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Lección 12 – LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA Y SU UNIDAD – Para el 22 de diciembre de 2018

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Lección 12: Para el 22 de diciembre de 2018

LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA Y SU UNIDAD

Sábado 15 de diciembre____________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Efesios 5:23-27; Mateo 20:25-28; Tito 1:9; Mateo 16:19; Gálatas 6:1, 2; Mateo 28:18-20.

PARA MEMORIZAR:

“Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mat. 20:26, 27).

Como adventistas del séptimo día, somos cristianos protestantes que creen que la salvación es solo por la fe en lo que Jesucristo ha logrado. No necesitamos una iglesia ni una jerarquía eclesiástica para recibir los beneficios de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Lo que obtenemos de Cristo lo obtenemos directamente de él, como nuestro Sustituto en la Cruz y como nuestro Sumo Sacerdote mediador en el Santuario celestial.

No obstante, la iglesia es una creación de Dios; él la colocó aquí no como un medio de salvación, sino como un vehículo para ayudarnos a expresar y manifestar esa salvación al mundo. La iglesia es una organización que Jesús creó para la difusión del evangelio en el mundo. La organización es importante en la medida en que consolide y habilite la misión de la iglesia. Sin una organización eclesiástica, el mensaje de Jesús no podría comunicarse de manera efectiva a los demás. Los dirigentes de la iglesia también son importantes, ya que fomentan la unidad e ilustran el ejemplo de Jesús.

Esta semana estudiaremos por qué la organización de la iglesia es esencial para la misión y cómo puede fomentar la unidad de la iglesia.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En estas horas finales del tiempo de gracia concedido a los hijos de los hombres, cuando falta tan poco para que la suerte de cada alma sea decidida para siempre, el Señor del cielo y de la tierra espera que su iglesia se levante a obrar como nunca antes. Los que han sido libertados en Cristo por un conocimiento de la verdad preciosa son considerados por el Señor Jesús como sus escogidos, favorecidos por sobre todos los demás en la tierra; y él espera de ellos que manifiesten las alabanzas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Las bendiciones tan liberalmente concedidas deben ser comunicadas a otros. La buena nueva de la salvación debe ir a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

En las visiones de los profetas antiguos se representaba al Señor de gloria como otorgando luz especial a su iglesia en los días de tinieblas e incredulidad que preceden a su segunda venida. Como Sol de Justicia, iba a levantarse sobre su iglesia, para traer “salud” “en sus alas”. Malaquías 4:2. Y de todo verdadero discípulo debe irradiar una influencia que difunda vida, valor, auxilio y verdadera sanidad (Patriarcas y profetas, pp. 528, 529).

Cuando la iglesia se despierte a la comprensión de lo que debe hacerse en nuestro mundo, los miembros tendrán afán por las almas de los que no conocen a Dios y que, en su ignorancia espiritual, no pueden comprender la verdad para este tiempo. La abnegación y el sacrificio del yo han de entretejerse en toda nuestra experiencia. Hemos de orar y velar en oración para que no haya inconsistencia en nuestra vida. No debemos dejar de mostrar a otros que comprendemos que velar y orar significa vivir nuestras oraciones ante Dios, para que pueda contestarlas (Mensajes selectos, tomo 1, p. 136).

La persona que cree en Jesucristo como su Salvador personal debe ser un obrero colaborador suyo, ligado a su corazón de amor infinito, trabajando con él en acciones de abnegación y benevolencia. Aquel a quien Cristo ha revelado su gracia perdonadora practicará las obras de Cristo, manteniéndose unido a él. Dios llama a aquellos por quienes ha hecho un sacrificio infinito, para que tomen su posición como colaboradores suyos y promuevan el avance de la acción misericordiosa de su divina benevolencia.

Cristo se ha separado de la tierra, pero sus seguidores todavía quedan en el mundo. Su iglesia, constituida por los que le aman, debe ser en palabra y acción, en su amor desinteresado y benevolencia, una representación del amor de Cristo. Al practicar la abnegación y llevar la cruz han de ser el medio para implantar el principio del amor en el corazón de aquellos que no están relacionados con el Salvador por un conocimiento experimental (El ministerio médico, p. 419).

