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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


Lección 2 en PDF, haga un «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2025 El Amor de Dios y su Justicia Alusiones, Imágenes y Símbolos: Cómo Estudiar la Profecía Bíblica Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Cómo estar en una Relación con Dios 1 y 2 Corintios El Don de Profecía
2027 Mayordomía Vida y Enseñansas de Jesús Profecías Apocalípticas Hermenéuticas
2028
2029

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Lección 2: Para el 12 de abril de 2025

EL GÉNESIS COMO FUNDAMENTO

Sábado 5 de abril__________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 40:7, 8; Génesis 22:1–13; Juan 3:16; Apocalipsis 5:5–10; 1 Corintios 15:15–19; Apocalipsis 12:1–9.

PARA MEMORIZAR:

“Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: ‘¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!’ ” (Juan 1:29).

Uno de los principales problemas de algunas interpretaciones modernas de la profecía bíblica es que no reconocen que las raíces de esta se encuentran en la revelación previa del Antiguo Testamento. En el caso del Apocalipsis, por ejemplo, Juan asume que su público original conoce el Antiguo Testamento y, en consecuencia, utiliza conceptos que son familiares para su audiencia.

Aunque es útil buscar en toda la Biblia los pasajes relacionados con el texto que se estudia en Apocalipsis, hay documentos bíblicos más relevantes que otros y fundamentales para entender mejor el libro. Esto es especialmente cierto en el caso del Génesis, que expone el camino por el que nuestro mundo descendió al caos del pecado. Casi todos los conceptos clave mencionados en el Apocalipsis aparecen de alguna forma en los primeros capítulos de la Biblia.

Esta semana estudiaremos algunos grandes conceptos que constituyen el núcleo del Apocalipsis. Comprender los fundamentos bíblicos del Apocalipsis permite al estudiante ver innumerables matices en el texto, cada uno de los cuales puede aportar importantes lecciones acerca de la naturaleza de la humanidad, de Dios y del conflicto que se libra en nuestro universo y, por lo tanto, también en nuestra vida.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los que se unan a las filas de los guardadores del sábado deben convertirse en diligentes estudiantes de la Biblia, a fin de conocer los pilares y fundamentos de la verdad. Deben estudiar la historia profética, que nos ha llevado punto por punto hasta donde estamos en la actualidad. Este es el plan de Dios para nuestra escuela. Deben asistir los jóvenes que deseen educarse para cualquier línea de trabajo, que tengan capacidades, y comprenden la necesidad de aprender más y aún más dónde estamos hoy en la historia profética, uniendo eslabón tras eslabón en la cadena profética, aun desde Génesis hasta Apocalipsis. Cristo es el Alfa, el primer eslabón, y la Omega, el último eslabón, de la cadena evangélica, que está soldada en Apocalipsis (Manuscript Releases, t. 10, «Ellen White’s Confidence in Her Calling», p. 171).

El Hijo de Dios, el glorioso Soberano del cielo, se conmovió de compasión por la raza caída. Una infinita misericordia conmovió su corazón al eyocar las desgracias de un mundo perdido. Pero el amor divino había concebido un plan mediante el cual el hombre podría ser redimido. La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo solo existía uno que podía satisfacer sus exigencias en lugar del hombre. Puesto que la ley divina es tan sagrada como el mismo Dios, solo uno igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar al hombre de la maldición de la ley, y colocarlo otra vez en armonía con el Cielo… Cristo descendería a la profundidad de la desgracia para rescatar la raza caída.

Cristo intercedió ante el Padre en favor del pecador, mientras la hueste celestial esperaba los resultados con tan intenso interés que la palabra no puede expresarlo… El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es «el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo». Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable. Pero, «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Juan 3:16. ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor «que excede a todo conocimiento»? Al través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 48, 49).

Al Antiguo Testamento, que contiene las profecías de la venida de Cristo, ahora se le resta importancia. El grito ahora es: «¡El Cristo, el Cristo! El evangelio, el evangelio». Pero el evangelio se enseña en toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El evangelio se revela en todas las profecías del primer advenimiento de Cristo como el Salvador de la humanidad. Cada acto de la antigua dispensación para apartar a los hombres y mujeres del pecado o para traerles el perdón se hacía con referencia al Salvador que había de venir. Él era el peldaño por el que la humanidad iba a ser exaltada (Manuscript Releases, t. 10, no 807, «The Vision of Moses», p. 156).


