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Lección 5 – JESÚS COMO EL GRAN MAESTRO – Para el 31 de octubre de 2020


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Lección 5: Para el 31 de octubre de 2020

JESÚS COMO EL GRAN MAESTRO

Sábado 24 de octubre_____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1–4; 2 Corintios 4:1–6; Juan 1:14, 18; 14:1–14; Filipenses 2:1–11; 2 Corintios 5:16–21.

PARA MEMORIZAR:

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Cor. 4:6).

Billy Graham cuenta la historia de cuando visitó a soldados en un hospital de campaña en compañía de su general. Un joven soldado “estaba tan destrozado que yacía boca abajo sobre un artilugio de lona y acero”. Un médico le susurró a Graham: “Dudo que pueda volver a caminar”. El soldado le hizo una solicitud al general: “Señor […] luché por usted, pero nunca lo he visto. ¿Puedo ver su cara?” Así que, el general se agachó, se deslizó por debajo de ese artilugio de lona y acero, y habló con el soldado. Mientras Graham observaba, una lágrima del soldado cayó sobre la mejilla del general.

Al momento del nacimiento de Jesús, la humanidad se encontraba destrozada y ensangrentada, necesitada de una mirada sanadora de Dios. Es como si la humanidad suplicara: “Oh, Dios, ¿podríamos ver tu rostro?” Al enviar a su Hijo a este planeta, el Padre envió al gran Maestro en una misión: mostrar su rostro a la humanidad. Desde entonces, hemos tenido el maravilloso privilegio de contemplar el “conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Cor. 4:6).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era «la imagen de Dios», la imagen de su grandeza y majestad, «el resplandor de su gloria». Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser «Dios con nosotros». Por lo tanto, fue profetizado de él: «Y será llamado su nombre Emmanuel».

Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres corno a los ángeles. Él era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: «Yo les he manifestado tu nombre» -«misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad»- «para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos». Pero no solo para sus hijos nacidos en la tierra fue dada esta revelación. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo. El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual «desean mirar los ángeles», y será su estudio a través de los siglos sin fin (El Deseado de todas las gentes, p. 11).

En todo lo que hacía, Cristo cooperaba con su Padre. Siempre se esmeraba por hacer evidente que no realizaba su obra independientemente; era por la fe y la oración cómo hacía sus milagros. Cristo deseaba que todos conociesen su relación con su Padre. «Padre –dijo–, gracias te doy que me has oído. Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado». En esta ocasión, los discípulos y la gente iban a recibir la evidencia más convincente de la relación que existía entre Cristo y Dios. Se les había de demostrar que el aserto de Cristo no era una mentira (El Deseado de todas las gentes, p. 493).

La obra del amado Hijo de Dios al emprender en su propia persona la unión de lo creado con lo no creado, lo finito con lo Infinito, es un tema que bien podría ocupar nuestros pensamientos durante toda la vida. Esta obra de Cristo debía confirmar en su inocencia y lealtad a los seres de otros mundos, así como salvar a los perdidos y moribundos de este mundo. Esto abrió un camino para que los desobedientes volvieran a su lealtad a Dios, mientras que por el mismo acto colocó una salvaguardia alrededor de los que ya eran puros para que no se contaminaran (Mensajes para los jóvenes, pp. 251, 252).

Habiéndose humanado, Cristo vino al mundo para ser uno con la humanidad, y al mismo tiempo revelar a nuestro Padre celestial a los hombres pecadores. Aquel que había estado en la presencia del Padre desde el principio, Aquel que era la imagen expresa del Dios invisible, era el único capaz de revelar a la humanidad el carácter de la Deidad… Tierno, compasivo, lleno de simpatía, considerado para con los demás, Cristo representó el carácter de Dios y se consagró siempre al servicio de Dios y del hombre (El ministerio de curación, pp. 329, 330).

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Lección 5 | Domingo 25 de octubre_______________________________________________

REVELAR AL PADRE

¿Cuáles son las cuestiones más importantes que el apóstol plantea acerca de Jesús al comienzo de la Epístola a los Hebreos? (Heb. 1:1–4).

Los autores del Nuevo Testamento acentúan en repetidas ocasiones una idea importante: Jesús vino a la Tierra para mostrar a los seres humanos quién es el Padre. En épocas pasadas, la revelación de Dios llegó de manera parcial a través de los profetas. Sin embargo, en Jesús ha llegado la revelación definitiva y total de Dios.

Además, en su persona, Jesús es “el resplandor de la gloria de Dios” (Heb. 1:3, NVI). Como seres humanos pecaminosos, no podemos soportar tener pleno acceso a la gloria de Dios; como el Hijo encarnado, Jesús refleja esa gloria. Esta está atenuada en la humanidad de Cristo para que podamos verlo y comprender claramente el carácter de Dios.

Jesús también es “la imagen misma de su sustancia” (Heb. 1:3). El término que aquí se utiliza, la palabra griega charactēr, a veces se usa para la impresión que hace un sello en cera o la representación estampada en una moneda. Por lo tanto, Jesús “irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios” (Heb. 1:3, NTV).

Si deseamos conocer al Padre, debemos escuchar con atención lo que el gran Maestro dice acerca de él. Y también debemos observar al gran Maestro.

Compara Hebreos 1:1 al 4 con 2 Corintios 4:1 al 6. En 2 Corintios 4:1 al 6, ¿quién es Jesús y qué aprendemos de él?

Hebreos 1:1-4

1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

2 Corintios 4:1-6

1 Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Pablo y sus colegas, al enseñar a otros acerca de Dios, buscan reflejar el ministerio de enseñanza de Jesús acerca del Padre. Al ser “la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4), Jesús nos dio a conocer a Dios el Padre. Asimismo, Pablo evita el engaño y la distorsión de la Palabra de Dios y, en cambio, expone la verdad claramente (4:2).

Así como Dios, en la Creación, usó la luz para disipar la oscuridad, nos ha dado a su Hijo, Jesús, para disipar los conceptos falsos sobre él y para mostrarnos la verdad acerca de Dios. Es en “la faz de Jesucristo” donde obtenemos el conocimiento más claro de Dios (4:6).

Jesús reflejó con precisión al Padre; algo que nosotros también somos llamados a hacer, ya que estamos invitados a ser “imitadores de Dios como hijos amados” (Efe. 5:1). ¿Qué significa eso y qué podemos aprender de Jesús acerca de cómo ser “imitadores” de Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

A los que le reciben [Cristo] les da potestad de ser hechos hijos de Dios, para que al fin Dios los reciba como suyos, a fin de que vivan con él por toda la eternidad. Si durante esta vida permanecen leales a Dios, al fin «verán su cara; y su nombre estará en sus frentes». Apocalipsis 22:4. ¿Yen qué consiste la felicidad del cielo sino en ver a Dios? ¿Qué gozo mayor puede haber para el pecador salvado por la gracia de Cristo que el de contemplar la faz de Dios y conocerle como a Padre?

Las Escrituras indican con claridad la relación entre Dios y Cristo, y manifiestan con no menos claridad la personalidad y la individualidad de cada uno de ellos…

La personalidad del Padre y del Hijo, como también la unidad que existe entre ambos, aparecen en el capítulo décimo-séptimo de Juan en la oración de Cristo por sus discípulos…

La unidad que existe entre Cristo y sus discípulos no destruye la personalidad de uno ni de otros. Son uno en propósito, en espíritu, en carácter, pero no en persona. Así es como Dios y Cristo son uno (El ministerio de curación, pp. 328, 329).

«Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados». Efesios 5: 1. Los cristianos han de ser como Cristo. Deben tener el mismo espíritu, ejercer su misma influencia, y poseer la misma excelencia moral que él poseyó. Los idólatra y corrompidos de corazón tienen que arrepentirse y volver a Dios. Los que son orgullosos y que se justifican a sí mismos tienen que subyugar el yo y arrepentirse con corazón manso y humilde. Los que se inclinan hacia la mundanalidad tendrán que desprender los tentáculos de su corazón de la basura del mundo a la cual están prendidos y entrelazarse con Dios; han de convertirse en personas de pensamiento espiritual. Los deshonestos y prevaricadores tienen que hacerse justos y rectos. Los ambiciosos y codiciadores han de ocultarse en Jesús y procurar su gloria, y no la propia. Tienen que despreciar su propia santidad y acumular tesoro en el cielo. Los que no oran tendrán que sentir la necesidad tanto de la oración secreta como la de familia y elevar sus plegarias a Dios con gran fervor.

Como adoradores del Dios verdadero y viviente, debemos llevar fruto correspondiente a la luz y privilegios de que disfrutamos (Testimonios para la iglesia, t. 5 pp. 230, 231 ).

Las tinieblas cubren la tierra y la oscuridad a los pueblos, y cuán ardientemente deberíamos desear la presencia del Instructor divino para que nos guíe en el camino de la verdad y la justicia. Dios ha hablado a los hombres en diversas oportunidades, en distintos lugares y en varias formas, y sin embargo la ignorancia del mundo aumenta. Necesitamos hablar con más decisión acerca de la verdad, para llevar al hombre el conocimiento de Dios. La distinción entre los cristianos y los mundanos debe ser más evidente. La Biblia debe ser el libro de más prominencia entre nosotros, y el investigador atento y diligente debe buscar laboriosamente los tesoros escondidos. Las máximas de los hombres, los dogmas del error, aunque sean expuestos por los que profesan ser intérpretes de la Palabra de Dios, deben descartarse, porque han sido inventados para ocultar la verdad, y para mistificar la importancia espiritual del evangelio sagrado. Los que buscan el tesoro escondido Jo hallarán (A fin de conocerle, pp. 341, 342).

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Lunes 26 de octubre | Lección 5__________________________________________________

REVELAR AL PADRE (CONTINUACIÓN)

En el conmovedor prólogo de su Evangelio (Juan 1:1–18), Juan presenta a Jesús como el “Verbo” eterno. Las declaraciones de Juan sobre Jesús no son tímidas ni limitadas; son audaces y de alcance cósmico. Jesús existía antes del surgimiento del mundo (desde la eternidad, en realidad). De hecho, Jesús es el agente de la Creación (Juan 1:2, 3). Él es “la luz de los hombres” (Juan 1:4) y, como la Palabra que vino al mundo, “alumbra a todo hombre” (Juan 1:9).

Según Juan, ¿cuál es el resultado de que Cristo se haya vuelto humano? Como el Verbo, ¿qué luz trajo? ¿Qué cualidades posee para ello? Juan 1:14, 18.

Juan 1:14, 18

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

“La luz apareció cuando la oscuridad del mundo era más intensa. […]

“Solo había una esperanza para la especie humana […] que se restaurase en el mundo el conocimiento de Dios.

“Cristo vino para restaurar ese conocimiento. Vino para poner a un lado la enseñanza falsa mediante la cual los que decían conocer a Dios lo habían desfigurado. Vino a manifestar la naturaleza de su Ley, a revelar en su carácter la belleza de la santidad” (Ed 76).

Todo lo que Jesús hizo en su vida en la Tierra tuvo un solo propósito: “la revelación de Dios para la elevación de la humanidad” (ibíd., p. 82).

Jesús mismo dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). ¿Cuál era el contexto de la declaración de Jesús? ¿Por qué dijo esto? Juan 14:1–14.

Juan 14:1–14

1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. 12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Es tentador criticar la torpe declaración de Felipe (Juan 14:8). Después de años de estrecha comunión con Jesús, todavía no entiende lo esencial de la Encarnación: que Jesús vino a mostrar el carácter del Padre. ¡Quizá los maestros de hoy puedan consolarse con el hecho de que uno de los alumnos del gran Maestro tuvo tan mal desempeño! Sin embargo, la declaración de Felipe probablemente no se registre con el objeto de darnos razones para criticarlo, sino a fin de darnos la oportunidad de examinarnos a nosotros mismos. ¿Cuánto tiempo hemos caminado con Jesús? Y ¿hemos entendido a Jesús mejor que Felipe? “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la enseñanza de Cristo mediante parábolas, se nota el mismo principio que el que lo impulsó en su misión al mundo. A fin de que llegáramos a conocer su divino carácter y su vida, Cristo tomó nuestra naturaleza y vivió entre nosotros. La Divinidad se reveló en la humanidad; la gloria invisible en la visible forma humana. Los hombres podían aprender de lo desconocido mediante lo conocido; las cosas celestiales eran reveladas por medio de las terrenales; Dios se manifestó en la semejanza de los hombres. Tal ocurría en las enseñanzas de Cristo: lo desconocido era ilustrado por lo conocido; las verdades divinas, por las cosas terrenas con las cuales la gente se hallaba más familiarizada (Palabras de vida del gran Maestro, p. 8).

Si hubiera venido Cristo en su forma divina, la humanidad no podría haber soportado el espectáculo. El contraste hubiera sido demasiado penoso, la gloria demasiado abrumadora. La humanidad no podría haber soportado la presencia de uno de los puros y brillantes ángeles de gloria; por lo tanto, Cristo no tomó sobre sí la naturaleza de los ángeles. Vino a la semejanza de los hombres.

Contemplándolo, contemplamos al Dios invisible…. Contemplamos a Dios mediante Cristo, nuestro Creador y Redentor. Tenemos el privilegio de contemplar a Jesús por la fe y verlo de pie entre la humanidad y el trono eterno. Él es nuestro Abogado que presenta nuestras oraciones y ofrendas como un sacrificio espiritual a Dios. Jesús es la gran propiciación sin pecado y, mediante sus méritos, Dios y el hombre pueden platicar juntos (A fin de conocerle, p. 27).

Demasiado a menudo herimos el corazón de Jesús con nuestra incredulidad. Nuestra fe es miope, y permitimos que las pruebas hagan aflorar nuestras tendencias heredadas y cultivadas hacia el mal. Ante circunstancias difíciles deshonramos a Dios por la murmuración y la queja. En vez de esto, debiéramos demostrar que hemos aprendido en la escuela de Cristo, ayudando a otros que están en peor condición que la nuestra, a los que buscan la luz, pero que son incapaces de encontrarla. Estos necesitan de nuestra simpatía, y sin embargo, en vez de intentar elevarlos somos indiferentes hacia ellos, concentrándonos en nuestros propios intereses o pruebas. Si no manifestamos una marcada incredulidad, desarrollamos un espíritu de murmuración y de queja.

«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?» Mateo 14:31. Cristo ha demostrado ser nuestro Salvador que siempre está presente. Conoce todas nuestras circunstancias, y en la hora de la prueba, ¿no podemos orar a Dios pidiéndole que nos dé el Espíritu Santo para recordar sus múltiples manifestaciones de poder en nuestro favor? ¿No podemos creer que él está tan dispuesto a ayudarnos como en ocasiones anteriores? La forma en la cual Cristo trató con sus siervos en el pasado no debe borrarse de nuestras mentes, sino que el recuerdo de su intervención debe fortalecemos y sostenemos (Reflejemos a Jesús, p. 346).