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Domingo 16 de diciembre | Lección 12____________________________________

CRISTO, LA CABEZA DE LA IGLESIA

Como ya vimos en una lección anterior, en el Nuevo Testamento se representa a la iglesia con la metáfora del cuerpo. La iglesia es el cuerpo de Cristo. Esta metáfora alude a varios aspectos de la iglesia y la relación entre Cristo y su pueblo. Como el cuerpo de Cristo, la iglesia depende de él para su existencia. Él es la cabeza (Col. 1:18; Efe. 1:22) y la fuente de la vida de la iglesia. Sin él no habría iglesia.

La iglesia también obtiene su identidad de Cristo, porque él es la fuente, el fundamento y el creador de sus creencias y enseñanzas. Sin embargo, la iglesia es más que estas cosas, más allá de la importancia que estas tengan para su identidad. Es Cristo y su Palabra, tal como se revela en las Escrituras, lo que determina qué es la iglesia. Por lo tanto, la iglesia obtiene su identidad y su significado de Cristo.

En Efesios 5:23 al 27, Pablo usa la relación entre Cristo y su iglesia para ilustrar el tipo de relación que debería existir entre el esposo y la esposa. ¿Cuáles son las ideas clave de esta relación entre Cristo y su iglesia?

Efesios 5:23-27

23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Aunque quizá dudemos del concepto de sumisión debido a cómo han abusado de él los dirigentes de otros siglos , no obstante la iglesia debe estar sujeta a la Cabeza, Cristo, y estar sujeta a su autoridad. Nuestro reconocimiento de Cristo como la cabeza de la iglesia nos ayuda a recordar a quién le pertenece nuestra lealtad suprema: al Señor mismo y a nadie más. La iglesia debe organizarse, pero esa organización siempre debe estar subordinada a la autoridad de Jesús, el verdadero líder de nuestra iglesia.

“La iglesia está edificada sobre Cristo como su fundamento; ha de obedecer a Cristo como su cabeza. No debe depender del hombre ni ser controlada por el hombre. Muchos sostienen que una posición de confianza en la iglesia les da autoridad para dictar lo que otros hombres deben creer y hacer. Dios no sanciona esta pretensión. El Salvador declara: ‘Todos vosotros sois hermanos’. Todos están expuestos a la tentación y a cometer errores. No podemos depender de ningún ser finito para ser guiados. La Roca de la fe es la presencia viva de Cristo en la iglesia. De ella puede depender el más débil, y los que se creen los más fuertes resultarán ser los más débiles, a menos que hagan de Cristo su eficiencia” (DTG 382, 383).

¿Cómo podemos aprender a depender de Cristo y no de un “ser finito”, que nos resulta tan fácil?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor no permitirá que su tesoro humano, ganado por Cristo, la Cabeza, se pase a las filas del enemigo, sin hacer todos los esfuerzos posibles en su favor. La única esperanza de los redimidos consiste en cumplir los mandamientos de Dios. Este es el evangelio que ha resonado a través de los siglos hasta llegar a nuestros días.

A todos Cristo nos hace llegar la invitación: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). Por mucho tiempo esta invitación, venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, ha resonado en claros tonos en medio de un mundo confundido y lleno de problemas. Dios no dejará que el hombre siga sus propios caminos y haga su propia voluntad, para que se pierda, sin hacer un esfuerzo definido para recuperarlo. El propósito del ministerio de Cristo, el ámbito de su misericordia y su poder, no tienen límites (Cada día con Dios, p. 26).

Cuando las pruebas los rodean, cuando el abatimiento y la sombría incredulidad dominan sus pensamientos, cuando el egoísmo amolda sus acciones, no ven la necesidad que tienen de Dios, ni de un conocimiento profundo y cabal de su voluntad. No conocen la voluntad de Dios, ni pueden conocerla mientras viven para el yo. Confían en sus buenas intenciones y resoluciones, y la suma principal de sus vidas se compone de resoluciones hechas y resoluciones quebrantadas. Lo que todos necesitan es morir al yo, dejar de aferrarse a él y entregarse a Dios (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 595).