Domingo 6 de abril________________________________________________________

EL PRINCIPIO DE LA PRIMERA MENCIÓN

La mayoría de los programas académicos comienza con un curso general que cubre principios amplios y básicos que formarán la base para el estudio posterior a medida que se profundiza en el tema. Del mismo modo, cuando se lee toda la Biblia, se descubre rápidamente que Dios también tiene un curso general de estudio contenido en el libro de Génesis, donde introduce ideas que serán examinadas más detalladamente en el resto de la Biblia.

En términos generales, la primera vez que se menciona un concepto o símbolo en la Biblia, sobre todo si esto ocurre en los primeros capítulos de Génesis, se establece allí una comprensión general de ese concepto para ayudarnos a entender cómo se utiliza más adelante.

Algunos estudiosos de la Biblia se refieren a esto como “la ley de la primera mención”, aunque sería más apropiado etiquetarla como un principio (o un patrón), pues no es férrea y hay muchas excepciones a esa regla. El patrón que parece emerger del estudio general de la Biblia y de la profecía bíblica es que Dios instruye gradual y progresivamente a sus hijos entregándoles información a lo largo del tiempo y a partir de un concepto básico que es ampliado numerosas veces a lo largo de los años o incluso de los siglos.

Lee Isaías 40:7 y 8; Malaquías 3:6; y Hebreos 13:8. ¿Qué principio puedes deducir de estos textos para anclar en él tu estudio de las profecías?

Isaías 40:7-8

La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Malaquías 3:6

Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

Hebreos 13:8

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Gran parte del mundo moderno habla de “veracidad”, no de “verdad”, pues supone que la “verdad” es algo que puede cambiar con el tiempo. En algunos casos, el concepto mismo de “verdad” es visto con suspicacia.

Sin embargo, cuando Dios establece la verdad no cambia de opinión. Una vez que comienza a enseñar la verdad a su pueblo, podemos contar con que las sucesivas repeticiones del mismo principio o tema bíblico no cambian de significado, sino que, por el contrario, arrojan más luz acerca de ese significado. Por lo tanto, al estudiar la profecía, tiene mucho sentido comprender adecuadamente el libro de Génesis, donde se explican por primera vez muchos conceptos clave que luego servirán al explorar el resto de la Biblia.

¿Por qué es tan importante que no permitamos que nada ni nadie, por convincente o lógico que sea, debilite nuestra fe en la Biblia y en las verdades infalibles que enseña? ¿De qué maneras, incluso sutiles, puede producirse este debilitamiento?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar». Génesis 3:15. La divina sentencia pronunciada contra Satanás después de la caída del hombre fue también una profecía que, abarcando las edades hasta los últimos tiempos, predecía el gran conflicto en que se verían empeñadas todas las razas humanas que hubiesen de vivir en la tierra.

Dios declara: «Enemistad pondré». Esta enemistad no es fomentada de un modo natural. Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala y llegó a estar en armonía y no en divergencia con Satanás. No puede decirse que haya enemistad natural entre el hombre pecador y el autor del pecado. Ambos se volvieron malos a consecuencia de la apostasía… Si Dios no se hubiese interpuesto especialmente, Satanás y el hombre se habrían aliado contra el cielo; y en lugar de albergar enemistad contra Satanás, toda la familia humana se habría unido en oposición a Dios…

La gracia que Cristo derrama en el alma es la que crea en el hombre enemistad contra Satanás. Sin esta gracia transformadora y este poder renovador, el hombre seguiría siendo esclavo de Satanás, siempre listo para ejecutar sus órdenes. Pero el nuevo principio introducido en el alma crea un conflicto allí donde hasta entonces reinó la paz. El poder que Cristo comunica habilita al hombre para resistir al tirano y usurpador. Cualquiera que aborrezca el pecado en vez de amarlo, que resista y venza las pasiones que hayan reinado en su corazón, prueba que en él obra un principio que viene enteramente de lo alto (El conflicto de los siglos, pp. 495, 496).