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Lección 5 | Martes 27 de octubre_________________________________________________

CÓMO LEER LA MENTE DEL GRAN MAESTRO

¿Qué preocupación pesa en el corazón de Pablo sobre la comunidad cristiana de Filipos cuando les escribe su carta? Filipenses 2:1–4; 4:2, 3.

Filipenses 2:1–4

1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

Filipenses 4:2-3

Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

Filipenses 2:1 al 11 es uno de los pasajes más profundos de toda la Biblia. Presenta la preexistencia de Cristo, su divinidad, su encarnación, su humanidad, su aceptación de la muerte en la Cruz. Describe el largo y difícil camino descendente que Jesús tomó del cielo al Calvario (Fil. 2:5–8). Y describe cómo el Padre exalta a Jesús a una posición de adoración universal (2:9-11). Muchas grandes y sorprendentes verdades se plasman en esos versículos.

¿Cómo comienza Pablo Filipenses 2:5 al 11? De los acontecimientos de la vida de Jesús que celebra, ¿cuáles crees que espera que los creyentes reflejen en su propia vida? (2:6-11).

Filipenses 2:5-11

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Pablo espera que los creyentes de Filipos, que quizás eran polémicos, aprendan de Jesús y su encarnación. Si Jesús pudo adoptar la forma humana, “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (2:7), e incluso someterse a la crucifixión, ¿cuánto más deberían someterse unos a otros por amor?

Se nos recuerda que hay mucho que aprender del gran Maestro, Jesús. Aprendemos de los mensajes que comparte durante su ministerio terrenal. Aprendemos de los milagros que realiza y la forma en que actúa con los demás. Quizá podamos intentar, en nuestras relaciones con los demás, seguir el ejemplo de su gran condescendencia, y detenernos a pensar en su voluntad de intercambiar las glorias del cielo por un pesebre (¡qué lección para nosotros!).

En contraste, con demasiada frecuencia el mundo nos invita a exaltarnos a nosotros mismos, a presumir de nuestros logros. En un pesebre de Belén, aprendemos una lección diferente del gran Maestro: que la gran obra de educación y salvación de Dios no se logra mediante la autoexaltación sino humillándonos ante Dios y sirviendo a los demás.

¿Qué situación afrontas en este momento, en la que humillarte podría darte una oportunidad poderosa para reflejar a Cristo ante los demás?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Con demasiada frecuencia, cuando se cometen faltas en forma repetida y el que Las comete las confiesa, el perjudicado se cansa, y piensa que ya ha perdonado lo suficiente. Pero el Salvador nos ha dicho claramente cómo debemos tratar al que yerra: «Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale». Lucas 17:3…

Si tus hermanos yerran debes perdonarlos. Cuando vienen a ti confesando sus faltas, no debes decir: No creo que sean Lo suficientemente humildes. No creo que sientan su confesión. ¿Qué derecho tienes para juzgarlos, como si pudieras leer el corazón? La Palabra de Dios dice: «Si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale». Lucas 17:3, 4. Y no solo siete veces, sino setenta veces siete, tan frecuentemente como Dios te perdona (Palabras de vida del gran Maestro, p. 195).

Jesús explicó entonces a sus discípulos que su propia vida de abnegación era un ejemplo de lo que debía ser la de ellos. Llamando a su derredor juntamente con sus discípulos a la gente que había permanecido cerca, dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame». La cruz iba asociada con el poder de Roma. Era el instrumento del suplicio mortal más cruel y humillante… Pero Jesús ordenaba a sus discípulos que tomaran la cruz para llevarla en pos de él… El Salvador no podría haber descrito una entrega más completa. Pero todo esto él lo había aceptado por ellos. Jesús no reputó el cielo como lugar deseable mientras estábamos perdidos. Él dejó los atrios celestiales, para venir a llevar una vida de oprobios e insultos, y soportar una muerte ignominiosa. El que era rico en los inestimables tesoros del cielo se hizo pobre, a fin de que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Hemos de seguir la senda que él pisó (El Deseado de todas las gentes, pp. 385, 386).

A fin de alcanzar el gozo que le fuera propuesto –el de llevar muchos hijos a la gloria- sufrió la cruz y menospreció la vergüenza. Y por inconcebiblemente grandes que fuesen el dolor y el oprobio, mayores aún son la dicha y la gloria. Echa una mirada hacia los redimidos, transformados a su propia imagen, y cuyos corazones llevan el sello perfecto de lo divino y cuyas caras reflejan la semejanza de su Rey. Contempla en ellos el resultado de las angustias de su alma, y está satisfecho. Luego, con voz que llega hasta las multitudes reunidas de los justos y de los impíos, exclama: «¡Contemplad el rescate de mi sangre! Por estos sufrí, por estos morí, para que pudiesen permanecer en mi presencia a través de las edades eternas». Y de entre los revestidos con túnicas blancas en torno del trono, asciende el canto de alabanza: «¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!» Apocalipsis 5:12 (VM) (El conflicto de los siglos, p. 651).

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Miércoles 28 de octubre | Lección 5______________________________________________

EL GRAN MAESTRO Y LA RECONCILIACIÓN

Las relaciones humanas fracasan con demasiada frecuencia. Nos distanciamos unos de otros. Quien alguna vez fue nuestro amigo íntimo, con el tiempo, se convierte en alguien de quien desconfiamos. Sin embargo, una relación tan dañada se puede recomponer. Cuando eso ocurre, experimentamos el milagro de la reconciliación. Pocas experiencias humanas son tan dulces como esta.

¿En qué sentido la reconciliación constituye la esencia de la encarnación de Cristo y su papel como gran Maestro? 2 Corintios 5:16-21.

2 Corintios 5:16-21

16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Si nos sentimos bendecidos cuando recomponemos una relación con otra persona, ¿cuánto mejor debemos sentirnos cuando nos reconciliamos con Dios? En 2 Corintios 5:16 al 21, Pablo deja en claro quién es el que inicia la reconciliación: Dios el Padre ha tomado la iniciativa para recomponer nuestra relación rota con él. Y ha hecho esta obra de reconciliación “por medio de Cristo” (2 Cor. 5:18, NVI). “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (5:19).

No obstante, no debemos ser solo consumidores del gozo de la reconciliación; debemos aprender del gran Maestro. En su encarnación, Jesús participó de la obra de reconciliación. Y nosotros también estamos invitados a participar de ella. Dios nos ha reconciliado consigo mismo a través de Cristo. Y ahora a nosotros, junto con Pablo, se nos da “el ministerio de la reconciliación” (5:18).

Colosenses 1:15 al 20 es otro de los grandes pasajes del Nuevo Testamento sobre la encarnación de Cristo, que a menudo se considera un himno. La primera parte del pasaje presenta el papel de Cristo en la Creación (Col. 1:15–17), mientras la última parte se centra en el papel de Cristo en la Redención (1:18–20). A través del papel de Cristo como Creador-Redentor, Dios reconcilia todas las cosas consigo mismo. La obra de reconciliación que Dios realiza a través de Cristo es de magnitud cósmica, ya que impacta en “todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (1:20).

Si bien nunca podríamos igualar la magnitud cósmica de la obra del gran Maestro como reconciliador, se nos invita a participar del “ministerio de la reconciliación” en nuestra propia esfera (2 Cor. 5:18). ¿Podría ser que Jesús tuviese esto en mente cuando oró: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18)?

