumba de Cristo, diciendo: «Tu Padre te llama», el Salvador salió de la tumba por la vida que había en él. Quedó probada la verdad de sus palabras: «Yo pongo mi vida, para volverla a tomar… Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar». Entonces se cumplió la profecía que había hecho a los sacerdotes y príncipes: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Juan 10: 17, 18; 2:19.
Sobre la tumba abierta de José, Cristo había proclamado triunfante: «Yo soy la resurrección y la vida». Únicamente la Divinidad podía pronunciar estas palabras. Todos los seres creados viven por la voluntad y el poder de Dios. Son receptores dependientes de la vida de Dios. Desde el más sublime serafín hasta el ser animado más humilde, todos son renovados por la Fuente de la vida. Únicamente el que es uno con Dios podía decir: Tengo poder para poner mi vida, y tengo poder para tomarla de nuevo. En su divinidad, Cristo poseía el poder de quebrar las ligaduras de la muerte (El Deseado de todas las gentes, p. 729).
Todos los seres creados viven por la voluntad y el poder de Dios. Son recipientes de la vida del Hijo de Dios. No importa cuán capaces y talentosos sean, cuán amplias sean sus facultades, reciben nueva vida de la Fuente de toda vida. Él es el Manantial, la Fuente de la vida. La vida que había depuesto en su humanidad, la tomó de nuevo y la dio a la humanidad. Dice: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Juan 10:10.
Cristo llegó a ser uno con la humanidad, para que la humanidad pudiera llegar a ser una en espíritu y en vida con él. En virtud de esa unión, en obediencia a la Palabra de Dios, la vida de Cristo llega a ser la vida de la humanidad. El dice al penitente: «Yo soy la resurrección y la vida». Juan 11:25 (Sons and Daughters of God, p. 237; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 239).
Lunes 25 de noviembre______________________________________________
PALABRAS DE VIDA ETERNA
Lee Juan 6:61 al 68. Cuando Jesús preguntó a los discípulos si querían dejarlo, ¿cuál fue el significado de la respuesta de Pedro?
Juan 6:61-68
61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. 66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Las palabras de Pedro acerca de la “vida eterna” están conectadas con un tema que recorre todo el Evangelio de Juan. Una concentración de fraseología sobre la vida eterna aparece en Juan 6, en el contexto de la alimentación de los cinco mil (Juan 6:27, 40, 47, 54, 68). Jesús dice que él es el Pan de vida (Juan 6:35), lo que significa que su vida, su muerte y su resurrección son la fuente de la vida eterna, de la Salvación.
La expresión “vida eterna” y sus equivalentes aparecen al menos 17 veces en el Evangelio de Juan. No se refiere allí a una existencia espiritual, a formar parte de un ser eterno o a algún otro concepto etéreo, sino al poder vivificante que produce salvación y da sentido a nuestra existencia actual, y a la vida sin fin cuando regrese nuestro Señor. Así como Jesús se hizo carne, la resurrección de la que él habla ocurre en el tiempo, en el espacio, en un cuerpo material. Es una resurrección de entre los muertos, una renovación de la vida que una vez tuvimos en el Edén.
¿Cómo recibimos la vida eterna? Juan 3:15, 16; 5:24; 6:40, 47; 8:31; 12:46; 20:31.
Juan 3:15-16
15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 5:24
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Juan 6:40, 47
40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
Juan 8:31
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
Juan 12:46
46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
Juan 20:31
31 Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
Solo por la fe creemos que Jesucristo vino a vivir y a morir por nosotros. Recibimos esta fe como un don o regalo, pero debemos elegir conscientemente entregarnos a Jesús, arrepentirnos y reclamar su sangre para recibir el perdón y la limpieza del pecado.
Cuando Jesús preguntó a Pedro si él también se iría, su respuesta fue: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). Esa declaración resume la esencia de la Salvación y cómo se la alcanza. No procede de la filosofía, de la historia ni de la ciencia; es decir, de las disciplinas humanas. Proviene de Jesús, quien, puesto que posee vida eterna, la ofrece gratuitamente a quienes la aceptan en respuesta al Espíritu Santo.