El único plan que podía asegurar la salvación del hombre afectaba a todo el cielo en su infinito sacrificio… Se interpondría entre el pecador y la pena del pecado. Dejaría su elevada posición de Soberano del cielo para presentarse en la tierra, y humillándose como hombre, conocería por su propia experiencia las tristezas y tentaciones que el hombre habría de sufrir. Todo esto era necesario para que pudiese socorrer a los que iban a ser tentados. Hebreos 2:18. Cuando hubiese terminado su misión como maestro, sería entregado en manos de los impíos y sometido a todo insulto y tormento que Satanás pudiera inspirarles. Sufriría la más cruel de las muertes, levantado en alto entre la tierra y el cielo como un pecador culpable. Pasaría largas horas de tan terrible agonía, que los ángeles se habrían de velar el rostro para no ver semejante escena. Mientras la culpa de la transgresión y la carga de los pecados del mundo pesaran sobre él, tendría que sufrir angustia del alma y hasta su Padre ocultaría de él su rostro.

Cristo aseguró a los ángeles que mediante su muerte iba a rescatar a muchos, destruyendo al que tenía el imperio de la muerte. Iba a recuperar el reino que el hombre había perdido por su transgresión, y que los redimidos habrían de heredar juntamente con él, para morar eternamente allí. El pecado y los pecadores iban a ser exterminados, para nunca más perturbar la paz del cielo y de la tierra (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 49-51 ).


Lunes 7 de abril___________________________________________________________

LA COMPRENSIÓN DEL AMOR DE DIOS

El hecho de haber heredado una naturaleza pecaminosa significa, entre otras cosas, que nuestra percepción del universo está contaminada por nuestras propensiones al egoísmo y el orgullo. Vemos el mundo desde nuestra óptica limitada y no desde la perspectiva omnisciente de Dios. Quizá ningún concepto haya sido tan distorsionado por la pecaminosidad humana como el del amor. La cultura popular tiende a promover una comprensión del amor que se centra en la realización personal y no en el bienestar de los demás. Este enfoque egocéntrico del tema hace que nos resulte difícil percibir cómo lo ve Dios.

Comprender la naturaleza del amor es una clave importante para entender la profecía bíblica. Uno de los temas cruciales del Gran Conflicto es la distorsión en la comprensión humana del carácter de Dios. En tal sentido, Elena de White concluye su libro El conflicto de los siglos con las siguientes palabras: “El Gran Conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está limpio. Una misma pulsación de armonía y júbilo late a través de la vasta Creación. Del Ser que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más grande, todas las cosas, animadas e inanimadas, declaran, en su belleza sin mácula y en gozo perfecto, que Dios es amor” (El conflicto de los siglos, pp. 736, 737).

Lee Génesis 22:1 al 13. El amor es mencionado por primera vez en Génesis 22:2. ¿Qué nos enseña esta historia acerca de la naturaleza del amor divino?

Génesis 22:1-13

1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Además de la primera mención de un concepto en la Biblia, puede ser útil encontrar la primera referencia a ese mismo concepto en determinados libros, especialmente en los evangelios. La primera referencia al amor en los evangelios se encuentra en Mateo 3:17; Marcos 1:11; Lucas 3:22 y Juan 3:16 respectivamente.

La primera mención del amor en el Evangelio de Juan (Juan 3:16) es particularmente esclarecedora, pues parece aludir a la historia de Isaac sobre el altar. La fe de Abraham en Dios era tal que confió en que Dios podría resucitar a su hijo si llevaba a cabo el sacrificio (Heb. 11:19). Esto ilustró el amor de Dios por la humanidad, ya que él nos amó hasta el punto de dar a su Hijo unigénito (ver Gén. 22:2, 12, 16), tras lo cual lo resucitó de entre los muertos. El sacrificio de Cristo en la Cruz revela el tipo de amor abnegado que Dios siente por nosotros.

¿Cómo podemos manifestar a los demás el amor abnegado que Dios siente por nosotros? ¿Por qué es ese tipo de amor tan importante para nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La Naturaleza y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios. Nuestro Padre Celestial es la fuente de vida, sabiduría y gozo. Mirad las maravillas y bellezas de la naturaleza. Pensad en su prodigiosa adaptación a las necesidades y a la felicidad, no solamente del hombre, sino de todos los seres vivientes. El sol y la lluvia que alegran y refrescan la tierra; los montes, los mares y los valles, todos nos hablan del amor del Creador. Dios es el que suple las necesidades diarias de todas sus criaturas…

