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LECCIÓN 12 – LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO – PARA EL 25 DE MARZO DE 2017



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 Autor Desconocido


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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 12: Para el 25 de marzo de 2017

LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO

Sábado 18 de marzo__________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 16:8-11; Romanos 5:10; Hebreos 4:15, 16; 1 Pedro 5:8, 9; 1 Juan 5:12, 13; Salmo 31:24.

PARA MEMORIZAR:

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Rom. 15:13).

AL LLEGAR AL CIERRE DE NUESTRO ESTUDIO de este trimestre, sobre el Espíritu Santo y la espiritualidad, nos enfocaremos en una más de las obras decisivas del Espíritu, que aún no ha recibido nuestra atención.

Cuando Jesús anunció a los discípulos que iría al Padre, prometió enviarles al Espíritu Santo. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

Según Jesús, el Espíritu Santo es un parakletos; es decir, un “ayudador”, o “consolador”, o un “abogado” que intercede por nosotros. Al mismo tiempo, Jesús también anunció la obra que este abogado llevaría a cabo: Él “convencerá” al mundo con respecto al pecado, la justicia y el juicio (Juan 16:8).

Durante esta última semana, estudiaremos con más detalle esta obra específica del Espíritu Santo, y cómo está relacionada con otros dos aspectos importantes de su ministerio en nuestro favor: nuestra seguridad de la salvación y la gloriosa esperanza que impulsa nuestra vida como discípulos de Jesucristo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Podemos pedirle mucho a nuestro bondadoso Padre celestial. Grandes bendiciones hay en reserva para nosotros. Podemos creer en Dios, podemos confiar en él, y al hacerlo glorificar su nombre. Aun cuando seamos vencidos por el enemigo, no somos desechados ni abandonados ni rechazados por Dios. No; Cristo está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”…

No haga caso de los susurros del enemigo. Váyase libre, alma oprimida. Tenga buen ánimo. Dígale a su pobre corazón desalentado: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmos 43:5). Sé que Dios la ama. Ponga su confianza en él. No piense en las cosas que producen tristeza y tribulación; apártese de todo pensamiento desagradable, y piense en el precioso Jesús. Medite en su poder para salvar, en su infinito e incomparable amor por usted, sí, por usted. Sé que Dios la ama. Si no puede reposar en su propia fe, hágalo en la de otros. Creemos y esperamos en lugar de usted. Dios acepta nuestra fe en lugar de la suya…

El creer produce paz y gozo en el Espíritu Santo. El creer produce paz, y la confianza en Dios produce gozo. “¡Crea, crea -dice mi alma- crea!” Descanse en Dios. Él es poderoso para guardar lo que usted le ha confiado. La hará más que vencedora por medio de aquel que la amó (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 286).

El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo (El evangelismo, p. 446).

El Espíritu Santo, enviado en el nombre de Cristo, iba a enseñarles todas las cosas, y traería todas las cosas a su memoria. El Espíritu Santo era el representante de Cristo, el Abogado que está constantemente intercediendo por la raza caída. Él ruega porque pueda serles dado el poder espiritual, para que mediante el poder de Uno que es más poderoso que todos los enemigos de Dios y del hombre, pudieran vencer a sus enemigos espirituales…

Quien conoce el fin desde el principio ha hecho provisión para el ataque de los agentes satánicos. Y él cumplirá su palabra a los fieles de cada época…

Él le ha asegurado que el Espíritu Santo fue dado para morar con usted, para interceder por usted y ser su guía. Le pide que confíe en él y se encomiende a su protección. El Espíritu Santo está obrando constantemente, enseñando, recordando, testificando, viniendo al alma como consolador divino, y convenciendo de pecado como un Juez y Guía designado…

Su obra es cooperar con Cristo, a fin de que usted sea completo en él. Al unirse a él por la fe, creyendo en él y recibiéndolo, usted se convierte en parte de él. Su carácter es la gloria de él revelada en usted (Reflejemos a Jesús, p. 121).

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Domingo 19 de marzo // Lección 12_______________________________________

CONVENCER DE PECADO

Lee Juan 16:8 y 9. ¿Qué obra crucial hace por nosotros el Espíritu Santo, y por qué es tan importante?

Juan 16:8-9

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí;

Jesús llama parakletos al Espíritu Santo, una palabra rica en significado, y que transmite la idea de ayudador, abogado y consolador. El Espíritu Santo no se lanza a esta obra importante de convencimiento como el acusador de los hermanos o como fiscal. Él no es enviado por Jesús para condenarnos sino, más bien, para ayudarnos a ver nuestra necesidad de la gracia de Dios.

Solamente un consolador será recibido como un ayudador. Es una gran tragedia que los cristianos, por más bien intencionados que sean, a menudo se acerquen a los pecadores con un espíritu acusador en vez de ayudador. Si andamos por allí señalando el pecado en la vida de las demás personas, estamos haciendo, entonces, algo que Jesús no nos ha llamado a hacer. Después de todo, ¿quiénes somos nosotros para señalar el pecado en los demás cuando nosotros mismos no estamos libres de pecado?

Lee Romanos 2:1 y Mateo 7:3. ¿Qué mensaje debemos extraer de estos versículos?

Romanos 2:1

1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.

Mateo 7:3

¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

Somos testigos de Dios, no acusadores de parte de Dios. Somos llamados a ser testigos del poder redentor de Dios, no a condenar a otros por sus equivocaciones. Al intentar convencer a los demás de sus pecados, asumimos un papel que no nos pertenece; esa es obra del Espíritu Santo.

Es el Consolador, no nosotros, el que “convencerá” (Juan 16:8) al mundo de lo que el pecado realmente es. En general, las personas que no han entregado su vida a Jesús no tienen una comprensión real de lo que el pecado verdaderamente es y de cuán destructivo puede llegar a ser.

La idea aquí no es que el Espíritu Santo hará una lista de actos erróneos. Más bien, el Espíritu va al pecado subyacente: incredulidad en Cristo Jesús (Juan 16:9). Nuestra mayor miseria y alienación no consiste en nuestra imperfección moral, sino en nuestro alejamiento de Dios y en rehusar aceptar a aquel a quien Dios envió con el propósito de rescatarnos de esa condición.

El problema fundamental de todo pecado es que no creemos en Jesús y, por ende, rechazamos al único que puede salvarnos de nuestro pecado y culpabilidad. Este es el pecado que coloca al yo en el centro de las cosas y rehúsa creer en la Palabra de Dios. Solamente el Espíritu Santo puede abrir nuestro corazón y nuestra mente a la gran necesidad que tenemos de arrepentimiento y de la redención que nos es ofrecida por medio de la muerte de Cristo por nosotros.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí;

Según el versículo de estudio para éste día, hay tres cosas importantes, que el Espíritu Santo haría en ésta tierra, comenzando desde su venida: La primera cosa sería convencer al mundo de pecado, la segunda cosa sería convencer al mundo de justicia y la tercera cosa sería convencer al mundo de juicio.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí;

10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Si seguimos leyendo los versículos siguientes, nos vamos a dar cuenta de la razón de ésta tarea especial del Espíritu Santo, con los habitantes del mundo.

El espíritu Santo tiene que convencer al mundo de pecado, por que el mundo no cree en Cristo. {versículo 9}

El Espíritu Santo tiene que convencer al mundo de justicia, por que Cristo se marcharía al cielo, donde está el Padre, y el mundo no lo verá mas aquí en la tierra. {versículo 10}

También, el Espíritu Santo, tiene que convencer al mundo de juicio, por que el diablo ya fue juzgado. {versículo 11}

El día de ahora estaremos estudiando el porqué el Espíritu Santo tiene que convencer al mundo de pecado. El día de mañana, es decir día lunes, estaremos estudiando el porqué el Espíritu Santo tiene que convencer al mundo de justicia y el día martes estaremos estudiando el porqué el Espíritu Santo tiene que convencer al mundo de juicio.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado… De pecado, por cuanto no creen en mí;

El Señor está diciéndoles a sus discípulos como los va a equipar, para que sus campeones de la religión, enfrenten el gran conflicto que van a tener en el mundo.