Muchos no están conscientes de su condición ni del peligro que corren; y hay mucho en el carácter y el estilo de la obra de Cristo que se opone a todo principio mundanal y al orgullo del corazón humano. Jesús requiere que nos entreguemos confiadamente en sus manos y que confiemos en su amor y sabiduría.

Como Nicodemo, nos podemos jactar de que nuestro carácter moral no ha estado errado y que no tenemos necesidad de humillarnos ante Dios como un pecador común y corriente. Sin embargo, tenemos que conformamos con entrar en la vida eterna tal como lo hace el primero de los pecadores. Tenemos que renunciar a nuestra propia justicia y rogar para que la justicia de Cristo nos sea imputada. Para recibir fuerza, tenemos que depender enteramente de Cristo. El yo tiene que morir. Tenemos que reconocer que todo lo que deseamos proviene de las sobreabundantes riquezas de la divina gracia. Que sea éste el lenguaje de vuestro corazón: “No a nosotros, oh Señor, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, y en nombre de tu verdad”.

La fe genuina es seguida por el amor, y el amor por la obediencia. Todas las fuerzas y pasiones del hombre convertido son puestas bajo el control de Cristo. Su Espíritu es un poder renovador que transforma a la imagen divina a todo aquel que lo recibe (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 203).

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Lección 12 | Lunes 17 de diciembre_______________________________________

LIDERAZGO DE SERVICIO

Durante su ministerio con los discípulos, Jesús repetidas veces tuvo momentos en los que probablemente se sintió exasperado por la envidia por el poder que parecían tener. Los apóstoles parecían estar ansiosos por convertirse en poderosos líderes del reino de Jesús (Mar. 9:33, 34; Luc. 9:46). Incluso cuando los discípulos participaban de la Última Cena, estos sentimientos de dominación y supremacía eran tangibles entre ellos (Luc. 22:24).

Durante una de esas ocasiones, Jesús expresó claramente sus pensamientos con respecto al liderazgo espiritual entre su pueblo. ¿Qué principios de liderazgo aprendemos de la exhortación de Jesús en Mateo 20:25 al 28? ¿Cómo podemos manifestar este principio en nuestra vida y especialmente en nuestra iglesia?

Mateo 20:25-28

25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

“En este pasaje conciso, Jesús nos presenta dos modelos de autoridad. El primero es la idea romana de autoridad. En este modelo, la élite se coloca jerárquicamente sobre los demás. Tienen el poder de tomar decisiones y de exigir sumisión de quienes están por debajo de ellas. Jesús claramente rechazó este modelo de autoridad cuando afirmó: ‘Mas entre vosotros no será así’. Al contrario, les presentó un modelo de autoridad asombrosamente nuevo a los discípulos, un completo rechazo o reversión del modelo jerárquico con el que estaban familiarizados” (D. Jankiewicz, “Serving Like Jesus: Authority in God’s Church”, p. 18). El concepto de autoridad que Jesús presenta en esta historia se basa en dos palabras clave: siervo (diakonos) y esclavo (doulos). En algunas versiones de la Biblia, la primera palabra, siervo, a menudo se traduce como “ministro”; y la segunda, como “siervo” o “esclavo”. Por lo tanto, ambas palabras pierden así gran parte de la fuerza de la intención de Jesús. Aunque Jesús no deseaba abolir todas las estructuras de autoridad, lo que deseaba enfatizar es que los líderes eclesiásticos deben ser antes que nada siervos y esclavos del pueblo de Dios. Sus cargos no son para ejercer autoridad sobre las personas ni dominarlas o lograr prestigio y reputación. “Cristo estaba estableciendo un reino sobre principios diferentes. Él llamaba a los hombres no a asumir autoridad, sino a servir, a que los fuertes sobrellevaran las flaquezas de los débiles. El poder, la posición, el talento y la educación colocaban a su poseedor bajo una obligación mayor de servir a sus semejantes” (DTG 504).