Dios hizo al hombre perfectamente santo y feliz; y la hermosa tierra no tenía, al salir de la mano del Creador, mancha de decadencia, ni sombra de maldición. La transgresión de la ley de Dios, de la ley de amor, fue lo que trajo consigo dolor y muerte. Sin embargo, en medio del sufrimiento resultante del pecado se manifiesta el amor de Dios. Está escrito que Dios maldijo la tierra por causa del hombre. Génesis 3:17. Los cardos y espinas, las dificultades y pruebas que colman su vida de afán y cuidado, le fueron asignados para su bien, como parte de la preparación necesaria, según el plan de Dios, para levantarle de la ruina y degradación que el pecado había causado. El mundo, aunque caído, no es todo tristeza y miseria. En la naturaleza misma hay mensajes de esperanza y consuelo. Hay flores en los cardos, y las espinas están cubiertas de rosas.

«Dios es amor» está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la naciente hierba. Los hermosos pájaros que con sus preciosos cantos llenan el aire de melodías, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección lo perfuman, los elevados árboles del bosque con su rico follaje de viviente verdor, todos atestiguan el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y su deseo de hacer felices a sus hijos (El camino a Cristo, pp. 9, 10).

Pero, aunque pecador, el hombre estaba en una situación diferente de la de Satanás. Lucifer había pecado en el cielo en la luz de la gloria de Dios. A él como a ningún otro ser creado había sido dada una revelación del amor de Dios. Comprendiendo el carácter de Dios y conociendo su bondad, Satanás decidió seguir su propia voluntad egoísta e independiente. Su elección fue final. No había ya nada que Dios pudiese hacer para salvarle. Pero el hombre fue engañado; su mente fue entenebrecida por el sofisma de Satanás. No conocía la altura y la profundidad del amor de Dios. Para él había esperanza en el conocimiento del amor de Dios. Contemplando su carácter, podía ser atraído de vuelta a Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 710).

A medida que estudiamos los sufrimientos de Cristo, los resultados del pecado nos resultan tan angustiosos que clamamos al Señor para que quite nuestros pecados. A medida que continuamos mirando, nos hacemos más capaces de soportar la visión de lo que Cristo sufrió, y nos damos cuenta cada vez más claramente cuánto nos ama. La cruz de Cristo está revestida de una atracción maravillosa y de un poder ilimitado; porque en el sufrimiento relacionado con las escenas de la crucifixión, el amor de Dios se vuelve para nosotros cada vez más impresionante (The Signs of the Times, 22 de febrero, 1899, «The Measure of God’s Love», párr. 2).


Martes 8 de abril__________________________________________________________

LA PREGUNTA DE ISAAC: ¿DÓNDE ESTÁ EL CORDERO?

La primera mención bíblica de un cordero aparece en Génesis 22; es decir, en la misma historia que menciona por primera vez el amor. El cordero es uno de los símbolos más recurrentes del Apocalipsis, donde Jesús es llamado “Cordero” más de veinte veces. En una de las escenas más impactantes del libro, la visita de Juan a la sala del Trono de Dios en los capítulos 4 y 5, el Cordero desempeña el papel central.

Lee Génesis 22:7 y 8; Éxodo 12:3 al 13; y Apocalipsis 5:5 al 10. ¿Cómo nos ayuda la historia del casi sacrificio de Isaac a entender el uso simbólico de los corderos? ¿Cómo se relaciona esta historia con lo que Juan ve en Apocalipsis 5?

Génesis 22:7-8

Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

Éxodo 12:3-13

Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. 11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. 12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. 13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.

Apocalipsis 5:5-10

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

La primera mención de un cordero en la Biblia aparece en la pregunta de Isaac: “¿Dónde está el cordero?” (Gén. 22:7). Curiosamente, el resto de la Biblia responde esa pregunta con lujo de detalles. Los otros 38 libros del Antiguo Testamento conducen al lector por un camino en el que la pregunta de Isaac es respondida progresivamente con más y más detalles, desde los rituales de la Pascua hasta el primer trabajo de David y en adelante. Toda la historia bíblica está salpicada de innumerables profecías mesiánicas que anticipan la respuesta a la pregunta de Isaac. Luego, en el Nuevo Testamento, la pregunta es respondida cuando Jesús aparece en persona, ministra entre su pueblo y entrega finalmente su vida como sacrificio en la Cruz.