Jesucristo les ofrece al Espíritu Santo, quien va descender y va a trabajar en los discípulos, y a través de los discípulos, para que ellos convenzan al mundo del error con respecto al pecado, a la justicia y el juicio.

El Espíritu Santo a su venida a éste mundo, como un buen alguacil, entabla una demanda criminal en el cielo en contra de los habitantes de éste mundo.

Hay tres cosas que el Espíritu Santo a acusado al mundo, y la acusación es en contra del pecado, en contra de la justicia, y en contra del juicio. Para éstas acusaciones, el Espíritu Santo se basará en tres cosas importantes:

-La verdad acerca de la experiencia de Cristo en ésta tierra

-La verdad acerca de la historia de Cristo en ésta tierra

-La verdad acerca de la revelación de la Palabra de Dios.

Todo aquel que no escuche la amonestación de los discípulos de Cristo, por todas las edades, después de la ascensión de Cristo al cielo, automáticamente se hace culpable de éstas tres acusaciones, que el Espíritu Santo ha establecido en contra del mundo.

Los discípulos de Cristo, ayudados por el Espíritu Santo comenzaron ésta obra exactamente en el día del pentecostés.

Ese día especial, el sermón de Pedro se basó, en como un pueblo no pudo creer en Jesucristo, en como un pueblo rechazó al Hijo de Dios, y como un pueblo tuvo la osadía de quitarle la vida al Hijo de Dios.

Como resultado de esa predicación de condenación, miles de ellos tenía el corazón compungido, deseando fervientemente el perdón de ese atroz pecado y deseando fervientemente la salvación.

Mas tarde en otro poderoso sermón de uno de los siete diáconos de la iglesia; el Espíritu Santo le permite a Esteban contemplar el cielo, y poder divisar al Hijo de Dios sentado a la diestra del Padre. Cuando Esteban describió la visión que estaba presenciando, esa multitud en vez de arrepentirse, se reveló, y el resultado fue el segundo mártir del cristianismo.

Tanto en el sermón de Pedro, como en el de Esteban, el Espíritu Santo era el agente especial, tratando de convencer y de convertir a un pueblo de su pecado mas grande, que es el pecado de no creer en Jesús.

En el caso del sermón de Pedro, el Espíritu Santo no entabla una demanda en contra de sus oidores, por que ellos escucharon la Palabra y decidieron buscar el perdón y la salvación.

Pero en el caso del sermón de Esteban, el Espiritu Santo, entabla una demanda criminal en contra de ese grupo, por que el resultado de esa predicación fue el asesinato del predicador.

El evangelio de Cristo, el evangelio del Padre, y el evangelio del Espíritu Santo, tiene tanto poder, que puede salvar al pecador, como también puede condenar al pecador. Esa es decisión de la persona que escucha la Palabra de Dios.

Mas tarde encontramos al gran apóstol Pablo encadenado, en frente de los poderosos de la tierra. Su mensaje era poderoso, su mensaje era fuerte, su mensaje era decisivo.

En la postal que nos presenta la Biblia, encontramos a el “encadenado” que revestido del poder del Espíritu Santo, puso a temblar a los grandes y los poderosos de la tierra. “Casi me persuades a ser cristiano” dijo uno de ellos. Ese “casi” significó su condenación. “Casi” me salve, significa me perdí. En ese preciso momento el Espíritu Santo abre otra demanda criminal en contra de un poderoso de la tierra, ese poderoso no quiso ser convencido de su gran pecado, el pecado de no creer en Cristo, y como resultado de su insistencia en su pecado de incredulidad, recibe la condenación del evangelio.

El trabajo de la oficina del Espíritu Santo es convencer. El Espíritu Santo es un especialista en la materia del convencimiento, hace muy bien su trabajo, no hay nadie como él en el universo, para convencer al hombre de su error.

El Espíritu Santo convence al pecador del resultado del pecado, del engaño del pecado, de lo sucio del pecado, de la fuente del pecado y al final del resultado del pecado, que es la muerte.

El método de convencer que tiene el Espíritu Santo es sumamente efectivo, no solo le dice al pecador el pecado, sino que lo convence del pecado.

La parte mas hermosa que después que ha convencido al pecador de su pecado, no lo deja sumido en la desesperación, sino que inmediatamente comienza su operación de confortamiento y de restablecimiento, tanto en la vida espiritual, como en la vida física y también en lo material.

En nuestros días, el Espíritu Santo sigue haciendo su gran obra de convencer al pecador de su pecado.

Este sábado hubo almuerzo en nuestra iglesia, y yo tuve la oportunidad de sentarme junto a un señor que está visitando la iglesia regularmente. Supe que estaba enfermo y aproveché la oportunidad para preguntarle de su enfermedad. El hombre tuvo un accidente laboral y por su descuido, no fue al hospital a tiempo y cuando decidió ir, el asunto era demasiado grave, su pie estaba con una severa infección, casi al punto de la gangrena.

El doctor lo operó de emergencia y le dijo que estaba la posibilidad que muriera en la operación.

Logró salir con vida de la operación, pero en medio de la recuperación me comentaba el hermano, que podía sentir la muerte a cada instante, en su mente él sabía que iba a morir. Su único amigo que tiene en éste lugar, le dijo que él no lo podía estarlo visitando regularmente, pero que si él se lo permitía, le podía dar el teléfono a unas personas que si lo iban a visitar y a ayudarle.

Así fue como esa información cayó en manos de los hermanos de nuestra iglesia, que inmediatamente lo visitaron en el hospital, oraron con él, y le han estado asistiendo en todo su proceso de consulta y recuperación.

Nuestros hermanos de la iglesia se turnan para llevarlo a las citas médicas y para ver en que le pueden ayudar. A éste momento, está esperando su completa recuperación para poder ser bautizado.

Nuestro hermano Nicolás, es un vivo ejemplo de cómo el Espíritu Santo, constantemente está aprovechando todos los medios disponibles para convencer al mundo de su gran pecado, que es no creer en Jesucristo.

Cuando el Espíritu Santo, logra convencer a una persona a que crea en Jesucristo, entonces Jesucristo entra en la vida de esa persona, pones gozo, paz, orden, salud, bendición, santidad y rectitud de pensamiento.

Si la persona no se deja convencer del Espíritu Santo, y sigue en su obstinado pecado de no querer creer en Cristo, entonces el Espíritu Santo levanta un caso criminal en contra de la persona en las cortes celestiales, que sin duda alguna condenará al pecador a muerte eterna.

El Espíritu Santo es el que convence a la persona de su pecado, si la persona se niega, entonces el Espíritu Santo es el mas grande testigo, de la oportunidad que le fue dada al pecador, pero la oportunidad fue despreciada.

Hay algunas maneras generales para clasificar el pecado de la incredulidad:

La primera incredulidad se llama escepticismo. El escepticismo consiste en dudar o rechazar la verdad de la religión o la verdad de los principios morales, o rechazar la existencia de la Divinidad o la autoridad de la Biblia.

Este tipo de incredulidad nace del orgullo del intelecto.

Usualmente es la postura que toman las personas que no pueden comprender las cosas espirituales, al no poderlas comprender como ellos desean, su reacción inmediata es la oposición a los asuntos espirituales.

También el escepticismo nace como resultado de la negligencia de la naturaleza moral de una persona, usualmente ésta es la posición de la persona que lo especula todo.

Por último el escepticismo nace de una vanidad frívola, es el deseo de ser independiente y de nunca entrar en compromisos con Dios o con la religión.

La segunda manera de incredulidad en Cristo, es la “incredulidad en general.”

Este tipo de “incredulidad en general” la sufrimos todos, inclusive los miembros de nuestra iglesia.