¿Cómo influye la promesa de la vida eterna en la manera en que vemos nuestra vida temporal aquí? ¿Cómo debería influir?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Cuando tantos de los seguidores de Cristo lo dejaron, y el Salvador les preguntó a los doce: «¿Queréis acaso iros también vosotros?» Simón Pedro contestó: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». Juan 6:67, 68. El corazón de Cristo se llenaba de pesar cuando veía que alguien se apartaba de él, porque sabía que la fe en su nombre y su misión es la única esperanza del hombre. El alejamiento de sus seguidores era una humillación para él. ¡Oh, cuán poco saben los seres humanos del pesar que llenaba el corazón de amor infinito cuando tales cosas ocurrían!…
Bien podían decir los discípulos: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». Piensen en lo que era Cristo: El Hijo del Altísimo, pero al mismo tiempo varón de dolores y experimentado en quebrantos. ¿Hemos recibido la bendición que produce el confiar en él con todo el corazón, y honrarlo manifestándole siempre amor y devoción? Cristo anhela cosechar frutos que calmen el ansia que experimenta su alma en nuestro favor. Desea que llevemos «mucho fruto».
Mantengamos abierto el corazón a su amor. «¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» Marcos 8:36. ¡Oh, cuando podamos expresar con comprensión las palabras de Pedro: «Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna», recibiremos maravillosas bendiciones! (Cada día con Dios, p. 187).
Y si amas a Jesús, tendrás los pies puestos en las huellas manchadas de sangre del Hombre del Calvario, y al final los que hayan obtenido la victoria entrarán por las puertas de la ciudad y tendrán derecho al árbol de la vida. Dios nos ha dado facultades de razonamiento, y quiere que las utilicemos. Nos ha dado una guía que nos indica el único camino correcto para alcanzar la vida eterna. Estudiad las Escrituras por vosotros mismos. Escuchad lo que os dice la voz del verdadero Pastor, y luego caminad por la senda de la humilde obediencia, y al fin se os concederá el don de la vida eterna. No podemos permitirnos perder la vida eterna. Quiera Dios que podamos reunirnos con este querido pueblo en torno al gran trono blanco, y cantar con ellos el cántico de la redención en el reino de la gloria (The Review and Herald, 10 de junio, 1890, párrafo 13).
«Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado». El conocimiento correcto de la verdad, de Dios y de Jesucristo, el Redentor del mundo, otorga vida eterna al recipiente, vida espiritual en esta existencia humana y vida eterna en el reino de Dios (Manuscript Releases, t. 6, p. 233).
Martes 26 de noviembre______________________________________________
EL HECHO DE CREER Y EL NUEVO NACIMIENTO
Lee Juan 1:12 y 13. ¿Qué pasos se describen aquí para llegar a ser cristiano?
Juan 1:12-13
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Juan escribió su Evangelio para que creyéramos en Jesús y para que, creyendo, tuviéramos vida eterna en su nombre (Juan 20:31). En Juan 1:12 y 13, este proceso se describe en dos pasos. Primero, lo recibimos, es decir, creemos en él. En segundo lugar, él nos da autoridad o poder para convertirnos en hijos de Dios, lo que en el versículo 13 se describe como el hecho de ser engendrados por Dios. Por lo tanto, hay un aspecto humano y uno divino en la conversión del cristiano. Debemos creer, recibirlo y estar dispuestos a recibir la luz, pero él es quien regenera el corazón.
De hecho, la fe misma es un don de Dios que resulta de oír su Palabra (Rom. 10:17). “Para tener una fe verdadera y permanente en Cristo, debemos conocerlo tal como está representado en la Palabra” (Elena G. de White, Fundamentals of Christian Education, p. 433). “El Espíritu que opera en la mente humana y la ilumina crea fe en Dios” (Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 915).
Quienes creen y aceptan al Hijo como el Mesías reciben la vida eterna. Juan también hace hincapié en aceptar o creer la Palabra que Jesús pronunció (Juan 5:24, 38, 47). La función del Espíritu Santo es producir convicción (Juan 16:7, 8; comparar con Rom. 8:16).
Lee Romanos 8:16. ¿Qué principio se expresa aquí acerca de la salvación en Jesús?