Veamos la primera mención de un cordero en el Evangelio de Juan (Juan 1:29-34). Daría la impresión de que Juan el Bautista estuviera respondiendo la pregunta de Isaac en un escenario que no podría ser más apropiado. Los pecadores se arrepienten y se sumergen en el agua del bautismo, que simboliza la muerte del pecador y el comienzo de una nueva vida. En este contexto, Jesús, el Cordero de Dios, aparece súbitamente y, según el relato de Mateo, los cielos se abren para anunciarlo: “ ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco’ ” (Mat. 3:17). En el caso de Abraham e Isaac, la voz del Ángel del Señor anuncia también desde el Cielo la solución divina para el problema de ellos (Gén. 22:11-14).

Cuando se entretejen todos los hilos, queda claro que Jesús, el Cordero de Dios, es nuestro Sustituto. Eso arroja mucha luz sobre nuestra comprensión del Cordero inmolado en la visión de Juan acerca del Trono en Apocalipsis.

¿Por qué es fundamental para nuestra salvación saber que Jesús es nuestro Sustituto? ¿Qué esperanza tendríamos sin él como Sustituto, especialmente en ocasión del Juicio?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los seres celestiales fueron testigos de la escena en que se probaron la fe de Abraham y la sumisión de Isaac… Todo el cielo aplaudió su fidelidad. Se demostró que las acusaciones de Satanás eran falsas. Dios declaró a su siervo: «Ya conozco que temes a Dios [a pesar de las denuncias de Satanás], pues que no me rehusaste tu hijo, tu único». El pacto de Dios, confirmado a Abraham mediante un juramento ante los seres de los otros mundos, atestiguó que la obediencia será premiada.

Había sido difícil aun para los ángeles comprender el misterio de la redención, entender que el Soberano del cielo, el Hijo de Dios, debía morir por el hombre culpable. Cuando a Abraham se le mandó ofrecer a su hijo en sacrificio, se despertó el interés de todos los seres celestiales. Con intenso fervor, observaron cada paso dado en cumplimiento de ese mandato. Cuando a la pregunta de Isaac: «¿Dónde está el cordero para el holocausto?» Abraham contestó: «Dios se proveerá de cordero»; y cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramó luz sobre el misterio de la redención, y aun los ángeles comprendieron más claramente las medidas admirables que había tomado Dios para salvar al hombre. Véase 1 Pedro 1:12 (Historia de los patriarcas y profetas, p. 151).

Nadie de entre los oyentes, ni aun el que las pronunció, discernió el verdadero significado de estas palabras, «el Cordero de Dios». Sobre el monte Moria, Abraham había oído la pregunta de su hijo: «Padre mío… ¿Dónde está el cordero para el holocausto?» El padre contestó «Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». Génesis 22:7, 8. Y en el carnero divinamente provisto en lugar de Isaac, Abraham vio un símbolo de Aquel que había de morir por los pecados de los hombres. El Espíritu Santo, mediante Isaías, repitiendo la ilustración, profetizó del Salvador: «Como cordero fue llevado al matadero», «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros»; (Isaías 53:7, 6) pero los hijos de Israel no habían comprendido la lección. Dios deseaba enseñarles que el don que los reconcilia con él proviene de su amor (El Deseado de todas las gentes, p. 87).

Nuestro Padre Celestial entregó a su amado Hijo a las agonías de la crucifixión. Legiones de ángeles presenciaron la humillación y la angustia del alma del Hijo de Dios, pero no se les permitió interponerse como en el caso de Isaac. No se oyó ninguna voz que impidiera el sacrificio. El amado Hijo de Dios, el Redentor del mundo, fue burlado, escarnecido, ridiculizado y torturado, hasta que inclinó la cabeza y murió. ¿Qué mayor prueba puede darnos el Infinito de su divino amor y piedad? (The Signs of the Times, 10 de abril, 1875, «The Faith of Abraham», párr. 23).


Miércoles 9 de abril________________________________________________________

LA MUERTE

Quizás el aspecto más cruel de vivir en un mundo separado de su Creador sea la forma en que la muerte acecha en el trasfondo de cada vida, lista para atacar en cualquier momento. Es la “paga que da el pecado”, la consecuencia de habernos desconectado de nuestro Creador, la única Fuente de vida del universo. Como tal, el pecado desempeña un papel fundamental en la profecía bíblica, tanto por su realidad como, lo que es aún más importante, por su solución, que solo se encuentra en Jesús, en su muerte y su resurrección.