Es el acto de no tener completa seguridad en las doctrinas de nuestra religión, o en las promesas de Cristo, o en la providencia o los cuidados de Dios. Este tipo de incredulidad, se manifiesta en nosotros en diferentes grados.

El tipo de “incredulidad en general” nace en el humano como resultado de tener una religión muy escasa o muy liviana en sus vidas. También puede nacer por el habito de luchar por nosotros mismos en frente a los problemas y dificultades y no buscar la ayuda divina para la solución de nuestros problemas. Y la tercera razón de la “incredulidad en general” es por rehusarse a creer esas cosas que no se ven, dicho en otras palabras por no usar la fe en nuestras vidas.

El ultimo tipo de incredulidad; es la incredulidad de Cristo.

Hay personas que voluntariamente no quieren creer que Cristo fue Dios reencarnado, no quieren creer que Cristo fue el gran Maestro enviado a nosotros por Dios, no quieren creer en el sacrificio y en el sacerdocio de Cristo y tampoco quieren creer que Cristo tiene autoridad y derecho sobre nuestras vidas.

Este es uno de las formas mas graves del pecado de la incredulidad, ya que es un pecado que es condenado gravemente por el cielo.

Este tipo de incredulidad es una clara oposición a la luz divina, es una ceguera moral, religiosa y espiritual, es un claro rechazo a las evidencias externas, es un rechazo al amor de Dios, y es una deliberada preferencia del reino de Belial y un rechazo abierto al reino de Cristo.

Contra éste pecado vino a luchar el Espíritu Santo, todo aquel que no se deje convencer por el artífice universal del convencimiento, entonces el Espíritu Santo levantará una orden judicial y testificará en contra del pecador, por la oportunidad de arrepentimiento que a ésta persona se le dio y que deliberadamente rechazó.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El oficio del Espíritu Santo se especifica claramente en las palabras de Cristo: “Cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio” (Juan 16:8). Es el Espíritu Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.

Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. “Tomará de lo mío, y os lo hará saber,” dijo Cristo. “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 16:14; 14:26).

El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras.

Después de convencer de pecado, y de presentar ante la mente la norma de justicia, el Espíritu Santo quita los afectos de las cosas de esta tierra, y llena el alma con un deseo de santidad. “Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:13), declaró el Salvador. Si los hombres están dispuestos a ser amoldados, se efectuará la santificación de todo el ser. El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en el alma. Mediante su poder, el camino de la vida será hecho tan claro que nadie necesite errar (Los hechos de los apóstoles, p. 43).

Al curar a Simón de la lepra, Cristo lo había salvado de una muerte viviente. Pero ahora Simón se preguntaba si el Salvador era profeta… Como Natán con David, Cristo ocultó el objeto de su ataque bajo el velo de una parábola. Cargó a su huésped con la responsabilidad de pronunciar sentencia contra sí mismo. Simón había arrastrado al pecado a la mujer a quien ahora despreciaba. Ella había sido muy perjudicada por él… Pero Simón se sentía más justo que María, y Jesús deseaba que viese cuán grande era realmente su culpa…

La frialdad y el descuido de Simón para con el Salvador demostraban cuán poco apreciaba la merced que había recibido. Pensaba que honraba a Jesús invitándole a su casa. Pero ahora se vio a sí mismo como era en realidad… Su religión había sido un manto farisaico… Mientras María era una pecadora perdonada, él era un pecador no perdonado. La severa norma de justicia que había deseado aplicar contra María le condenaba a él.

Simón fue conmovido por la bondad de Jesús al no censurarle abiertamente delante de los huéspedes. Él no había sido tratado como deseaba que María lo fuese… Una denuncia severa hubiera endurecido el corazón de Simón contra el arrepentimiento, pero una paciente admonición le convenció de su error. Vio la magnitud de la deuda que tenía para con su Señor. Su orgullo fue humillado, se arrepintió, y el orgulloso fariseo llegó a ser un humilde y abnegado discípulo (Conflicto y valor, p. 308).

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Lección 12 // Lunes 20 de marzo_________________________________________

LA NECESIDAD DE JUSTICIA

Juan 16:8 dice que el Espíritu Santo convencerá al mundo no solamente de pecado, sino también de justicia. En otras palabras, el mundo, que no sabe lo que realmente es el pecado, tampoco sabe lo que realmente es la justicia.

Las personas no convertidas piensan que la moralidad externa es suficiente. No desean la justicia de Dios, sino la suya propia. Desean una justicia que provenga de sus propios actos externos, tales como la obediencia a la Ley de Dios. No obstante, nuestros actos de obediencia a la Ley nunca pueden justificarnos ante Dios.

En Isaías 64:6, el profeta describe los actos de justicia propia, del pueblo de su época, como “trapos de inmundicia”. Aun nuestra mejor justicia autopercibida con motivos religiosos es, de hecho, lo opuesto: injusticia.

Sin embargo, la justicia de Jesús es suficiente para nosotros. Cumple con todos los requisitos de la Ley de Dios. Es acepta para Dios el Padre y podemos reclamarla para nosotros por fe solo en Jesucristo.

Lee Romanos 5:10; y Hebreos 4:15 y 16. ¿De qué manera se relaciona nuestra justicia con el ministerio viviente de Cristo en la presencia del Padre en el cielo?

Romanos 5:10

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Hebreos 4:15-16

15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

La justicia que demanda la Ley se cumple en la vida perfecta de Jesús. Él murió por nosotros. Aunque fue rechazado por aquellos que le dieron muerte aquí en la Tierra, fue recibido por el Padre en el cielo. Mediante la resurrección, Dios el Padre colocó el sello de aprobación sobre la vida y la obra redentora de Jesús. Ahora, Jesús vive para interceder por nosotros (Heb. 4:15, 16) y deposita en nuestro favor los méritos de su muerte, porque nosotros no tenemos la justicia necesaria para la salvación.

De ese modo, podemos vivir porque él vive en nosotros. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20). Cuando Jesús vive en nosotros, caminamos por el Espíritu (Rom. 8:4) y recibimos una nueva vida espiritual por el poder del Espíritu (comparar con Gál. 3:2-5; 5:16, 18).

La exaltación de Jesús hacia el Padre vindica su presencia entre nosotros por medio del Espíritu. Fortalecidos por su Espíritu Santo, sus discípulos viven en conformidad creciente con Cristo.

¿Has experimentado la veracidad de lo “inmundos” que son, en realidad, tus propios intentos de justicia? ¿Qué te enseña esto acerca de tu necesidad de la justicia de Cristo?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Y cuando él venga, convencerá al mundo…

10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

Jesucristo tuvo una vida de total sufrimiento e injusticia en ésta tierra:

-Nació en cuna pobre

-En su infancia trataron de asesinarlo

-En su ministerio le llamaron pecador : 24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.” Juan 9: 24

-Su madre y sus hermanos, llegaron a creer que Jesucristo estaba loco: 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.” Marcos 3: 21

-La gente trató a Cristo como un ignorante: “Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.” Juan 1: 46

-Jesús fue tratado como un endemoniado: 30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.” Marcos 3: 30

-Fue muerto y su acusación fue la de un malhechor: 30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.” Juan 17: 30

Toda la estadía de Jesús en esta tierra, fue una total injusticia de parte del hombre para él, toda su vida en ésta tierra fue constantemente acechado por el asesinato, y su muerte fue llena de mentira, calumnia, e infamia.

¿Quién le hará justicia a Cristo? La respuesta es el Espíritu Santo.

A ésta fecha de la vida del mundo, somos millones que hemos sido convencidos por la Biblia y por el Espíritu Santo que toda la vida de Cristo fue una vida completamente justa y pura.

A ésta fecha, millones estamos conscientes que la muerte de Cristo fue una muerte vicaria, dicho en otras palabras, que aun siendo Cristo una persona justa, murió injustamente, tomando el castigo que a nosotros nos correspondía.