Romanos 8:16
16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
La fe, la fe bíblica, basada en la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones, es el fundamento de nuestra fe. “La fe es […] la gran bendición: el ojo que ve, el oído que oye” (Elena G. de White, En los lugares celestiales, p. 106). El enfoque humanista de la fe afirma que debemos encontrar un fundamento para la fe, y luego creer. Por el contrario, el enfoque bíblico afirma que la fe es el fundamento, un don de Dios (Efe. 2:8; 1 Cor. 1:17-24; 2:1-6). Empezamos con el fundamento, que es la fe, y a partir de allí crecemos en comprensión y gracia.
Si alguien te preguntara en qué se basa tu fe, ¿qué responderías?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La vieja naturaleza, nacida de sangre y de la voluntad de la carne, no puede heredar el reino de Dios. Debe renunciarse a los viejos caminos, las tendencias hereditarias, los antiguos hábitos, pues la gracia no se hereda. El nuevo nacimiento consiste en tener nuevos motivos, nuevos gustos, nuevas tendencias. Los que han sido engendrados por el Espíritu Santo para vivir una vida nueva, han llegado a ser participantes de la naturaleza divina, y en todos sus hábitos y prácticas demostrarán su relación con Cristo. Cuando los hombres que pretenden ser cristianos retienen todos sus defectos naturales de carácter y de genio, ¿en qué se diferencia su actitud de la de los mundanos? No aprecian la verdad como santificadora y refinadora. No han nacido de nuevo (Maranata: el Señor viene, p. 244).
[H]oy hay en el mundo religioso multitudes que creen estar trabajando para el establecimiento del reino de Cristo como dominio temporal y terrenal. Desean hacer de nuestro Señor el Rey de los reinos de este mundo, el gobernante de sus tribunales y campamentos, de sus asambleas legislativas, sus palacios y plazas. Esperan que reine por medio de promulgaciones legales, impuestas por autoridad humana. Como Cristo no está aquí en persona, ellos mismos quieren obrar en su lugar ejecutando las leyes de su reino. El establecimiento de un reino tal es lo que los judíos deseaban en los días de Cristo. Habrían recibido a Jesús si él hubiese estado dispuesto a establecer un dominio temporal, a imponer lo que consideraban como leyes de Dios, y hacerlos los expositores de su voluntad y los agentes de su autoridad. Pero él dijo: «Mi reino no es de este mundo». Juan 18:36 (El Deseado de todas las gentes, p. 470).
La Palabra de Dios no se considera digna de confianza en esta época. La Palabra de Cristo, que corta directamente a través de los deseos e indulgencias humanos, y condena los hábitos y prácticas populares esa Palabra que fue hecha carne y habitó entre nosotros—se ignora y se desprecia. Las enseñanzas y el ejemplo de Cristo no son aceptados como el criterio de la vida de los que profesan seguir al Señor. Muchos que invocan el nombre de Cristo caminan a la luz de las chispas de su propio fuego, en lugar de seguir tras las pisadas de su profeso Maestro. No representan el mismo carácter que Cristo representaba mediante su amor puro y sincero hacia Dios, y su amor para el hombre caído. No aceptan a Dios al pie de la letra, ni identifican sus intereses con Jesucristo. No forman el hábito de tener comunión con Jesús, de tomarlo como su guía y consejero, y por lo tanto no aprenden el oficio de vivir una vida cristiana bien definida…
El resultado de la operación interna del Espíritu de Dios se revela en la conducta exterior. La vida del cristiano está escondida con Cristo en Dios, y el Señor reconoce a los que son suyos al declarar: «Vosotros sois mis testigos». Ellos testifican de que el poder divino actúa sobre sus corazones y modela su conducta (Exaltad a Jesús, p. 118).
Miércoles 27 de noviembre____________________________________________
RECHAZAR LA FUENTE DE LA VIDA
Algunos de los relatos más tristes de toda la Escritura aparecen en el Evangelio de Juan. “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la extinguieron. […] En el mundo estaba [aquel que es la Luz], y aunque el mundo fue hecho por él, el mundo no lo reconoció. Vino a lo que era suyo, y los suyos no lo recibieron” (Juan 1:5, 10, 11). El “YO SOY” fue rechazado por muchos de los suyos.