Tanto la primera mención de la muerte en la Biblia como su primera aparición arrojan mucha luz sobre este tema fundamental de la profecía, ya que nos ayudan a comprender la gravedad del problema del pecado y aportan importantes herramientas para entender la solución divina para el problema.

Lee Génesis 2:15 al 17; 4:8 al 15; 1 Corintios 15:15 al 19; y Apocalipsis 1:18. ¿Qué nos dicen estos pasajes (que incluyen la primera mención y aparición de la muerte) acerca de por qué mueren los seres humanos? ¿Cómo ve Dios la muerte y cuál es la solución divina para el problema?

Génesis 2:15-17

15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Génesis 4:8-15

Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? 10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. 11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. 12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. 13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. 14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. 15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

1 Corintios 15:15-19

15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

Apocalipsis 1:18

18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

A menudo decimos que “la muerte es parte de la vida”. Eso no es así. La muerte es lo contrario de la vida, la pérdida de esta, un intruso que nunca debió formar parte de nuestra experiencia aquí. Aunque nos hayamos acostumbrado a la muerte, nuestros corazones siguen protestando enérgicamente cuando nos encontramos con ella, como si la humanidad toda aún se diera cuenta de que hay algo fundamentalmente erróneo en ella. Por muy dolorosa que la muerte resulte en general, hay casos en los que parece más trágica aún, como cuando muere un niño. En general, esperamos que los padres precedan a sus hijos en la muerte, y hemos llegado a aceptar esto como el orden normal de las cosas. Sin embargo, la primera muerte registrada en las Escrituras va en contra de esa norma aceptada. Antes de que Adán y Eva pasaran por la muerte, experimentaron la tragedia de esta cuando Abel, su hijo justo, fue asesinado por Caín, su malvado hermano. Esa fue sin duda una muerte particularmente injusta.

Piensa en Jesús, el justo asesinado por el injusto, como en el caso de Abel. ¿Qué muerte pudo ser más injusta que la de Cristo? ¿Qué otros paralelismos podríamos encontrar entre la muerte de Abel y la de Cristo en la Cruz? ¿Cómo puede ayudarnos la naturaleza de la muerte de Abel a entender por qué Jesús tiene “las llaves de la muerte y del sepulcro” y lo que Dios nos ofrece en él?

Si el problema de la muerte no fuera resuelto, ¿por qué sería nuestra vida inútil y sin sentido en última instancia? ¿Qué nos enseña este hecho acerca de cuán agradecidos debemos estar por lo que Jesús hizo por nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La muerte de Abel fue el primer ejemplo de la enemistad que Dios predijo que existiría entre la serpiente y la simiente de la mujer; entre Satanás y sus súbditos, y Cristo y sus seguidores. Mediante el pecado del hombre, Satanás había obtenido el dominio de la raza humana, pero Cristo habilitaría al hombre para librarse de su yugo. Siempre que por la fe en el Cordero de Dios, un alma renuncie a servir al pecado, se enciende la ira de Satanás. La vida santa de Abel desmentía el aserto de Satanás de que es imposible para el hombre guardar la ley de Dios.

Cuando Caín, movido por el espíritu malo, vio que no podía dominar a Abel, se enfureció tanto que le quitó la vida. Y dondequiera haya quienes se levanten para vindicar la justicia de la ley de Dios, el mismo espíritu se manifestará contra ellos. Es el espíritu que a través de las edades ha levantado la estaca y encendido la hoguera para los discípulos de Cristo. Pero las crueldades perpetradas contra ellos son instigadas por Satanás y su hueste porque no pueden obligarlos a que se sometan a su dominio. Es la ira de un enemigo vencido. Todo mártir de Jesús murió vencedor. El profeta dice: «Ellos le han vencido [«la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás»] por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte». Apocalipsis 12:11, 9 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 62, 63).

En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar la vida, Si Adán hubiese permanecido obediente a Dios, habría seguido gozando de libre acceso a aquel árbol y habría vivido eternamente. Pero en cuanto hubo pecado, quedó privado de comer del árbol de la vida y sujeto a la muerte. La sentencia divina: «Polvo eres, y al polvo volverás», entraña la extinción completa de la vida.