Convencer al mundo que Jesucristo fue justo, ha sido el trabajo del Espíritu Santo, aquí en la tierra.

Desde que Cristo ascendió al cielo, el Espíritu Santo ha trabajado en nuestros corazones para que comprendamos la total justicia de Cristo, ya que Cristo no se puede hacer justicia así mismo, ya que no está mas con nosotros en éste mundo, sino que subió al cielo, a donde está el Padre.

La vida justa de Jesús, nos imparte a nosotros la justificación y también la salvación.

La resurrección de Cristo y su ascensión al cielo, es una prueba grande, que Cristo tuvo una vida justa y sin pecado, ya que Dios el Padre, no puede aceptar a su lado a un impostor o a un pecador.

El acto del Padre de resucitar a Cristo, es posiblemente la prueba mas grande, de la justicia de Cristo. Que muchos lo hayan visto después de su ascensión, sentado a la diestra del Padre, es una muestra de la vindicación de Cristo, que ha hecho el Padre de su vida justa y sin pecado.

El patriarca y profeta David; comenzó a hacer justicia a Cristo, muchos años antes de la venida de Cristo, el rey David dijo: 29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.” Hechos 2 Esto lo dijo el rey David, por inspiración del Espíritu Santo.

El centurión habló de la justicia de Cristo: 47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.” Lucas 23

La mujer de Pilato, defendió la justicia de Cristo:

19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. Mateo 27

Mientras Pedro negaba a Cristo, el mismo Judas Iscariote confesaba que Cristo era inocente.

Mientras el sumo-sacerdote declaraba a Cristo digno de muerte, Pilato decía de Cristo: “Yo no hallo en él ningún delito”

Mientras las mujeres que amaban a Jesús se mantuvieron lejos del juicio, una mujer pagana, salió a la defensa de Cristo, mandando una nota a su esposo que decía: “No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.”

El Nicodemo de la Biblia, escribió un libro, que se llama “El Evangelio de Nicodemo”

Este libro no fue reconocido dentro de los libros canónicos de Las Escrituras, por lo tanto se encuentra entre los libros apócrifos. En El Evangelio de Nicodemo, encontramos extra valiosa información, por ejemplo, él dice que la esposa de Pilato se llamaba Claudia, y también dice que ella era una mujer gentil, que se había convertido al cristianismo.

En otras palabras Claudia era una prosélita. El describe a Claudia como una mujer pía o santa. Dicho sea de paso, la iglesia Ortodoxa Griega, canonizó a Claudia, y la introdujo en su calendario de santos o comúnmente llamada “menología”.

Los días 27 de Octubre, es reconocido por los la Iglesia Ortodoxa Griega, como el día de Santa Claudia. Claudia hizo justicia a Cristo, y esto fue a través del departamento de visiones y sueños, departamento que le pertenece a la oficina del Espíritu Santo.

También Pedro lleno del Espíritu Santo; le hizo justicia a Cristo: 36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. 37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Hechos 2

14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,” Hechos 3

 Esteban le hizo justicia a Cristo, y esto fue por que estaba lleno del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo le permitió contemplar unos pocos segundos de la vida del cielo: 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.”

El apóstol Juan, también hizo justicia a Cristo:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Juan 2: 1

Jesucristo fue acusado de graves cargos, fue hallado culpable y condenado por las autoridades mas altas de la nación hebrea, a pesar de esa condena y de su violento padecimiento y ejecución, el Espíritu Santo descendió al mundo para convencer al mundo que Cristo fue inocente, y que si vida fue justa y sin pecado.

Lo ha conseguido, nos ha convencido de la justicia de Cristo. Millones y millones, sabemos que Cristo fue justo, y ahora lo contemplamos como nuestro Santo, como nuestro Dios, como nuestro Redentor y como nuestro Salvador.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La ropa blanca de la inocencia era llevada por nuestros primeros padres cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. Ellos vivían en perfecta conformidad con la voluntad de Dios… Una hermosa y suave luz, la luz de Dios, envolvía a la santa pareja. Este manto de luz era un símbolo de sus vestiduras espirituales de celestial inocencia. Si hubieran permanecido fíeles a Dios, habría continuado envolviéndolos. Pero cuando entró el pecado, rompieron su relación con Dios, y la luz que los había circuido se apartó. Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse.

Esto es lo que los transgresores de la ley de Dios han hecho desde el día en que Adán y Eva desobedecieron. Han cosido hojas de higuera para cubrir la desnudez causada por la transgresión. Han usado los mantos de su propia invención; mediante sus propias obras han tratado de cubrir sus pecados y hacerse aceptables a Dios.

Pero esto no pueden lograrlo jamás. El hombre no puede idear nada que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera, ningún vestido común a la usanza mundana, podrán emplear aquellos que se sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero.

Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente…

Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartimos a nosotros este carácter. “Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias” (Isaías 64:6). Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios “apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 252, 253).

Cuando nos sometemos a Cristo… vivimos su vida. Esto es lo que significa estar cubiertos con el manto de su justicia. Luego, al contemplamos, el Señor no ve la vestidura de hojas de higueras, ni la desnudez y deformidad del pecado, sino su propio manto de justicia, que es obediencia perfecta a la ley de Jehová.

A todos Dios ha ofrecido la ayuda que vigorizará todos los nervios y músculos espirituales para el día en que llegue el tiempo de prueba que nos sobrecogerá a todos. Se me ha encomendado el siguiente mensaje: Cubríos con toda la armadura de la justicia de Cristo… Y, habiendo hecho todo cuanto esté de vuestra parte, tendréis la victoria asegurada. A cada alma se le ofrece la misericordiosa oportunidad de afirmarse sobre la Roca de los Siglos (Mi vida hoy, p. 321).

Muchos están engañados acerca de la condición de su corazón. No comprenden que el corazón natural es engañoso más que todas las cosas y desesperadamente impío. Se envuelven con su propia justicia y están satisfechos con alcanzar su propia norma humana de carácter. Sin embargo, cuán fatalmente fracasan cuando no alcanzan la norma divina y, por sí mismos, no pueden hacer frente a los requerimientos de Dios (Mensajes selectos, t. 1, p. 376).

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Martes 21 de marzo // Lección 12_________________________________________

CONVENCIMIENTO DE JUICIO

Lee Juan 16:8 y 11. ¿A qué juicio se está refiriendo Jesús? ¿Por qué este juicio es una buena noticia?

Juan 16:8-11

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Resta una última convicción importante que forma parte de la obra del Espíritu: convicción acerca del juicio. Aquí es donde mucho de la predicación sobre este pasaje parece ir en la dirección equivocada. Generalmente, un debate sobre el pecado y la justicia parecen llevar a muchos profesos cristianos a pronunciar, sobre aquellos que rechazan a Cristo, una advertencia acerca del Juicio. Al hacerlo, su intención es advertir a los pecadores, a menudo con un matiz de temor, sobre el Juicio futuro que les espera.

Y, aunque ese Juicio es una realidad, Jesús no se está refiriendo a eso en Juan 16:11. El lenguaje indica que el Señor no está hablando del Juicio venidero, como lo hizo en Juan 12:48. Más bien, el aspecto del juicio al que se refiere aquí Jesús es la buena nueva de que Satanás ya ha sido juzgado en el Calvario. El diablo, el gran enemigo de la verdad, ahora está viviendo con tiempo prestado. El Juicio vendrá, pero el foco aquí está puesto en la certeza de que el príncipe de este mundo ya ha sido condenado (Juan 12:31).

Lee 1 Pedro 5:8 y 9. ¿Cómo describe Pedro a Satanás? ¿De qué manera podemos resistirlo?