No es de extrañar que Pablo advirtiera más tarde: “No pierdan, pues, su confianza” (Heb. 10:35). Como hemos visto una y otra vez, Cristo fue rechazado porque la gente no aceptó su Palabra.
“El modo de pensar humanista contemporáneo comienza con la duda. Las personas cuestionan todo para así poder determinar lo qué es verdad. Aceptan como conocimiento seguro aquello que sobrevive al fuego de la interrogación rigurosa: algo en lo cual tener fe. Algunos aplican el mismo método a la Biblia, sometiéndola a interrogatorio desde puntos de vista científicos, históricos, psicológicos, filosóficos, arqueológicos, o geológicos, para así determinar qué es verdadero o falso en la Biblia. El método en sí mismo se inicia y construye sobre la desconfianza en la veracidad de las Escrituras. Cristo preguntó: ‘Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?’ (Luc. 18:8)” (E. Edward Zinke y Roland Hegstad, La certeza de la Segunda Venida [Florida: ACES, 2000], pp. 82, 83).
Lee Números 13:23 al 33. ¿Cuál fue la diferencia entre los dos informes de los espías acerca de Canaán?
Números 13:23-33
23 Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos. 24 Y se llamó aquel lugar el Valle de Escol,[a] por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel. 25 Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. 26 Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. 27 Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. 28 Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. 29 Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán. 30 Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. 31 Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. 32 Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.
El pecado de los hebreos en Cades Barnea fue dudar de la Palabra de Dios, quien les había ordenado que subieran y tomaran posesión de la tierra. Doce espías fueron enviados a Canaán para observar la tierra. Regresaron con dos informes. La mayoría dio un informe negativo: “Hay gigantes en la tierra, ciudades amuralladas, armas que nunca antes habíamos visto y ejércitos bien entrenados. Por el contrario, hemos sido esclavos en la tierra de Egipto, con poca experiencia militar”. Diez espías votaron que no debían avanzar, basándose en la abrumadora evidencia desde el punto de vista humano. Dos espías votaron que sí, basándose en su fe en el poder abrumador de la palabra de Dios.
¿Cómo podemos evitar cometer el mismo tipo de error? Por otra parte, ¿cómo evitamos caer en la presunción de hacer algo insensato creyendo que es la voluntad de Dios y que, por lo tanto, no podemos fracasar?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Cuando Cristo estaba sobre la tierra la gente se agolpaba para escucharlo. Sus palabras eran tan sencillas y claras que aun los menos ilustrados podían entenderle, y sus oyentes lo escuchaban embelesados. Esto enfurecía a los escribas y fariseos. Estaban llenos de envidia porque la gente escuchaba tan atentamente las palabras de este nuevo Maestro, y se propusieron quebrar su poder sobre la multitud. Comenzaron atacando su carácter, diciendo que había nacido en pecado, y que echaba fuera los demonios por medio del príncipe de los demonios. Así se cumplieron las palabras: «Me aborrecen sin causa». Salmo 69:4; véase Juan 15:25. Los dirigentes judíos difamaron y persiguieron a Aquel que es «señalado entre diez mil y todo él codiciable» (Alza tus ojos, p. 323).
Vivimos en un tiempo cuando con toda justicia puede preguntarse: «Cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?» Lucas 18:8.
Oscuridad espiritual ha cubierto la tierra y densas tinieblas a las gentes. Hay escepticismo e incredulidad en muchas iglesias en cuanto a la interpretación de las Escrituras. Muchos, muchísimos, ponen en duda la veracidad y verdad de las Escrituras. El razonamiento humano y las imaginaciones del corazón humano están socavando la inspiración de la Palabra de Dios, y lo que debiera darse por sentado está rodeado con una nube de misticismo. Nada es claro, nítido e inamovible. Esta es una de las señales distintivas de los últimos días (Mensajes selectos, t. 1, p. 17).