¿De qué manera práctica podemos reflejar la función de Dios como reconciliador? Es decir, ¿en qué situación actual (si la hubiese) puedes ayudar a la gente a reconciliarse?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo sufrió para que mediante la fe en él nuestros pecados fuesen perdonados. Vino a ser el sustituto y la seguridad del hombre, tomando sobre sí el castigo que no merecía, para que nosotros que lo merecíamos pudiésemos ser libertados y volver a la lealtad hacia Dios en virtud de los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. Él es nuestra única esperanza de salvación. En virtud de su sacrificio, los que ahora somos probados, somos prisioneros de esperanza. Hemos de revelar al universo -al mundo caído y a los mundos no caídos- que en Dios hay perdón y que mediante su amor podemos ser reconciliados con él. El hombre que se arrepiente, que experimenta contrición de corazón, que cree en Cristo como sacrificio expiatorio, llega a comprender que Dios se ha reconciliado con él.

Debiéramos conservar una profunda gratitud todos los días de nuestra vida porque el Señor ha dejado escritas estas palabras: «Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados». La reconciliación de Dios con el hombre y del hombre con Dios es segura si se llenan ciertas condiciones. El Señor dice: «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios»… Aunque es el Restaurador de la humanidad caída, sin embargo, «él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; y de su entendimiento no hay número. Jehová ensalza a los humildes: humilla los impíos hasta la tierra. Cantad a Jehová con alabanza, cantad con arpa a nuestro Dios… Complácese Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. Alaba a Jehová, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion» (La educación cristiana, pp. 58, 59).

El que mandó que la luz resplandeciera en medio de las tinieblas, arroja luz sobre la mente de todos los que quieran considerarlo como corresponde, amándolo supremamente, y manifestando una fe y una confianza inquebrantables en él. Su luz alumbra las cámaras de la mente y el templo del alma. El corazón se llena con la luz del conocimiento de la gloria que brilla en el rostro de Jesucristo. Y con esa luz viene el discernimiento espiritual…

Mientras más conozca el hombre a Jesucristo, más cuidadoso será para tratar con respeto, cortesía y corrección a sus semejantes. Ha aprendido de Cristo y sigue su ejemplo en palabra y acción. Por fe está unido con Cristo. »Nosotros somos colaboradores de Dios». 1 Corintios 3:9 (Cada día con Dios, p. 133).

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Lección 5 | Jueves 29 de octubre_________________________________________________

LOS PRIMEROS ALUMNOS DEL GRAN MAESTRO

En un instante, son un grupo de pastores comunes y corrientes que cuidan un rebaño de ovejas normal en las afueras de un pueblito. Al instante siguiente, son los destinatarios de una sorprendente aparición de ángeles que traen noticias sorprendentes, maravillosas y estremecedoras. Motivados por esa aparición, buscan al Niño que los ángeles anunciaron.

Imagina que estás parado junto a los pastores y contemplas el pesebre. ¿Qué verías? Lucas 2:8-20.

Lucas 2:8-20

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:14 !!Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!  15 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

Debemos admirar a los primeros alumnos del gran Maestro: José, María y los pastores. Las humildes condiciones del nacimiento de Jesús no dan ningún indicio del milagro de la Encarnación: que en la Persona de este Niño, Dios se haya vuelto uno con la humanidad. Sin embargo, con la ayuda de visiones, sueños y ángeles, sus primeros alumnos son capaces de vislumbrar más allá de la apariencia externa del nacimiento de Jesús. Los pastores comparten la identidad de este niño con los demás, que él es “un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Luc. 2:11; comparar con 2:17).

¿Cómo responden los magos a las noticias del nacimiento de Jesús? ¿Cómo responde Herodes? Mateo 2:1–12.

Mateo 2:1–12

1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Antes de que pronunciara su primera parábola o realizara su primer milagro, el gran Maestro es digno de nuestra adoración por ser quien es. Para apreciar completamente el posterior ministerio de enseñanza de Jesús, debemos unirnos a estos primeros alumnos, los magos, en su adoración al gran Maestro. Aquel cuyas enseñanzas admiramos es más que un educador sabio. Él es Dios, que vino a habitar con la humanidad. La educación cristiana tiene su origen en la adoración a Cristo.

Junto con los reyes magos, los pastores y los ángeles, somos llamados a adorar a Cristo, el Rey recién nacido, y a ver en el niño Jesús la realidad de Dios mismo.

Piensa en lo que significa la encarnación de Jesús con respecto al carácter de Dios. El Creador de todo el Universo, que es tan grande que no podemos comprenderlo, este Dios, “se humilló” al tomar la humanidad, vivir como Jesús vivió y luego morir en la Cruz, cargando sobre sí el castigo por nuestros pecados. ¿Por qué son tan buenas noticias?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los cielos se iluminan súbitamente con un brillo que alarma a los pastores. No saben la razón de este gran espectáculo. Al principio no disciernen las miríadas de ángeles que están congregadas en los cielos. El brillo y la gloria de la hueste celestial iluminan y llenan de gloria toda la planicie. Los pastores están aterrorizados por la gloria de Dios, pero el ángel que preside a las huestes aquieta sus temores revelándoseles y diciendo: »No temáis…»

Cuando sus temores se alejan, el gozo ocupa el lugar del asombro y del terror. Al principio no podían soportar el resplandor de la gloria que acompañaba a toda la hueste celestial, y que súbitamente irrumpió sobre ellos. Un solo ángel aparece ante la mirada de los vigilantes pastores para disipar sus temores y hacerles conocer su misión. A medida que la luz del ángel los rodea, la gloria descansa sobre ellos y son fortalecidos para soportar la luz mayor y la gloria mayor que acompañan a las miríadas de ángeles celestiales (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1090).

No fue solo sobre los collados de Judea, ni entre los humildes pastores, donde los ángeles encontraron a quienes velaban esperando la venida del Mesías En tierra de paganos había también quienes le esperaban; eran sabios, ricos y nobles filósofos del oriente. Observadores de la naturaleza, los magos habían visto a Dios en sus obras. Por las Escrituras hebraicas tenían conocimiento de la estrella que debía proceder de Jacob, y con ardiente deseo esperaban la venida de Aquel que sería no solo la «consolación de Israel» sino una «luz para iluminación de las naciones» y «salvación hasta los fines de la tierra». Lucas 2:25, 32; Hechos 13:47 (VM). Buscaban luz, y la luz del trono de Dios iluminó su senda. Mientras los sacerdotes y rabinos de Jerusalén, guardianes y expositores titulados de la verdad, quedaban envueltos en tinieblas, la estrella enviada del cielo guio a los gentiles del extranjero al lugar en que el Rey acababa de nacer (El conflicto de los siglos, p. 315).

La venida del Mesías había sido anunciada primeramente en Judea. En el templo de Jerusalén, el nacimiento del precursor había sido predicho a Zacarías mientras oficiaba ante el altar. En las colinas de Belén, los ángeles habían proclamado el nacimiento de Jesús. A Jerusalén habían acudido los magos a buscarle. En el templo, Simeón y Ana habían atestiguado su divinidad…

Si los dirigentes de Israel hubiesen recibido a Cristo, los habría honrado como mensajeros suyos para llevar el evangelio al mundo. A ellos fue dada primeramente la oportunidad de ser heraldos del reino y de la gracia de Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 198).

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Viernes 30 de octubre | Lección 5________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, La educación, “El Maestro enviado por Dios”, pp. 73-83.