1 Pedro 5:8-9

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

El diablo, aun sabiendo que su tiempo es corto y que ha sido derrotado fatalmente en el Calvario, todavía está vivo. Y está furioso, intentando devorar al mayor número posible de personas. Sin embargo, es un enemigo vencido. Jesús ha obtenido la victoria. La sangre de Jesús nos hace libres.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la invasión exitosa de Francia por parte de los aliados fue un golpe decisivo para las tropas nazis. Ese 6 de junio de 1944, estaba claro que Hitler había sido derrotado. No obstante, los once meses entre el Día D (cuando se inició el ataque) y el Día VE (8 de mayo de 1945, cuando finalizó la guerra en Europa) fueron los más sangrientos de todos. De manera similar, Satanás sabe que fue derrotado contundentemente en la Cruz, pero sigue peleando testarudamente e intenta devorar a todos los que pueda. En estos tiempos difíciles, somos llamados a ser sobrios y velar, y a echar todas nuestras ansiedades sobre Jesús, porque él tiene cuidado de nosotros (1 Ped. 5:7, 8).

¿Por qué el Juicio implica buenas nuevas? ¿Quién es nuestra seguridad en el Juicio? ¿Cómo podemos predicar acerca del Juicio de tal manera que inspiremos esperanza en vez de temor?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Y cuando él venga, convencerá al mundo… 11 … de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Si tradujéramos éste texto literalmente; el texto dijera así: “… por cuanto el príncipe de éste mundo, ya ha sido y se mantiene juzgado”, ya que está escrito gramaticalmente en “tiempo perfecto,” que da a entender una completa , definitiva y total condenación.

Todo va a estar muy bien, cuando el dominio del príncipe de éste mundo sea subyugado, si, cuando sea roto el dominio de aquel que ha hecho todo éste daño al mundo.

El juicio de del diablo, sucede realmente en la muerte de Jesucristo: 30 Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.” Juan 12

Con el juicio de Satanás, quedan los dos reinos claramente definidos. El poder del príncipe de éste mundo ha sido vencido por el poder de Jehová de los Ejércitos y esa victoria sobre el mal, se ha transferido a todos aquellos que se vuelven parte del reino de los cielos.

¿Cuándo fue juzgado Satanás y hallado culpable? Esto sucede alrededor de la muerte de Cristo, precisamente el día Domingo, que fue el día de la resurrección, que también fue el día de la expulsión de Satanás del cielo.

Lo primero que necesitamos comprender es que Lucifer fue expulsado del cielo por lo menos en dos ocasiones; la primera expulsión del cielo,  fue después que se le celebró juicio y se dictaminó que en él había maldad, en ésta expulsión, la tierra aun no había sido creada. 

Ahora recurrimos al espíritu de  profecía, y  encontramos que hay una primera expulsión de Lucifer, y ésta expulsión ocurrió aún antes de la tierra ser creada:

“Rebelarse contra el gobierno de Dios era un crimen enorme. Todo el cielo parecía estar en conmoción. Los ángeles se ordenaron en compañías; cada división tenía un ángel comandante al frente. Satanás estaba combatiendo contra la ley de Dios por su ambición de exaltarse a sí mismo y no someterse a la autoridad del Hijo de Dios, el gran comandante celestial.

Se convocó a toda la hueste angélica para que compareciera ante el Padre, a fin de que cada caso quedase decidido. Satanás manifestó con osadía su descontento porque Cristo había sido preferido antes que él. Se puso de pie orgullosamente y sostuvo que debía ser igual a Dios y participar en los concilios con el Padre y comprender sus propósitos. El Señor informó a Satanás que sólo revelaría sus secretos designios a su Hijo, y que requería que toda la familia celestial, incluido Satanás, le rindiera una obediencia absoluta e incuestionable; pero que él (Satanás) había demostrado que no merecía ocupar un lugar en el cielo. Entonces el enemigo señaló con regocijo a sus simpatizantes, que eran cerca de la mitad de los ángeles, y exclamó: “¡Ellos están conmigo! ¿Los expulsarás también y dejarás semejante vacío en el cielo?” Declaró entonces que estaba preparado para hacer frente a la autoridad de Cristo y defender su lugar en el cielo por la fuerza de su poder, fuerza contra fuerza.  {Historia de la Redención 18.1}

Entonces hubo guerra en el cielo. El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron. El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo. Toda la hueste celestial reconoció y adoró al Dios de justicia. Ni un vestigio de rebeldía quedó en el cielo. Todo volvió a ser pacífico y armonioso como antes. Los ángeles lamentaron la suerte de los que habían sido sus compañeros de felicidad y bienaventuranza. El cielo sintió su pérdida. {Historia de la Redención  19.1}

Después de su expulsión, Satanás se dio cuenta de su gran tragedia, y solicitó una entrevista con El Hijo de Dios:

“Satanás tembló al contemplar su obra. Meditaba a solas en el pasado, el presente y sus planes para el futuro. Su poderosa contextura temblaba como si fuera sacudida por una tempestad. Entonces pasó un ángel del cielo. Lo llamó y le suplicó que le consiguiera una entrevista con Cristo. Le fue concedida. Entonces le dijo al Hijo de Dios que se había arrepentido de su rebelión y deseaba obtener nuevamente el favor de Dios. Deseaba ocupar el lugar que Dios le había designado previamente, y permanecer bajo su sabia dirección. Cristo lloró ante la desgracia de Satanás, pero le dijo, comunicándole la decisión de Dios, que nunca más sería recibido en el cielo… Las semillas de la rebelión todavía estaban dentro de él…

Cuando Satanás se convenció plenamente de que no había posibilidad alguna de recuperar el favor de Dios, manifestó su maldad con odio acrecentado y ardiente vehemencia…

Como no pudo lograr que lo admitieran en el cielo, montó guardia en la entrada misma de él, para mofarse de los ángeles y buscar contiendas con ellos cuando entraban y salían.—La Historia de la Redención, 24-27.

Después que Lucifer y sus ángeles fueron  expulsados del cielo ¿Para donde se fueron? 

Muchos dicen que Satanás fue expulsado a la tierra; pero esto no es así, ya que la tierra aún no había sido creada en la primera expulsión de Satanás del cielo.

Otros dicen y creen, que Satanás y todos los ángeles caídos se fueron para otros planetas, pero en verdad no salieron inmediatamente para otros planetas, no fueron a ningún lugar, se quedaron en la misma entrada del cielo.

Como no pudo lograr que lo admitieran en el cielo, montó guardia en la entrada misma de él, para mofarse de los ángeles y buscar contiendas con ellos cuando entraban y salían.—La Historia de la Redención, 24-27.

La segunda expulsión de Satanás fue hacia la tierra, y esa sucedió alrededor de la muerte de Cristo.

El mejor lugar para colocar la expulsión de Satanás es alrededor de la cruz de Cristo, Cristo aseguró que la expulsión de Satanás, sería  un resultado de su muerte:

17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. 20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. Lucas 10

31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.  Juan 12

En Isaías 14:12 un ser celestial es arrojado a la Tierra después de fracasar en el intento de hacerse a sí mismo como Dios. 

12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Isaías 14

Apocalípsis 12:7 al 12 nos informa que aquel acceso limitado que tenía Satanás al cielo, llegó a su fin cuando Cristo dio su vida en la cruz.

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Apocalípsis 12 En éste texto, denota que se hace una expulsión de Satanás, y se hace un recordatorio que éste que fue expulsado, es la misma “serpiente antigua”, la que estaba en el Edén, la que engaño a nuestros primeros padres, y su nombre es diablo o Satanás.

Posiblemente la segunda expulsión de Satanás se dio en el día Domingo de la resurrección.

El Domingo en la mañana, cuando María lo encontró, Jesús no permitió el contacto físico de ella con él, ella estaba a punto de abrazarlos y Jesús se lo impidió: “Le dice Jesús: No me toques; porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” Juan 20: 17    María fue comisionada para dar las buenas nuevas a los discípulos, y allí mismo también Jesús le indica a María, que él iría inmediatamente al trono del Padre en los cielos.