Lee Juan 13:1 al 20. ¿Qué ejemplo de liderazgo les dio Jesús a sus discípulos? ¿Qué intenta enseñarnos Jesús en este pasaje? ¿Cómo podemos manifestar este principio en todos nuestros actos con los demás, dentro y fuera de la iglesia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En una oportunidad Juan estaba empeñado en una disputa con varios de sus hermanos, sobre cuál de ellos sería considerado el mayor. No tenían la intención de que sus palabras llegaran a oídos del Maestro; pero Jesús leyó sus corazones, y aprovechó la oportunidad para dar a sus discípulos una lección de humildad… “Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos” (Marcos 9:35).

Los que poseen el espíritu de Cristo no tendrán ambición de ocupar una posición por encima de sus hermanos. Aquellos que son pequeños a sus propios ojos son los que serán considerados grandes a la vista de Dios…

¡Qué preciosa lección es ésta para todos los seguidores de Cristo! Los que descuidan los deberes de la vida que les incumben directamente, los que no usan de misericordia y bondad, cortesía y amor, aun hacia un niñito, están descuidando a Cristo. Juan sintió la fuerza de esta lección y la aprovechó (La edificación del carácter, pp. 53, 54).

La vida terrenal del Salvador no fue una vida de comodidad y devoción para sí, sino que él trabajó con esfuerzo persistente, fervoroso e infatigable por la salvación de la perdida humanidad. Desde el pesebre hasta el Calvario, siguió la senda de la abnegación y no procuró estar libre de tareas arduas y duros viajes, ni de trabajos y cuidados agotadores. Dijo: “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” [Mateo 20:28]. Tal fue el gran objeto de su vida. Todo lo demás fue secundario y accesorio. Fue su comida y bebida hacer la voluntad de Dios y acabar su obra. En ésta no hubo amor propio ni egoísmo.

Así también los que son participantes de la gracia de Cristo estarán dispuestos a hacer cualquier sacrificio para que los otros por quienes él murió compartan el don celestial. Harán cuanto puedan para que su paso por el mundo lo mejore. Este espíritu es el fruto seguro del alma verdaderamente convertida. Tan pronto como uno acude a Cristo nace en el corazón un vivo deseo de hacer saber a otros cuán precioso amigo encontró en el Señor Jesús. La verdad salvadora y santificadora no puede permanecer encerrada en el corazón. Si estamos revestidos de la justicia de Cristo y rebosamos de gozo por la presencia de su Espíritu, no podremos guardar silencio. Si hemos probado y visto que el Señor es bueno, tendremos algo que decir a otros (El camino a Cristo, p. 78).

Al hacer su obra [la Majestad de los cielos] se vio entre los afligidos, los pobres, los angustiados y los necesitados. Cristo era la personificación del refinamiento y la pureza; su vida y carácter eran elevados; pero en su ministerio no se lo encontró entre hombres de altisonantes títulos, ni entre los más honorables de este mundo, sino con los despreciados y necesitados. “Viene —dice el divino Maestro—, a salvar lo que se había perdido”… ¿Es el siervo mayor que su Señor? Él ha dado el ejemplo, y nos insta a que lo imitemos (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 415).

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Martes 18 de diciembre | Lección 12______________________________________

CÓMO CONSERVAR LA UNIDAD DE LA IGLESIA

Lee 2 Timoteo 2:15 y Tito 1:9. Según los consejos de Pablo a Timoteo y a Tito, ¿qué tareas esenciales son responsabilidad de un dirigente y de un anciano de iglesia fiel?

2 Timoteo 2:15

15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

Tito 1:9

retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.

Observa cuánto énfasis pone Pablo en conservar la pureza de las doctrinas y las enseñanzas. Esto es fundamental para la unidad, especialmente porque se podría argumentar que, más que ninguna otra cosa, nuestras enseñanzas son las que unifican a nuestra iglesia. Una vez más, como adventistas, como personas de diferentes ámbitos de la vida, culturas y orígenes, nuestra unidad en Cristo se encuentra en nuestra interpretación de la verdad que Cristo nos ha dado. Si nos confundimos con estas enseñanzas, entonces solo habrá caos y división, especialmente a medida que nos acercamos al final.

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Tim. 4:1-4).