Caleb y Josué, los dos que de entre los doce espías habían confiado en la palabra de Dios, se rasgaron las vestiduras en señal de duelo cuando se dieron cuenta de que los informes desfavorables habían causado el desaliento de todo el campamento. Se esforzaron por razonar con los israelitas; pero estos habían enloquecido y habían caído presa del desencanto y no quisieron escuchar a esos dos hombres. Finalmente Caleb se abrió paso hasta el frente y su clara y bien timbrada voz se oyó por encima del clamor de la multitud. Se opuso a la visión cobarde de sus compañeros espías que habían debilitado la fe y el coraje de todo Israel… Habló de la tierra que había visitado. Dijo: «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos» Números 13:30. Pero los espías infieles lo interrumpieron, diciendo: «No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros». Números 13:31.
Esos hombres emprendieron un camino equivocado, dispusieron sus corazones contra Dios, contra Moisés y Aarón y contra Caleb y Josué. Cada paso que daban en la dirección equivocada los hacía más firmes en la decisión de desalentar al pueblo de cualquier intento de poseer la tierra de Canaán. Distorsionaron la verdad para llevar a cabo sus mortíferos propósitos…
Cuando el corazón de los hombres que ocupan posiciones de responsabilidad es vencido por la falta de fe ya no hay límites para su progreso en las malas acciones. Pocos son los que se dan cuenta, al iniciar este peligroso viaje, hasta qué punto los guiará Satanás (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 150, 151).
Jueves 28 de noviembre______________________________________________
CONDENACIÓN
“El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios […]. Todo el que hace el mal odia la luz y no quiere salir a la luz por miedo a ser descubierto. Pero el que vive de acuerdo con la verdad viene a la luz” (Juan 3:18-21; comparar con Juan 1:10).
¿Por qué las personas son objeto del Juicio? Juan 3:18, 36; 5:24, 38; 8:24; 12:47.
Juan 3:18, 36
18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
Juan 5:24, 38
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
38 ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis.
Juan 8:24
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
Juan 12:47
47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
El rechazo de Jesucristo, la Luz del mundo, nos deja expuestos a la duda y a las tentaciones del diablo. Significa pasar de la luz a las tinieblas.
Eva recibió luz acerca de cómo relacionarse con el árbol que estaba en el centro del jardín. Satanás la tentó a cuestionar la luz. Ella puso a prueba la palabra de Dios razonando que un Dios de amor no destruiría a las criaturas que él había creado. También se apoyó en los datos de sus sentidos: la serpiente había comido del fruto y ahora era capaz de hablar. Razonó que tal vez la serpiente tenía razón; pensó que si comía del fruto sería como Dios. Engañada, se apartó de la luz. Y su marido eligió el mismo camino.
Lee Mateo 4:1 al 4. ¿Qué principios utilizó Cristo en el desierto de la tentación para combatir los engaños de Satanás?
Mateo 4:1-4
1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Cristo tenía a su disposición la misma herramienta de pensamiento humanista que utilizaron Adán y Eva, los antediluvianos e Israel en Cades Barnea. Podría haberse preguntado por qué un Dios de amor dejaría a su Hijo en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches sin comida ni protección. También podría haber decidido probar su filiación: ¡Convertiré estas piedras en pan! En lugar de eso, respondió con la Palabra de Dios. Operó en el nivel de las cosas celestiales en lugar de hacerlo según los patrones terrenales de pensamiento. Cuán fácilmente podría haber racionalizado su camino hacia una decisión equivocada, algo que tantas personas, incluso personas de fe, hacen a menudo.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El primer rey de Israel fracasó debido a que colocó su voluntad por encima de la voluntad de Dios… Saúl rehusó dar el primer lugar a la obediencia a Dios, y a que los principios del cielo rigieran su conducta…
Las personas cuyos hechos son malos no vendrán a la luz para evitar que sus acciones no sean reprobadas y se revele su verdadero carácter. Si continúan en la senda de la transgresión y se apartan entera mente del Redentor, la terquedad, el mal humor y un espíritu de venganza se posesionarán de ellos… Cuando Saúl resistió los reproches del siervo del Señor, ese espíritu se posesionó de él. Desafió al Señor; desafió a su siervo, y su enemistad contra David fue la manifestación externa del espíritu asesino que penetra en el corazón de los que se justifican a sí mismos a pesar de su culpabilidad (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 2, pp. 1011, 1012).