Mas tarde en ese mismo día Jesús se le presenta a los 11 discípulos a la hora de la cena, y él les invita a tocarlo:  36 Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.  37 Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.  38 Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.  40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Lucas 24

“Pero ahora, con su propia voz familiar, Jesús le dijo: “¡María!” Entonces supo que no era un extraño el que se dirigía a ella y, volviéndose, vió delante de sí al Cristo vivo. En su gozo, se olvidó que había sido crucificado. Precipitándose hacia él, como para abrazar sus pies, dijo: “¡Rabboni!” Pero Cristo alzó la mano diciendo: No me detengas; “porque aun no he subido a mi Padre: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” Y María se fué a los discípulos con el gozoso mensaje.

Jesús se negó a recibir el homenaje de los suyos hasta tener la seguridad de que su sacrificio era aceptado por el Padre. Ascendió a los atrios celestiales, y de Dios mismo oyó la seguridad de que su expiación por los pecados de los hombres había sido amplia, de que por su sangre todos podían obtener vida eterna. El Padre ratificó el pacto hecho con Cristo, de que recibiría a los hombres arrepentidos y obedientes y los amaría como a su Hijo. Cristo había de completar su obra y cumplir su promesa de hacer “más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ophir al hombre.”3 En cielo y tierra toda potestad era dada al Príncipe de la vida, y él volvía a sus seguidores en un mundo de pecado para darles su poder y gloria. ” {Deseado de Todas las Gentes 734.3}

Ese día Domingo, fue un día muy especial, Jesús se presentó en el cielo para recibir la aprobación del Padre por su sacrificio, su obra se había realizado en armonía con las exigencias del Padre y cumplía con las demandas del cielo para la salvación del hombre. El imperio de Satanás, había caído, ahora Jesús con su muerte, con su resurrección y con la aprobación de Dios, había logrado arrebatar la tierra a su antiguo príncipe, para mi, es allí donde se cumplen las palabras de capítulo 12 de Apocalípsis:

 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

De acuerdo al espíritu de profecía, la tierra no había sido creada en la primera expulsión, pero en ésta segunda expulsión Satanás es arrojado a la tierra directamente, la “serpiente antigua” es arrojada a su antiguo dominio. 

La segunda expulsión de Satanás, no pudo ser antes de la muerte de Cristo, ya que Cristo tenían que pronunciar las palabras “CONSUMADO ES” que eran las palabras que le ponían el toque final al imperio de Satanás en ésta tierra.

La expulsión de Satanás tampoco pudo ser el día viernes de la muerte de Cristo, por que Cristo estaba siendo enjuiciado y siendo muerto aquí en la tierra. La Biblia dice que fue Miguel, el que expulsó a Lucifer del cielo, como todos sabemos Miguel es otro nombre que tiene Jesucristo.

La expulsión de Satanás no pudo ser en Sábado, por que Cristo estaba descansando en la tumba.

La expulsión de Satanás tuvo que ser en ese día Domingo de la resurrección de Cristo, allí en ese mini-concilio que se realizó en el cielo, donde Dios aprueba 100% la obra y  el sacrificio de su Hijo.

De allí en adelante ya no se acepta mas al acusador en el cielo, de allí en adelante sus días están contados, y le espera el juicio ejecutivo y final; allí se cumple el versículo 10 que dice: 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche

Elena de White, visitó el cielo en muchas ocasiones y encontró el sistema de seguridad angelical a la entrada del cielo; posiblemente para evitar el acceso al cielo de algún ser no deseado o expulsado anteriormente:

“En la santa ciudad hay perfecto orden y armonía. Todos los ángeles comisionados para visitar la tierra llevan una tarjeta de oro que, al salir o entrar en la ciudad, presentan a los ángeles de la puerta. El cielo es un lugar agradable. Yo anhelo estar allí y contemplar a mi hermoso Jesús que por mí dió la vida, y ser transmutada a su gloriosa imagen. ¡Oh! ¡quién me diera palabras para expresar la gloria del brillante mundo venidero! Estoy sedienta de las vivas corrientes que alegran la ciudad de nuestro Dios.” {Primeros Escritos 39.2}

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo vino a poner la salvación al alcance de todos. Sobre la cruz del Calvario pagó el precio infinito de la redención de un mundo perdido. Su abnegación y sacrificio propio, su labor altruista, su humillación, sobre todo la ofrenda de su vida, atestiguan la profundidad de su amor por el hombre caído. Vino a esta tierra a buscar y salvar a los perdidos. Su misión estaba destinada a los pecadores: de todo grado, de toda lengua y nación. Pagó el precio para rescatarlos a todos y conseguir que se le uniesen y simpatizasen con él. Los que más yerran, los más pecaminosos, no fueron pasados por alto; sus labores estaban especialmente dedicadas a aquellos que más necesitaban la salvación que él había venido a ofrecer. Cuanto mayores eran sus necesidades de reforma, más profundo era el interés de él, mayor su simpatía, y más fervientes sus labores. Su gran corazón lleno de amor se conmovió hasta lo más profundo en favor de aquellos cuya condición era más desesperada, de aquellos que más necesitaban su gracia transformadora (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 568).

El hombre caído es el cautivo legítimo de Satanás. La misión de Jesucristo fue libertarlo de su poder. El hombre se inclina naturalmente a seguir las sugerencias de Satanás y por sí mismo no puede resistir con éxito a un enemigo tan terrible, a menos que Cristo, el poderoso Vencedor, more en él, guiando sus deseos y dándole fuerza. Solo Dios puede limitar el poder de Satanás, que anda en la tierra de acá para allá. Ni por un momento deja de estar alerta por temor a perder una oportunidad para destruir a los hombres. Es importante que el pueblo de Dios entienda esto, para que pueda evadir sus trampas (Mensajes para los jóvenes, p. 36).

En el día del juicio final, cada alma perdida comprenderá la naturaleza de su propio rechazamiento de la verdad. Se presentará la cruz y toda mente que fue cegada por la transgresión verá su verdadero significado. Ante la visión del Calvario con su Víctima misteriosa, los pecadores quedarán condenados. Toda excusa mentirosa quedará anulada. La apostasía humana aparecerá en su odioso carácter. Los hombres verán lo que fue su elección (Hijos e hijas de Dios, p. 246).

En la ejecución final del juicio se verá que no existe causa para el pecado. Cuando el Juez de toda la tierra pregunte a Satanás: “¿Por qué te rebelaste contra mí y arrebataste súbditos de mi reino?”, el autor del mal no podrá ofrecer excusa alguna. Toda boca permanecerá cerrada, todas las huestes rebeldes quedarán mudas.

Mientras la cruz del Calvario proclama el carácter inmutable de la ley, declara al universo que la paga del pecado es muerte. El grito agonizante del Salvador: “Consumado es”, fue el toque de agonía para Satanás. Fue entonces cuando quedó zanjado el gran conflicto que había durado tanto tiempo y asegurada la extirpación final del mal. El Hijo de Dios atravesó los umbrales de la tumba, “para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo” (Hebreos 2:14). El deseo que Lucifer tenía de exaltarse a sí mismo le había hecho decir: “¡Sobre las estrellas de Dios ensalzaré mi trono… seré semejante al Altísimo!” Dios declara: “Te tomo en ceniza sobre la tierra… y no existirás más para siempre” (Isaías 14:13, 14; Ezequiel 28:18, 19) (El conflicto de los siglos, p. 493).

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Lección 12 // Miércoles 22 de marzo_______________________________________

SEGURIDAD DE SALVACIÓN

Lee 1 Juan 5:12 y 13; Romanos 8:15 al 17; y 2 Corintios 5:5. Una vez que hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador, ¿por qué podemos tener la seguridad de la vida eterna? ¿Cuál es la base de esta seguridad?