Con estas palabras, Pablo centra sus pensamientos inspirados en la segunda venida de Jesús y en el día del Juicio. El apóstol utiliza toda la autoridad dada por Dios (ver 1 Tim. 1:1) para darle a Timoteo este importante consejo. En el contexto de los últimos días, donde abundan las enseñanzas falsas y la inmoralidad va en aumento, Timoteo debe predicar la Palabra de Dios. Ese es el ministerio para el que ha sido llamado.

Como parte de su ministerio de la enseñanza, Timoteo debe convencer, reprender y exhortar. Estos verbos nos recuerdan la instrucción dada por las Escrituras (2 Tim. 3:16). Evidentemente, la obra de Timoteo es aplicar, enseñar e implementar lo que encuentra en las Escrituras, y hacerlo con paciencia y perseverancia. Las reprensiones duras y estrictas rara vez llevan a un pecador a Cristo. Al seguir lo que Pablo escribió, y al hacerlo bajo la conducción del Espíritu Santo y con una actitud de líder siervo, Timoteo sería una poderosa fuerza unificadora en la iglesia.

¿De qué forma práctica podemos ayudar a los dirigentes de nuestra iglesia a conservar la unidad en la iglesia? ¿Cómo podemos asegurarnos de ser siempre una fuerza a favor de la unidad y no de la desunión, incluso en medio de disputas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Pablo sabía que a la iglesia le esperaba un tiempo de grande peligro. Sabía que debía hacerse un fiel y fervoroso trabajo por aquellos a quienes se les había encargado el cuidado de las iglesias; y por eso le escribió a Timoteo… “[Predica] la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

Esta amonestación solemne a uno que era tan celoso y fiel como Timoteo, constituye un poderoso testimonio de la importancia y responsabilidad de la obra del ministerio evangélico. Llamándolo ante el tribunal de Dios, Pablo le ordena predicar la Palabra, y no los dichos y costumbres de los hombres; de estar listo para testificar por Dios en cualquier oportunidad que se le presente, delante de grandes congregaciones o círculos privados, por el camino o en los hogares, a amigos como a enemigos, en seguridad o expuesto a durezas y peligros, oprobios y pérdidas (Los hechos de los apóstoles, p. 400).

Vi que es sumamente importante que aquellos que prediquen la verdad posean modales refinados, y rehúyan las rarezas y excentricidades, y presenten la verdad en su pureza y claridad. Se me refirió a (Tito 1:9): “Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”. En el (versículo 16), Pablo habla de una clase que profesa conocer a Dios, pero lo niega por sus obras, siendo “reprobados en cuanto a toda buena obra”. Exhorta así a Tito: «Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia… Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros” (Tito 2:1-8). Esta instrucción fue escrita para beneficio de todos aquellos a quienes Dios ha llamado a predicar la Palabra y también para beneficio de sus hijos que lo oyen (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 367).

Es un engaño del enemigo que alguien sienta que puede desvincularse de los agentes que Dios ha señalado y trabajar en una línea independiente por sí mismo, con su propia supuesta sabiduría, y sin embargo tener éxito… Somos un cuerpo, y todo miembro ha de estar unido al cuerpo, cada persona trabajando en su respectiva capacidad.

No es una buena señal cuando los hombres no se unen con sus hermanos, sino que prefieren actuar solos, cuando no aceptan a sus hermanos porque éstos no ejecutan sus planes. Si los hombres llevan el yugo de Cristo, no pueden separarse. Llevarán el yugo de Cristo. Trabajarán junto con él.

A medida que nos acercamos a la crisis final, en lugar del sentimiento de que hay menos necesidad de orden y armonía de acción, debemos ser más sistemáticos de lo que hemos sido hasta ahora. Toda nuestra obra debe ser conducida de acuerdo con planes bien definidos (Mensajes selectos, tomo 3, p. 27).

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Lección 12 | Miércoles 19 de diciembre___________________________________

LA DISCIPLINA ECLESIÁSTICA

Uno de los principales problemas de la organización eclesiástica es tener que ocuparse de la disciplina. De qué forma la disciplina ayuda a conservar la unidad de la iglesia a veces es un tema delicado y se puede malinterpretar fácilmente. Pero, desde una perspectiva bíblica, la disciplina eclesiástica se centra en dos aspectos importantes: la conservación de la pureza doctrinal y la conservación de la pureza de la vida y la práctica de la iglesia.