“En el Maestro enviado por Dios halla su centro toda verdadera obra educativa. De la obra de hoy, lo mismo que de la que estableció́ hace [más de] mil ochocientos años, el Salvador dice:

‘Yo soy el primero y el último’.

‘Yo soy el Alfa y la Omega, el principio, y el fin’ (Apoc. 1:17, 18; 21:6).

“En presencia de semejante Maestro, de semejante oportunidad para obtener educación divina, es una necedad buscar educación fuera de él, esforzarse por ser sabio fuera de la Sabiduría; ser sincero mientras se rechaza la Verdad; buscar iluminación aparte de la Luz y existencia sin la Vida; apartarse del Manantial de aguas vivas, y cavar cisternas rotas que no pueden contener agua.

“He aquí́, él invita aún: ‘Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva’. ‘El agua que yo le daré́ será́ en él una fuente de agua que salte para vida eterna’ (Juan 7:37, 38; 4:14)” (Ed 83).

“Como la preparación más elevada para su trabajo, les aconsejo las palabras, la vida y los métodos del Príncipe de los maestros. Les ruego que lo consideren. Él es su verdadero ideal. Contémplenlo, mediten en él, hasta que el Espíritu del Maestro divino tome posesión de su corazón y su vida.

‘Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen’ (2 Cor. 3:18).

“Este es el secreto de la influencia que pueden ejercer sobre sus alumnos. Reflejen a Cristo” (Ed 282).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué valores y acciones serían importantes para los maestros y los estudiantes cristianos que se toman en serio la idea de aprender de la encarnación del gran Maestro?
  2. Los padres y los maestros cristianos tienen una norma elevada: reflejar el carácter de Dios como se revela en la encarnación de Jesús. ¿Qué debemos hacer cuando no cumplimos con esta norma elevada?
  3. En clase, analicen la pregunta al final del estudio del jueves. ¿Qué nos enseña el nacimiento, la vida y la muerte de Jesús acerca del carácter de Dios? ¿Por qué debería ser tan reconfortante para nosotros, especialmente en tiempos de grandes pruebas?

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COMENTARIO DEL VIDEO:

 

25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, (Romanos 16)

El plan de nuestra redención no fué una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fué una revelación “del misterio que por tiempos eternos fué guardado en silencio.” Fué una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fué su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”    DTG 13.3 {El Deseado de todas las gentes}

La venida de Cristo fue un total misterio

¿Dónde estaba Jesús, cuando María estaba embarazada?

¿A que fecha de su vida se dio cuenta Jesús, que él era el Hijo de Dios?

La hora del tiempo ha llegado

“Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, … para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”  Galatas 4: 4-5

Pero, como las estrellas en la vasta órbita de su derrotero señalado, los propósitos de Dios no conocen premura ni demora. Por los símbolos de las densas tinieblas y el horno humeante, Dios había anunciado a Abrahán la servidumbre de Israel en Egipto, y había declarado que el tiempo de su estada allí abarcaría cuatrocientos años. “Después de esto—dijo Dios,—saldrán con grande riqueza.” Y contra esta palabra se empeñó en vano todo el poder del orgulloso imperio de los faraones. “En el mismo día” señalado por la promesa divina, “salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto.” Así también fué determinada en el concilio celestial la hora en que Cristo había de ven. ir; y cuando el gran reloj del tiempo marcó aquella hora, Jesús nació en Belén.  DTG 23.3

Los que tienen miedo viajar

El gran reloj del cielo y el día de nuestra muerte

Cuando ese reloj ordene nuestra muerte, así será, sin importar donde estemos, o lo que hagamos.

JESUCRISTO ANTES DE VENIR A ESTA TIERRA

Antes de venir a la tierra, Jesús era el jefe de las huestes celestiales. Los más encumbrados y gloriosos de los hijos de la mañana pregonaron su gloria en el momento de la creación. Se cubrían el rostro ante él mientras estaba en su trono, echaban a sus pies las coronas que ceñían y cantaban los triunfos de él al contemplar su grandeza.  CNS 8.2  {Cristo Nuestro Salvador}

Jesús podría haber permanecido al lado del Padre, ciñendo la corona real y revestido del regio manto; pero por amor a nosotros prefirió a la magnificencia del cielo las miserias de la tierra. CNS 8.4  {Cristo Nuestro Salvador}

Prefirió a su elevada posición de autoridad y a la adoración de las huestes celestiales la burla y el escarnio de los malvados. Por amor a nosotros aceptó una vida de penalidades y una muerte ignominiosa. Todo esto lo hizo Cristo para mostrar cuánto nos ama Dios. Vivió en la tierra para enseñarnos a honrar a Dios, obedeciendo a su voluntad. Lo hizo para que nosotros, al seguir su ejemplo, podamos finalmente vivir con él en su hogar celestial. CNS 8.5  {Cristo Nuestro Salvador}

EL NACIMIENTO DE JESÚS

“Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, … para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”  Galatas 4: 4-5

El mensajero celestial había calmado sus temores. Les había dicho cómo hallar a Jesús. Con tierna consideración por su debilidad humana, les había dado tiempo para acostumbrarse al resplandor divino. Luego el gozo y la gloria no pudieron ya mantenerse ocultos. Toda la llanura quedó iluminada por el resplandor de las huestes divinas. La tierra enmudeció, y el cielo se inclinó para escuchar el canto:  DTG 31.4

“Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz,
buena voluntad para con los hombres.”   DTG 31.5

¡Ojalá la humanidad pudiese reconocer hoy aquel canto! La declaración hecha entonces, la nota pulsada, irá ampliando sus ecos hasta el fin del tiempo, y repercutirá hasta los últimos confines de la tierra. Cuando el Sol de justicia salga, con sanidad en sus alas, aquel himno será repetido por la voz de una gran multitud, como la voz de muchas aguas, diciendo: “Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso.”   DTG 31.6

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Apocalipsis 19:6

EL GRAN RIEZGO DE ENVIAR A JESÚS AL MUNDO, COMO UN NINO INDEFENSO

En el cielo, Satanás había odiado a Cristo por la posición que ocupara en las cortes de Dios. Le odió aun más cuando se vió destronado. Odiaba a Aquel que se había comprometido a redimir a una raza de pecadores. Sin embargo, a ese mundo donde Satanás pretendía dominar, permitió Dios que bajase su Hijo, como niño impotente, sujeto a la debilidad humana. Le dejó arrostrar los peligros de la vida en común con toda alma humana, pelear la batalla como la debe pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida eterna.  DTG 32.4

El corazón del padre humano se conmueve por su hijo. Mientras mira el semblante de su hijito, tiembla al pensar en los peligros de la vida. Anhela escudarlo del poder de Satanás, evitarle las tentaciones y los conflictos. Mas Dios entregó a su Hijo unigénito para que hiciese frente a un conflicto más acerbo y a un riesgo más espantoso, a fin de que la senda de la vida fuese asegurada para nuestros pequeñuelos. “En esto consiste el amor.” ¡Maravillaos, oh cielos! ¡Asómbrate, oh tierra!  DTG 33.1

La vida de Jesús estuvo en armonía con Dios. Mientras era niño, pensaba y hablaba como niño; pero ningún vestigio de pecado mancilló la imagen de Dios en él. Sin embargo, no estuvo exento de tentación. Los habitantes de Nazaret eran proverbiales por su maldad. La pregunta que hizo Natanael: “¿De Nazaret puede haber algo de bueno?” demuestra la poca estima en que se los tenía generalmente. Jesús fué colocado donde su carácter iba a ser probado. Le era necesario estar constantemente en guardia a fin de conservar su pureza. Estuvo sujeto a todos los conflictos que nosotros tenemos que arrostrar, a fin de sernos un ejemplo en la niñez, la adolescencia y la edad adulta. DTG 52.1