La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. Como «la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron», Cristo «sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio». Romanos 5: 12; 2 Timoteo 1:10. Y solo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: «El que cree en el Hijo, tiene vida eterna, más el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida». Juan 3:36. Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si consiente en someterse a las condiciones necesarias. Todos «los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad», recibirán «la vida eterna». Romanos 2:7 (El conflicto de los siglos, p. 523).


Jueves 10 de abril_________________________________________________________

LA SERPIENTE

La adoración es un tema clave en Apocalipsis. El autor y promotor de los falsos sistemas de culto es identificado como “el dragón” (Apoc. 13:2-4), y la descripción de este querubín caído como una serpiente no es casual, sino que nos remite claramente al Jardín del Edén, donde una serpiente persuadió a Adán y a Eva para que lo siguieran en su rebelión contra el Creador.

Compara Génesis 3:1 al 5 con Apocalipsis 12:1 al 9. ¿Cuáles son algunos de los temas comunes a ambos relatos? ¿Cómo nos ayudan los detalles registrados en Génesis acerca de la serpiente a entender algunos de los temas que condujeron a la guerra celestial previa mencionada en Apocalipsis?

Génesis 3:1-5

1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

Apocalipsis 12:1-9

1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días. Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

Hay dos relatos bíblicos en los que Satanás hace descarriar al mundo entero. Uno de ellos se encuentra en Génesis y tuvo lugar cuando solo existían dos personas. El otro está en Apocalipsis 12 y 13, donde Satanás es identificado como quien “engaña a todo el mundo” (Apoc. 12:9), otorga poder a la bestia que subía del mar y lleva a “toda la tierra” a adorarla (Apoc. 13:2, 3). Uno de los temas de la profecía bíblica es la naturaleza inmutable del Gran Conflicto. El carácter y la Palabra de Dios no cambian, como tampoco lo hacen las ambiciones del Diablo.

Afortunadamente, puesto que la naturaleza del Gran Conflicto no cambia, y debido a que tenemos puntos de referencia claros en las profecías, los cristianos podemos evaluar las tendencias y reconocer dónde se encuentran las trampas espirituales. Dios siempre será quien es, al igual que el Diablo. Satanás puede usar mil disfraces, pero milenios de historia humana caída y el escenario profético pintado en el Apocalipsis demuestran que nunca se desvía de la estrategia que utilizó en el Edén. Dios nos ha prometido sabiduría y discernimiento (Sant. 1:5). Contamos además con la infalible guía de las Escrituras. En vista de todo ello, no necesitamos ser víctimas de los engaños del Diablo, aunque, desgraciadamente, muchos lo han sido y la mayoría lo será.

Piensa en cómo cambian la cultura y las normas sociales con el tiempo. Lo que antes era aceptable se convierte en inaceptable, y viceversa. Dado que los temas subyacentes y los actores del Gran Conflicto no cambian, ¿qué debería tener en cuenta un cristiano al examinar el cambiante panorama cultural? Por ejemplo, ¿dónde se pueden encontrar en la cultura actual las mentiras originales del diablo: “No morirán” y “serán como Dios”?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La serpiente tomó del fruto del árbol prohibido y lo puso en las manos vacilantes de Eva. Entonces le recordó sus propias palabras referentes a que Dios les había prohibido tocarlo, a pena de muerte. Le manifestó que no recibiría más daño de comer el fruto que de tocarlo. No experimentando ningún mal resultado por lo que había hecho, Eva se atrevió a más. Vio «que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió». Era agradable al paladar, y a medida que comía, parecía sentir una fuerza vivificante, y se figuró que entraba en un estado más elevado de existencia. Sin temor, tomó el fruto y lo comió.

Y ahora, habiendo pecado, ella se convirtió en el agente de Satanás para labrar la ruina de su esposo. Con extraña y anormal excitación, y con las manos llenas del fruto prohibido, lo buscó y le relató todo lo que había ocurrido…

Adán comprendió que su compañera había violado el mandamiento de Dios, menospreciando la única prohibición que les había sido puesta como una prueba de su fidelidad y amor. Se desató una terrible lucha en su mente. Lamentó haber dejado a Eva separarse de su lado. Pero ahora el error estaba cometido; debía separarse de su compañía, que le había sido de tanto gozo. ¿Cómo podría hacer eso?