1 Juan 5:12-13

12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. 13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Romanos 8:15-17

15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

2 Corintios 5:5

Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

El Espíritu Santo es el que guía a los pecadores a Jesús. La muerte sustitutiva de Jesús nos ha reconciliado con Dios. El perdón de Jesús nos libera para vivir una nueva vida como hijos adoptivos de Dios. Ya no somos enemigos de Dios (Rom. 5:10), sino que caminamos según el Espíritu (8:4) y ponemos nuestros pensamientos en las cosas del Espíritu (vers. 5). Si no tuviéramos al Espíritu de Cristo, no seríamos sus hijos y no perteneceríamos a él (vers. 9). Pero, ahora tenemos el testimonio interno del Espíritu Santo, que mora en nosotros. Él nos testifica que pertenecemos a Jesús, y que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo (vers. 17). La misma vida poderosa que levantó a Jesús de entre los muertos está ahora activa en nosotros y, aunque antes estábamos muertos espiritualmente, nos da vida (vers. 10). Más aún, el Espíritu Santo también sella en nuestro corazón la seguridad de que, verdaderamente, pertenecemos a Dios. Habiendo oído y creído el evangelio de nuestra salvación, fuimos sellados en Jesús con el Espíritu Santo, que es otorgado como “garantía de nuestra herencia” (Efe. 1:13, 14; BA). Cada creyente puede tener esta seguridad (1 Juan 5:12, 13).

Lee Efesios 1:13 y 14. ¿Qué significa estar sellados con el Espíritu?

Efesios 1:13-14

13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Aquellos que aceptan a Cristo son nacidos de nuevo; es decir, nacidos “del Espíritu” (Juan 3:3, 5). El Espíritu Santo sella este hecho en nuestro corazón para que podamos tener la seguridad de que estamos salvos y experimentar así el gozo que proviene de ser un hijo de Dios. El Espíritu Santo nos identifica como pertenecientes a Cristo. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Rom. 8:9). Ahora tenemos un entendimiento de que Dios es nuestro Padre amante y que nosotros somos sus queridos hijos. El Espíritu Santo es el adelanto, el depósito o la garantía del don final de la vida eterna y la inmortalidad que nos será dada en la segunda venida de Jesús (1 Cor. 15:51-54). Esta es la marca distintiva de la fe auténtica. Es difícil que encontremos a un cristiano que pueda testificar con poder convincente sin tener esta seguridad.

“Hablemos de la fe, de la esperanza, del valor, y difundiremos luz por todas partes. Sigamos pensando en la puerta abierta que Cristo ha colocado ante nosotros y que ningún hombre puede cerrar. Dios cerrará la puerta a todo mal, si le damos la oportunidad. Cuando el enemigo llega como inundación, el Espíritu del Señor levantará para nosotros un baluarte contra él” (RH, 16 de abril de 1889).

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Muy entendible, con el estudio de la lección y el espíritu de profecía

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¿Cómo podemos quedar en duda e incertidumbre y sentimos huérfanos? Por amor a quienes habían transgredido la ley, Jesús tomó sobre sí la naturaleza humana; se hizo semejante a nosotros, para que tuviéramos la paz y la seguridad eternas. Tenemos un Abogado en los cielos, y quienquiera que lo acepte como Salvador personal, no queda huérfano ni ha de llevar el peso de sus propios pecados.

“Amados, ahora somos hijos de Dios”. “Y si hijos de Dios, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. “Y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es” (Romanos 8:17) (El discurso maestro de Jesucristo, p. 90).

La fe que sirve para ponemos en contacto vital con Cristo expresa de nuestra parte una suprema preferencia, perfecta confianza, entera consagración. Esta fe obra por el amor y purifica el alma. Obra en la vida del seguidor de Cristo la verdadera obediencia a los mandamientos de Dios, pues el amor a Dios y el amor al hombre serán el resultado de la relación vital con Cristo. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9) (Mensajes selectos, t. 1, p. 392).

Cuando terminen nuestras faenas terrenales, y Cristo venga por sus hijos fieles, brillaremos como el sol en el reino de nuestro Padre. Pero antes de que venga ese tiempo, todo lo que sea imperfecto en nosotros será quitado. Toda envidia, y celos, y malas sospechas, y todo plan egoísta, habrán sido eliminados de la vida.

¿Estamos luchando con todas las facultades que Dios nos dio para alcanzar la medida de la estatura de hombres y mujeres en Cristo? ¿Estamos procurando su plenitud, conquistando una altura cada vez mayor, en procura de la perfección de su carácter? Cuando los siervos de Dios alcancen este punto, serán sellados en sus frentes. El ángel registrador declarará: “Consumado es”. Serán completos en él los que le pertenezcan por creación y por redención.

Cuando venga Cristo, él tomará a los que han purificado sus almas por medio de la obediencia a la verdad… Esto mortal será vestido de inmortalidad, y estos cuerpos corruptibles, sujetos a la enfermedad, serán transformados de mortales en inmortales. Entonces recibiremos el don de una naturaleza más elevada. Los cuerpos de todos los que purifican sus almas obedeciendo la verdad, serán glorificados. Ellos habrán recibido y creído plenamente en Cristo Jesús (Mensajes selectos, t. 3, p. 488).

Ha llegado el tiempo cuando debemos esperar que el Señor haga grandes cosas para nosotros. Nuestros esfuerzos no deben flaquear ni debilitarse. Hemos de crecer en la gracia y en el conocimiento del Señor. Antes de que sea completamente terminada la obra y termine el sellamiento del pueblo de Dios, recibiremos el derramamiento del Espíritu de Dios. Ángeles del cielo estarán en nuestro medio. El presente es un tiempo de preparación para el cielo, cuando debemos caminar en plena obediencia a todos los mandamientos de Dios (Mensajes selectos, t. 1, p. 130).

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Jueves 23 de marzo // Lección 12_________________________________________

EL ESPÍRITU SANTO Y LA ESPERANZA

Lee Romanos 5:4 y 5, y 15:13; y 1 Corintios 13:13. ¿De qué forma están relacionados el amor y la esperanza? ¿En qué sentido es fundamental el Espíritu Santo para darnos amor y esperanza?

Romanos 5:4-5

y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Romanos 5:13

13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.

1 Corintios 13:13

13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

El Espíritu Santo es el que ha derramado el amor de Dios en nuestro corazón. El amor incólume e inmutable de Dios es la razón y el fundamento de nuestra esperanza. Sin amor, no habría esperanza. Solamente el amor genera esperanza. Debido a que el amor de Dios está combinado con su fidelidad, tenemos la esperanza maravillosa de que él vendrá otra vez y nos llevará a su Morada celestial.

Lee Salmo 31:24. ¿Qué efectos tiene la esperanza en nosotros?

Salmo 31:24

24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.

La esperanza inspira. La esperanza da nuevas fuerzas, y nos permite cantar y estar gozosos. La esperanza es esencial para la vida. Sin esperanza, ¿cuál es el propósito de la vida?

Tener esperanza, sin embargo, no es lo mismo que ser optimistas. El optimista piensa que todo mejorará: el clima, la economía, las notas en la escuela, las finanzas, etc. La esperanza, en contraste, no es un optimismo ciego. Más bien, está fundamentada en la fidelidad de Dios y en las promesas que él ha hecho. La esperanza cree que Dios cumplirá lo que ha dicho, porque es fiel y verdadero. Dios ha probado ser digno de confianza, y no cambia. Su inmutabilidad y su verdad son el fundamento de nuestra esperanza.

Sin duda, también, el fundamento de nuestra esperanza se encuentra en Jesús y en la Cruz. No es posible ver la realidad del amor de Dios por nosotros de un modo más poderoso que cuando miramos a la Cruz. Esta, que significa la muerte de Jesús por nuestros pecados, nos da a nosotros y al universo una revelación sin igual de cómo es verdaderamente nuestro Dios. Por lo tanto, siendo seres caídos y temporales en un vasto e inmenso cosmos, podemos encontrar esperanza, no en nosotros o en cualquier cosa “grandiosa” que podamos lograr, sino en nuestro Dios, un Dios que se ha revelado a nosotros en la Cruz.