Como ya hemos visto, el Nuevo Testamento resalta la importancia de conservar la pureza de la enseñanza bíblica, a raíz de la apostasía y las enseñanzas falsas, particularmente en el tiempo del fin. Lo mismo se aplica a la conservación de la respetabilidad de la comunidad mediante la protección contra la inmoralidad, la deshonestidad y la depravación. Por esta razón, se dice que la Escritura es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16).

Lee Mateo 16:19; y 18:15 al 20. ¿Qué principios le dio Jesús a la iglesia en cuanto a disciplinar y amonestar a los que están en falta?

Mateo 16:19

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Mateo 18:15-20

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

La Biblia respalda el concepto de disciplina y la obligación de rendir cuentas en nuestra vida espiritual y moral. De hecho, una de las características distintivas de la iglesia es su santidad, o separación del mundo. Sin duda, en la Biblia encontramos muchos ejemplos de situaciones difíciles que requieren que la iglesia actúe de manera decisiva contra los comportamientos inmorales. Deben preservarse las normas morales en la iglesia.

¿Qué principios nos enseñan a seguir estos pasajes al abordar cuestiones difíciles en la iglesia? Mat. 7:1-5; Gál. 6:1, 2.

Mateo 7:1-5

1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Gálatas 6:1-2

1 Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.

No podemos negar la enseñanza bíblica sobre la necesidad de la disciplina eclesiástica. Sin eso, no podemos ser leales a la Palabra. Pero observa la cualidad redentora en muchas de estas amonestaciones. La disciplina debe ser tan redentora como sea posible. Además, debemos recordar que todos somos pecadores y que todos necesitamos de la gracia. Por lo tanto, al administrar disciplina, debemos hacerlo con humildad y con plena conciencia de nuestros propios defectos.

En nuestro trato con los que yerran, ¿cómo podemos aprender a actuar con una actitud más redentora que de castigo?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Con espíritu de mansedumbre… ve al que yerra, y “redargúyele entre ti y él solo”. No le avergüences exponiendo su falta a otros, ni deshonres a Cristo haciendo público el pecado o error de quien lleva su nombre. Con frecuencia hay que decir claramente la verdad al que yerra; debe inducírsele a ver su error para que se reforme. Pero no hemos de juzgarle ni condenarle. No intentemos justificamos. Sean todos nuestros esfuerzos para recobrarlo. Para tratar las heridas del alma se necesita el tacto más delicado, la más fina sensibilidad. Lo único que puede valemos en esto es el amor que fluye del que sufrió en el Calvario…

Mientras tratamos de corregir los errores de un hermano, el Espíritu de Cristo nos inducirá a escudarle en lo posible de la crítica aun de sus propios hermanos, y tanto más de la censura del mundo incrédulo. Nosotros mismos erramos y necesitamos la compasión y el perdón de Cristo, y él nos invita a tratamos mutuamente como deseamos que él nos trate (El Deseado de todas las gentes, pp. 408, 409).

Simón fue conmovido por la bondad de Jesús al no censurarle abiertamente delante de los huéspedes. Él no había sido tratado como deseaba que María lo fuese. Vio que Jesús no quiso exponer a otros su culpa, sino que, por una correcta exposición del caso, trató de convencer su mente, y subyugar su corazón manifestando benevolencia. Una denuncia severa hubiera endurecido el corazón de Simón contra el arrepentimiento, pero una paciente admonición le convenció de su error. Vio la magnitud de la deuda que tenía para con su Señor. Su orgullo fue humillado, se arrepintió, y el orgulloso fariseo llegó a ser un humilde y abnegado discípulo (El Deseado de todas las gentes, p. 521).

La dracma perdida representa a los pecadores extraviados y errantes. El cuidado con que la mujer buscó la dracma perdida les enseña a los seguidores de Cristo una lección con respecto a su deber hacia los que yerran y se extravían de la senda recta. La mujer encendió su candil para tener más luz, luego barrió la casa y buscó diligentemente hasta encontrar la moneda.