Adán había gozado el compañerismo de Dios y de los santos ángeles. Había contemplado la gloria del Creador. Comprendía el elevado destino que aguardaba al linaje humano si los hombres permanecían fieles a Dios. Sin embargo, se olvidó de todas estas bendiciones ante el temor de perder el don que apreciaba más que todos los demás. El amor, la gratitud y la lealtad al Creador, todo fue sofocado por amor a Eva. Ella era parte de sí mismo, y Adán no podía soportar la idea de una separación. No alcanzó a comprender que el mismo Poder infinito que lo había creado del polvo de la tierra y hecho de él un ser viviente de hermosa forma y que, como demostración de su amor, le había dado una compañera, podía muy bien proporcionarle otra. Adán resolvió compartir la suerte de Eva; si ella debía morir, él moriría con ella. Al fin y al cabo, se dijo Adán, ¿no podrían ser verídicas las palabras de la sabia serpiente? Eva estaba ante él, tan bella y aparentemente tan inocente como antes de su desobediencia. Le expresaba mayor amor que antes. Ninguna señal de muerte se notaba en ella, y así decidió hacer frente a las consecuencias. Tomó el fruto y lo comió apresuradamente (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 39, 40).

El carácter de Satanás, mediante sus esfuerzos por vencer y destruir al Hijo de Dios, se desarrollaba ante el universo, y se manifestaba en su verdadera malignidad ante los mundos no caídos que habían sido creados por Cristo. Cada vez que picaba el calcañar de Cristo con su colmillo homicida, la serpiente se aseguraba más su propio descalabro y ruina (The Signs of the Times, 26 de marzo, 1 894, «Christ’s Victory Gained Through Pain and Death», párr. 2).


Viernes 11 de abril_________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee el capítulo titulado “El Apocalipsis” en las páginas 477 a 488 del libro Los hechos de los apóstoles, de Elena de White.

Muchas religiones mundiales tienen que ver simplemente con ideas y mitos inverificables, pero la religión cristiana está firmemente anclada en hechos históricos. La Biblia es el registro de la interacción de Dios con la humanidad a lo largo de la historia. En consecuencia, el estudio de las interacciones milenarias allí registradas resulta muy instructivo acerca del carácter coherente de Dios.

A veces, sin embargo, los cristianos se quejan de que están cansados de oír siempre lo mismo. Por ejemplo, quizá tendemos a pensar que ya hemos oído nuestro mensaje profético distintivo y que no tenemos nada nuevo que aprender acerca de él.

El hecho de que nuestro mensaje sea invariable y coherente no significa que sea simplista o poco desafiante. Por el contrario, cuando se estudia la información proveniente de un Dios infinito, se cae pronto en la cuenta de que sus temas son inagotables.

Según Elena de White, uno de los propósitos con que fue escrito el Apocalipsis fue afirmar a la iglesia cristiana en su mensaje histórico relevante para todos los tiempos. “Algunos de los obreros más jóvenes [entre los cristianos del primer siglo] […] se habían cansado de las verdades tan a menudo repetidas. En su deseo de algo novedoso y sorprendente, intentaron introducir nuevas fases de doctrina” (Los hechos de los apóstoles, p. 478). En ese sentido, Apocalipsis no es solo un libro acerca del futuro, sino también acerca del pasado, ya que está destinado a mantenernos firmes en nuestra fe histórica para que no cedamos al prurito de la búsqueda de originalidad.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Las Escrituras nunca dejan de aportar nueva información y nuevos conocimientos. ¿Cómo podemos mantener el equilibrio entre el deseo de crecer constantemente en nuestra comprensión de la Revelación y la importancia de permanecer anclados en las verdades que ya nos han sido reveladas?
  2. ¿Cómo debe responder la iglesia a las nuevas interpretaciones de la profecía? Aunque sabemos que siempre hay más que aprender, ¿cómo podemos discernir si la nueva luz es esencial, solo una moda pasajera o incluso un error?
  3. Durante la Segunda Guerra Mundial, un marinero que agonizaba en el Pacífico dijo al médico que lo atendía: “Soy huérfano, ¿quién se acordará de mí cuando muera?” El médico respondió: “Yo siempre me acordaré de ti”. Por bien intencionadas que fueran las palabras de aquel médico, él también habría de morir tarde o temprano, al igual que el recuerdo del marinero huérfano. ¿Cómo nos ayuda este relato a percibir la futilidad e insignificancia de la vida humana si la muerte tiene la última palabra?