¿De qué manera la esperanza del advenimiento está fundamentada en las promesas fieles de Dios? ¿De qué forma la esperanza influye en nuestra vida? ¿Cómo podemos desarrollar un estilo de vida que refleje esperanza en vez de desesperanza?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

13Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

De las tres grandes virtudes que nos acompañan en nuestro camino hacia el cielo, dos de ellas desaparecen a la entrada del cielo.

El amor es más grande que la fe y la esperanza, por varias razones:

1-El amor es mas grande, por que es mas duradero, el amor continua por la eternidad, mientras que la fe y la esperanza nos abandonan justamente a la entrada del cielo.

La fe termina justamente cuando veamos el rostro de Dios, por que viendo lo que tanto creímos, la fe no se necesita mas; viendo lo que tanto hemos esperado, la esperanza tampoco se necesita más.

2-La fe y la esperanza fueron diseñadas después de la caída del hombre, y el trabajo de ellas dos era y es, levantar al hombre de su estado caído. El amor estaba con el hombre desde su primera respiración, el amor es un atributo eterno de un Dios eterno, transmitido al hombre desde el día de su creación.

3-La fe y la esperanza son instrumentos de salvación, pero el amor es el que activa tanto a la fe como a la esperanza.

4-El amor es la raíz de la fe y de la esperanza: Creemos en lo que amamos; también esperamos lo que tanto amamos y deseamos.

5-La fe y la esperanza tiene el interés de salvarnos, el amor no tiene ningún interés, es noble y generoso, el amor nos transporta mas allá de nuestros propios límites.

6-La fe y la esperanza son humanas, el amor es divino, existe, siempre ha existido y siempre existirá, el amor es Dios mismo, el amor se encuentra en lo más alto de la gloria de Dios.

A pesar de la grandeza del amor, sin fe no podemos ser salvo, tampoco sin esperanzas. Estos tres la fe, la esperanza y el amor, son indispensables en nuestro caminar a la patria celestial. Con la ausencia de uno de ellos en nuestras vidas, ponemos en entredicho la salvación.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios necesita hombres de valor intrépido, hombres llenos de esperanza, fe y confianza, que se regocijen pensando en el triunfo final y rehúsen rendirse ante los obstáculos. Aquel que se adhiere firmemente a los principios de la verdad tiene la certeza de que sus puntos de carácter más débiles pueden transformarse en los más fuertes. Los ángeles del cielo están junto al que lucha para poner su vida en armonía con Dios y su santa ley. Dios está con él mientras declara: “Debo vencer las tentaciones que me rodean, antes de que tomen el lugar de Cristo en mi corazón”. Combate contra toda tentación y se enfrenta con valor a cada oposición. Por medio de la fortaleza obtenida de lo alto, domina las pasiones y tendencias que, si no los controlara, lo llevarían al fracaso…

¿Por qué, entonces, no se adelantan con fe y valor los que se enfrentan a los poderes de las tinieblas? Dios y Cristo y el Espíritu Santo están de su lado… Que los que se afianzan debajo del estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel no hagan nada que traería deshonra a la causa por la cual luchan. Dios espera que sus soldados sean valientes, leales y honrados (In Heavenly Places, p. 327; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 329).

Confiad en Dios, esperad en él y descansad en sus promesas.

Cuando el diablo viene con sus dudas e incredulidades, cerrad la puerta de vuestro corazón. Cerrad vuestros ojos para no espaciaros en sus sombras infernales. Alzad vuestra vista a donde podáis contemplar las cosas que son eternas, y encontraréis fuerzas para cada hora. La prueba de vuestra fe es mucho más preciosa que el oro. … Os hace valientes para pelear la batalla del Señor (Nuestra elevada vocación, p. 88).

Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no hubiera resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca hubiéramos sentido gozo, sino tan solo habríamos experimentado los horrores de la oscuridad y las aflicciones de la desesperación. Por lo tanto, solo la alabanza y gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos sido participantes de sus beneficios celestiales, recipientes de las bendiciones de su expiación sin par…

El lenguaje del alma debiera ser de gozo y gratitud. Si algunos tienen capítulos oscuros en su vida, sepúltenlos. No se mantenga viva esa historia mediante la repetición… Cultivad tan solo aquellos pensamientos y sentimientos que produzcan gratitud y alabanza…

Os suplico que nunca profiráis una palabra de queja, sino que alberguéis sentimientos de agradecimiento y gratitud. Al proceder así, aprenderéis a producir melodías en vuestro corazón. Entretejed en vuestra experiencia como urdimbre y trama las áureas hebras de gratitud. Contemplad la tierra mejor, donde nunca se derraman lágrimas, donde nunca se experimentan las tentaciones y pruebas, donde no se conocen pérdidas ni reproches, donde todo es paz, gozo y felicidad. Aquí puede espaciarse ampliamente vuestra imaginación. Esos pensamientos os harán pensar más en el cielo, os dotarán de vigor celestial, satisfarán vuestra alma sedienta con ríos de aguas vivas, y pondrán sobre vuestro corazón el sello de la imagen divina. Os llenarán con gozo y esperanza al creer, y habitarán con vosotros para siempre como un consolador (En los lugares celestiales, p. 38).

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Lección 12 // Viernes 24 de marzo________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee algunas porciones de Recibiréis poder, especialmente la sección de octubre: “Preparados por el Espíritu”.

Podemos resumir la actividad del Espíritu Santo al decir que obra armoniosamente junto con Dios el Padre y Dios el Hijo, para lograr nuestra salvación. El Espíritu Santo nos despierta de nuestra muerte espiritual. Nos lleva a una comprensión de nuestra pecaminosidad y abre nuestros ojos al hecho de que estamos perdidos, en nosotros y por nosotros mismos. El Espíritu enciende en nuestro interior el deseo de cambiar y nos lleva a Jesucristo, el único que puede suplir las necesidades de nuestro fuero más íntimo. Nos da la seguridad de la salvación porque siempre nos señala a Jesús y a lo que Jesús ha hecho por nosotros. Nos hace más semejantes a Jesús. Nos mantiene fieles en nuestro caminar con Dios. Nos capacita para cumplir con la voluntad de Dios e involucrarnos eficazmente en la misión. Genera la Palabra escrita de Dios como nuestra guía y norma segura, para nuestra vida y doctrina cristianas. ¿Dónde estaríamos sin el Espíritu Santo? Seríamos miserables y estaríamos perdidos, y no podríamos hacer nada que diera gloria y honor a Dios. Gracias a Jesús por haber prometido y enviado al Espíritu Santo. “El Consolador era el más excelso de los dones que podría solicitar al Padre con el propósito de exaltar a su pueblo” (RP 15).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Medita un poco más en la pregunta sobre qué es el pecado y qué es la justicia. Dado que somos cristianos que creemos en la Biblia como la Palabra de Dios, ¿por qué nuestra comprensión de lo que es el pecado y la justicia debería ser distinta de la de quienes no creen en la Biblia? ¿Cuáles son esas diferencias? ¿Qué nos enseña la Biblia acerca del pecado y de la justicia que otras fuentes no dicen?
  2. Comparte con los miembros de tu clase de Escuela Sabática qué aspecto de la obra del Espíritu Santo ha sido más valioso para ti. ¿Por qué es tan importante y de qué manera ha impactado en tu vida?
  3. En clase, hablen sobre la esperanza que tenemos en Jesús. ¿Cuáles son las razones de esa esperanza? Es decir, si alguien te preguntara por la “razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15), ¿qué respuesta podrías dar y por qué? ¿Cuán convincente podría ser tu argumento?
  4. La lección de esta semana habló acerca de la seguridad de la salvación. ¿Qué es la seguridad de la salvación? Y si la tenemos, ¿por qué la tenemos? ¿Sobre qué debe estar basada? ¿De qué manera difiere de la presunción?

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Escrito por: Tony García.
Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
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Madrid, España 2015