Es admirable por su significado el breve relato de sus primeros años: “Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.” En el resplandor del rostro de su Padre, Jesús “crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.” Su inteligencia era viva y aguda; tenía una reflexión y una sabiduría que superaban a sus años. Sin embargo, su carácter era de hermosa simetría. Las facultades de su intelecto y de su cuerpo se desarrollaban gradualmente, en armonía con las leyes de la niñez.  DTG 49.2

Era natural que los padres de Jesús le considerasen como su propio hijo. El estaba diariamente con ellos; en muchos respectos su vida era igual a la de los otros niños, y les era difícil comprender que era el Hijo de Dios. Corrían el peligro de no apreciar la bendición que se les concedía con la presencia del Redentor del mundo. El pesar de verse separados de él, y el suave reproche que sus palabras implicaban, estaban destinados a hacerles ver el carácter sagrado de su cometido.  DTG 61.1

LOS PASTORES Y LOS MAGOS DE ORIENTE

Así que cuando nació el Cristo, Dios no se lo reveló a ellos sino que dió las alegres nuevas a unos pastores que cuidaban sus rebaños en las alturas cercanas a Belén. Eran ellos hombres piadosos, y mientras velaban sobre sus ovejas de noche, solían hablar juntos del Salvador prometido, y oraban con tanto fervor por su venida, que Dios les mandó brillantes mensajeros desde su propio trono de luz para anunciársela. CNS 9.1  {Cristo Nuestro Salvador}

Quiso Dios que otros, además de los judíos, supieran que ya había venido al mundo el Salvador. En el Oriente vivían unos sabios que habían leído las profecías concernientes al Mesías, y que opinaban que no tardaría en aparecer. CNS 15.4  {Cristo Nuestro Salvador}

Los judíos consideraban a aquellos hombres como paganos, pero no eran idólatras. Eran hombres sinceros que anhelaban conocer la verdad y hacer la voluntad de Dios.  CNS 15.5  {Cristo Nuestro Salvador}

Dios conoce los corazones, y vió que aquellos hombres eran dignos de confianza. Hallábanse en mejores condiciones para recibir su luz celestial que los sacerdotes henchidos de orgullo y egoísmo.   CNS 15.6  {Cristo Nuestro Salvador}

Aquellos eran filósofos. Habían reconocido la mano de Dios en la naturaleza, y por ella habían aprendido a amarle. Habían estudiado las estrellas y conocían sus movimientos.  CNS 15.7  {Cristo Nuestro Salvador}

La luz de Dios está siempre resplandeciendo aun en medio de las tinieblas del paganismo. Mientras estos magos estudiaban los cielos tachonados de estrellas, y trataban de escudriñar el oculto misterio de sus brillantes derroteros, contemplaban la gloria del Creador. Buscando un conocimiento más claro, se dirigieron a las Escrituras hebreas. En su propia tierra, se conservaban escritos proféticos que predecían la llegada de un maestro divino. Balaam era uno de esos magos, aunque fuera en un tiempo profeta de Dios; por el Espíritu Santo había predicho la prosperidad de Israel y la aparición del Mesías; y sus profecías se habían transmitido por la tradición de siglo en siglo. Pero en el Antiguo Testamento, el advenimiento del Salvador se revelaba más claramente. Con gozo supieron los magos que su venida se acercaba, y que todo el mundo iba a quedar lleno del conocimiento de la gloria de Jehová.   DTG 41.3

La noche en que los ángeles hablaron a los pastores de Belén, los magos habían observado una luz extraña en el cielo. Era la gloria que rodeaba a la hueste angélica.  CNS 16.2  {Cristo Nuestro Salvador}

Cuando aquella luz se hubo apagado, vieron algo que parecía ser una estrella nueva en el cielo. En el acto recordaron la profecía que dice: “De Jacob ha salido una Estrella, y de Israel se ha levantado un Cetro.”. Números 24:17. ¿Habría acaso aparecido aquella estrella para avisarles que el Mesías había llegado? Resolvieron seguirla y ver adónde los guiaba. Los llevó a Judea; pero cuando ya estaban cerca de Jerusalén el brillo de la estrella se apagó tanto que no pudieron seguirla más.  CNS 16.3  {Cristo Nuestro Salvador}

Los magos habían visto una luz misteriosa en los cielos la noche en que la gloria de Dios inundó las colinas de Belén. Al desvanecerse la luz, apareció una estrella luminosa que permaneció en los cielos. No era una estrella fija ni un planeta, y el fenómeno excitó el mayor interés. Esa estrella era un distante grupo de resplandecientes ángeles, pero los sabios lo ignoraban. Sin embargo, tenían la impresión de que la estrella era de especial importancia para ellos. Consultaron a los sacerdotes y filósofos, y examinaron los rollos de los antiguos anales. La profecía de Balaam declaraba: “Saldrá estrella de Jacob, y levantaráse cetro de Israel.”

¿Podría haber sido enviada esta extraña estrella como precursora del Prometido? Los magos habían recibido con gratitud la luz de la verdad enviada por el cielo; ahora esa luz se derramaba sobre ellos en rayos más brillantes. En sueños, recibieron la indicación de ir en busca del Príncipe recién nacido.   DTG 31.4

“Y entrando en la casa,   (NO EN EL PESEBRE) vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron.”  (Mateo 2:11) Bajo el humilde disfraz de Jesús, reconocieron la presencia de la divinidad. Le dieron sus corazones como a su Salvador, y entonces sacaron sus presentes, “oro e incienso y mirra.” ¡Qué fe la suya! Podría haberse dicho de los magos del Oriente, como se dijo más tarde del centurión romano: “Ni aun en Israel he hallado fe tanta.” DTG 45.2

Los magos no habían comprendido el designio de Herodes hacia Jesús. Cuando el objeto de su viaje fué logrado, se prepararon para volver a Jerusalén, y se proponían darle cuenta de su éxito. Pero en un sueño recibieron una orden divina de no comunicarse más con él. Evitando pasar por Jerusalén, emprendieron el viaje de regreso a su país por otro camino. Igualmente José recibió advertencia de huir a Egipto con María y el niño. Y el ángel dijo: “Estáte allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para matarle.” José obedeció sin dilación, emprendiendo viaje de noche para mayor seguridad.   DTG 45.3

Teheran a Jerusalen 1000 millas 0 1500 KM.         400 horas caminando

Bagdad a Jerusalen 1100 km 683 millas                 225 horas caminando

Un camello camina 50 Km O 31 Milla en 10 horas

¿Cuánto tiempo tomó a los sabios de oriente llegar donde estaba Jesús?

De acuerdo a las explicaciones del espíritu de profecía ellos venían de una de las ciudades grandes del oriente de esos días, pudo ser de la capital de lo que hoy conocemos como Irak (capital de esos días Babilonia) o la capital de Persia, que conocemos como nuestros días Iran, siendo su capital Bagdad

Yo pienso que no les tomó meses, sino semanas, muchos dice que fue cerca de 2 años por el decreto que dio Herodes, ese decreto fue dado por la ignorancia de Herodes acerca del tema.