Aquí se define claramente cuál es el deber de los cristianos hacia aquellos que necesitan ayuda porque se han apartado de Dios. No se debe abandonar en las tinieblas y el error a aquellos que han errado, sino que deben emplearse todos los medios de que se disponga para traerlos de nuevo a la luz. Se enciende el candil y. mediante fervientes oraciones en procura de luz celestial para encarar los casos de aquellos que se encuentran cercados por las tinieblas y la incredulidad, se escudriña la Palabra de Dios para hallar puntos claros de la verdad, a fin de que los cristianos se encuentren tan fortificados con los argumentos que surgen de ella, con sus amonestaciones, amenazas y expresiones de ánimo, que puedan alcanzar a los que se han apartado. La indiferencia y la negligencia tendrán que hacer frente al desagrado de Dios (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 99).

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Jueves 20 de diciembre | Lección 12_______________________________________

ORGANIZADOS PARA LA MISIÓN

Como hemos visto durante este trimestre (y no está mal reiterar), como iglesia nos hemos organizado y unido para hacer obra misionera. No somos simplemente un club social de personas afines que se reúnen para afianzarse mutuamente en lo que creen –aunque esto también puede ser importante–. Nos reunimos para compartir con el mundo la verdad que nosotros mismos hemos llegado a amar.

En Mateo 28:18 al 20, Jesús les dio a sus discípulos las instrucciones finales para su misión en el mundo. Identifica las palabras clave del mandato de Jesús. ¿Qué implican estas palabras para la iglesia actual?

Mateo 28:18-20

18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

La gran comisión de Jesús a sus discípulos incluye cuatro verbos clave: ir, discipular (hacer discípulos), bautizar y enseñar. De acuerdo con la gramática griega de estos versículos, el verbo principal se encuentra en la expresión “hacer discípulos”, y los otros tres verbos indican cómo se puede hacer esto. Los discípulos se hacen cuando los creyentes van a todas las naciones a predicar el evangelio, a bautizar gente y a enseñarle a guardar lo que dijo Jesús.

A medida que la iglesia responde a esta comisión, el Reino de Dios se expande, y cada vez se une más gente de todas las naciones a las filas de quienes aceptan a Jesús como Salvador. Su obediencia a los mandatos de Jesús de bautizarse y observar sus enseñanzas forma una nueva familia universal. Los nuevos discípulos también tienen la seguridad de la presencia diaria de Jesús, ya que ellos mismos hacen más discípulos. La presencia de Jesús es una promesa de la presencia de Dios. El Evangelio de Mateo comienza con el anuncio de que el propósito del nacimiento de Jesús se reduce a “Dios con nosotros” (Mat. 1:23) y termina con la promesa de la presencia continua de Jesús entre nosotros hasta la Segunda Venida.

“Cristo no dijo a sus discípulos que su trabajo sería fácil. […] Les aseguró que él estaría con ellos; y que si ellos avanzaban con fe estarían bajo el escudo de la omnipotencia. Les ordeñó que fuesen valientes y fuertes; porque Uno más poderoso que los ángeles estaría en sus filas: el General de los ejércitos del cielo. Hizo amplia provisión para la prosecución de su obra, y asumió él mismo la responsabilidad de su éxito. Mientras obedecieran su palabra y trabajasen en comunión con él, no podrían fracasar” (HAp 24).

Medita en el significado de la promesa de la presencia de Jesús con su pueblo hasta la Segunda Venida. ¿Cómo debería afectarnos la realidad de esta promesa al tratar de cumplir con la comisión que nos ha dado Jesús?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cada alma que cree en Cristo tiene una obra que hacer para El. Ningún cristiano verdadero puede ser perezoso en este tiempo de tan solemne importancia…

Las últimas palabras de Cristo a sus discípulos muestran la importancia que se coloca sobre la obra de esparcir la verdad. Justamente antes de su ascensión les dio la comisión: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:19, 20 (Alza tus ojos, p. 112).