El tema favorito de Juan era el amor infinito de Cristo… Entendía el carácter y la obra de Jesús; y cuando vio a sus hermanos judíos recorriendo a tientas su camino sin un rayo del Sol de justicia que iluminara su senda, anheló presentarles a Jesús, la Luz del mundo.
El fiel apóstol vio que su ceguedad, su orgullo, superstición e ignorancia de las Escrituras, estaban atando sus almas con cadenas que nunca serían quebrantadas. El prejuicio y el odio que contra Cristo albergaban obstinadamente estaban trayendo ruina sobre ellos como nación, y destruyendo sus esperanzas de vida eterna. Pero Juan continuaba presentándoles a Cristo como el único camino de salvación. La evidencia de que Jesús de Nazaret era el Mesías resultaba tan clara que Juan manifiesta que ningún hombre necesita andar en las tinieblas del error mientras esa luz le es ofrecida (La edificación del carácter, p. 61).
Cuando Jesús entró en el desierto, fue rodeado por la gloria del Padre. Absorto en la comunión con Dios, se sintió elevado por encima de las debilidades humanas. Pero la gloria se apartó de él, y quedó solo para luchar con la tentación. Esta le apremiaba en todo momento. Su naturaleza humana rehuía el conflicto que le aguardaba. Durante cuarenta días ayunó y oró. Débil y demacrado por el hambre, macilento y agotado por la agonía mental… Entonces vio Satanás su oportunidad. Pensó que podía vencer a Cristo…
Aunque Jesús reconoció a Satanás desde el principio, no se sintió provocado a entrar en controversia con él… se apoyó en el amor de su Padre. No quiso parlamentar con la tentación.
Jesús hizo liente a Satanás con las palabras de la Escritura. «Escrito está» dijo. En toda tentación, el arma de su lucha era la Palabra de Dios. Satanás exigía de Cristo un milagro como señal de su divinidad. Pero aquello que es mayor que todos los milagros, una firme confianza en un «así dice Jehová», era una señal que no podía ser controvertida. Mientras Cristo se mantuviese en esa posición, el tentador no podría obtener ventaja alguna (El Deseado de todas las gentes, pp. 92-95).
Viernes 29 de noviembre_____________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, los capítulos “Dios con nosotros” (pp. 11-18) y “Controversias” (pp. 553-561).
“Al condescender a tomar sobre sí la humanidad, Cristo reveló un carácter opuesto al carácter de Satanás. Pero se rebajó aún más en la senda de la humillación. ‘Y estando en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz’ (Fil. 2:8). Así como el sumo sacerdote ponía a un lado sus magníficas ropas pontificias, y oficiaba en la ropa blanca de lino del sacerdote común, así también Cristo tomó forma de siervo, y ofreció sacrificio; él mismo fue el sacerdote, él mismo fue la víctima. ‘Él fue traspasado por nuestras rebeliones, molido por nuestras iniquidades: sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz’ (Isa. 53:5).
“Cristo fue tratado como nosotros merecemos, para que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado a causa de nuestros pecados, en los que no había participado, con el fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por medio de su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió la muerte que era nuestra, para que pudiésemos recibir la vida que era suya. ‘Gracias a sus heridas fuimos sanados’ (Isa. 53:5)” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 16, 17).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¡Jesús dio tanto para salvar al mundo! ¿Cuáles consideras que son las mejores maneras de ayudar a otros a percibir esta asombrosa verdad y acudir a él con fe?
- ¿Cuáles son las diferencias clave entre la toma de decisiones en el nivel mundano y la forma de hacerlo sobre la base de la Revelación divina?
- ¿Cómo armonizan la lógica y la razón con la comprensión de la Palabra de Dios? ¿Qué razones lógicas y racionales tenemos para creer? ¿Cómo señalan el cumplimiento de las profecías o la asombrosa belleza y complejidad del mundo creado, de manera lógica y racional, a la existencia de Dios y la verdad del Plan de Salvación?
- Comenta en clase tu respuesta a la pregunta final del martes. ¿En qué se basa tu fe? Si alguien te preguntara por qué crees en Jesús y en las afirmaciones del evangelio, ¿cómo responderías?