LOS CUIDADOS DE JESÚS EN SU NINEZ

Tal fué la recepción del Salvador cuando vino a la tierra. Parecía no haber lugar de descanso o de seguridad para el niño Redentor. Dios no podía confiar su amado Hijo a los hombres, ni aun mientras llevaba a cabo su obra a favor de la salvación de ellos. Comisionó a los ángeles para que acompañasen a Jesús y le protegieran hasta que cumpliese su misión en la tierra y muriera a manos de aquellos a quienes había venido a salvar.   DTG 47.5

Con profundo interés, la madre de Jesús miraba el desarrollo de sus facultades, y contemplaba la perfección de su carácter. Con deleite trataba de estimular esa mentalidad inteligente y receptiva. Mediante el Espíritu Santo recibió sabiduría para cooperar con los agentes celestiales en el desarrollo de este niño que no tenía otro padre que Dios.  DTG 49.4

Satanás fué incansable en sus esfuerzos por vencer al Niño de Nazaret. Desde sus primeros años Jesús fué guardado por los ángeles celestiales; sin embargo, su vida fué una larga lucha contra las potestades de las tinieblas. El que hubiese en la tierra una vida libre de la contaminación del mal era algo que ofendía y dejaba perplejo al príncipe de las tinieblas. No dejó sin probar medio alguno de entrampar a Jesús. Ningún hijo de la humanidad tendrá que llevar una vida santa en medio de tan fiero conflicto con la tentación como nuestro Salvador. DTG 52.2

El niño Jesús no recibió instrucción en las escuelas de las sinagogas. Su madre fué su primera maestra humana. De labios de ella y de los rollos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Las mismas palabras que él había hablado a Israel por medio de Moisés, le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre. Y al pasar de la niñez a la adolescencia, no frecuentó las escuelas de los rabinos. No necesitaba la instrucción que podía obtenerse de tales fuentes, porque Dios era su instructor.  DTG 50.2

A LOS DOCE años DESPUÉS DE VISITAR EL TEMPLO, JESÚS DECLARA QUE ES HIJO DE DIOS

En la respuesta que dió a su madre, Jesús demostró por primera vez que comprendía su relación con Dios. Antes de su nacimiento, el ángel había dicho a María: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: y reinará en la casa de Jacob por siempre.” María había ponderado estas palabras en su corazón; sin embargo, aunque creía que su hijo había de ser el Mesías de Israel, no comprendía su misión. En esta ocasión, no entendió sus palabras; pero sabía que había negado que fuera hijo de José y se había declarado Hijo de Dios.  DTG 61.2

Desde el tiempo en que los padres de Jesús le encontraron en el templo, su conducta fué un misterio para ellos. No quería entrar en controversia; y, sin embargo, su ejemplo era una lección constante. Parecía puesto aparte. Hallaba sus horas de felicidad cuando estaba a solas con la naturaleza y con Dios. Siempre que podía, se apartaba del escenario de su trabajo, para ir a los campos a meditar en los verdes valles, para estar en comunión con Dios en la ladera de la montaña, o entre los árboles del bosque. La madrugada le encontraba con frecuencia en algún lugar aislado, meditando, escudriñando las Escrituras, u orando. De estas horas de quietud, volvía a su casa para reanudar sus deberes y para dar un ejemplo de trabajo paciente.  DTG 69.2

A QUE EDAD MURIO JOSE +/-

Jesús no ignoraba su relación con sus padres terrenales. Desde Jerusalén volvió a casa con ellos, y les ayudó en su vida de trabajo. Ocultó en su corazón el misterio de su misión, esperando sumiso el momento señalado en que debía emprender su labor. Durante dieciocho años después de haber aseverado ser Hijo de Dios, reconoció el vínculo que le unía a la familia de Nazaret, y cumplió los deberes de hijo, hermano, amigo y ciudadano.   DTG 61.3

Aunque sabía que era el Hijo de Dios, se encaminó Jesús hacia su hogar en Nazaret, con José y María, y hasta que tuvo treinta años de edad “les estaba sujeto.”  CNS 26.5 {Cristo nuestro Salvador}

JESÚS HIZO MILAGROS DESDE SU NINEZ

Empezó su obra consagrando el humilde oficio del artesano que trabaja para ganarse el pan cotidiano. Estaba haciendo el servicio de Dios tanto cuando trabajaba en el banco del carpintero como cuando hacía milagros para la muchedumbre. Y todo joven que siga fiel y obedientemente el ejemplo de Cristo en su humilde hogar, puede aferrarse a estas palabras que el Padre dijo de él por el Espíritu Santo: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma toma contentamiento.” DTG 55.2

Jesús sanaba el cuerpo tanto como el alma. Se interesaba en toda forma de sufrimiento que llegase a su conocimiento, y para todo doliente a quien aliviaba, sus palabras bondadosas eran como un bálsamo suavizador. Nadie podía decir que había realizado un milagro; pero una virtud—la fuerza sanadora del amor—emanaba de él hacia los enfermos y angustiados. Así, en una forma discreta, obraba por la gente desde su misma niñez. Esa fué la razón por la cual después que comenzó su ministerio público, tantos le escucharon gustosamente.   DTG 71.1

PARA REFLEXIONAR

En la niñez y la juventud es cuando el carácter es más impresionable. Entonces es cuando debe adquirirse la facultad del dominio propio. En el hogar y la familia, se ejercen influencias cuyos resultados son tan duraderos como la eternidad. Más que cualquier dote natural, los hábitos formados en los primeros años deciden si un hombre vencerá o será vencido en la batalla de la vida. La juventud es el tiempo de la siembra. Determina el carácter de la cosecha, para esta vida y la venidera.  DTG 75.4

LA SABIDURIA DE CRISTO

De toda manera amable y sumisa, Jesús procuraba agradar a aquellos con quienes trataba. Porque era tan amable y discreto, los escribas y ancianos suponían que recibiría fácilmente la influencia de su enseñanza. Le instaban a recibir las máximas y tradiciones que habían sido transmitidas desde los antiguos rabinos, pero él pedía verlas autorizadas en la Santa Escritura. Estaba dispuesto a escuchar toda palabra que procede de la boca de Dios; pero no podía obedecer a lo inventado por los hombres. Jesús parecía conocer las Escrituras desde el principio al fin, y las presentaba con su verdadero significado. Los rabinos se avergonzaban de ser instruídos por un niño. Sostenían que incumbía a ellos explicar las Escrituras, y que a él le tocaba aceptar su interpretación. Se indignaban porque él se oponía a su palabra. DTG 64.3

PODEMOS APRENDER DE UNA MANERA IMPERATIVA O PASIVA

UN EJEMPLO DE APRENDIZAJE IMPERATIVO ES SU LEY Y PRECEPTOS

UN EJEMPLO DE APRENDIZAJE PASIVO SON LAS BIENAVENTURANZAS, ESTAS NOS RECONCILIAN CON DIOS

bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Los que comprenden bien que les es imposible salvarse y que por sí mismos no pueden hacer ningún acto justo son los que aprecian la ayuda que les ofrece Cristo. Estos son los pobres en espíritu, a quienes él llama bienaventurados. Primeramente, Cristo produce contrición en quien perdona, y es obra del Espíritu Santo convencer de pecado. Aquellos cuyos corazones han sido conmovidos por el convincente Espíritu de Dios reconocen que en sí mismos no tienen ninguna cosa buena. Saben que todo lo que han hecho está entretejido con egoísmo y pecado. Así como el publicano, se detienen a la distancia sin atreverse a alzar los ojos al cielo, y claman: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Ellos reciben la bendición. Hay perdón para los arrepentidos, porque Cristo es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.   DMJ. 12.1 {El discurso maestro de Jesucristo}

Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza recurriendo a Jesús. Dice él: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados”.