Necesitamos vivir en estrecha comunión con Dios, para amarnos unos a otros así como Cristo nos amó. Por este medio el mundo ha de conocer que somos sus discípulos. Que no haya exaltación de sí mismo. Si los obreros humillan sus corazones delante de Dios, vendrá la bendición. Mientras tanto recibirán nuevas ideas y se producirá un admirable reavivamiento de la obra médica evangélica y misionera.

La gran obra que tenemos por delante, como cristianos, consiste en extender el reino de Cristo tan rápidamente como sea posible, de acuerdo con la comisión divina. El evangelio debe avanzar de conquista en conquista, y de victoria en victoria. La grandeza del reino bajo todo el cielo se dará a los santos del Altísimo y ellos recibirán el reino y lo poseerán eternamente (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 175).

Cristo levantó su tabernáculo en medio de nuestro campamento humano. Hincó su tienda al lado de la tienda de los hombres, a fin de morar entre nosotros y familiarizamos con su vida y carácter divinos. “Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” [Juan 1:14],

Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a “Dios con nosotros”…

Asimismo, cuando vino “en semejanza de los hombres,” se declaró el YO SOY. El Niño de Belén, el manso y humilde Salvador, es Dios, “manifestado en carne” [1 Timoteo 3:16]. Y a nosotros nos dice: ‘“YO SOY el buen pastor.’ ‘YO SOY el pan vivo.’ ‘YO SOY el camino, y la verdad, y la vida.’ ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.’ [Juan 10:11; 6:51; 14:6; Mateo 28:18], ‘YO SOY la seguridad de toda promesa.’ ‘YO SOY; no tengáis miedo.’” “Dios con nosotros” es la seguridad de nuestra liberación del pecado, la garantía de nuestro poder para obedecer la ley del cielo (El Deseado de todas las gentes, pp. 15, 16).

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Lección 12 | Viernes 21 de diciembre_____________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee “Responsabilidad individual y unidad cristiana”, en Testimonios para los ministros, pp. 485-505; “Unidad en la diversidad” y “La disciplina en la iglesia”, en Obreros evangélicos, pp. 498-500 y 515-518, respectivamente.

“Los buenos principios de liderazgo se aplican en todo tipo de sociedades, incluida la iglesia. Sin embargo, el líder eclesiástico debe ser más que un líder. También debe ser siervo.

“Existe una contradicción evidente entre ser líder y ser siervo. ¿Cómo se puede liderar y servir al mismo tiempo? El líder ¿no ocupa un puesto de honor? ¿No es el que manda y espera que los demás le obedezcan? Entonces, ¿cómo es que ocupa la posición más baja de ser siervo, de recibir órdenes y cumplirlas?

“Para resolver la paradoja, debemos mirar a Jesús. Él representó magistralmente el principio de liderazgo de servicio. Toda su vida fue de servicio. Y, al mismo tiempo, fue el líder más grande que el mundo jamás haya visto” (A. Keough, Our Church Today: What It Is and Can Be, p. 106).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Medita en la idea de un líder siervo. ¿Qué ejemplos podemos encontrar en el mundo secular?
  2. Vuelve a leer Mateo 20:25 al 28. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo entiende Dios el significado de la palabra grande (Mat. 20:26) en contraste con la forma en que el mundo entiende la palabra?
  3. Si una de las tareas de los dirigentes eclesiásticos es preservar la unidad, ¿qué deberíamos hacer cuando fallan los líderes de la iglesia, cuando su humanidad les impide ser un ejemplo perfecto?
  4. ¿Por qué es tan importante que administremos disciplina eclesiástica con un espíritu compasivo y de amor con los que yerran? ¿Por qué Mateo 7:12 siempre debe ser lo más importante en nuestra mente durante el proceso?

Resumen: Es esencial tener una buena organización eclesiástica para la misión de la iglesia y para la unidad de los creyentes. Cristo es la cabeza de la iglesia, y los líderes de la iglesia deben seguir su ejemplo mientras conducen al pueblo de Dios. La unidad se conserva mediante la enseñanza fiel de la Palabra de Dios y una vida de fidelidad a esa Palabra.

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