Nos invita a cambiar nuestra pobreza por las riquezas de su gracia. No merecemos el amor de Dios, pero Cristo, nuestro fiador, es sobremanera digno y capaz de salvar a todos los que vengan a él. No importa cuál haya sido la experiencia del pasado ni cuán desalentadoras sean las circunstancias del presente, si acudimos a Cristo en nuestra condición actual—débiles, sin fuerza, desesperados—, nuestro compasivo Salvador saldrá a recibirnos mucho antes de que lleguemos, y nos rodeará con sus brazos amantes y con la capa de su propia justicia. Nos presentará a su Padre en las blancas vestiduras de su propio carácter. El aboga por nosotros ante el Padre, diciendo: Me he puesto en el lugar del pecador. No mires a este hijo desobediente, sino a mí. Y cuando Satanás contiende fuertemente contra nuestras almas, acusándonos de pecado y alegando que somos su presa, la sangre de Cristo aboga con mayor poder.  DMJ 13.2

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”.

El llanto al que se alude aquí es la verdadera tristeza de corazón por haber pecado. Dice Jesús: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”.  A medida que una persona se siente persuadida a mirar a Cristo levantado en la cruz, percibe la pecaminosidad del ser humano. Comprende que es el pecado lo que azotó y crucificó al Señor de la gloria. Reconoce que, aunque se lo amó con cariño indecible, su vida ha sido un espectáculo continuo de ingratitud y rebelión. Abandonó a su mejor Amigo y abusó del don más precioso del cielo. El mismo crucificó nuevamente al Hijo de Dios y traspasó otra vez su corazón sangrante y agobiado. Lo separa de Dios un abismo ancho, negro y hondo, y llora con corazón quebrantado.  DMJ 14.2

Hay también en las palabras del Salvador un mensaje de consuelo para los que sufren aflicción o la pérdida de un ser querido. Nuestras tristezas no brotan de la tierra. Dios “no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres”. Cuando él permite que suframos pruebas y aflicciones, es “para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad”. Si la recibimos con fe, la prueba que parece tan amarga y difícil de soportar resultará una bendición. El golpe cruel que marchita los gozos terrenales nos hará dirigir los ojos al cielo. ¡Cuántos son los que nunca habrían conocido a Jesús si la tristeza no los hubiera movido a buscar consuelo en él!  DMJ 14.4

Las pruebas de la vida son los instrumentos de Dios para eliminar de nuestro carácter toda impureza y tosquedad. Mientras nos labran, escuadran, cincelan, pulen y bruñen, el proceso resulta penoso, y es duro ser oprimido contra la muela de esmeril. Pero la piedra sale preparada para ocupar su lugar en el templo celestial. El Señor no ejecuta trabajo tan consumado y cuidadoso en material inútil. Únicamente sus piedras preciosas se labran a manera de las de un palacio.  15.1

Bienaventurados los mansos

A través de las bienaventuranzas se nota el progreso de la experiencia cristiana. Los que sintieron su necesidad de Cristo, los que lloraban por causa del pecado y aprendieron de Cristo en la escuela de la aflicción, adquirirán mansedumbre del Maestro divino. DMJ 17.1

El espíritu de independencia y predominio de que nos gloriamos se revela en su verdadera vileza, como marca de nuestra sujeción a Satanás. La naturaleza humana pugna siempre por expresarse; está siempre lista para luchar. Mas el que aprende de Cristo renuncia al yo, al orgullo, al amor por la supremacía, y hay silencio en su alma. El yo se somete a la voluntad del Espírtu Santo. No ansiaremos entonces ocupar el lugar más elevado. No pretenderemos destacarnos ni abrirnos paso por la fuerza, sino que sentiremos que nuestro más alto lugar está a los pies de nuestro Salvador. Miraremos a Jesús, aguardaremos que su mano nos guíe y escucharemos su voz que nos dirige. El apóstol Pablo experimentó esto y dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.  DMJ 18.2

El conservarse paciente y amable al ser maltratado no era característica digna de aprecio entre los gentiles o entre los judíos. La declaración que hizo Moisés por inspiración del Espíritu Santo, de que fue el hombre más manso de la tierra, no habría sido considerada como un elogio entre las gentes de su tiempo; más bien habría excitado su compasión o su desprecio. Pero Jesús incluye la mansedumbre entre los requisitos principales para entrar en su reino. En su vida y carácter se reveló la belleza divina de esta gracia preciosa.  DMJ 17.2

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”.

La justicia es santidad, semejanza a Dios; y “Dios es amor”. Es conformidad a la ley de Dios, “porque todos tus mandamientos son justicia” y “el amor pues es el cumplimiento de la ley”. La justicia es amor, y el amor es la luz y la vida de Dios. La justicia de Dios está personificada en Cristo. Al recibirlo, recibimos la justicia.  DMJ 20.4

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

Dios mismo es la fuente de toda misericordia. Se llama “misericordioso, y piadoso”. No nos trata según lo merecemos. No nos pregunta si somos dignos de su amor; simplemente derrama sobre nosotros las riquezas de su amor para hacernos dignos. No es vengativo. No quiere castigar, sino redimir. Aun la severidad que se ve en sus providencias se manifiesta para salvar a los descarriados. Ansía intensamente aliviar los pesares del hombre y ungir sus heridas con su bálsamo. Es verdad que “de ningún modo tendrá por inocente al malvado”, pero quiere quitarle su culpabilidad. DMJ 23.3

Los misericordiosos son “participantes de la naturaleza divina”, y en ellos se expresa el amor compasivo de Dios. Todos aquellos cuyos corazones estén en armonía con el corazón de Amor infinito procurarán salvar y no condenar. Cristo en el alma es una fuente que jamás se agota. Donde mora él, sobreabundan las obras de bien. DMJ 23.4

Los misericordiosos son aquellos que manifiestan compasión para con los pobres, los dolientes y los oprimidos. Dijo Job: “Yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda yo daba alegría. Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia”. DMJ 24.1

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.

Los judíos eran tan exigentes en lo relativo a la pureza ceremonial que sus reglas resultaban insoportables. Los preocupaban tanto las reglas, las restricciones y el temor de la contaminación externa que no percibían la mancha que el egoísmo y la malicia dejan en el alma. DMJ 25.1

Jesús no menciona esta pureza ceremonial entre las condiciones para entrar en su reino; da énfasis a la pureza de corazón. La sabiduría que viene “de lo alto es primeramente pura”. En la ciudad de Dios no entrará nada que mancille. Todos los que morarán en ella habrán llegado aquí a ser puros de corazón. En el que vaya aprendiendo de Jesús se manifestará creciente repugnancia por los hábitos descuidados, el lenguaje vulgar y los pensamientos impuros. Cuando Cristo viva en el corazón, habrá limpieza y cultura en el pensamiento y en los modales. DMJ 25.2

 Pero las palabras de Cristo: “Bienaventurados los de limpio corazón”, tienen un significado mucho más profundo. No se refieren únicamente a los que son puros según el concepto del mundo, es decir, están exentos de sensualidad y concupiscencia, sino a los que son fieles en los pensamientos y motivos del alma, libres del orgullo y del amor propio; humildes, generosos y como niños.  DMJ 25.3

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo. DMJ 27.4